martes, 11 de octubre de 2011

Pierre Menard: La herida del doble (prólogo de un Quijote apócrifo)

Incluyo parte del prólogo a una edición apócrifa del Quijote, de Pierre Menard.
El libro puede adquirirse en http://lapsuscalami.es/tienda/index.php/a-portada/el-quijote-de-pierre-menard.html



Pierre Menard:
la herida del doble
Jorge Fernández Gonzalo



[…] no hay original, el modelo de la copia es ya una copia, la copia es una copia de la copia; no hay más máscara hipócrita porque el rostro que encubre la máscara es ya una máscara, toda máscara es sólo la máscara de otra; no hay un hecho, sólo interpretaciones, cada interpretación es la interpretación de una interpretación anterior; no hay sentido propio de la palabra, sólo sentidos figurados, los conceptos son sólo metáforas disfrazadas; no hay versión auténtica del texto, sólo traducciones; no hay verdad, sólo pastiches y parodias. Y así hasta el infinito.
Pierre Klossowski


 ¿Confesaré que suelo imaginar que la terminó y que leo el Quijote —todo el Quijote— como si lo hubiera pensado Menard?
Jorge Luis Borges



[…] ¿esto no significa que está en falta o, más bien, que está alcanzado por la herida del doble? ¿Qué impugna el lenguaje para reproducirlo en el espacio virtual (en la transgresión real) del espejo y para abrir en éste un nuevo espejo y aún otro y así al infinito? Infinito actual del espejismo que constituye, en su vanidad, el espesor de la obra –esta ausencia en el interior de la obra de donde ésta, paradojalmente, se levanta.
Michel Foucault





Cuenta Jorge Luis Borges que sus primeras lecturas del Quijote provenían de una traducción inglesa. Las palabras y las sonoridades del idioma extranjero embelesaban al joven lector argentino, que con tan sólo diez años de edad se embarcaba en la lectura del clásico de Cervantes. Las aventuras de este angloparlante Don Quixote colmaban la imaginación infantil con largas e ingeniosas conversaciones, entuertos y ficticias escaramuzas, lances y tropiezos que dejaban irrisoriamente malparados a sus protagonistas. Con el tiempo, Borges llegó a la edición castellana y no pudo reprimir su sensación de desencanto. ¿Se trataba, pues, de una mala traducción de aquel libro agudo y prodigioso? ¿Sería el Quijote una novela inglesa que alguien hubo de escribir primero, por error o azares del destino, en pretencioso idioma castellano? ¿Podía, acaso, ser la máscara más hermosa que el más bello de los rostros?

Quizá por ello, no podría ser otro que Borges quien primero nos refiriera el caso de Pierre Menard. Un escritor mediocre lee el Quijote y decide escribirlo por su cuenta. Proeza al mismo tiempo que vanidad. ¿Los resultados? El infinito acontece en esa separación, se alza sobre el delgado hilo de las semejanzas y las diferencias. La conocida reseña de Borges, aparecida en septiembre de 1939 en la revista Sur, no escatimaba en elogios a este gran proyecto menardiano, del que Borges apenas pudo llegar a conocer algunos capítulos y que hoy rescatamos aquí en su totalidad. Por primera vez aparece bajo la rúbrica de Pierre Menard la versión completa que el escritor francés realizó de El Quijote, la gran obra cervantina –y no-cervantina–, moderna –y postmoderna– de la literatura –y contra toda literatura–.

Y sin embargo, el Quijote de Menard no es una obra original, un proyecto fruto del hallazgo que hubiera iniciado en el texto cervantino su andadura espontánea por los senderos de la semejanza. Su espesor y grandeza es el resultado de tanteos anteriores; nos referimos, por ejemplo, a la poco citada traducción que Menard lleva a cabo de una obra de Quevedo. El autor galo inicia el movimiento de reduplicación que va a caracterizar todo su trabajo gracias a la traducción de una obra que Quevedo había trasladado anteriormente del idioma francés. El poeta barroco vertió al castellano en versión literal la Introduction à la vie dévote de san Francisco de Sales, y tres siglos más tarde Menard trazará, nuevamente de forma literal, el camino de vuelta, el retorno hacia el corazón mismo de lo literario a través de los sinuosos meandros arteriales del lenguaje. Tal y como recuerda Madame Henri Bachelier, quien llegó a conservar algunas de las muestras manuscritas y correspondencia personal que han permitido componer esta edición, existió una traducción de la traducción, un reflejo de la sombra que san Francisco de Sales proyectase sobre la prosa de Quevedo. Borges ironiza, sin embargo, al apuntar que «debe tratarse de una broma de nuestro amigo, mal escuchada [por Madame Henri Bachelier]», lo que da buena cuenta de esa polvareda de confusiones que levanta la (re)escritura propuesta por la ironía menardiana: la traducción de la traducción recala nuevamente en el espacio del original. ¿O no? ¿No habrá, en ese periplo que hace pasear las palabras desde Sales hasta Quevedo, para tornarlas luego al mismo sitio, un enriquecimiento, algo así como una distorsión que remueve todas las corrientes submarinas del sentido, mientras la superficie permanece idéntica? ¿Traducción como territorio, o la lectura como nomadología? La traducción se plantea en Menard como clave para (re)interpretar los textos, como medio a través del cual aproximarse a los deslizamientos que poco a poco conforman el cuerpo de la historia de la literatura. ¿Qué es lo original y qué es la copia?

domingo, 2 de octubre de 2011

Reseñas de Filosofía zombi (I)

Por fin, me he decidido a unificar todas las reseñas que han ido saliendo sobre el libro. Casi todas están ya reunidas en la página que creé en Facebook (https://www.facebook.com/pages/Filosof%C3%ADa-zombi/156026684464821), pero tocaba ya recopilarlas. Y antes que guardarlo todo en mi ordenador como quien no quiere la cosa, pues lo cuelgo aquí. Sólo algunas indicaciones previas:

-Esta página se irá actualizando. Si alguien tiene alguna entrada o algún comentario inédito sobre el libro, o publicado pero que yo no lo haya incluido (seguramente, porque no lo he visto), puede hacérmelo llegar a jfgvk@hotmail.com. Por favor, ponedme como asunto "Filosofía zombi", para que no acabe confundido en mi bandeja de correo no deseado junto con promociones de alargamiento de pene y avisos pasados por el traductor de google sobre un extraño premio que me van a dar si envío mi dirección.

-Incluyo, en esta página, el enlace de la noticia, la fecha o medio si es posible, y el texto íntegro. Si algún particular o algún medio pide que su texto se retire, lo haré inmediatamente y sin pedir explicaciones, que aquí no estamos para buscar bronca (para eso hay otras muchas ocasiones). Nuevamente, la dirección es jfgvk@hotmail.com. Asunto, Filosofía zombi.

-Las fotos son las que acompañaban a los textos originales, por eso algunas se repiten. Aunque el resultado es monótono, y no sea estético a la hora de leer, no es esa su función: se trata de recopilar, no de mostrar.

-Me faltan algunas entrevistas que no salieron por Internet. Que yo recuerde, para la revista Aux Magazine, para El Dominical y para el suplemento On Madrid, del País. En breve, aparezco en El Cultural, y también en la 2 noticias.

Y ahora, os dejo con las reseñas, artículos, reflexiones, entrevistas y demás notas, no sin antes agradecer a todos los que se han tomado la molestia de leer el libro, reflexionar con él y escribir unas líneas. A todos ellos, gracias. 


(RADIO, CURIOSIDADES, ETC)
http://www.monotematicosfm.com/2011/12/3x12-battlefield-3-el-rey-leon-un.html
A partir del minuto 46 una entrevista para el programa de radio "Monomaníacos", sobre videojuegos, cómics y demás


En este libro, de Cinto Niqui ("La comunicación es vida") se cita mínimamente mi libro (pág. 163):
http://books.google.es/books?id=K56JI3ZkJzkC&pg=PA163&dq=filosof%C3%ADa+zombi&hl=es&sa=X&ei=KRRCT72iC4mnhAfr5cHFBQ&ved=0CDsQ6AEwAQ#v=onepage&q=filosof%C3%ADa%20zombi&f=false



http://www.ivoox.com/fallo-sistema-muertos-molestan-audios-mp3_rf_814005_1.html
Podcast (o como se diga) de mi entrevista para Radio3 el 25/09/2011 para el programa "Fallo de sistema"


También de la radio. A partir del minuto 26, en el programa Un idioma sin fronteras, con fecha del 06/09/2011.


Veo, en el sumario del número 118 de la revista Haciendo cine, septiembre de 2011, que en la página 47 hay una reseña o una ficha del libro. No he podido conseguir el texto. Dejo el enlace del sumario, aunque me imagino que en cuanto se actualice la revista lo cambiarán:


En la revista Leer, por Maica Rivera, un reportaje zombi al que aún no le he hincado el diente y que no aparece por internet. Comparto cartel con Manel Loureiro. Sólo puede encontrarse esta entradilla:
http://www.revistaleer.com/227/reportaje.html



http://lacuevadelgigante.blogspot.com/2011/10/algunos-tebeos-1.html
del 28 de octubre, en un interesante blog sobre cultura audiovisual, algunas palabras sobre filosofía zombi. Copio el par de párrafos en donde se habla de Filosofía zombi:

(...) Hay una última cosa. La editorial Anagrama publicó recientemente un ensayo titulado Filosofía zombi, de Jorge Fernández Gonzalo. Seguramente no lo hubiera leído de no ser por el cómic de marras y, sobre todo, por la editorial que lo había premiado y publicado. El ensayo juega astutamente con la idea de que los zombis han pasado a ser los pobladores predilectos del horror postmoderno por causas más produndas que la simple evolución de los gustos del público. Frente al vampiro gótico, figura seductora y aristocrática, el zombi provendría de una democratización del miedo. El Conde gobierna el reino de las tinieblas, poblado por las criaturas que el Mal ha producido siempre para recordarnos que si existe la luz es porque nace de un juego de sombras; el zombi forma parte de una masa informe de autómatas que han descendido por debajo del grado cero de la libertad y la identidad, deambulando en busca de algo que puedan digerir y que, en cualquier caso, no les satisfará. El vampiro es una figura romántica y transgresora, está entregado al vicio porque se mueve en las estancias de lo prohibido, por eso busca inocentes y bellas muchachas, a las cuales convertirá a su infame causa. Al zombi no le importa nada quién seamos ni qué piense Dios de sus fechorias: si le mostraran una cruz trataría de comérsela y, al comprobar que no podía reducirla a nada que se pueda devorar, la olvidaría.


Para Fdez Gonzalo, la horda zombi es un epítome de la mayor de las amenazas de nuestro tiempo: la pérdida de la autonomía del sujeto en pro de una sumisión pasiva a la sugestión barata del consumo y a la homogeneización de los individuos en base a unas claves colectivas simplistas y empobrecedoras. Creo que hay que hablar más de este libro...




Una mínima referencia a filosofía zombi desde el diario Canarias Ahora, por Eva Díaz Pérez, el 30-10-2011
http://www.canariasahora.com/opinion/7472/
"Somos ustedes y yo un poco zombis, y el que no se lo crea que le eche un ojito a Filosofía Zombi, un libro tan divertido como sugerente"



http://www.elhablador.com.mx/?p=1094
un análisis sobre la importancia del cine de terror, con una mínima referencia a Filosofía zombi. Halloween como telón de fondo



http://www.ilhn.com/blog/2011/05/22/46224/
Un artículo sobre economía, en donde se cita la fascinación sobre el libro filosofía zombi, aunque no se haga una reseña al uso. Cito el último párrafo:
"Fascinado con la lectura de Filosofía Zombi de Jorge Fernandez Gonzalo, uno de los finalistas del siempre bienvenido Premio Anagrama de Ensayo les digo bye hasta mañana AP, a 10 minutos de aterrizar en Barcelona."



http://www.diariovasco.com/v/20111028/san-sebastian/teso-20111028.html
un artículo sobre concentraciones zombis en relación a Halloween, con fecha del 28 del 11 del 2011, con un diálogo entre zombi y periodista:

– (...) Una cosa es crear cantera para la edición de La Horrorosa de 2025 y otra formar un ejército infantil de cazadores paranoicos de muertos vivientes.
– Totalmente de acuerdo. Además, a nosotros los zombies nos caen muy bien. Desde siempre. Ahora más después de haber leído ‘Filosofía zombi’ de Fernández González.
– ¿El libro finalista del Premio anagrama de Ensayo?
– Justo. Sitúa a los muertos que andan en el espacio y el nicho que les corresponde en este III Milenio. Aunque si te somos sinceros, creemos que el zombie ahora está mejor considerado porque los vampiros van de capa caída desde que los de ‘Crepúsculo’ no beben sangre.




Una reseña en neerlandés (?), para que puedas desempolvarlo si lo tenías olvidado, y ríete tú del inglés en mil palabras.


No reproduzco, por no tratarse de un artículo sobre el libro, pero sí un artículo directamente relacionado con el trasfondo de Filosofía zombi, un escrito de Luis García Fanlo publicado en artezeta. Dejo aquí el enlace:


En un artículo sobre cine fantástico, de Begoña del Teso, en Diario Vasco, 08/09/2011, se recomienda brevemente el libro. No reproduzco todo el artículo, pero sí el fragmento en cuestión:
‎"Por cierto, podríamos hacer tiempo hasta el 29 de octubre leyendo 'Filosofía zombie' de Jorge Fernández Gonzalo, desmembrado finalista del Premio Anagrama de Ensayo. Promete. lo juro. Por mis muertos" 


(ARTÍCULOS, ENTRADAS DE BLOGS, ENTREVISTAS REFLEXIONES ZOMBIS)

http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=4192
De la revista Ojos de papel, con fecha del 1 de diciembre (hace ya un año y pocas semanas que empecé a escribir Filosofía zombi!!) y firmado por David P. Montesinos, una reseña también muy interesante, algo larga, de la cual reproduzco el párrafo final (muy sugerente, por cierto):

Dos conclusiones coronan el texto de Fdez Gonzalo. En primer lugar el zombi es uno de los epítomes posibles de una sociedad caracterizada por la sumisión al capitalismo, el deterioro de las relaciones personales y la mediatización de nuestras vidas cotidianas. Alejados de nuestras funciones primarias, nos hemos vuelto extraños a nosotros mismos, de tal manera que la verdadera infección es la del hombre convertido en amenaza para sí mismo. En segundo lugar, y en directa relación con lo anterior, el zombi encarna la amenaza de ese “final de la historia” que celebró en su momento Fukuyama. El walking dead ha roto con todos sus antecedentes, ha dejado de producir huellas o, mejor, ha dejado de preocuparse por dejarlas. Como esos pastiches subculturales que fagocitan los artefactos históricos con propósitos divulgativos, comerciales o supuestamente artísticos, con lo que se intenta ocultar la falta de atrevimiento para crear nada nuevo, el zombi cree en la historia solo para devorar sus productos.









Desde el periódico Vanguardia, de México, firmado por Livio Ávila el 30 de octubre de 2011 (víspera de halloween)

Ideología zombi

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  • Livio Ávila
  • 30 Octubre 2011
  • La metáfora de este ser como una sociedad controlada y/o sin alma es usada en libros y filmes; marchas de ‘no muertos’ proliferan y hoy caminarán en Saltillo y Chihuahua
    • Foto: Vanguardia/Archivo
    Saltillo, Coahuila. Mandíbula desencajada. Mirada ausente. Sangre. Partes mutiladas. Es un muerto pero está “vivo”. Es un monstruo y es humano. O, mejor dicho, es un residuo del ser humano. Es un híbrido que amenaza con matarnos. El zombi es un ícono en el imaginario colectivo. Nacido en Haití con la leyenda de que un hombre muerto es resucitado con polvos mágicos para que éste haga trabajos campestres como todo un autómata, el zombi es hoy una forma de expresión en muchos sentidos; las “marchas de zombis”, con personas disfrazadas de “no muertos”, que proliferan en el mundo a veces tienen el matiz de crítica social.

    Pero hay que agradecerle al director de cineestadounidense George A. Romero, quien presenta, por primera vez, al zombi que come hombres vivos (“La Noche de los Muertos Vivientes”, 1968). Es ya, luego de los años, algo estable en la cultura popular y transita lo mismo en videojuegos, filmes, películas y televisión, que en los libros. Su figura es fascinante.

    Fue este ficticio ser nacido de la horripilancia y lo desconocido, lo que llevó al español Jorge Fernández Gonzalo a crear “Filosofía Zombi”, un libro finalista del premio Anagrama de Ensayo 2011 que ya está en las librerías mexicanas.

    Varias caras les ve a estos “no muertos” para compararlos con la sociedad actual. Enentrevista en la radio española Ecca, realizada el 22 de mayo pasado, señaló algunas cuestiones: el zombi es una figura del hombre posmoderno, pero incluso más “humano”. Veamos.

    Llenos de filosofía

    Fernández da distintas lecturas al zombi como metáfora. Una de ellas es la del ser ajeno a la sociedad; otra, la del ser con mayor humanidad. Para este último, dice que el zombi es “una figura que está al margen de la sociedad del espectáculo, de nuestro universo de tecnología de signos de mediación”. Hoy el zombi sería el que sí se relaciona con los otros, mientras el humano no, pues internet, televisión y radio no son precisamente una relación directa.

    “Estamos viendo cómo se están saturando de signos las relaciones interpersonales: tenemos las redes sociales, tenemos los chat, la webcam... que de algún modo son parapetos para no vivir nunca la relación afectiva de una manera directa. Es decir, que los zombis casi se podría decir que son los que verdaderamente aman: que aman a sus presas (risas) a través de persecuciones, en fin. Se podría decir que simbolizan esa falta de tecnología que algunas veces demandamos y que parece que está en todos los sitios”.

    Recordemos que un zombi puede tener, en esta hipótesis ficcional, varios orígenes: el desconocido de una resurrección sin sentido; o el origen artificial, el creado por el científico (que representa una empresa) que planta un virus contagioso para destruir a la humanidad entera.

    Por ello una de las lecturas que les da es la del capitalismo. “Se puede decir que el capitalismo funciona como una horda zombi por decirlo de alguna manera; en el capitalismo hay que morder todo, hay que acabar con los bienes de consumo, no hay que dejar nada en la despensa. Entonces, el zombi sí me permitía como metáfora establecer una relación entre la horda, entre ese despliegue masivo del cine de zombis y el capitalismo económico que consiste en comprar todo, ponerlo todo en venta y arrasarlo todo”.

    “El muerto viviente representa a la horda moderna”, aclara. “Nos plantea, a la vez, cierto miedo y atracción. Yo no parto de la idea del ‘no muerto’ como agente pernicioso. Esa es la metáfora de hace unos años: el zombi como ser descerebrado. Yo creo que sirve como representación de todos nosotros”.

    Hoy un fenómeno común son las marchas zombis: Chile, México, España, Estados Unidos. La cuestión es pasársela bien, en un principio. Pero también tiene algo de humanidad: quieren buscar dar un mensaje.

    Se lee en Chile “Piñera, educación gratis ahora” en un cartel que tiene un zombi. El caso es burlarse: del hombre, de la muerte, de la apatía, de la “falta de alma”. El zombi sigue siendo fascinante y tiene larga vida en la imaginación y el pensamiento.

    En el norte, zombis contra la apatía
    Hoy dos marchas suceden en el norte del país. La “Zombie Walk” en Chihuahua a las 18:30 horas con jóvenes caracterizados de zombis.

    Es parte del programa de Desarrollo Cultural para la Juventud del Instituto Chihuahuense de la Cultura, en coordinación con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

    Aarón Ximello Jaime, coordinador general del evento, explica que el motivo es eliminar la apatía “zombi”: “Es muy triste hablar con un adolescente que no se siente atraído ni siquiera para ir al cine mucho menos de leer un buen libro. Hay apatía por la vida, no se puede decir de otra forma. Son zombis que caminan por la vida”.

    Por su parte, Saltillo hoy vivirá su primera marcha zombi, pero será de forma lúdica. Es organizado por el Grupo El Mitote, un colectivo independiente de jóvenes que informó que el evento será parte de “La Calle Cobra Vida” en la calle Victoria del Centro Histórico; convocan a todos los “infectados” a las 17:00 horas de hoy en la Alameda Zaragoza para ir caracterizados y filmar escenas de un cortometraje.






Revista Caleidoscopio, Septiembre de 2011, artículo de Sonia Fernández Pan titulado 

Si una noche de invierno un zombi...
Por Sonia Fernández Pan 

Si una noche de invierno un zombi entrase en una casa cualquiera... Lo haría sin llamar a la puerta dos veces porque ya se sabe que los zombis no han estado nunca especialmente interesados en el aprendizaje de las normas de conducta social que rigen el universo mundanal. Pues bien, el zombi entra para encontrarse, más que probablemente, con el siguiente panorama: un ser humano aporreando el teclado con desidia a la par que mira una pantalla de entre 13 y 17 pulgadas que supo abducirlo hace poco con el mismo potencial con que el las naves espaciales abducían a los lugareños de cualquier villorio estadounidense hace mucho.
El zombie entra y percibe a este ser informático, que ni se da cuenta de la llegada del intruso voraz porque, claro, lleva unos auriculares puestos para que nada lo distraiga de su insaciable comunión diaria con el más allá cibernético. El zombi reclama un poco de atención rompiendo algunas cosas a su paso. Ni caso. El sujeto doméstico se gira sólo cuando lo empujan con fuerza de la silla en la que estaba plácidamente sentado disfrutando de las últimas novedades de la enésima red social a la que se había apuntado gracias a la soledad de los ratones comunicantes. El zombi devorador mira a los ojos del cibernauta glotón y el milagro sucede: zombie conoce a zombi. Eso sí, como en todas las grandes historias de amor, uno sale malparado y muere engullido por el otro.
Vivimos en un mundo de zombis. Eso nos cuenta Jorge Fernández Gonzalo en un volumen titulado Filosofía Zombi. -Vaya, qué novedad, dime algo nuevo o, al menos algo que no puedo consultar en la Wikipedia desde mi Iphone. ¿Acaso nunca has estado es un club de techno a las 8 de la mañana o en un centro comercial a las 5 de la tarde un sábado cualquiera? Lo de que somos muertos vivientes ya nos lo han contado las películas de zombis en clave de metáfora más que evidente, cansina y de bajo presupuesto.
-Espera, hombre, que no sólo Steve Jobs trae ideas nuevas a este mundo. No seas impaciente o, lo que es lo mismo, no me seas zombi. Los muertos vivientes de Fernández Gonzalo no van al mall center los sábados por la tarde: van todos los días y se comportan como si hubiese rebajas todo el año. Tampoco bailan en modalidad rave los fines de semana. Van de fiesta en fiesta como si cada noche fuese la última noche del año. Los muertos de vivientes de Filosofía Zombi son un concepto multiusos más que un amasijo de vísceras en busca de humanos en conserva.
Empiezo de nuevo, si es que posible reiniciar a este punto. No vivimos en un mundo de zombis. El sistema capitalista es zombi. Sospechar que hay zombis en nuestra cartografía social es considerar también que no todo ni todos son zombis. Y el capitalismo tardío, postcapitalismo, capitalismo de la información, tardocapitalismo –la nomenclatura ya aburre-, es un sistema omnímodo que sigue a pies juntillas aquello que decía, nuestro filósofo calvo por excelencia, el señor Foucault: “no hay afuera”. Si el mejor amigo del hombre es el perro (considerando aquí la amistad como una relación basada en la dependencia absoluta y cierta sumisión voluntaria) entonces, el mejor amigo del capitalismo es el hombre. Y esta premisa incluye a artistas y aspirantes a revolucionarios.
Un mundo zombi es un mundo sin líderes y en cosas como la presencia de la ausencia el capitalismo está muy entrenado. Siguiendo con las incontables enseñanzas de Monsieur Foucault, aquí tocaría repetir eso de que “el poder no es algo que se tiene sino algo que se ejerce”. Por si nadie se había dado cuenta, en nuestro sistema capitalista no importa quién es el líder sino que se mantenga el espejismo de un cierto liderazgo para no sentir que, en cualquier momento, todo esto podría irse a tomar por saco. Curiosidades del devenir occidental, esto ya ha empezado a irse al garete...
Y así como los zombis no trabajan por horas ni a tiempo parcial, nosotros igual. La jornada laboral del sujeto capitalista es de 24 horas porque, cuando no está trabajando para el capitalismo, está consumiendo para el capitalismo. Y por si surge algún brote crítico o un intento de rebeldía, el jefe de todo esto nos obsequia y distrae con el ocio porque, ¡como no!, divertirse es un acto capitalista. Injerto de opinión personal: por muy capitalista que sea, la gran mayoría no vamos a dejar de hacerlo porque ya se hace creíble eso de que leer a Marx y cambiar el mundo sean lo más ameno del mundo. Zombi dixit. Julia Kristeva tenía mucha razón cuando enunciaba solemnemente que el ocio sofoca las revoluciones. Pero también los suicidios y los impulsos de homicidio colectivo.
Narrado por capítulos que intentan funcionar como si fuesen pistas dentro de un dvd, este manual irregular de filosofía zombi no sólo se ocupa de “rajar” del tema favorito de escarnio y maldecir de la esquizofrénica academia de intelectuales contemporáneos. También inserta la zombificación en muchos otros espacios que conforman al ser humano actual, un zombi que quisera para sí el carácter sibarita del vampiro. La necesidad en bruto contra la elegancia de la pulsión libidinal.
Dejando de lado el capitalismo pero sin abandonar el correccional de las pulsiones humanas, el zombi se encuentra con Lacan y pasa considerablemente de Freud. O lo que es lo mismo, nuestro muerto viviente en perpetuo estado bulímico, no conoce ni a Edipo ni a su madre ni al falo envidiado, ni demuestra el menor interés en hacerlo. El zombi es más afortunado que nosotros en un aspecto: en el mantenimiento constante de su estado perverso polimorfo. Si su instinto le dice que ha de bajarse los pantalones y mear en medio del supermercado delante de abuelas con nietos, se los baja, se mea encima y la vergüenza asoma tan sólo en los que lo miran y no saben empatizar con el zombi. Nosotros somos un efecto del poder penitenciario social y su decálogo, el manual de las buenas conductas. Él no.
Además, tiene la suerte de poder ser un asocial con pleno derecho y sin una madre que lo obligue a merendar en casa de sus amigos del cole. Aunque los zombis vayan en grupo no son un colectivo. Berrean a la vez pero no son una banda musical nacida gracias al DIY. Son una carnívora masa abierta y no una vegana multitud política. Son una horda de asociales reunidos involuntariamente sin saber tan siquiera que el zombi de al lado existe, devora y apesta. Porque un zombi es todos los zombis en uno. Poniéndonos pedantes, un zombi sería una sinécdoque de su propia raza. Siendo mucho más pedantes, los zombis podrían ser el ejemplo perfecto a la hora de ilustrar aquel “cuerpo sin órganos” del que hablaba el, tan a menudo, incomprensible Deleuze. La filosofía del zombi va de la Z a la Z: zampar y zozobrar.
Los zombis tienen cuerpo y, en algunos casos, como en el de los anuncios de Eastpack, extrañamente atractivo y envidiable a pesar de lo abyecto. Built to resist. Pero lo que no tiene el cuerpo del zombi es el respeto que nuestra cultura le muestra a cualquier otra realidad corporal. En el país de siempre jamás no sólo el cuerpo de Cristo es sagrado. Pero, al zombi, como excepción y paradigma del sadismo tres en uno, se le puede descuartizar, trocear, escupir, machacar, explotar, abandonar e ignorar. Pensándolo bien, el zombi obtiene el mismo afecto por parte de los seres humanos que una cucaracha. Sólo que al primero no lo podemos meter dentro de un microondas a la máxima potencia para analizar su capacidad de resistencia al calor. Además, dentro del campo de lo cinematográfico, el zombi goza de los efectos visuales de la hiperescopia, un zoom mental y literal que amplia y goza con los detalles de su paulatina putrefacción. Es aquí donde la obscenidad invade al zombi, un ser pornográfico que no deja nada a la imaginación. Total, para lo que hay que ver...
Pero el zombi lleva consigo una peligrosa contradicción en su misión involuntaria contra un mundo en contra de él: el principio del fin. El primer zombi lleva inscrita en su frente descompuesta la promesa del apocalipsis. Y encima con el plus de una amnesia permanente que lo libere de cualquier sentimiento de culpa o de alguna reprimenda final en nombre de la humanidad. No hay un “sálvese quien pueda” porque nadie podrá nunca salvarse de una plaga zombi. Un sólo zombi, aún con toda su torpeza natural, es capaz de arrasar con toda la raza humana. ¿Cómo? Bautizándola zombi. ¿Por qué? Porque sí. ¿Cuándo? En cualquier momento. El zombi no sabe que una vez fue hombre, así como el hombre no sabe que alguna vez será zombi. Zombi conoce zombi. Tal para cual. Muerto viviente encuentra vivo muriente.




El 26 septiembre de 2011, y desde su blog Página en construcción, el poeta Luis Bagué Quílez firma una reseña del libro muy interesante. Suscribo lo que nos cuenta de Magritte (aprovecho, y le devuelvo el guante, recomendando su poesía y el resto de entradas de su blog).

Zombieland (Jorge Fernández Gonzalo)

Borges lo sabía: todo misterio es siempre superior a su resolución. Tal vez por eso soy adepto de las películas de zombis, fan de George A. Romero, y ahora entregado lector deFilosofía zombi. La herencia del positivismo hizo que la ciencia ficción al celuloide racionalizara sus engendros monstruosos, y esa manía explicativa dio al traste con una de las potencias intelectuales más activas del espectador: la imaginación. Solo unos pocos elegidos, como John Carpenter o George A. Romero, saben que sus imágenes no precisan mayor ilustración que el asombro. Por eso, el cine de zombis es un género puramente abstracto y un punto surrealista.
            En Filosofía zombi, Jorge Fernández Gonzalo no incurre en el pecado de la explicación ni en la grosería de la glosa. Al contrario, sus elocuentes notas al margen funcionan como los títulos en los cuadros de Magritte: no nos informan de nada, pero nos sorprenden en cada giro reflexivo. Para muestra basta el siguiente botón: “El zombi es un problema de escritura […] con el que infectar cualquiera de los signos que componen nuestros códigos culturales y, dese ahí, volver a pensarlos nuevamente”. Sí, pocas veces el no-muerto había estado tan vivo como en las páginas de Filosofía zombi.





Desde El Periódico de Villena, en respuesta a una entrevista de Juan Bas para El País (ver más abajo), sale este artículo con fecha de 23 de septiembre de 2011. No encuentro la firma del autor. La sección se titula "Abandonad toda esperanza", y el título "la parranda eterna", para evitar confusiones:


Abandonad toda esperanza, salmo 288º

LA PARRANDA ETERNA

Hace unos meses Juan Bas demostraba en una de sus columnas de prensa que hoy en día todo, absolutamente todo y sin excepción, es zombi. Entonces pensé en recortar el texto y guardarlo, y ojalá lo hubiese hecho para poderles reproducir aquí y ahora algún párrafo jugoso... pero como aquel día el que había dormido poco y estaba hecho todo un zombi era yo no me acordé y acabé dejándome el periódico olvidado en un autobús repleto de muertos vivientes derritiéndose al sol del mediodía.


Lo mismo que Juan Bas parece opinar Jorge Fernández Gonzalo, quien pese a sostener que "pensar el zombi es pensar también lo impensable", se ha puesto a pensar sobre el tema y le ha dado como para escribir Filosofía zombi, texto con el que quedó finalista del Premio Anagrama de Ensayo. Articulando su obra como si de un DVD se tratara, con menú y material extra incluidos, y usando como excusa cada una de las películas de la saga de La noche de los muertos vivientes, el autor viene a demostrar que toda la humanidad no está muerta... sino que estaba, de hecho está, de parranda. Y para ello recurre no solo a las películas dirigidas por George A. Romero, sin olvidar sus remakes y parodias, sino también a la narrativa, la televisión, el cómic y los videojuegos zombis, que de todo esto haberlo haylo y no precisamente poco. Es un ensayo que viene a describir al zombi como metáfora del ser humano en la era capitalista y postmoderna, un ser humano que se mueve torpemente como un muerto viviente y que ansía contaminar al otro y formar una horda de no muertos a través de la palabra, la imagen y un medio tan contagioso como Internet. Léanlo, y verán la vida (y la no vida) de otra manera.


Pero también podemos dejarnos de coartadas intelectualoides: total, la vida son cuatro días, y la no vida poco más. Si lo que quieren es pura evasión y carnaza, échenle un vistazo a Night of the Living Dead... el cómic. Demostrando la vigencia y el tirón comercial de los que todavía disfruta la seminal película de Romero estrenada hace más de cuarenta años, que se dice pronto, el guionista de aquella, John Russo, se embarca ahora en escribir esta serie que funciona a modo tanto de precuela como de secuela desarrollando los agujeros y las elipsis de aquella. Diversión asegurada a base de sangre y vísceras para los menos melindrosos.


Siguiendo en esta misma línea, pero yendo todavía un poco más allá en lo que a provocación se refiere, se sitúa Enric Rebollo, que en Al 3er. día construye un relato postapocalíptico ambientado en una Barcelona dominada por los zombis, y en la que un ejemplar prototípico del llamado macho ibérico resulta ser la última esperanza (o así) de la humanidad. Aviso para navegantes: el tebeo en cuestión puede herir susceptibilidades, y no precisamente (o al menos no solo) por el gore.


Así pues, les aconsejo que se armen de resignación y de sentido del humor (negro) y que se dejen morder: si no pueden vencer al enemigo zombi, la única solución es unirse a él e intentar mantenerse con no vida... al menos hasta que se estrene en octubre la segunda temporada de la serie The Walking Dead, según el cómic zombi de Robert Kirkman. Y qué mejor modo de hacer el zombi que delante de la televisión.






Filosofía zombi está editado por Anagrama; Night of the Living DeadAl 3er. día están editados por Glénat.
FILOSOFÍA ZOMBI

FILOSOFÍA ZOMBI

NIGHT OF THE LIVING DEAD

NIGHT OF THE LIVING DEAD

AL 3ER. DÍA

AL 3ER. DÍ
A







23 de septiembre, por Samuel Chavarria, otro escrito sobre el libro, en un medio, goodreads, que debe ser una página de difusión de artículos, imagino. Aquí el texto:

's review 
Sep 23, 11

5 of 5 stars
bookshelves: bibliotheca 
Read from September 08 to 20, 2011 — I own a copy

Es poco lo que sabemos de la figura del zombie porque a primera vista parece que es poco lo que hay que saber de ella: Es un cadáver reanimado, come carne humana (sigo sin entender por qué lo asocian a comer cerebros particularmente) y si te muerden te convertirás en uno tú también.

Sin embargo, Fernández Gonzalo le saca un buen jugo a esta criatura apocalíptica para hablarnos sobre nosotros mismos como sociedad "viva" y seres en contraparte del zombie. El autor madridista realiza su tesis desde la perspectiva de la víctima, el superviviente, el que se enfrenta, y nos argumenta por qué le tememos (o le deberíamos temer) al zombie y a su pandemia irreversible. Nos recuerda que su calidad de ser siempre 'el otro' aun en su propia casa nos posiciona a nosotros, civilizados y pensantes, en una situación de reflexión ante este ser que es auténticamente anarquista y primigenio.

La fuerza del zombie radica en la horda, la masa descontrolada, la ausencia de jerarquía y preocupaciones. De esta idea surge mucho de la reflexión del autor, apoyado por supuesto en las películas de George Romero y en la filosofía de Deleuze, Foucault y Blanchot entre otros. Fernández Gonzalo nos aclara la conexión que tenemos con el muerto viviente, lo que significa ser semejante cosa (aunque no exista conciencia de ello) y cómo podemos traducir el concepto de zombie a nuestros actuales círculos sociales.

Es una excelente obra reflexiva que se apoya en un concepto fuera de serie; atractivo, inusual, y que en definitiva debería ser mucho más explotado con el fin de tocar temas como el apocalipsis o la supervivencia urbana que, aunque son improbables, sí nos ofrecen espacios para la reflexión y los cambios de paradigma.

Aplaudo el esfuerzo de Jorge Fernández Gonzalo por revelarnos a este monstruo incompleto en su plenitud, presente en su ausencia y vivo en toda su muerte.





Una página muy recomendable, avión de papel, que también dedicó algunas líneas al libro. 22/09/2011, firmado por Julio Vallejo. Apareció anteriormente en http://noticias.lainformacion.com/arte-cultura-y-espectaculos/literatura/la-filosofia-se-fija-en-los-zombies-como-ejemplo-de-critica-social_e6oeEE7G5hyYtLQLxyS9h7/ Diario La Información, con fecha de 15/08/2011



La filosofía zombie te explica cómo somos los que seguimos vivos

22/09/2011 por: Julio Vallejo
fotograma-de-la-noche-de-los-muertos-vivientes
Los zombis son una excusa para hablar indirectamente de los vivos en el cine, la literatura, las series de televisión, los videojuegos o el cómic. Esa es la conclusión que sacamos al leerFilosofía zombi, un libro donde Jorge Fernández Gonzalo se toma muy en serio los muertos vivientes. El escritor utiliza las diferentes manifestaciones del monstruo en la cultura pop para reflexionar acerca de los vivos y realizar una crítica al orden establecido.
Según Fernández Gonzalo, La noche de los muertos vivientes, la primera película de George A. Romero, sería un análisis de las relaciones personales en momentos difíciles que mostraría la incapacidad de los humanos para coordinar una respuesta ante una amenaza.
De igual manera, Zombi, otra de las cintas del simpar Romero, se convertiría en una particular metáfora de la sociedad consumista al mostrarnos unos no-muertos que sitian un centro comercial donde posiblemente disfrutaron de sus momentos de ocio cuando estaban vivos.
Jorge Fernández Gonzalo también se encarga de subrayar el estado más o menos zombi que rige muchos actos de la vida cotidiana. El escritor pone como ejemplo la película Zombies party, donde, además de los andrajosos autómatas sin vida, encontramos a Simon Pegg, un vivo que se comporta como un muerto viviente  al ir a trabajar todos los días con una patente cara de aburrimiento.
Por otra parte, la serie de televisión y los cómics de Walking Dead serían el ejemplo perfecto de cómo una gran amenaza –en este caso una plaga de seres monstruosos- es capaz de alterar nuestros conceptos de familia o trabajo, y desmoronar los instrumentos de control en nuestra sociedad.
El autor de Filosofía zombi también tiene tiempo para analizar la ironía y la mala leche que supura Dead Set, una miniserie británica donde los únicos supervivientes de una plaga de monstruos son algunos de los concursantes de Gran hermano.
“En un mundo apocalíptico de plagas de no-muertos” –escribe Fernández Gonzalo-, “los únicos supervivientes serán los más zombis: una serie de personajes superficiales, con rencillas ingenuas y de un alto infantilismo afectivo –pero altamente productivo a la hora de forjar lazos sociales y atraer simpatías mediáticas- o con relaciones esporádicas y triviales por el desgaste de sus herramientas sentimentales y expresivas”.
En definitiva, Filosofía zombi pone de manifiesto que, más allá del maquillaje y los efectos especiales, los muertos vivientes son una excusa perfecta para hablar de los seres humanos y las sociedades en las que nos movemos desde una postura menos ingenua y más profunda de lo que parece a simple vista.




Desde El Centro Virtual Cervantes (no es broma) una reflexión-reseña de Joan Ripollès Iranzo. fecha del 21 de septiembre de 2011. El texto, vale decir, habla de varias cosas, no sólo del libro.


CINE Y TELEVISIÓN

España zombi

Por Joan Ripollès Iranzo
La figura del redivivo no es nueva en nuestro hontanar cultural. Desde el simulacro póstumo atribuido al Cid en una leyenda tardía hasta los sólidos espectros que emboscan a don Juan en su última noche en la tierra, ha venido significándose a lo largo de los siglos, adquiriendo su matiz más macabro entre las ruinas de la razón que abrazaron los poetas románticos.
Bécquer, en El Miserere (1862), nos regala una estampa horripilante que poco tiene que envidiar a las escenas más pavorosas del cine clásico, y otra de sus leyendas, El monte de las ánimas (1861), sirvió de inspiración al gallego Amando de Ossorio para diagramar el argumento de las cuatro películas sobre templarios resucitados que realizó entre los años 1971 y 1976. Films que, a pesar de su menguado presupuesto, deben considerarse la piedra basal de todo el cine de muertos vivientes hecho en nuestro país. Aunque es la coproducción hispano-italiana, No profanar el sueño de los muertos, dirigida por el catalán Jordi Grau en 1974, la primera verdadera muestra del cine de zombis moderno de nuestra cinematografía.
La película de Grau es heredera directa de La noche de los muertos vivientes(Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968), largometraje estadounidense que, según estipula la crítica especializada, abre las puertas del cine de terror moderno, aunque, en verdad, serán los cineastas italianos quienes le darán la vuelta de tuerca definitiva al subgénero, convirtiendo al muerto viviente en la auténtica estrella del cinegore de los primeros ochenta —ahí tienen a Francisco Rabal enfrentándose a la plaga en La invasión de los zombies atómicos (Umberto Lenzi, 1980), por si quieren comprobarlo—.
Transcurridas las décadas, el zombi se ha convertido en un icono popular y en metáfora de mil problemáticas y cosas. Por ello, un hombre acostumbrado a la metáfora, el filólogo, filósofo y poeta madrileño Jorge Fernández Gonzalo le ha dedicado un libro en el que se esfuerza en desentrañar todos los significados y matices que el muerto viviente cobra y gana en nuestra sociedad. Filosofía zombi, publicado el pasado mes de mayo, quedó finalista del Premio Anagrama de Ensayo merced a su exploración de una figura cada día más de moda, a la que pocos estudiosos del ramo prestan la atención adecuada.
Fernández Gonzalo repasa, uno por uno, los seis largometrajes que conforman hasta la fecha la saga que George A. Romero dedica al azote de los muertos vivientes, y utiliza cada uno de ellos para hablarnos de diferentes fenómenos, procesos y conflictos radicados en el mismo corazón del Occidente contemporáneo. La despersonalización, la hiperrealidad de los medios, el consumismo, los comportamientos de la masa…, múltiples e importantes cuestiones son abordadas por un espíritu crítico que, si bien peca de morosidad y endogamia en algunos momentos, ilumina no pocos aspectos de nuestra desbordada existencia.
Hoy, cuando algunas Casandras de columna, blog y tertulia proclaman que España es un país difunto que se mueve por la inercia de los bancos y las financieras zombis, cuando el terror a la plaga —llamémosle paro, violencia o pandemia— está a la orden del día, merece la pena dedicar ojos, neuronas e imaginación a una obra de este calibre. Quizá, conociendo nuestro estado, nuestro país deje de ser un dislocado zombi torpón y se transforme en un ágil e hiperactivo infectado.
Zombis e infectados pueden convertirse en nuestros fieles aliados, si no que se lo pregunten a cineastas como Miguel Ángel Lamata, Paco Plaza,Jaume Balagueró o Juan Carlos Fresnadillo, cuya carrera ha despuntado gracias a la insaciable voracidad de estos pertinaces redivivos que se mueren por devorar nuestras carnes y, sobre todo, nuestros cerebros. Démosles, al menos, un manjar con sustancia y fundamento. Buen provecho.


Página Albedrío, con fecha de 9 de septiembre de 2011, por Omar Lucas Monteflores. El artículo ofrece principalmente algunas reflexiones dentro del contexto político de Guatemala, desde donde nos llega el artículo.

Zombi o no zombi
Por Omar Lucas Monteflores - Guatemala, 9 de septiembre de 2011

El dilema para estas elecciones
De acuerdo al filólogo Jorge Fernández Gonzalo, el término zombi no es “…otra cosa que un artefacto cultural, una herramienta mítica para producir un determinado efecto de significación, un psiquismo, una síntesis conceptual necesaria.”. De una forma más física y descriptiva Max Brooks lo expone como “alguien que se mueve y actúa con aturdimiento.” Situaciones que bien se puede aplicar a la sociedad guatemalteca para estos tiempos. Llamamientos en nombre de la patria, de la nación, de la niñez, de deidades, se hacen por parte de los interesados, para que la caterva se acerque a hacer “democracia” por medio del voto. ¿Pero quién o quienes se animan a cuestionar esos llamamientos en nombre de todo el lado generoso de una sociedad? Resulta que en esto días, en varias escuelas y colegios han llegado a “concientizar” a los pequeños, futuros ciudadanos, ha hacerles conciencia del sistema democrático que vive Guatemala, ¿Cómo? Invitándolos a votar, (propuesta a futuro), pero no solo eso, sino también a hacerles la condena desde ya, de que no votar es malo. ¿Creación de zombis desde temprana edad?
Max Brooks, autor de diferentes trabajos de literatura zombi, indica que este virus nació a raíz de la propagación del Solanum, el cual usa las células del lóbulo frontal para la replicación y las destruye en el proceso. En el desarrollo de este cesan todas las funciones del cuerpo, se paraliza el corazón y se da por muerto al sujeto. En Guatemala parece que el Solanum se va propagando cada cuatro años, encapsulado en propuestas de igualdad social, propuestas de partidos políticos y sus agentes más efectivos: los medios de comunicación. Hablar de la cultura zombi es hablar de autómatas, de formas de vida inocuas y sin mayor razonamiento, es ver a seres que caminan ante un solo impulso, y es el de satisfacer una sola necesidad, como lo es el de comer… Así nos miramos cada vez que caminamos hacia las urnas, como una masa que camina ante una sola necesidad, la necesidad de votar. ¡¿Necesidad de votar…?! ¿Tenemos la verdadera necesidad de votar en un sistema democrático electoral tan deplorable como el actual? o ¿O será que es necesidad inventada por otros personajes que si tienen la necesidad de esos votos? O sea, el razonamiento y la indagación serian ¿Quién esta dispersando el Solamun? ¿Quién nos está creando esa falsa necesidad de ir a votar? ¿Quién nos está condenando, como malos patriotas, malos hijos del país por no votar? ¿Quién o quienes nos están quitando el derecho a razonar nuestra existencia social? ¿Quién nos está afectando las células del lóbulo frontal?
“Vampiros y zombis parecen, más que nunca, las metáforas más apropiadas para caracterizar el dominio del capital”, nos dicen Michael Hardt y Antonio Negri, una analogía muy apropiada para nuestros momentos actuales. Vampiros chupa sangre, tal y como los descritos por TTM (band de ska-punk): “políticos de mierda […] querés tenernos de esclavos/sos chupa sangre con los colmillos afilados/quieren juzgar lo que es bueno lo que es malo…” como lo son los políticos actuales; catervas autómatas dispuestas a darles un valioso voto sin cuestionar, la población en general. Esta significación de personajes, sobre individuos reales, no es más que un ejercicio reflexivo, algo que la sociedad debería de hacer; no precisamente bajo el concepto de herramienta cultural de los zombis o monstruos hollywoodenses, pero si no dejar de practicar artefactos de cuestionamiento, en donde nos arroje las suficientes respuestas para poder articular esa pequeña herramienta de la democracia, como lo es el voto. Comprender que el voto no es la totalidad de la democracia, es una simple herramienta, que si no se usa, no se derrumba tampoco un sistema democrático solido, es más peligroso para el mismo, posiciones nihilistas imperfectas, individualistas, en donde impera el interés particular y la indiferencia a tanta injusticia social. Portarse como un zombi, que vota cada cuatro años autómatamente y luego vive aislado de los problemas sociales, económicos, culturales, etc., eso es más peligroso… Porque una persona que actúa con normalidad, disciplinada y obediencia en una sociedad enferma, es un enfermo, tal y como lo expresa Fredric Jameson.
Como mencionamos, la infección zombi se da por medio del virus Solanum, pero este se retransmite por medio de mordeduras que nos contagian y nos vuelven parte de esa masa putrefacta, de seres que no cuestionan la vida actual, que con su actuar conformista legitima a los mismos políticos que han ostentado el poder desde hace varios años por medio de la mentira, robo y traición. Esas mordidas van por medio de figuras mediáticas, tal y como lo han utilizado en su campaña todos los políticos, mordiéndote con playeras, canciones, comida, personajes que les han hecho creer que son iconos de un grupo social y generación alguna: futbolistas infectados, primero porque les han dicho que son grandes dentro de los grandes, pero que si son un poco buenos, es porque son hábiles con los pies y no con la cabeza, por eso es que son futbolistas y no lideres sociales; artistas con tan poca presencia, que necesitan de un reality show, para mostrar su limitado talento, pero que están tan infectados que no tiene ni personalidad propia artística (por allí anda ahora la Lady Ga-Ga de Guatemala…). Y así podríamos mencionar varios agentes contaminadores, esos que vuelven al ser social, un ser sin nexo, un desconocido ante el acontecer nacional, llevando a una falta de identificación social, que no hace nada más que consumir en vez de cuestionar y razonar, volverlo pues un disfuncional, un zombi. Por lo mismo, es importante que en los momentos de ocio, se mantenga una buena dosis, pero de libros para leer cualquier texto útil ante tal amenaza de llamamiento y ataque zombi, cualquier materia será de utilidad, la cuestión es no quedarnos como estamos. Creernos el cuento, que nos hacen creerle más al pseudo líder, al caudillo al político, que a nuestra propia realidad, una que la conocemos con nuestro diario vivir y que no necesitamos de intermediarnos para interpretarla. A raíz de esto nos instruye Max Brooks: “Armarse para el encuentro con un zombi requiere una consideración especial, tener la cabeza bien fría y hacer un análisis práctico de todos los factores implicados.”
Como cuestiona Jorge Fernández Gonzalo ¿Quién es el depredador aquí? ¿Qué es lo humano o lo inhumano? […] y Max Brooks nos responde diciendo que “Llamarlos a ellos depredadores y a nosotros presas sería impreciso. Son una plaga, y la raza humana su huésped.” Porque hay que hacer el análisis, que todos formamos parte de un sistema en el cual nos desarrollamos, ya sea afines a él o detractores, y considerar que lo que cambia aquí no es solamente la condena, sino el actuar, que reproduce o propone un cambio.
Esto sería en términos generales un zombi de los peores, y al cual todos los integrantes de la sociedad los tenemos como espejos, pero los que se ven reflejados en dicha analogía podrían cuestionar: bueno y los que se creen que no se comportan alineados ante el juego electorero ¿no son zombis, o son los mejores, o que fregados…? Ante esto exponemos que por ser también productos de la realidad también son zombis, pero un zombi más resistente, que le ha jugado la vuelta al sistema. Si uno se llega a abstraer de todo este pan y circo como lo son las elecciones actuales, uno se puede convertir en un zombi impenetrable. Por su misma automatización, un zombi, no es un ser cohesionado, conexo, con él no se puede más que pedir actos vacios como el mismo voto, por lo mismo un zombi no útil para el sistema cuando este quiere legitimar condiciones sociales. Ya que un zombi es –para este caso- un anarquista, un anti sistema. Este tipo de zombi no le conviene, al miedo, al poder, a las relaciones sociales que imperan. Ante todo este contexto, si todos como individuos formamos un colectivo zombi, es preferible hacerlo a la manera del zombi que estorba en las relaciones sociales legitimadoras, un zombi resistente, al autómata por excelencia.
No votar es la mejor forma de rechazar el sistema actual, lleno de vísceras, mutilaciones y violaciones, que reconstruye y reedifica al periodo gubernamental anterior. Voto estratégico, voto por el menos peor, voto porque mi país me lo pide, son elementos que le dan vida al putrefacto actuar político, una sociedad gore, en donde ya no tiene más que esconder, más que los mecanismos de poder que se ejercen. Por lo mismo te invitan a ser el zombi de los peores votando, siendo un deconstructor del poder actual y de los mismos políticos, ellos tiene que ser tu alter ego diciéndote: “Adáptate a la mediocridad de la modernas interrelaciones o no podrás ser un zombi como nosotros, un zombi con fama y poder, disoluto y juerguista. En un mundo apocalíptico de plagas de no-muertos lo únicos supervivientes resultarán ser los más zombis…” como lo comparte Jorge Fernández Gonzalo. Así que para este 11 de septiembre has tu lucha, una lucha que parte de la actividad individual, y que con el tiempo se convertirá en una resistencia civil masiva, no es en vano el consejo de Max Brooks en su “Guía de supervivencia Zombi”: “Así que carga tus armas, prepárate para pelear, pero sigue donde estés, sigue seguro, sigue alerta ¿Y qué mejor lugar para hacerlo que en la comodidad de tu propia casa?” Porque desde la comodidad de tu sofá puedes hacer una revolución electoral, la propuesta: el abstencionismo nos dará como resultado un cambio de leyes en donde las organizaciones políticas e individuos que las conformen, se verán exigidos, dando como resultado, la salida de personajes oscuros, y la llegada de personas probas, dignas de cargos públicos.
Un trabajo colectivo, y no uno individual y heroico, es el siguiente paso a la lucha del mensaje anti zombi. El zombi esa figura que es lejana, no permeable mientas la hora y fracción que dura la película, no es más que un espejo, en donde más allá de las vísceras y cortes de carne, nos muestra su lado de sátira social, y que en situaciones como esta también puede ser usado como herramienta para articular una crítica social, que requiere amplio criterio. Ese criterio que le ha incomodado a la verticalista izquierda partidista de Guatemala, y ha hecho enojar a la extrema derecha, que cree que toda la enajenación material e intelectual es lo que importa. Retomando el mensaje de Brooks en su acertada guía, sobre los zombis nos dice: “La ignorancia es el aliado más fuerte de los no muertos; el conocimiento, su enemigo más mortal.” Hay que mantener una mente amplia, pensando que el asedio de cada cuatro años será una lucha larga, por lo mismo, no supongas un rescate rápido de la sociedad.
Podrán llegar situaciones aberrantes en donde la fortaleza de resistencia debe de ser de las más fuertes, ya que se tiene que estar preparados para embates semióticos sobre la justificación de las campañas más sucias y aberrantes: Pronto ya no tendrán vergüenza de ocultar su filosofía zombi los partidas políticos y te harán llamados descarados como el ya visto Partido Alternativo Zombi –PAZ- quien te dice: “Vota y déjate morder…” “Vivir con miedo no es vivir, nosotros los zombis no tenemos miedo…”


“Nosotros los zombis no tenemos miedo a la muerte, no tenemos miedo a nada, somos muertos que viven…” ¿Acaso no te son ya conocidas y avizoradas estas frases?
Por último como lo dijo el filólogo ya mencionado, estas líneas fueron escritas por un zombi entre otros tantos, pero agregamos un ¿zombi sistémico o anti sistémico? En tus actos estará el también definirte.







así se anuncia desde el periódico La jornada el libro. Nota del 11 de septiembre de 2011. No veo nota del autor.

Vox libris
Sometidos por el capital
Periódico La Jornada
Domingo 11 de septiembre de 2011, p. a20
Entre nuestra sociedad posmoderna y una película de zombies no hay mucha diferencia. Así lo sustenta el filósofo Jorge Fernández Gonzalo en este ensayo, finalista del premio Anagrama 2011. La figura de los muertos vivientes es utilizada por el autor como metáfora para analizar la despersonalización y el estado de descomposición en el que nos tiene sumidos el desarrollo de un nuevo capitalismo afectivo y mediático, basado en el control militar, la propagación del miedo, el hiperconsumismo y la tecnificación indiscriminada. Filosofía zombi, Jorge Fernández Gonzalo, Editorial Anagrama, 213 pp. Precio de lista: 415 pesos.
Foto























Entrada desde un blog de libros, firmada bajo el nombre de Óscar. El texto utiliza como fuente la entrevista para el periódico La información, que aparece más arriba firmado por Julio Vallejo.


La filosofía de los zombis

La filosofía de los zombis

¿La clave para sobrevivir a un apocalipsis zombie? En un mundo apocalíptico de plagas de no-muertos, los únicos supervivientes serán los más zombis: una serie de personajes superficiales, con rencillas ingenuas y de un alto infantilismo afectivo, pero altamente productivo a la hora de forjar lazos sociales y atraer simpatías mediáticas, o con relaciones esporádicas y triviales por el desgaste de sus herramientas sentimentales y expresivas”, asegura Jorge Fernández Gonzalo. Una de las muchas y muy serias consideraciones ontológicas nacidas de la figura de los no-muertos que se puede encontrar en Filosofía Zombi (Anagrama).
Filosofía Zombi es un título que se sumerge en el cine y la literatura, las series de televisión que han abordado el tema de los muertos vivienes, y rastrea en ella su carga de crítica social: la forma en que este tema revela nuestros huecos como sociedad, y como la falta de solidaridad y el mantenimiento de las divisione sociales es lo que nos condena ante cualquier desastre… Incluya zombis o no.
Filosofia Zombi considera a obra seminales del género como La noche de los muertos vivientes (de George A. Romero) comedias (Zombie Party) y hasta lo más reciente como la serie de televisión y los cómics de The Walking Dead.
Según Filosofía Zombiel muerto viviente es una gran excusa para hablar de los vivos.



Una aportación, creo que José Ramón Insa Alba, para la página Espacio rizoma. Aunque cita el libro, lo utiliza para realizar sus propias reflexiones. Muy interesante.


[#779]

Siguiendo de algún modo la línea argumental de Jorge Fernández Gonzalo ¿se puede hablar de una cultura zombi? Esa que ha muerto pero se resiste a desaparecer. Y por supuesto que no hablo de la muerte de la Cultura porque, en su sentido esencial, esa muerte es imposible sino que hablo de la muerte de ese modelo de interpretar la cultura que manejan las instituciones públicas (también las académicas) una cultura que “sigue en pie” mientras va perdiendo girones y su descomposición avanza en la misma medida que se empeña en no desaparecer. Un simulacro de vida que puede referenciar perfectamente la cultura aparentada. Es decir la que se reduce a unas funciones “vitales” básicas limitadas a un aparato locomotor deslavazado y titubeante (acciones y acontecimientos) y a una búsqueda enfermiza de inútil ingesta alimenticia (subvenciones y edificaciones) por carecer de órganos digestivos operativos. Curiosamente esta metáfora coincide con la realidad actual y la ficción sigue construyendo ficción de modo imperativo y ausente, alejado de la realidad y contando con unas referencias que ya no son útiles. Curiosamente también, desde gran parte de la intelligentsia se sigue en este empeño zombi. Un ritualismo ingenuo que pretende la cultura como una narración, como una retórica de lo ficticio porque ficticia es esa vida que el zombi se empeña en mantener. Se puede hablar de la cultura zombi y mucho más adecuadamente de la gestión zombi de la cultura.La gestión zombi representa lo desagregado, como si su comportamiento no fuese sino la intención de satisfacer “su” apetito fuera de las convenciones sociales que aconsejan actuar en grupo para alcanzar mejores y más convenientes resultados. La gestión zombi se ejemplariza por esas instituciones que evolucionan al margen de la lógica de lo común, de la comunidad. En todo caso cualquier relación ya sea institucional o interinstitucional erosiona cualquier amago de cooperación en función de ampliar los estadios de poder y de configurar las voluntades al antojo de las jerarquías. “El zombi es una fuerza que trata de aumentar su poder (pero que no puede contenerlo), de captar flujos humanos vivos y de obligarles a ingresar en las hordas” nos dice Fernández Gonzalo y tal vez esa es la fuerza que hoy transmiten instituciones que fuerzan a un comportamiento “externo” sin importarles realmente la realidad que fuera se mantiene viva. Un zombi no interactúa sino que realiza lo necesario para satisfacer su instinto de “supervivencia”.La gestión zombi y la institución zombi forman un ejemplo de coparticipación sin empatía, simplemente empujadas por ese instinto compuesto que fuerza a una incomunicación con apariencia de intercambio. Y no busca la interacción empática sencillamente porque el poder no la necesita. El fracaso del pensamiento derrotado por la acción del instinto. En todo caso este comportamiento ficticio toma tales dosis de “realidad” que la consideramos como tal y de un modo tan absoluto que un intento de recuperación es absurdo e inútil ya que esta horda zombi ha ocupado todos los espacio y, como es de su naturaleza, el ataque a los vivos es perceptivo. Lo real y lo ficticio se entremezclan de un modo peligroso y las políticas de mediación hacen que no se pueda distinguir de ningun modo lo que eso vivo o no-muerto, incluso que se sospeche de inmediato ante alto que se presienta como vivo y que advierta de la amenaza zombi. La política del miedo está perfectamente integrada.
La gestión del acontecimiento se impone en este mundo de cultura zombi ya que este acontecimiento es una metáfora del consumo de carne a la que los no-muertos se ven constantemente abocados. El consumo de carne, el consumo de acontecimientos. Un no-muerto no puede controlar el impulso de perseguir para comer nuevas victimas. La gestión zombi no puede controlar el impulso de emprender nuevos acontecimientos sin una reflexión sobre sus efectos o necesidades. No puede parar y reflexionar, necesita producir en una especie de desarreglo pulsional que fundamenta una “gestión por obsesiones”.



Periódico de Aragón, por Anna Abella, con fecha del 09/06/2011. En el artículo se habla de otras producciones sobre zombis.

LA MODA DE LOS MUERTOS VIVIENTES EN EL SECTOR EDITORIAL.

Zombis muy vivos






La crisis consolida el éxito de los libros sobre no muertos y atrae a nuevos escritores.

    Una horda de zombis, en la televisiva  The walking dead.


    ANNA ABELLA ANNA ABELLA09/06/2011

    No es broma: hace unos días el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos colgaba en su blog Apocalipsis zombi, una guía para sobrevivir a un hipotético ataque de muertos vivientes. Según la entrada, los consejos sirven igual para terremotos, pandemias o accidentes nucleares; un síntoma de que quizá lo que plantean estas historias de terror va más allá del efecto gore y, con los miedos implícitos al hundimiento de la sociedad y la pérdida de la identidad, plantea nuevas reflexiones ligadas al mundo real. La oferta editorial en España, con creciente producción nacional, no es ajena al cíclico resurgir en épocas de crisis del virus zombi, que viene propagándose desde el 2008.
    Basándose en referentes como George A. Romero, Jorge Fernández Gonzalo reflexiona en Filosofía zombi, obra finalista del Premio Anagrama de Ensayo, sobre su relación con la sociedad y el hombre posmoderno. Según explica este doctor en Filología Hispánica, "el zombi es una metáfora desde la que entender el entorno mediatizado que nos rodea. El mito ha cambiado, ya no remite a un autómata descerebrado viendo la tele en casa sino a una horda capaz de contagiar a otros sus ideas a través de internet y, como se ve ahora en las concentraciones de indignados, movilizarlos".
    PLAGA CAPITALISTA "El capitalismo que vivimos se parece a una plaga zombi íañadeí, llega a todos lados, funciona por contagio y nos lleva a endeudarnos como zombis. Además, el zombi es crítico con la sociedad de consumo y sus servidumbres, como las manadas en las rebajas".
    José López Jara, director editorial de Minotauro y Timun Mas, sellos abonados a lo zombi, opina que "el lector cabreado por la crisis y la sensación de inseguridad y hastío necesita y busca estos libros para huir y poder pensar. Que las historias incidan más en el punto de vista de la víctima, que enseñan que puedes sobrevivir si quieres luchar, está atrapando a un público nuevo".
    Precisamente este protagonismo de los supervivientes, común a muchas novedades, es la base del fenómenoThe walking dead, la versión televisiva del cómic superventas, Los muertos vivientes, de Robert Kirkman, cuyas novelas llegarán en octubre a España.
    Aquí, la pequeña editorial mallorquina Dolmen, que con su prolífica línea Z se avanzó a la moda, ejerce de cantera. De ella surgieron por ejemplo Manel Loureiro y Carlos Sisí. Aunque, a consecuencia del virus del éxito, luego el primero fichó por Plaza&Janés, donde acaba de publicar la última entrega de Apocalipsis Z, con la que abrió el camino a otros escritores españoles, y el segundo, autor de Los caminantes, lo ha hecho por Minotauro.
    Los autores zombis comparten otro síntoma: las óperas primas de muchos han nacido en internet, donde su fama se transmite de boca en boca llamando la atención de los avistadores de las editoriales, que les facilitan el salto al papel. Es el caso de J.L. Bourne, un marine de EEUU que se entretenía escribiendo Diario de una invasión zombie en su blog, igual que Davig Wellington o David Moody. Y también de Sisí o Loureiro, que se evadía de su árida profesión de abogado en su blog: un millón y medio de seguidores de Apocalipsis Z.




    Desde argentina, periódico Tiempo, llega este artículo que firma Juan Pablo Cinelli. Habla, nuevamente, de varias producciones sobre zombis. El último párrafo se dedica a mi libro:
    UN MITO CONTEMPORÁNEO

    Zombis, los modernos Prometeos que son un espejo del mundo

    Publicado el 14 de Agosto de 2011
    Por Juan Pablo CinelliCon el estreno de La reencarnación de los muertos, sexta película sobre muertos vivos del estadounidense George Romero, y la edición de un libro que analiza la filosofía detrás del mito, la figura de los famélicos resucitados sigue viva. Es rica la mitología: sabrosa y fértil. Lo sabían Freud, Borges, Tolkien, John Ford, quienes, cada uno a su modo, admiraron, estudiaron, reescribieron y generaron construcciones míticas. Ocurre que el relato mítico ha tenido la capacidad ancestral de contener de manera encriptada, poética, aquello que el resto de los lenguajes humanos nunca pudo decir mejor de manera directa. 


    VAMPIROS Y RESUCITADOS: LA EDAD CONTEMPORÁNEA. El siglo XIX generó los que tal vez sean los únicos mitos modernos, de la mano de dos escritores que para la historia de las letras son menores, pero sin dudas de los más importantes en la cultura popular. En 1918, Mary Wollstonecraft, típica adolescente romántica, publicó Frankestein, o el moderno Prometeo. Nacido de un verano de poesía y tormenta a orillas del lago Leman, en Suiza, compartido con su marido Percy Shelley y los amigos George “Lord” Byron y John William Polidori, poetas todos ellos, el relato lleva las señas inconfundibles del espíritu de su época. En esas mismas vacaciones, Polidori escribiría El vampiro, que junto con Carmilla de Sheridan Le Fanu son los más sólidos antecedentes de Drácula, la novela con la que Bram Stoker terminó de consolidar el mito victoriano del vampiro aristocrático y seductor, que desde la Europa Central trae la peste al mundo civilizado. (Todo parecido con la realidad sociopolítica europea actual puede no ser pura coincidencia). Lo cierto es que aquel injerto de muertos imaginado por Mary, y el conde rumano para quien, como Orfeo, el amor es más definitivo que la muerte, constituyen, con la imprescindible ayuda del lenguaje cinematográfico, los dos grandes mitos que pueden considerarse propios del siglo XX. Porque no caben dudas que desde su nacimiento en 1895, dos años antes de que Stoker publicara su novela, el cine ha sido el gran generador de relatos del siglo pasado, el factor decisivo para que muertos vivos y no muertos se instalaran con fuerza en el imaginario popular.


    VIENEN POR TI, BÁRBARA. Pero no es el glamour del vampiro lo que interesa acá porque, además, se trata de un mito de clausura: el cuento del decadente vampiro que no encuentra lugar en un mundo que se la ha vuelto ajeno, coincide con el final del período victoriano, decadente por excelencia. Por el contrario, la historia que se cuenta en Frankenstein es un primer esbozo de un futuro deseado, que representa además una gran fantasía de la era industrial: la de la posibilidad humana de crear vida. Un anhelo comparable al que alimentó a los arquitectos de Babel, enceguecidos por el afán de rascarle la barriga a Dios.Y sin dudas no puede considerarse glamoroso a un cadáver que, imposibilitado de persistir en la muerte, se ve obligado a deambular sin pulso, sin voluntad, puro despojo, pura necesidad insatisfecha. Porque eso es lo que son los muertos vivientes creados por el director estadounidense George Romero, hijos legítimos de aquella criatura animada por Víctor Frankenstein. Lejos de la lujuria del vampiro, donde lo que manda es la satisfacción de un deseo que tiene mucho de sensual, el zombi romeriano va sin rumbo, tratando de paliar una necesidad que es básica y primal: calmar un hambre sin límites. Desconectados de aquellos personajes de los filmes que en los años cuarenta y cincuenta referían a cadáveres levantados de sus tumbas por una voluntad mágica que los controlaba, a partir de leyendas del vudú haitiano, los zombis de Romero son víctimas de corrupciones surgidas del corazón mismo del progreso tal como lo concibe la cultura capitalista. Escapes radioactivos, mutaciones genéticas o epidemias de laboratorio son algunos de los orígenes que justifican el horror. Otras veces la elipsis sobre las causas del desastre es completa: el origen no importa, porque la semilla del Mal siempre está en los mecanismos básicos de una sociedad cada vez menos humana. Como el personaje de Wollstonecraft, el zombi es a la vez monstruo y víctima.Hace un par de semanas se estrenó en Buenos Aires Survival of The Dead, sexta entrega de la saga de Romero sobre muertos ambulantes, rebautizada de forma inexplicable como La reencarnación de los muertos. Si bien se trata de la más floja de todas, el veterano director vuelve a demostrar que, más allá de ser un personaje eficaz a la hora de causar algún susto, la masa zombi es, como otros mitos, un símbolo útil para hablar de modo indirecto, poético a su manera, de los vivos. 

    EL LIBRO DE LOS MUERTOS. El filólogo español Jorge Fernández Gonzalo ha sabido ver esta potencia y acaba de publicar Filosofía zombi (Anagrama, 2011), donde consigue construir interesantes relecturas de los trabajos de Romero. Organizado en capítulos que se ocupan de ellos de manera individual, Fernández Gonzalo profundiza la ya famosa referencia a la segregación racial, de la inaugural La noche de los muertos vivos, de 1968, pasando por la crítica al hiperconsumo (El amanecer de los muertos, 1978); la educación conductista (El día de los muertos, 1985); las insalvables distancias sociales del mundo neoliberal y la lucha de clases (La tierra de los muertos, 2005), o la dependencia mediática (El diario de los muertos, 2007). Filosofía zombi pone el acento sobre la figura del muerto viviente como símbolo de la creciente deshumanización de los lazos entre individuos, y no duda en recurrir a Freud, Deleuze, Lacan o Barthes para sostener su análisis. Lo más interesante que aporta el libro del filólogo español es la certeza de que el hombre actual se encuentra alienado, intentando satisfacer necesidades ilusorias, alimentadas por un mundo virtual de publicidades, marcas y productos, más que en trabar contactos humanos reales. Y así como para el zombi nada más existe un hambre que sólo puede saciar la carne humana, el hombre moderno ha dejado de desear –porque el deseo involucra el reconocimiento de un otro–, para aislarse en estas necesidades ante las que se es único, solitario y final. 

    En este punto es donde tal vez todos podríamos decir, a la manera de Flaubert: “Los zombis somos nosotros.”



    una nota sobre el libro por Cristina Rico y Álex Moreno, el 12 de junio de 2011:

    Filosofía Zombi, la horda de la Posmodernidad

    Publicado por Cristina Rico, Álex Moreno en 12 June 2011 | 0 Comentarios
    Filólogo, filósofo y poeta, el madrileño Jorge Fernández Gonzalo quedó finalista del Premio Anagrama de Ensayo de este año con Filosofía Zombi, una atípica propuesta ensayística que se presenta a manera de dvd literario, con su trailer, sus capítuos o pistas y su material adicional con escenas eliminadas incluidas.
    Siempre hay algo provocador aguardándonos entre las líneas de este libro a todas luces recomendable. Fernández Gonzalo empieza analizando las seis películas de muertos vivientes realizadas por el maestro George A. Romero, que va relacionando sucesivamente con distintos conceptos fundamentales de la sociedad contemporánea.
    Los temas tratados por los filósofos de la Posmodernidad –su amado Blanchot, Deleuze, Baudrillard, Althusser, Derrida, Lipovetsky...- son desarrollados y llevados hasta el extremo en relación a la figura ominosa y cada vez más extendida del muerto viviente, que se ha visto convertido en metáfora de todo y para todos.
    La parte final de Filosofía Zombi se centra en los remakes fílmicos y en los productos literarios derivados sobre este tema. En un apunte de descaro difíclmente igualable, el autor zombifica algunos de los sonetos más mentados de Garcilaso de la Vega, a quién re-bautiza como GarZilaso.
    El libro adolece, por momentos, de una cierta pesadez narcisista, pero es mucho más lo que aporta a nuestro intelecto que lo que pueda sustraer a nuestra paciencia de lectores.
    No diremos más. Merece la pena leerse.


    Desde Cataluña, y en catalán, esta reseña de la revista Le llibreter, publicado el 1 de agosto de 2011

    Filosofia zombi

    dilluns, agost 01, 2011

    Sempre m’ha fascinat la fascinació pels zombis. Entre totes les criatures fantàstiques és, sens dubte, la més incomprensible: maldestres, eixelebrats i fastigosos, no gaudeixen de la gamma de variacions dels vampirs o dels homes llop, que pot anar d’una certa sofisticació —assaonada amb sentiment de culpa i la lluita a favor o en contra d’una idea d’humanitat— a la malvada bèstia implacable, malgrat exquisides rareses com Otto; or, Up with Dead People de Bruce La Bruce. I malgrat això, gaudeixen d'una gran acceptació al cinema, a la televisió i, evidentment, als llibres.




    Filosofia zombi de Jorge Fernández Gonzalo és una excel·lent aproximació a les raons d’aquesta fascinació, dins de la línia de l’assaig espectacle que tan bons resultats ha donat en precedents com Eloy Fernández Porta. Sense notes, per tant, i amb pistes en comptes de capítols i les escenes eliminades a les pàgines finals: l’organització del llibre remet al món audiovisual, especialment a la filmografia zombi de George A. Romero, a qui pren com a referència a l’hora de determinar els trets rellevants del fenomen. A partir d’aquí, assetja les raons per les quals el zombi esdevé tan fascinant a la nostra època —incloent-hi el desig de ser zombi—, no tant des de la filosofia estricta com des de la cosa anomenada ‘estudis culturals’.

    De la mateixa manera que el zombi en si és un ésser buit que radicalitza i precipita el comportament dels personatges que encara no han sucumbit a la plaga, la idea de zombi que examina Fernández Gonzalo és el pretext per detectar els símptomes que desvela en la societat actual: els zombis, ¿són sempre els altres? ¿són la part que rebutgem de nosaltres mateixos? ¿objectiven la por de les plagues modernes, la por de la infecció, del fanatisme? ¿reflecteixen la societat consumista i el problema insoluble de la identitat?

    Per saber-ne més, res millor que l’excel·lent entrevista de Jesús Rocamora a l’autor, publicada a Haciendoelpino. I el tràiler en PDF, gentilesa de l’editorial.





    El 23 de julio de 2011, esta curiosa reseña sobre frikismo ilustrado, en el blog del mismo nombre. Creo que está firmado por Rodrigo Gutiérrez Fernández:

    Filosofía Z: Máquinas, Vísceras y Cerebro

    Night of the Living Dead (1968) Geoge A. Romero 


    En su libro Filosofía zombi, reciente finalista (2011) del Premio Anagrama de Ensayo, Jorge Fernández Gonzalo (Madrid, 1982), a través de la filmografía del director George A. Romero y de otras obras sobre el género de los muertos vivientes (películas, cómics, series de televisión, videojuegos, novelas y relatos: el capítulo de créditos es realmente impagable), lleva a cabo un original análisis (muy en la línea de algunos autores y filósofos franceses comoFoucaultBlanchotBaudrillardDeleuzeLipovetskyDerrida oDebord) sobre las formas de control en la sociedad capitalista y las tecnologías de des(inter)mediación que nos separan del acontecimiento de lo real. La tesis central es que el zombi representa una no-construcción en el otro, una falta de 'otredad' a la que se encamina el individuo actual de las sociedades posmodernas. Las plagas de cadáveres andantes de la ficción sirven así como una precisa metáfora para entender la complejidad de nuestra sociedad posmoderna.


    En estos tiempos grises y convulsos en los que 'no-vivimos', la figura del zombi sirve como exacta representación de nosotros mismos. Nos guste o no, viene a decirnos el autor, todos somos un poco zombis. El zombi como agente contaminante, salta de un campo a otro infectándolo todo porque "el zombi es punk, antisistema, anarquista, vanguardista", y desafía "los modelos conservaduristas" para favorecer el cambio, "ulcerar las categorías tradicionales", permitir la transgresión."Vivimos una época en la que el contagio es casi un género mediático, un género discursivo".


    Más información en:










    Para los perezosos o muy ocupados, (véase al respecto el provocador y divertido -aunque nada superficial- "Como hablar de los libros que no se han leído", de Pierre Bayard), la contraportada del libro ofrece un magnífico resumen: "La ontología zombi redescubre los espacios de la intimidad que habían permanecido sepultados bajo los paradigmas tecnoafectivos actuales, por la publicidad masiva y el hiperconsumismo descontrolado. La ficticia amenaza de un apocalipsis y el colapso total de la civilización que suele acompañar a las producciones del género constituyen una crítica oblícua de las sociedades actuales del espectáculo y la tecnificación, como ya denunciaran autores como Baudrillard, Debord o Deleuze, entre otros".


    Cada una de las películas de George A. Romero da título a los sucesivos capítulos (secciones o pistas) del libro, que sirven así de hilo conductor al ensayo:














    La intención del autor, (doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense, todo hay que decirlo), polisémico queda claramente expuesta: "...habría que entender estas páginas como un intento de analizar qué papel desempeña la concepción del zombi en una sociedad como la nuestra, postrada ante el capitalismo, animada por una falta de relación con sus vecinos pero perfectamente mediatizada, capaz de conocer a tiempo real lo que pasa en la otra parte del globo pero no a quien más cerca está de uno, como si la tecnología nos hubiera desligado de las funciones primarias, instintivas, y el zombi sirviese, al mismo tiempo, como recuerdo y temor ante esa animalidad que se ha perdido, como horror al progreso (la pandemia siempre obliga a la humanidad a volver a un estadio primitivo, a las sociedades tribales, a la supervivencia desgarradora), porque, en cierto modo, el no muerto es la personificación apocalíptica de lo desconocido hecho hombre, del hombre hecho amenaza para sí mismo".


