martes, 17 de noviembre de 2015

Slavoj Žižek y los ataques de París (2ª parte)

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Traduzco el último artículo que ha publicado Slavoj Žižek sobre los ataques fundamentalistas en París en noviembre de 2015.
(Segunda parte. Puede leerse la primera parte aquí)


Slavoj Žižek: Tras la estela de los ataques de París, la Izquierda debe abrazar sus radicales raíces occidentales


(Continúa)
Violencia ritualizada y fundamentalismo

En esta línea, en su ataque contra mí, Sebastian Schuller plantea la pregunta: "¿Va Zizek a ir ahora contra la PEGIDA (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente)?" 
El blog de Schuller incluso me atribuye una declaración que, por supuesto, yo nunca hice: "Yo no reconozco ninguna clase, sólo a los europeos" Lo que debemos hacer es ir más allá del cliché de los refugiados como proletarios con "nada que perder salvo su cadenas" invadiendo la aburguesada Europa: hay división de clase en Europa, así como en Oriente Medio, y la pregunta clave es cómo estas diferentes dinámicas de clase interactúan.
Esto nos lleva al reproche de que, mientras que yo reclamo una crítica del lado oscuro del derecho islámico, callo en relación al lado oscuro del mundo europeo: "¿Y qué ocurre con las cruces en la escuela? ¿Qué pasa con el impuesto eclesiástico? ¿Qué con las diversas sectas cristianas y sus absurdas ideas morales? ¿Qué pasa con los cristianos que anuncian que los gais se abrasan en el infierno? "Este es un raro reproche: el paralelismo entre el fundamentalismo cristiano y el musulmán es un tema sobreanalizado en nuestros medios de comunicación (al igual que en mis libros).
Sea como fuere, vamos a recordar lo que ocurrió en Rotherham, Inglaterra: al menos 1.400 niños fueron sometidos a una explotación sexual brutal entre 1997 y 2013; niños de tan sólo 11 años fueron violados por varias personas, secuestrados, vendidos en otras ciudades, golpeados e intimidados; "rociados en gasolina y amenazados con ser prendido fuego, amenazados con armas de fuego, obligados a presenciar violentas violaciones y advertidos de que serían los siguientes si le contaban algo a alguien, como el informe oficial decía." Hubo tres investigaciones anteriores a esto que no condujeron a nada. Un equipo de investigación observó el temor entre personal del ayuntamiento a ser etiquetados como "racista" si perseguían el asunto. ¿Por qué? Los autores eran casi exclusivamente miembros de pandillas paquistaníes y sus víctimas (referidos por los autores como "basura blanca") fueron colegialas de raza blanca.
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Las reacciones fueron predecibles. Principalmente a través de la generalización, en la izquierda muchos mecurrieron a todas las estrategias posibles con el fin de difuminar los hechos. Exhibiendo su corrección política en el peor momento, los autores fueron vagamente designados como "asiáticos" en dos artículos de The Guardian. Se produjeron quejas. No se trataba de la etnia y la religión, sino más bien de la dominación del hombre sobre la mujer. ¿Quienes somos nosotros, con nuestro iglesia pedófila y con Jimmy Savile, para adoptar una posición de superioridad moral contra una minoría victimizada? ¿Se puede imaginar una manera más eficaz para abrir el camino a la UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido) y otros populistas anti-inmigrantes que explotan las preocupaciones de la gente común?
Lo que no se reconoce aquí es que esa lucha contra el racismo es en efecto una forma de racismo encubierto, ya que se trata con condescendencia a los paquistaníes, como seres moralmente inferiores que no cumplen con los estándares humanos normales.
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Con el fin de salir de este callejón sin salida, se debe comenzar trazando un paralelismo entre los acontecimientos de Rotherham y la pedofilia en la Iglesia Católica. En ambos casos, se trata de una actividad colectiva organizada, e incluso ritualizada. En el caso de Rotherham, otro paralelismo puede ser incluso más pertinente. Uno de los efectos terribles de la no contemporaneidad de los distintos niveles de la vida social es el aumento de la violencia sistemática contra las mujeres. La violencia que es específica de un determinado contexto social no es una violencia al azar, sino sistemática, que sigue un patrón y transmite un mensaje claro. Aunque estábamos en lo correcto al aterrorizarnos ante las violaciones en grupo en la India, como Arundhati Roy señaló, la causa de la reacción moral unánime fue que los violadores eran pobres y de los estratos más bajos. Sin embargo, el eco mundial de la violencia contra la mujer es sospechosa, por lo que, tal vez, sería conveniente ampliar nuestra percepción e incluir otros fenómenos similares.
Los asesinatos en serie de mujeres en la frontera de Ciudad Juárez no son sólo patologías particulares, sino una actividad ritualizada, parte de la subcultura de las pandillas locales y dirigida contra mujeres jóvenes solteras que trabajan en nuevas fábricas de montaje. Estos asesinatos son casos claros de reacción machista a la nueva clase de mujeres que trabajan de forma independiente: La dislocación social debido a la industrialización y la modernización rápida provoca una reacción brutal en los hombres que sufren este desarrollo como una amenaza. Y la característica crucial en todos estos casos es que el acto criminal violento no es un estallido espontáneo de la energía brutal primitiva que rompe las cadenas de las costumbres civilizadas, sino algo aprendido, impuesto desde el exterior, ritualizado y parte de la sustancia simbólica colectiva de una comunidad. Lo que está reprimida por la "inocente" mirada pública no es la cruel brutalidad del acto, sino precisamente su carácter "cultural" y ritualizado como costumbre simbólica.
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La misma lógica socio-ritual perversa es la que está operando cuando representantes de la Iglesia católica insisten en que estos casos intercontinentales de pedofilia, a pesar de lo deplorables que son, constituyen un problema interno de la Iglesia, para, a continuación, mostrar gran renuencia a colaborar con la policía en su investigación. Los representantes de la Iglesia están, en cierto modo, en lo correcto. La pedofilia de los sacerdotes católicos no es algo que simplemente se refiere a las personas que accidentalmente (léase de forma privada privada) acabaron eligiendo la profesión de sacerdote. Es un fenómeno que preocupa a la Iglesia Católica como institución, y está inscrito en su mismo funcionamiento como institución socio-simbólico. No se refiere al inconsciente "privado" de las personas, sino al "inconsciente" de la propia institución. No es algo que sucede porque la institución tiene que acomodarse a las realidades patológicas de la vida libidinal con el fin de sobrevivir, sino algo que la propia institución necesita para reproducirse. Uno puede imaginar un sacerdote (no pedófilo) "hetero" que, después de años de servicio, se involucra en la pedofilia, porque la lógica misma de la institución le seduce a hacerlo. Tal  inconsciente institucional  designa el contenido reprimido que, precisamente como reprimido, sostiene la institución pública. (En el ejército de Estados Unidos, este contenido reprimido consta de los obscenos rituales sexualizados de las novatadas que ayudan a mantener la solidaridad de grupo.) En otras palabras, no se trata simplemente de que, por razones conformistas, la Iglesia intente silenciar los escándalos pedófilos embarazosos: En su propia defensa, la Iglesia defiende su íntimo secreto obsceno. La identificación de uno mismo con este lado secreto es clave para la identidad misma de un sacerdote cristiano: Si un sacerdote serio (no sólo en un sentido retórico) denuncia estos escándalos se excluye de ese modo a sí mismo de la comunidad eclesiástica. Ya no es "uno de nosotros". Del mismo modo, cuando un habitante del sur de Estados Unidos en la década de los años veinte denunciaba el KKK a la policía se excluía a sí mismo de su comunidad por traicionar su solidaridad fundamental.
Debemos acercarnos a los eventos de Rotherham exactamente de la misma manera, ya que se trata del "inconsciente político" de la juventud musulmana paquistaní. El tipo de violencia en el trabajo no es la violencia caótica sino la violencia ritualizada con contornos ideológicos precisos. Un grupo de jóvenes, que se ve a sí mismo como marginados y subordinados, se vengó de las chicas de clase baja del grupo predominante. Es totalmente legítimo plantear la cuestión de si existen características en su religión y cultura que abren el espacio para la brutalidad contra las mujeres sin culpar al Islam como tal (que no es más misógino que el cristianismo en sí). En muchos países y comunidades islámicas se puede observar consonancia entre la violencia contra la mujer, la subordinación de las mujeres y su exclusión de la vida pública.
Entre muchos grupos y movimientos fundamentalistas la estricta imposición de una diferencia sexual jerárquica ocupa el lugar más alto de su agenda. Pero simplemente debemos aplicar los mismos criterios en ambos lados (fundamentalistas cristianos e islámicos), sin temor de admitir a que nuestra crítica liberal-secular del fundamentalismo esté también manchada de falsedad.
La crítica del fundamentalismo religioso en Europa y los Estados Unidos es un viejo tema con variaciones infinitas. La misma omnipresencia del modo autocomplaciente con el que los intelectuales liberales se burlan de los fundamentalistas encubre el verdadero problema, que es la dimensión oculta de las diferencias de clase. La contrapartida de esta burla es la solidaridad patética con los refugiados y nuestra auto-humillación no menos falsa y patética. La verdadera tarea es construir puentes entre los "nuestros" y "sus" clases trabajadoras. Sin esta unidad (que incluye la crítica y la autocrítica de ambos lados), la propia lucha de clases retrocede a un choque de civilizaciones. Es por eso que otro tabú debe dejarse atrás.
Las preocupaciones y afanes de la llamada gente común afectada por los refugiados son a menudo descartadas como una expresión de prejuicios racistas, si no directamente de neofascismo. ¿Debemos realmente permitir a PEGIDA y compañía constituir la única vía abierta para ellos?
Curiosamente, el mismo motivo subyace a la "radical" crítica de izquierda de Bernie Sanders: lo que molesta a sus críticos es, precisamente, su contacto cercano con los pequeños agricultores y otras personas que trabajan en Vermont, que por lo general dan su apoyo electoral a los conservadores republicanos. Sanders está dispuesto a escuchar sus preocupaciones y cuidados, no despachándoles como basura blanca racista.

