domingo, 3 de mayo de 2009

Poesía y destrucción

La poesía, para ser pensada, debe ser destruida.

Sólo en las cenizas de un pensamiento renace. Sólo porque puede ser destruida se afirma su existencia. La poesía se tensa en el espacio intersticial entre la creación y la destrucción, se abandona a ese no-lugar en donde ella es toda una víspera, una leyenda, una aventura. La obra debe tender hacia el vacío para que, en el esplendor de su destrucción, podamos tocar las cosas: esta brisa que alza la mañana tenue de noviembre, el ruido seco y ágil del viento salino entre los álamos, un cuerpo que sacraliza la luz que lo bordea temblorosa.

Para llegar a la obra es necesaria su destrucción.

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