miércoles, 8 de diciembre de 2010

LA MAQUINARIA DE LOS PÁJAROS



        I

Mi cuerpo atravesado por todas las máquinas,
por las astillas huérfanas de la visión,
por toda esa retórica de pájaros
con los que dar figura a lo imposible.

La luz, en los espinos,
se calcina aún con demasiada
coherencia. Desconfía
de las palabras que penetran el aire
y que palpitan entre ramas
abatidas de almendros,
en las entrañas puras de los gorriones.

Mi cuerpo tiene un hueco de pisadas,
una perforación de crisantemos,
máquinas para dar nombre al alba de unos brazos,
máquinas para mis dedos-brisa,
para la unión de mi mirada-arrecife
o el sutil engranaje de unas bocas.



        II

Todo pájaro forma una máquina:
la maquinaria de mi visión que se alía a su vuelo,
que coagula el paso de sus alas
y sesga en cristales diminutos la superficie del aire
como un cristal que no tuviera reflejo alguno,
como un fondo de agua adonde un pájaro fuera una piedra,
una piedra tirada al río,
una rendija que poco a poco desvelara las oquedades
de un cielo de ceniza, la interrupción de nubes metálicas
adonde una luz invisible
da textura a unas manos, acecha el límite, perfora
los cuerpos con un grano de claridad, 
da la pureza de lo complejo,
configura una máquina,
el resorte de aves y de nubes, 
el cableado de la confusión,
la disfunción de lo asombroso.

Hay demasiadas máquinas, y pájaros.
Ningún pájaro es real, sino el profano vínculo
entre una mirada y un cuerpo que aún no puede
recibir la lápida del nombre, su espesura,
acontecer cuando ya todo lo que une al acontecimiento
es una franja sin espacio, el margen discontinuo
del olvido. ¿Ven las aves
en el cristal que ellos mismos han hollado
en la carpa del cielo
las mismas ficciones que vislumbro,
el mismo desconcierto de luz, la tracería
de nubes deshiladas? 
No hay palabras para todos esos artefactos

porque toda palabra revela, solamente,
una interrupción de alondras.



        III

Hay demasiadas máquinas, demasiados pájaros,
demasiadas ficciones en este cielo improbable
que nos deja el plácido consuelo
de su mentira hecha ya cuerpo del poema,
escritura que rompe con el fulgor de la caliza,
que da nomenclatura
al tallo irisado de la luz.

No dar palabra a esas máquinas, a la alianza entre los pájaros
y mi mirada al tanto de su vuelo,
sino a ese espacio, ese vacío aún por ser pensado
cuando han pasado todos los vencejos. 



(Poema ganador del premio de poesía Alba volante)

1 comentario:

  1. Mis más calurosas felicitaciones. Es un hermoso poema. Si deseas que lo publique en mi GACETA VIRTUAL http://gacetaliterariavirtual.blogspot.com no tienes más que decírmelo. Mi dirección electrónica es segadesmanias@gmail.com
    Nuevamente ¡enhorabuena!
    Un abrazo fraterno y solidario,
    Norma Segades Manias (Santa Fe-Argentina)

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