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¿De dónde viene la amenaza?
Escuchar las preocupaciones de la gente común, por supuesto, de ninguna manera implica que uno debe aceptar la premisa básica de su postura de que las amenazas a su forma de vida viene de fuera, de los extranjeros, del "otro". La tarea es más bien enseñarles a reconocer su propia responsabilidad respecto a su futuro. Para explicar este punto, vamos a tomar un ejemplo de otra parte del mundo.
La nueva película de Udi Aloni Junction 48  se ocupa de la difícil situación de los jóvenes "palestinos israelíes" (palestinos descendientes de las familias que permanecieron en Israel después de 1949), cuya vida cotidiana implica una continua lucha en dos frentes: contra la opresión del Estado de Israel, así como presiones fundamentalistas desde el interior de su propia comunidad. El papel principal es interpretado por Tamer Nafar, un rapero palestino-israelí conocido por su música, en donde se burla de la tradición de los "crímenes de honor" hacia las niñas palestinas por parte de sus familias palestinas. Algo extraño sucedió a Nafar durante una reciente visita a los Estados Unidos. En la UCLA, después de que Nafar interpretara su canción protesta contra los "crímenes de honor", algunos estudiantes anti-sionistas le reprocharon el haber promovido la visión sionista de los palestinos como primitivos bárbaros. Añadieron que, si hay crímenes de honor, Israel es responsable de los mismos desde que la ocupación israelí mantiene a los palestinos en condiciones primitivas debilitantes. Aquí está la respuesta digna de Nafar: "Cuando me criticas, criticas en inglés a mi propia comunidad para impresionar a sus profesores radicales. Yo canto en árabe para proteger a las mujeres de mi propio barrio".
Un aspecto importante de la posición de Nafar es que no es sólo proteger a las niñas palestinas del terror familiar, sino que que está permitiendo que luchen por sí mismas, que asuman el riesgo. Al final de la película de Aloni, después de que la chica decide actuar en un concierto contraviniendo los deseos de su familia, sus dos hermanos entran en la casa donde vive para llevar a cabo su asesinato por honor.
En la película de Spike Lee sobre Malcolm X hay un detalle maravilloso: Después de que Malcolm X da una charla en una universidad, una estudiante blanca se le acerca y le pregunta qué puede hacer ella para ayudar en la lucha de los negros. Él responde: "Nada." El punto de esta respuesta no es que los blancos deberían simplemente no hacer nada. En cambio, deben primero aceptar que la liberación negra debe ser el trabajo de los negros por sí mismos, no es algo que les es dado a modo de regalo por los buenos liberales blancos. Sólo sobre la base de esta aceptación pueden hacer algo para ayudar a los negros. Ahí reside el acierto de Nafar: los palestinos no necesitan la ayuda paternalista de los liberales occidentales, y menos aún el silencio sobre los "crímenes de honor" como parte del "respeto" de la izquierda occidental a la manera palestina de vida. La imposición de valores occidentales como derechos humanos universales y el respeto a las diferentes culturas, independientemente de los horrores que aparecen a veces en estas culturas, son dos caras de la misma mistificación ideológica.
Con el fin de debilitar realmente la xenofobia patria contra amenazas externas, uno debe rechazar su misma premisa, a saber, que cada grupo étnico tiene su propia adecuada "Nativia." El 7 de septiembre de 2015, Sarah Palin dio una entrevista a la Fox News en el programa Fox y Amigos, presentado por Steve Doocey:
"Me encantan los inmigrantes. Pero al igual que Donald Trump, yo sólo creo que tenemos demasiados en este país. Mexicano-americanos, asiático-americanos, y nativo-americanos están cambiando la mezcla cultural en los Estados Unidos lejos de lo que solía ser en los días de nuestros padres fundadores. Creo que deberíamos ir a algunos de estos grupos y tan sólo pedir educadamente: "¿Te importaría ir a casa? ¿Te importaría devolvernos nuestro país?"
"Sarah, sabes que te adoro," intervino Doocey, "Y creo que eso es una gran idea con respecto a los mexicanos. Pero, ¿a dónde se supone que los nativos americanos deben ir? ¿Ellos realmente no tienen un lugar para empezar de nuevo?".
Sarah respondió: "Bueno, yo creo que deberían volver a Nativia o dondequiera que vengan. La prensa liberal trata a los nativos americanos como si fueran dioses. Como si lo único que tuvieran fuera algún tipo de derecho automático a estar en este país. Pero yo digo que si no pueden aprender a bajar esos caballos y empezar a hablar estadounidense, entonces deben ser enviados a casa también" 
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Por desgracia, inmediatamente nos enteramos de que esta historia demasiado bueno para ser verdad, era un engaño brillantemente realizado por el Daily Currant. Sin embargo, como se suele decir, "Incluso si no es verdad, está bien pensado" En su carácter ridículo, llavaba a cabo la fantasía oculta que sostiene la visión anti-inmigrante: en el caótico mundo global de hoy en día hay un "Nativia" al que adecuadamente pertenecen las personas que nos molestan. Esta visión se realizó en la Sudáfrica del apartheid en forma de territorios bantúes reservados a los habitantes negros. Los blancos sudafricanos crearon en los bantúes la idea de hacerlos independientes, asegurando así que los sudafricanos negros perderían sus derechos de ciudadanía en las áreas controladas por los restantes blancos de Sudáfrica. Aunque los bantúes fueron definidos como los "habitantes originarios" de los pueblos negros de Sudáfrica, diferentes grupos negros fueron asignados a sus países de origen de una manera brutalmente arbitraria. Los bantúes accedieron al 13 por ciento de las tierras del país, cuidadosamente seleccionadas por no contener ninguna reserva de minerales (el resto de recursos importantes del país estaría entonces en manos de la población blanca). La Ley de Tierras Natales de la Ciudadanía Negra  de 1970 designó formalmente a todos los sudafricanos negros como ciudadanos de los países de origen, incluso si vivían en la "Sudáfrica blanca", y cancelaron su ciudadanía sudafricana. Desde el punto de vista del apartheid, esta solución era ideal: los blancos poseían la mayor parte de la tierra, mientras que los negros fueron proclamados extranjeros en su propio país y tratados como trabajadores invitados que podrían, en cualquier momento, ser deportados de regreso a su "patria". Lo que debe llamar nuestra atención es la naturaleza artificial de todo este proceso. Varios grupos negros fueron de repente informados de que una parte poco atractiva y estéril de la tierra era su "verdadero hogar". Y hoy en día, incluso si un Estado palestino fuera a surgir en Cisjordania, no sería precisamente sino un mero Bantustán, cuya formal de "independencia" serviría al propósito de liberar al gobierno de Israel de cualquier responsabilidad por el bienestar de las personas que viven allí.
Pero hay que añadir que esta idea de que la defensa por parte del multiculturalista o del anti-colonialista de las diferentes "formas de vida" es también falsa. Tales defensas cubren los antagonismos inherentes a cada una de estas formas particulares de vida al justificar actos de brutalidad, sexismo y racismo como expresiones de una forma particular de vida que no tenemos derecho a medir con las formas extranjeras (es decir, con los valores occidentales). El discurso del presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, en la asamblea general de la ONU es una típica defensa anticolonialista utiliada como justificación para una brutal homofobia:
El respeto y la defensa de los derechos humanos es obligación de todos los estados, y está escrito en la Carta de las Naciones Unidas. En ninguna parte de la carta se deroga el derecho de unos a juzgar sobre otros, en el cumplimiento de esta obligación universal. En ese sentido, rechazamos la politización de este tema tan importante y la aplicación de un doble rasero para victimizar a los que se atreven a pensar y a actuar independientemente de los autodenominados políticos de nuestro tiempo. Estamos rechazando igualmente los intentos de prescribir "nuevos derechos" que son contrarios a nuestros valores, normas, tradiciones y creencias. ¡No somos gais! La Cooperación y el respeto por los demás serán avanzar en la causa de los derechos humanos en todo el mundo. Confrontación, difamación, y dobles raseros, no.
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¿Qué quiere decir la enfática afirmación de Mugabe "¡No somos gais!" con respecto al hecho de que, por cierto, no son muchos los gais en Zimbabue? Esto significa, por supuesto, que los gais son reducidos a una minoría oprimida cuyos actos son a menudo criminalizados directamente. Pero puede entenderse la lógica subyacente: el movimiento gay es percibido como el impacto cultural de la globalización, o dicho de otro modo, la globalización socava las formas sociales y culturales tradicionales, por lo que la lucha contra los gais se muestra como un aspecto de la lucha anticolonial.
¿No es esto lo mismo que ocurre con, digamos, Boko Haram? Para ciertos musulmanes, la liberación de la mujer aparece como la característica más visible del destructivo impacto cultural de la modernización capitalista. Por lo tanto, Boko Haram, que se puede traducir más o menos y de forma descriptiva como "la educación occidental [de las mujeres específicamente] está prohibida", puede percibirse a sí mismo como una vía para combatir el impacto destructivo de la modernización cuando impone la regulación jerárquica entre los dos sexos.
El enigma es el siguiente: ¿por qué los extremistas musulmanes, que, sin duda, fueron expuestos a la explotación, la dominación, y otros aspectos destructivos y humillantes del colonialismo, se dirigen a lo que es (para nosotros, por lo menos) la mejor parte de nuestro legado occidental de igualitarismo y libertades personales? La respuesta obvia podría ser que su objetivo está bien elegido: lo que hace al Occidente liberal tan insoportable es que no sólo practica la explotación y la dominación violenta, sino que, para colmo de males, presentan esta brutal realidad bajo la apariencia de su contrario: libertad, igualdad y democracia.
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La defensa retrógrada de Mugabe de formas particulares de vida encuentra su imagen especular en lo que está haciendo Viktor Orban, el primer ministro de derecha de Hungría. El 3 de septiembre de 2015, se justificó el cierre de la frontera con Serbia como un acto de defensa de la Europa cristiana contra la invasión de los musulmanes. Fue el mismo Orban quien, a su vuelta en julio de 2012, dijo que debe construirse un nuevo sistema económico en Europa Central: "Y esperemos que Dios nos ayude y que no tengamos que inventar un nuevo tipo de sistema político en lugar de la democracia que tenga que ser introducido por el bien de la supervivencia económica. (...) La cooperación es una cuestión de fuerza, no de intención. Quizás hay países en los que las cosas no funcionan de esa manera, por ejemplo, en los países escandinavos, pero un pueblo de harapientos mesoasiáticos como el que tenemos sólo puede unirse por la fuerza ".
La ironía de estas líneas no se le escapó a algunos viejos disidentes húngaros: cuando el ejército soviético se trasladó a Budapest para aplastar la revuelta anticomunista de 1956, el mensaje enviado en varias ocasiones por los asediados líderes húngaros a Occidente fue: "Aquí estamos defendiendo Europa" (contra los comunistas asiáticos, por supuesto). Ahora, tras el derrumbe del comunismo, el gobierno cristiano-conservador dibuja como su principal enemigo a la democracia liberal occidental, consumista y multicultural, por la la Europa occidental se mantiene hoy en pie, y pide un nuevo orden comunitario más orgánico para reemplazar la "turbulenta" democracia liberal de las últimas dos décadas. Orban ya expresó sus simpatías hacia los casos de "capitalismo con valores asiáticos" como la Rusia de Putin, por lo que si la presión europea sobre Orban continúa podemos imaginar fácilmente el mensaje que enviaría hacia el Este: "¡Aquí estamos defendiendo Asia!" (Y, para añadir un giro irónico, hay en nuestros días, desde la perspectiva racista de Europa Occidental, húngaros no descendientes de los primeros hunos medievales Atila es aún hoy un nombre común húngaro).
¿Existe una contradicción entre estos dos Orbans: Orban el amigo de Putin, que se resiente del occidente liberal-democrático, y Orban el defensor de la Europa cristiana? No la hay. Las dos caras de Orban proporcionan la prueba (si fuera necesario) de que la principal amenaza para Europa no es la inmigración musulmana sino sus defensores populistas anti-inmigración.
¿Y qué si Europa debe aceptar la paradoja de que su apertura democrática se basa en la exclusión; en otras palabras, "no hay libertad para los enemigos de la libertad", como Robespierre propuso hace tiempo? En principio, esto es, por supuesto, cierto, pero es aquí donde uno tiene que ser muy específico. En cierto modo, el asesino en masas de Noruega Andres Breivik tenía razón en su elección del destinatario: no atacó a los extranjeros, sino a los que están dentro de su propia comunidad, que eran demasiado tolerantes con los intrusos extranjeros. El problema no es los extranjeros, sino nuestra propia identidad (europea).
Aunque la actual crisis de la Unión Europea se muestra como una crisis económica y financiera, ésta es en su dimensión fundamental es una crisis ideológico-política. El fracaso de los referendos en relación con la constitución de la UE de hace un par de años sirvió como una señal clara de que los votantes perciben la Unión Europea como una unión económica "tecnocrática", carente de visión para movilizar a la gente. Hasta la reciente ola de protestas de Grecia a España, la única ideología capaz de movilizar a la gente ha sido la defensa anti-inmigrante de Europa.
Existe una idea circulando en el subsuelo de la decepcionada izquierda radical que es una reiteración más suave de la predilección por el terrorismo surgida a raíz del movimiento de 1968: la loca idea de que sólo una catástrofe radical (preferiblemente una ecológica) puede despertar a las masas y dar por lo tanto un nuevo impulso a la emancipación radical. La última versión de esta idea se refiere a los refugiados: solamente la afluencia de un enorme número de refugiados (y su decepción, ya que, obviamente, Europa no será capaz de satisfacer sus expectativas) puede revitalizar la izquierda radical europea.
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Encuentro obscena esta línea de pensamiento: a pesar de que tal desarrollo daría con seguridad un inmenso impulso a la brutalidad contra los inmigrantes, el aspecto verdaderamente enloquecido de esta idea es el proyecto de llenar el vacío de los proletarios radicales que faltan mediante la importación del extranjero, por lo que obtendríamos la revolución por medio de un agente revolucionario importado.
Esto, por supuesto, de ninguna manera implica que debemos contentarnos con el reformismo liberal. Muchos liberales de izquierda (como Habermas) que lamentan la disminución continua de la UE parecen idealizar su pasado: La "democrática" UE cuya pérdida lamentan nunca existió. Las políticas recientes de la UE, como las que imponen austeridad en Grecia, son sólo un intento desesperado por crear una Europa apta para el nuevo capitalismo global. La habitual crítica de la Izquierda liberal de la UE básicamente está bien, salvo por suponer un "déficit democrático" revela la misma ingenuidad que los críticos de los países ex-comunistas que, básicamente, los apoyaron, a excepción de la queja sobre la falta de democracia: en ambos casos, el "déficit democrático" es y era una parte necesaria de la estructura global.
Pero en este punto soy aún más un escéptico pesimista. Cuando estaba respondiendo recientemente las preguntas de los lectores del Süddeutsche Zeitung, el principal diario alemán, sobre la crisis de refugiados, la cuestión que atrajo con mucho la mayor atención no concernía precisamente a la democracia, sino a un giro de la derecha populista: cuando Angela Merkel hizo el famoso llamamiento público invitando a cientos de miles de personas a Alemania, ¿cuál era su legitimación democrática? ¿Qué le otorgó el derecho de traer un cambio tan radical a la vida alemana sin consulta democrática? Mi posición aquí, por supuesto, no es apoyar a los populistas anti-inmigrantes, sino señalar claramente los límites de la legitimación democrática. Lo mismo ocurre con los que abogan por la apertura radical de las fronteras: ¿son conscientes de que, dado que nuestras democracias son democracias del Estado-nación, su demanda es igual a una suspensión democráctica (por la imposición de un cambio gigantesco en el status quo de un país sin consulta democrática de su población)? (Su respuesta habría sido, por supuesto, que los refugiados deberían tener el derecho a votar, pero esto es claramente insuficiente, ya que esta es una medida que sólo puede ocurrir después de que los refugiados están integrados en el sistema político de un país). Surge un problema similar con los llamados a la transparencia de las decisiones de la UE: lo que temo es que, ya que en muchos países la mayoría de la población estaba en contra de la reducción de la deuda griega, hacer públicas las negociaciones de la UE haría que los representantes de estos países defendiesen aún más las difíciles medidas contra Grecia.
Nos encontramos aquí con el viejo problema: ¿qué pasa con la democracia cuando la mayoría se inclina a votar por leyes racistas y sexistas? No tengo miedo a la conclusión: las políticas emancipatorias no debe ser impuestas a priori por procedimientos formales democráticos de legitimación. No, la gente a menudo no saben lo que quiere o no quiere lo que sabe, o simplemente quiere algo equivocado. No hay un atajo sencillo aquí.
Definitivamente, vivimos en tiempos interesantes.


