viernes, 18 de junio de 2010

La escritura blanca


Porque podemos vivir la escritura de los libros, o podemos vivir la imposibilidad de escritura que alza la realidad. Ese imposible constituye la poesía: decir cómo no se puede decir, cómo el viento derrama signos que no remiten a sentido alguno, cómo la verdad es ese significante total de la naturaleza que no acaba de significarse, cómo estamos expuestos a un vacío mucho más difícil de pensar que todos los lenguajes del mundo. Entonces, no es necesaria la escritura. El producto de un silencio penetra en el mundo: no hacer nada. La palabra que desescribe, la obra que desobra, se introducen secretamente en las cosas. Basta una caricia por que dejarlo todo, una brizna de yerba imposible de decir o unos rododendros sumergidos en agua. Basta tornar hacia la adelfa, a su ausencia total de fragancia, a la conquista de un tallo de camelia. El viento dice ahora su verdad en las cosas, el gusano acierta en su mordedura a decir toda la nada de una hoja de almendro. Es el lenguaje del río o del légamo, la nomenclatura en savia de los tallos de luz en la tarde. Lenguaje que ya no nos pertenece, que no puede decirse porque mi palabra lo destruiría. Palabra de la no palabra: sintaxis de espigas, gramática del mármol, fonética del polvo. El mundo está hablando en tanto silencio.

1 comentario: