sábado, 12 de junio de 2010

Poema "A tu respiración futura"


xxxxxxx
I


Cómo la lluvia arranca
los alveolos del recuerdo
de tu memoria que
no reconoce ya estas imágenes
de jardines y árboles mojados
pero que sabe en ellos tantos días perdidos
en otros cuerpos o en las adormideras,
en el olor a ruda
o a renuncia,
a enebros como un labio prematuro
que desconoce toda despedida.
Y el recuerdo es metáfora
de unas calles que ya no tienen nombre,
de las fachadas que rememoramos
apenas por sus tonos desleídos,
de unos pasos por donde se retorna
a las plazuelas de nuestra niñez,
a su luz, a las primeras hojas
de donde caen orugas
o esas hormigas voladoras
cuando escampa la lluvia. Porque todo
podía suceder entonces
en el olor mojado de la arena.





xxxxxxxII



Y tus pulmones y tu respiración
en este aire limpio
de mayo,
dan presencia a tanta luz dormida,
el hallazgo de musgo y siemprevivas
de tu memoria;
todo como presencia,
rescate donde podrían anidar los gorriones,
limonero en que fuera fácil la alegría
antes de que el verano
como una densa garra
de luz, queme el olor
agradecido del espliego
y melle el cuerpo tuyo y desarmado
que ahora es mío y que siento
como el último cuerpo en el que guarecerme,
el último en que amarte en la nostalgia.

Es aquí, en estas pocas briznas
de lluvia en donde inventa
mi memoria un torrente
abrumador de labios y de cuerpos,
de adolescencia y fruta tempranera
colmada del ayer,
aquí en donde acierto en esa endeble
arquitectura de un mañana,
sus andamiajes para aquellos días
no sucedidos pero respirados
en este aire que no trae victorias
pero que se desmiga hacia el futuro.






xxxxxxxIII


Hueles en la de hoy la lluvia
de mañana,
con su promesa de arena nueva,
de nuevos labios, otros
destinos, la manzana
de los atardeceres venideros
y haces tuya la calma interpretable
de las plazuelas y las callejuelas
mojadas, de la yerba.
Tuya la respiración del trébol,
de las sábanas o de los castaños.
Vivir, y respirar, y respirar
tanta luz en donde el aire escribe
la vida sin finales,
sin rendijas
hacia el alba, y
sentir
cómo mis manos se hunden en las cosas,
en ellas como si fueran dos veleros
sin equipaje o ruta;
aprender en el aire
el milagro tejido
de enigmas y de pájaros,
más allá de aquello que comprendes
pero cierto en la lluvia
que respiras.


Jorge Fernández Gonzalo. Arquitecturas del instante

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