Texto original: http://inthesetimes.com/article/18605/breaking-the-taboos-in-the-wake-of-paris-attacks-the-left-must-embrace-its
Traducción: Jorge Fernández Gonzalo
(Puede leerse la primera parte aquí)

lunes, 16 de noviembre de 2015

Slavoj Žižek y los ataques de París (1ª parte)



Slavoj Žižek: Tras la estela de los ataques de París, la Izquierda debe abrazar sus radicales raíces occidentales


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Traduzco el último artículo que ha publicado Slavoj Žižek sobre los ataques fundamentalistas en París en noviembre de 2015.

(Primera parte; Leer segunda parte, 
aquí)



En el primer semestre de 2015, Europa estaba preocupada por los movimientos de emancipación radical (Syriza y PODEMOS), mientras que en el segundo semestre la atención se centró en el tema "humanitario" de los refugiados. La lucha de clases fue literalmente reprimida y sustituida por el tema liberal-cultural de la tolerancia y la solidaridad. Con los asesinatos terroristas de París el viernes 13 de noviembre, incluso este tema (que todavía se refiere a las grandes cuestiones socioeconómicas) ahora está eclipsado por la simple oposición de todas las fuerzas democráticas atrapadas en una guerra sin cuartel con las fuerzas del terror.

Es fácil imaginar lo que seguirá: búsqueda paranoica de los agentes de ISIS entre los refugiados. (Los Media ya han informado alegremente de que los terroristas entraron en Europa a través de Grecia en calidad de refugiados). Las principales víctimas de los ataques terroristas en París serán los propios refugiados, y los verdaderos ganadores, detrás de los lugares comunes al estilo de Je suis Paris, serán simplemente los partidarios en ambos frentes de la guerra total. Así es como debemos realmente condenar los asesinatos de París: no sólo participando en muestras de solidaridad contra el terrorismo, sino insistiendo en una simple pregunta: cui bono (¿en beneficio de quién?).

No debemos tratar de llevar a cabo una "comprensión más profunda" de los terroristas de ISIS (en el sentido de "sus deplorables actos son sin embargo reacciones a las brutales intervenciones europeas"); deben caracterizarse como lo que son: la contrapartida islamo-fascista de los racistas europeos anti-inmigrantes —ambos son las dos caras de la misma moneda. Vamos a traer de vuelta la lucha de clases —y la única manera de hacerlo es insistir en la solidaridad mundial de los explotados.


El callejón sin salida en que se encuentra el capitalismo global es cada vez más palpable. ¿Cómo salir de él? Fredric Jameson ha propuesto recientemente la militarización mundial de la sociedad como modo de emancipación: los movimientos de base democráticamente motivados están en apariencia condenados al fracaso, así que quizá lo mejor sea romper con el círculo vicioso del capitalismo global a través de la "militarización", lo que significa la suspensión del poder de autorregulación de las economías. Tal vez la crisis en curso de los refugiados en Europa ofrece la oportunidad de probar esta opción.

Cuanto menos, está claro que lo que se necesita para detener el caos es la coordinación y la organización a gran escala, que incluye, pero no se limita a, centros de acogida cerca de los lugares en crisis (Turquía, Líbano, la costa de Libia), el transporte de quienes tienen su entrada concedida a las estaciones europeas de paso, y su redistribución entre los asentamientos potenciales. El ejército es el único agente que puede llevar a cabo una gran tarea de una manera organizada. Afirmar que otorgar un papel a los militares huele a estado de emergencia es redundante. Cuando tienes decenas de miles de personas que pasan por zonas densamente pobladas sin organización alguna, tienes ya un estado de emergencia —y ahora estamos ante un estado de emergencia que cruza Europa. Por lo tanto, es una locura pensar que un proceso de este tipo vaya a relajarse por sí solo. Por lo menos, los refugiados necesitan disposiciones y atención médica.

Tomar el control de la crisis de refugiados significará romper los tabúes de izquierda.

Por ejemplo, el derecho a la "libre circulación" se debe limitar, no por otra razón que por el hecho de que no existe entre los propios refugiados, cuya libertad de movimiento depende ya de su clase. Por tanto, los criterios de aceptación y asentamiento tienen que ser formulados de una forma clara y explícita en cuanto a quiénes y a cuántos aceptar, dónde reubicarlos, etc. La gracia consiste aquí en encontrar el camino intermedio entre respetar los deseos de los refugiados (tener en cuenta sus deseos de trasladarse a países en los que ya tienen parientes, etc.) y las capacidades de los diferentes países.

Otro tabú que debe abordarse concierte a las normas y reglas. Es un hecho que la mayoría de los refugiados proceden de una cultura que es incompatible con las nociones de Europa occidental de los derechos humanos. La tolerancia como solución (el respeto mutuo hacia las sensibilidades de cada uno) obviamente no funciona: a los musulmanes fundamentalistas les resulta imposible soportar nuestras imágenes blasfemas y nuestro humor imprudente, que consideramos una parte de nuestras libertades. A los liberales occidentales, asimismo, les resulta imposible soportar muchas de las prácticas de la cultura musulmana.

En resumen, las cosas estallan cuando los miembros de una comunidad religiosa consideran el modo de vida de otra comunidad como una blasfemia o como algo perjudicial, constituya o no un ataque directo a su religión. Este es el caso de los extremistas musulmanes que atacan a los gais y lesbianas en los Países Bajos y Alemania, y es el caso de los ciudadanos franceses tradicionales que ven a una mujer cubierta con burka como un ataque a su identidad francesa, lo cual es exactamente la causa de que les resulte imposible permanecer en silencio cuando se encuentran entre ellos con una mujer cubierta.

Para frenar esta tendencia, hay que hacer dos cosas. En primer lugar, la formulación de un conjunto mínimo de normas obligatorias para todo el mundo que incluye la libertad religiosa, la protección de la libertad individual frente a la presión del grupo, los derechos de las mujeres, etc., sin temor de que este tipo de normas aparezcan con "eurocéntricas". en segundo lugar, y dentro de estos límites, insistir incondicionalmente en la tolerancia hacia las diferentes formas de vida. Y si las normas y la comunicación no funcionan, entonces el peso de la ley debe ser aplicado en todas sus formas.

Otro tabú que debe ser superado implica a la equiparación de cualquier referencia a la herencia emancipatoria europea con el imperialismo cultural y el racismo. A pesar de la responsabilidad (parcial) de Europa por la situación de los refugiados que están huyendo, ha llegado la hora de dejar atrás los mantras izquierdistas que critican el eurocentrismo.

Las lecciones del mundo "post 11-S" son que el sueño de Francis Fukuyama de la democracia liberal mundial llega a su fin y que, a nivel de la economía mundial, el capitalismo corporativo ha triunfado en todo el mundo. De hecho, los países del Tercer Mundo que abrazan este orden mundial son los que ahora crecen a un ritmo espectacular. La máscara de la diversidad cultural se sustenta por el universalismo real del capital global; aún más si el suplemento político del capitalismo global se basa en los llamados "valores asiáticos".

El capitalismo global no tiene ningún problema en acomodarse a una pluralidad de religiones locales, culturas y tradiciones. Así pues, la ironía del anti-eurocentrismo es que, en nombre de la lucha contra el colonialismo, uno critica a Occidente en el momento histórico en el que el capitalismo global ya no necesita los valores culturales occidentales para funcionar correctamente. En resumen, se tiende a rechazar los valores culturales occidentales en el mismo momento en que, reinterpretados críticamente, muchos de esos valores (igualitarismo, los derechos fundamentales, la libertad de la prensa, el Estado de bienestar, etc.) pueden servir como un arma contra la globalización capitalista. ¿Acaso ya olvidamos que toda la idea de la emancipación comunista según lo previsto por Marx posee un trasfondo "eurocéntrico"?


El siguiente tabú que vale la pena dejar atrás es que cualquier crítica del derecho islámico es un ejemplo de "islamofobia". Basta ya de este miedo patológico de muchos izquierdistas liberales occidentales por ser considerado culpable de islamofobia. Por ejemplo, Salman Rushdie fue denunciado por provocar innecesariamente a los musulmanes y por ser, por tanto (en parte, por lo menos), responsable de la fatwa, condenándolo a muerte. El resultado de tal postura es lo que uno puede esperar en estos casos: cuanto más se regocijan en su culpabilidad los liberales izquierdistas occidentales, más son acusados por los fundamentalistas musulmanes de ser unos hipócritas que tratan de ocultar su odio hacia el Islam.

Este estado de cosas reproduce perfectamente la paradoja del superyó: cuanto más obedeces lo que la agencia pseudo-moral del sádico y primitivo superyó te exige, más culpable eres de masoquismo moral y de identificarte con el agresor. De este modo, es como si cuanto más tolerases el fundamentalismo islámico, más fuerte fuera su presión sobre ti.

Y uno puede estar seguro de que lo mismo vale para la afluencia de inmigrantes: cuanto más abierta a ellos esté la Europa occidental, mayor será su sentimiento de culpa por no haber aceptado aún más de ellos. Nunca habrá suficiente. Y con los que están aquí, cuanta más tolerancia muestre uno hacia su forma de vida, más culpable se sentirá por no haber sido lo suficientemente tolerante.

La economía política de los refugiados: el capitalismo global y la intervención militar

Como estrategia a largo plazo, debemos centrarnos en lo que uno no puede dejar de llamar "la economía política de los refugiados", que significa centrarse en las causas últimas que subyacen a la dinámica del capitalismo global y las intervenciones militares. El desorden presente debe ser entendido como el verdadero rostro del Nuevo Orden Mundial. Consideremos la crisis alimentaria que azota ahora el mundo "en vías de desarrollo". Nada menos que Bill Clinton dejó claro en sus comentarios durante una reunión de la ONU en 2008 con motivo del Día Mundial de la Alimentación, que la crisis alimentaria en muchos países del Tercer Mundo no se puede achacar a los sospechosos habituales, como la corrupción, la ineficiencia y el intervencionismo de estado: la crisis es directamente dependiente de la globalización de la agricultura. La esencia del discurso de Clinton fue que la crisis alimentaria mundial de hoy muestra cómo "todos la pifiaron, incluyéndome a mí cuando yo era presidente", mediante el tratamiento de los cultivos alimenticios como mercancía y no como un derecho fundamental de los pobres del mundo.

Clinton fue muy claro al situar la culpa no en los estados individuales o gobiernos, sino en los Estados Unidos y las políticas globales a largo plazo de la UE llevadas a cabo durante décadas por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones económicas internacionales. Tales políticas presionaron a los países africanos y asiáticos para disminuir los subsidios gubernamentales en fertilizantes, semillas mejoradas y otros insumos agrícolas. Esto permitió que la tierra de mayor calidad se utilizará para los cultivos de exportación, lo que efectivamente comprometió la autosuficiencia de los países. La integración de la agricultura local en la economía mundial fue el resultado de tales "ajustes estructurales", y el efecto fue devastador. Los agricultores fueron expulsados de sus tierras y empujados a tugurios equipados para la explotación laboral, mientras que los países tenían que depender cada vez más de los alimentos importados. De esta manera, se mantuvieron en una dependencia poscolonial y se hicieron cada vez más vulnerables a las fluctuaciones del mercado. Por ejemplo, los precios del grano se dispararon el año pasado en países como Haití y Etiopía, los cuales exportan cultivos para los biocombustibles y, en consecuencia, matan de hambre a su población.

Para abordar estos problemas adecuadamente, habría que inventar nuevas formas de acción colectiva a gran escala; ni la intervención estatal habitual ni la muy elogiada auto-organización local pueden hacer el trabajo. Si no se resuelve el problema, debe considerarse seriamente la posibilidad de que nos estemos acercando a una nueva era del apartheid en la que partes aisladas y con abundancia de recursos serán separadas de las zonas en permanente estado de guerra y de hambruna. ¿Qué deben hacer las personas en Haití y otros lugares con escasez de alimentos? ¿Es que no tienen pleno derecho a rebelarse violentamente? ¿O a convertirse en refugiados? A pesar de todas las críticas de la economía neo-colonialista, todavía no somos plenamente conscientes de los efectos devastadores del mercado mundial en muchas economías locales.

En cuanto a las intervenciones militares abiertas (y no tan abiertas), los resultados han sido referidos con suficiente frecuencia: Estados fallidos. No hay refugiados sin ISIS y ningún ISIS sin la ocupación estadounidense de Irak, etc. En una sombría profecía realizada antes de su muerte, el coronel Muammar Gaddafi dijo: "Ahora escuchen, gente de la OTAN. Ustedes están bombardeando un muro, que se situó en el camino de la migración africana a Europa y en el camino de los terroristas de Al Qaeda. Este muro fue Libia. Estáis rompiéndolo. Sois idiotas, y vais a arder en el infierno para miles de inmigrantes procedentes de África". ¿No estaba declarando lo obvio?

La historia de Rusia, que básicamente elabora Gadafi, tiene su parte de verdad, a pesar del obvio sabor a pasta a la puttanesca. Boris Dolgov, de la Fundación de Cultura Estratégica con sede en Moscú, dijo a la TASS (agencia de noticias soviética):

Que la crisis de los refugiados es un resultado de las políticas de los Estados Unidos de Europa es evidente a simple vista. (...) La destrucción de Irak, la destrucción de Libia y los intentos de derrocar a Bashar Assad en Siria a manos de islamistas radicales —de esto es de lo que tratan las políticas de la UE y los Estados Unidos, y los cientos de miles de refugiados son el resultado de esa política.

Del mismo modo, Irina Zvyagelskaya, del departamento de estudios orientales del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, dijo a la TASS:

La guerra civil en Siria y las tensiones en Irak y Libia siguen alimentando el flujo de migrantes, pero esa no es la única causa. Estoy de acuerdo con aquellos que ven los acontecimientos actuales como una tendencia hacia otra reasentamiento masivo de los pueblos, que dejan a los países más débiles con economías ineficaces. Hay problemas sistémicos que obligan a las personas a abandonar sus casas y a lanzarse a la carretera. Y la legislación europea liberal permite a muchos de ellos no sólo quedarse en Europa, sino también vivir allí de beneficios sociales sin buscar empleo.

Y Yevgeny Grishkovets, el autor, dramaturgo y director de escena rusa, escribiendo en su blog, concluye que:

Estas personas están agotadas, enojadas y humilladas. No tienen ni idea de los valores europeos, estilos de vida, tradiciones, el multiculturalismo o la tolerancia. Ellos nunca estuvieron de acuerdo con las leyes europeas. (...) Nunca se sentirán agradecidos hacia las personas cuyos países se las han arreglado para introducirles en este tipo de problemas, ya que los mismos estados convirtieron antes sus propios países de origen en un baño de sangre. (...) Angela Merkel promete que la sociedad alemana moderna y Europa está preparada para los problemas. (...) ¡Eso es una mentira y una tontería!

No obstante, aunque en general hay algo de verdad en todo esto, no se debe saltar de esta generalidad al hecho empírico de los refugiados que desembarcan en Europa y aceptar simplemente toda la responsabilidad. La responsabilidad es compartida. En primer lugar, Turquía está jugando un juego político bien planificado (luchando oficialmente contra ISIS, pero bombardeando a los kurdos, quienes están realmente luchando contra ISIS). Luego tenemos la división de clases en el propio mundo árabe (los ultra-ricos de Arabia Saudita, Kuwait, Qatar y Emiratos casi no aceptan refugiados). ¿Y qué pasa con Irak, con sus decenas de miles de millones de las reservas de petróleo? ¿Cómo, fuera de todo este embrollo, emerge un flujo de refugiados?

Lo que sí sabemos es que una compleja economía de transporte de refugiados está haciendo millones y millones de dólares en ganancias. ¿Quién está financiándola y racionalizándola? ¿Dónde están los servicios de inteligencia europeos? ¿Están explorando este submundo oscuro? El hecho de que los refugiados se encuentren en una situación desesperada de ninguna manera excluye el hecho de que su flujo hacia Europa es parte de un proyecto bien planificado.

Claro, Noruega existe

Permítanme dirigirme a mis llamados críticos de izquierda que encuentran problemática mi ruptura con los mencionados tabúes en artículos publicados en el London Review of Books y en In These Times. Nick Riemer, escribiendo en Jacobin, condena el "sinsentido reaccionario" que yo estoy "promoviendo": 

Debería ser obvio para Zizek que Occidente no puede intervenir militarmente en una forma que evite las "trampas neocoloniales del pasado reciente." Los refugiados, por su parte, no son caminantes en territorio de otra persona, dados sólo al sufrimiento y, como tales, objetos de "hospitalidad". Independientemente de las costumbres que traen consigo, deberían disfrutar de los mismos derechos que los miembros de las diversas comunidades que conforman Europa —un pluralismo totalmente ignorado en la asombrosa referencia de Zizek a un único "occidental modo de vida europeo ".

La afirmación que subyace a este punto de vista es mucho más fuerte que la de Alain Badiou qui est ici est d'ici (los que están aquí son de aquí); es más algo así como qui veut venir ici est d'ici (los que quieren venir aquí son de aquí). Pero incluso si lo aceptamos, es Riemer quien ignora completamente los matices de mi observación: por supuesto "que deberían disfrutar de los mismos derechos que los miembros de las diversas comunidades que conforman Europa", pero ¿qué son exactamente esos "mismos derechos" que los refugiados deberán disfrutar?

Mientras Europa está ahora luchando de lleno por los derechos de los gais y de la mujer (el derecho al aborto, los derechos de las parejas casadas del mismo sexo, etc.), ¿deben estos derechos extenderse también a los gais y a las mujeres entre los refugiados, incluso si están en conflicto con "las costumbres que traen consigo" (ya que a menudo es obviamente así)? Y este aspecto debería en modo alguno ser descartado como marginal: de Boko Haram a Robert Mugabe y a Vladimir Putin, la crítica anti-colonialista de Occidente aparece cada vez más como el rechazo de la confusión occidental "sexual" y como la demanda de volver a la jerarquía sexual tradicional.

Soy, por supuesto, muy consciente de cómo la exportación inmediata del feminismo occidental y de los derechos humanos individuales puede servir como una herramienta ideológica y económica del neocolonialismo (todos recordamos cómo algunas feministas estadounidenses apoyaron la intervención de los Estados Unidos en Irak como una forma de liberar a las mujeres, cuando el resultado es exactamente el opuesto). Pero estoy totalmente en desacuerdo con extraer de aquí la conclusión de que la izquierda occidental debe llevar a cabo un "compromiso estratégico", mientras tolero en silencio "costumbres" humillantes hacia las mujeres y los gais en nombre de la "principal" lucha antiimperialista.

Junto con Jürgen Habermas y Peter Singer, Reimer me acusa luego de apoyar "una visión elitista de la política —la clase política ilustrada frente a una población racista e ignorante." Cuando leí esto, de nuevo, ¡no podía creer lo que veía! ¡Como si no hubiera escrito páginas y páginas para criticar a la elite política liberal precisamente europea! En cuanto a la "población racista e ignorante", tropezamos aquí sobre otro tabú izquierdista: sí, por desgracia, gran parte de la clase obrera en Europa es racista y anti-inmigrante, un hecho que de ninguna manera debe ser despachado como resultado de la manipulación de una clase de trabajo esencialmente "progresista".

La crítica final de Riemer es: "la fantasía de Zizek de que los refugiados representan una amenaza para la 'forma de vida' 'occidental' que puede ser remediada por mejores formas de "intervención" militar y económica en el extranjero es la ilustración más clara de cómo las categorías en las que el análisis es realizado puede abrir la puerta a la reacción". En cuanto al peligro de las intervenciones militares, soy muy consciente de ello, y también considero casi imposible una intervención justificada. Pero cuando hablo de la necesidad del cambio económico radical no pretendo por supuesto algún tipo de "intervención económica" en paralelo con la intervención militar, sino una transformación radical a fondo del capitalismo global que debe comenzar en el propio Occidente desarrollado. Toda auténtica izquierda sabe que esta es la única verdadera solución —sin él, Occidente desarrollado seguirá devastando países del Tercer Mundo, y cuidando ruidosa y caritativamente de sus pobres.

En una línea similar, Sam Kriss hace una crítica especialmente interesante, ya que él también me acusa de no ser un verdadero lacaniano:

Es incluso posible argumentar que los migrantes son más europeos que la propia Europa. Zizek se burla el deseo utópico para una Noruega que no existe, e insiste en que los migrantes deben permanecer donde son enviados. (No parece ocurrírsele que los que tratan de llegar a un determinado país podrían tener miembros de la familia allí, o ser capaces de hablar el idioma, impulsados precisamente por el deseo de integrarse. Pero ¿no es este precisamente el funcionamiento del Objeto a [el objeto inalcanzable del deseo]? ¿Qué tipo de lacaniano le dice a alguien que deben efectivamente abandonar su deseo de algo sólo porque no es posible? ¿O los migrantes no son dignos del lujo de una mente inconsciente?) En Calais, los migrantes que tratan de llegar al Reino Unido protestaron contra sus condiciones con pancartas que exigían "libertad de movimiento para todos". A diferencia de la igualdad racial o de género, la libre circulación de personas a través de fronteras nacionales es un valor europeo supuestamente universal que ha sido en realidad implementado, pero, por supuesto, sólo para los europeos. Estos manifestantes pusieron un mentís a cualquier reclamación por parte de Europa de ser la defensa de los valores universales. Zizek sólo puede articular el "modo de vida" europea en términos de generalidades vagas y trascendentes, pero aquí está en carne viva. Si el desafío de la migración es uno de los universalismos europeos contra el retroceso y el represivo particularismo, entonces el particularismo está del todo del lado de Europa. (...) "La inexistencia de Noruega" no es un análisis teórico, es la palabra amable de un sincero consejo en el oído de la clase burocrática europea, una que no está particularmente interesada en Lacan. A pesar de su insistencia en la "transformación económica radical", esta estructura epistolar asegura que este cambio está, por el momento, en su totalidad fuera de lugar. De ahí la insistencia en que no hay, ni puede haber, una Noruega. Los capitalistas no tienen la intención de hacer una, y Zizek no tiene intención de hacer frente a los que pudieran. A lo que la respuesta marxista debe ser que si no hay Noruega, entonces vamos a tener que construirla nosotros mismos.

"Los migrantes son más europeos que la propia Europa" es una vieja tesis de izquierda que yo también he utilizado a menudo, pero uno tiene que especificar acerca de lo que significa. En la lectura de mi crítico, significa migrantes que actualizan el principio de "libertad de movimiento para todos" —Más seriamente que Europa. Pero, de nuevo, uno tiene que ser preciso aquí. No hay "libertad de movimiento" en el sentido de libertad para viajar, y la "libertad de movimiento" más radical en el sentido de libertad para establecerse en cualquier país que quiera. Pero el axioma que sostiene a los refugiados en Calais no es sólo la libertad para viajar, sino algo más como "Toda persona tiene derecho a establecerse en cualquier otra parte del mundo, y el país al que se trasladan tiene que ofrecerles cobijo". La UE garantiza (más o menos) este derecho para sus miembros, y exigir la globalización de este derecho es lo mismo que la demanda de ampliar la UE para el mundo entero.

La actualización de esta libertad supone nada menos que una revolución socio-económica radical. ¿Por qué? Están surgiendo nuevas formas de apartheid. En nuestro mundo global, los productos circulan libremente, pero no las personas. Los discursos sobre los muros porosos y la amenaza de una inundación de extranjeros son un índice inherente de lo que hay de falso en la globalización capitalista. Es como si los refugiados quisieran extender la circulación libre y global de las materias primas a la gente, pero esto es actualmente imposible debido a las limitaciones impuestas por el capitalismo global.

Desde el punto de vista marxista, la "libertad de movimiento" se refiere a la necesidad del capital de una "libre" fuerza de trabajo, con millones de personas arrancados de su vida cotidiana para ser empleados en talleres clandestinos. El universo del capital se refiere a la libertad individual de movimiento de una manera inherentemente contradictoria: El capitalismo necesita individuos "libres" como mano de obra barata, pero al mismo tiempo necesita controlar su movimiento, ya que no puede permitirse el lujo de las mismas libertades y derechos para todos.

¿Está exigiendo la libertad radical del movimiento precisamente porque no existe, dentro del orden existente, un buen punto de partida para la lucha? Mi crítico admite la imposibilidad de la demanda del refugiado, sin embargo, afirma que es debido a su imposibilidad misma —a la vez que me acusa de ser un vulgar pragmático no-lacaniano. La parte sobre el objeto a como imposible, etc., es simplemente ridícula, un absurdo teórico. La "Noruega" a la que me refiero no es un objeto a, sino una fantasía. Los refugiados que quieren llegar a Noruega presentan un caso ejemplar de fantasía ideológica, una formación fantasmática que ofusca los antagonismos inherentes. Muchos de los refugiados quieren tener una parte del pastel y comérsela: Básicamente, esperan lo mejor del estado del bienestar occidental, pero conservando su modo de vida específico, aunque algunas de las principales características de su forma de vida son incompatibles con los fundamentos ideológicos del Estado de bienestar occidental.

A Alemania le gusta hacer hincapié en la necesidad de integrar a los refugiados cultural y socialmente. Sin embargo —y he aquí otro tabú que ha sido roto— ¿cuántos refugiados quieren realmente integrarse? ¿Qué pasa si el obstáculo a la integración no es simplemente el racismo occidental? (Por cierto, la fidelidad a la objeto a de ninguna manera garantiza la autenticidad del deseo, incluso una breve lectura de Mein Kampf deja claro que judíos eran el objeto a de Hitler, y desde luego se mantuvo fiel al proyecto de su aniquilación). Esto es lo que no funciona con la afirmación "si no hay Noruega, entonces vamos a tener que construirla nosotros mismos" (sí, pero no va a ser la "Noruega" fantasmática que los refugiados están soñando).


Leer segunda parte, 
aquí.

(Texto original: http://inthesetimes.com/article/18605/breaking-the-taboos-in-the-wake-of-paris-attacks-the-left-must-embrace-its)