    A destacar el excelente capítulo que describe los efectos de las modernas técnicas de la publicidad, que aseguran la "zombificación" de los sujetos y su vínculo irremisible con el consumismo, a través de"...mensajes artificiales y esterilizados de gran efectividad aduladora, empática o de influjo colectivo". "La publicidad es zombi: mordiscos rápidos, certeros, efectos de sangre, cuerpos desnudos"...


    Publicidad zombi: EASTPAK


    Uno de los mejores ejemplos de "publicidad zombi" se refiere a la campaña "Deliver me to Hell", de la compañía neozelandesa Hell Pizza, en la que con una estética de videoclip, narra la huída y persecución de una guapa y bien dotada oficinista por una horda de zombis y la peripecia posterior de un joven pizzero que debe hacerle entrega de una pizza a pesar del asedio de los cadáveres andantes. El video, (que además es interactivo y plantea varias opciones al espectador), puede encontrarse aquí:http://www.youtube.com/watch?v=9p1yBIV7Ges
    En fin, ya Gilles Deleuze hablaba de sociedades de soberanía, que manejaban máquinas simples, y de sociedades disciplinarias, equipadas con máquinas energéticas. Las sociedades de controlcontemporáneas operan sobre máquinas de tercer tipo, máquinas informáticas. Es una evolución tecnológica, una mutación del capitalismo bien conocida, que puede resumirse así: en el momento actual el capitalismo ya no se basa en la producción, que desplaza y relega frecuentemente a la periferia del tercer mundo. Es un capitalismo de superproducción. Ya no compra materias primas y vende productos terminados: compra productos terminados o monta piezas. Lo que quiere vender son servicios, y lo que se quiere comprar son acciones...


    "Es sencillo buscar correspondencias entre tipos de sociedad y tipos de máquinas, no porque las máquinas sean determinantes, sino porque expresan las formaciones sociales que las han originado y que las utilizan. Las antiguas sociedades de soberanía operaban con máquinas simples, palancas, poleas, relojes; lassociedades disciplinarias posteriores se equiparon con máquinas energéticas, con el riesgo pasivo de la entropía y el riesgo activo del sabotaje; las sociedades de control actúan mediante máquinas de un tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores cuyo riesgo pasivo son las interferencias y cuyo riesgo activo son la piratería y la inoculación de virus. No es solamente una evolución tecnológica, es una profunda mutación del capitalismo."
    Gilles Deleuze. Post-scriptum sobre las sociedades de control


    En contra de lo que pudiera suponerse, no es un libro fácil. Como reconoce el propio autor: "Me congratulo de haber escrito un ensayo duro partiendo de un tema popular, porque uno de los modelos con los que tengo que bregar es esa moda de libros donde se habla de filosofía y superhéroes, teleseries, vampiros o los Simpson; en los que, más que interés por desarrollar un concepto filosófico, se cae en un didactismo casi infantil".


    Pues eso. En el Frikismo Ilustrado respetamos y apoyamos la inteligencia...





    Zombis en Chile, en la publicación Qué pasa. 21/07/2011, por Patricio Jara:

    Cultura: Momento zombi

    Un nuevo ensayo explora las razones de la fascinación y la recurrencia de los zombis en ficción. Los muertos vivos, plantea, son una polaroid, un espejo de nuestros propios instintos. Son lo que somos y lo que tememos.
    Por Patricio Jara | Periodista y escritor21/07/2011
    Acaba de llegar a librerías chilenas el ensayo con que el filólogo español Jorge Fernández Gonzalo resultó finalista del Premio Anagrama 2011. Su título es cuando menos inquietante, pero también, en vista de algunas señales de nuestra contingencia, bastante oportuno y necesario: Filosofía zombi.
    Enganchado fuertemente del cine (en especial a la media docena de películas de George Romero y unas cuantas subsidiarias), Fernández Gonzalo ofrece una lectura profunda de ciertos aspectos representativos de la conducta humana enfrentada a los medios de comunicación, la publicidad, la política y, en especial, la economía.
    Con un lenguaje fresco y un orden de la documentación en beneficio del lector, éste es un trabajo de alcance mayor.
    ¿Por qué un personaje tan utilizado y siempre envuelto en tramas predecibles o rudimentarias no termina jamás de agotarse?
    Nos gustan los zombis porque nos reconocemos en ellos. Ese ejército de cuerpos putrefactos es capaz de presentarse como un espejo, como una polaroid que retrata nuestros propios instintos. Los zombis son lo que somos y también lo que tememos; aquello en lo que a veces nos transformamos sin darnos cuenta.Todos tenemos nuestro momento zombi.
    La médula de este ensayo está en cómo el poder exhibe y se apropia de aquello que no figuraba en los planes y, de pronto, está ahí, en frente. Los estafados de La Polar, los estudiantes que marchan semanalmente por la Alameda (lo de Thriller no fue un chiste), los mineros de Copiapó (antes y después de la demanda al Estado), los peruanos que habitan la Plaza de Armas de Santiago, los colombianos que llegaron en masa a las ciudades del Norte y, por supuesto, la marea roja (que se comió y bebió todo en Argentina durante la Copa América) podrían ser representaciones de aquello.
    "El zombi como concepto" se advierte en las primeras páginas "como metáfora desde donde entender el entorno mediatizado que nos rodea: desequilibrios financieros, pasiones reducidas al pastiche de su expresión hiperreal, modelos de pensamiento afianzados en el poder y consolidados en la puesta en práctica de la máquina capitalista".
    Filosofía zombi lee bien el contexto y éste termina dándole la razón.Además del éxito de series de TV como The Walking Dead, pronta a estrenar su segunda temporada, o el remake de The Evil Dead, a cargo del uruguayo Federico Álvarez, hoy se suman otros trabajos que hacen foco en el zombi como vehículo para nuevas metáforas. Tal es el caso de Juan de los Muertos, de Alejandro Brugués, ambientada en La Habana actual: de pronto la capital de Cuba se llena de muertos caminando y el gobierno, sorprendido, sólo atina a acusarlos de "disidentes pagados por Estados Unidos", pero luego las cosas comienzan a cambiar.
    "El miedo es siempre una alegoría política en el género zombi", precisa Fernández Gonzalo. "Una fiebre porcina por aquí, un enemigo árabe allá, una crisis macroeconómica o nuevos datos sobre el efecto invernadero. El falso estado de alarma constante ha convertido el alarmismo en una mera pantomima, en parte de la ficción televisiva".
    En Filosofía zombi prima el intento por comprender el fenómeno desde una perspectiva cultural más amplia, entendido éste como un artefacto cargado de significaciones, como una síntesis que se proyecta en una sola idea: el hombre hecho amenaza para sí mismo.




    De la página Anika entre libros, por Fernando Martínez Gimeno, esta reseña:


    Ficha realizada por Fernando Martínez Gimeno

    FILOSOFIA ZOMBI
    (Filosofía zombi, 2011) 
    Jorge Fernandez Gonzalo

    Editorial Anagrama


















    Libros



    Fernando Martínez Gimeno (Registrado) 



    Cuando salió la nota de prensa de los premiados en esta edición de Ensayo dentro de la editorial Anagrama, me quedé sorprendido de que uno de los finalistas fuera el título que hoy voy a reseñar. Más que nada porque tenía curiosidad por saber qué era y cómo iba a tratar el tema de los zombis, que de tres años a esta parte tan en boga está en nuestro país.

    Ya se nos avisa desde el pequeño prólogo que va a utilizar unas cuantas películas de la filmografía de George A. Romero para desarrollar su visión de ciertas partes de nuestra sociedad apoyándose en esos Films. Y todo ello también haciendo comparativas y relaciones entre títulos de libros,cómics, series de televisión y videojuegos.

    Es un libro que se lee de manera ligera, ya que al menos por mi parte he visto y leído casi todo lo que cita (al final viene todo muy recogido y por categorías, algo que viene bien a los amantes del género para saber qué le falta por ver o leer), y he ido comprobando cuáles eran algunos de los datos que desconocía en cuanto a la forma en que Romero utilizaba sus películas para criticar ciertos aspectos de la sociedad de la época en que era filmada. También me ha servido para recordar las escenas que el autor del ensayo iba narrando para recordar el momento de la primera vez que fui viendo esos títulos cinematográficos y de esa manera comparar qué veía yo en ellas en esa primera vez y en algunas ocasiones en posteriores visionados.

    Con el título de Filosofía zombi es normal que en algunos momentos también utilice conocimientos y términos filosóficos, pero no asustarse, que son de fácil comprensión y lectura y me ha enriquecido de esta forma mi visión del género. Y lo cierto es que deteniéndote a pensar en lo que va contando, te das cuenta de que el género zombi sirve de manera certera para explicar muchos comportamientos de la sociedad y de nuestra manera de comportarnos.

    Para los que leemos y vemos todo lo que sale de zombis es muy interesante, y para aquellos que no les gusta tanto podrán comprobar que si repasan sus listas de lecturas o de películas (sobre todo estas), igual hay más de las que creen que han visto o leído. Y sobre todo, y no sería muy descabellado decir, que quizá con lo que he ido leyendo, el género zombi pudiese pasar de ser un género de terror a pasar a ser un género realista.

    Fernando Martínez Gimeno






    Juan Miguel Ugartemendia firma esta nota para la página Distrito Jazz:


    Con Filosofía zombi (Anagrama), una reflexión donde elabora una filosofía zombi que se vale del icono del no-vivo para describir al individuo de la era capitalista y posmoderna, el filósofo Jorge Fernández Gonzalo se proclamó finalista del Premio Anagrama.
    A veces, una simple imagen desvela una realidad desatendida. Esa imagen deslumbrante carece de peso en sí misma, funciona la mayoría de las veces como símbolo, es decir, está por otra cosa, obvia en ocasiones, disimulada en otras. Es un concepto a todas luces instrumental. Ese es el uso que le da Fernández Gonzalo, el finalista del premio Anagrama de ensayo, a la figura del zombi en su Filosofía zombi.
    Asistido por Derrida, Kristeva, Deleuze o Foucault, Fernández Gonzalo desbroza el campo sobre el que asienta su teoría del zombi como representación del ser alienado, irracional y gregario. No obstante el pecado venial de esas fuentes, el autor madrileño es claro y conciso el uso de los recursos con que desarrolla esa idea nuclear sobre la que se articula el libro.
    Ese zombi, síntoma más que amenaza, según Fernández, de una sociedad –masa más bien- temerosa, adocenada y compulsiva resulta aterrador precisamente por su perturbadora cercanía al hombre que un día fue.
    Jorge Fernández Gonzalo.
    El terror, que nace, como señala Canetti en la cita con que se abre el libro, de lo desconocido, de lo absolutamente otro que mora en nosotros o nos ronda, encuentra en el zombi la figura perfecta de esa alteridad. Es justa, por tanto, laviolencia ejercida sobre él; es incluso necesaria su eliminación física para la persistencia de mi yo.
    El zombi ocupa el lugar de los íncubos del pasado, el de los endemoniados a los que había que exterminar sin la menor vacilación. Son los seres que se han apartado de la luz, pero sin volverse por ello hacia el diablo. Porque ni siquiera hay un diablo que se ocupe de sus clientes o de sus víctimas; no hay más que una muerte persistente, una terrible soledad en compañía de una multitud de extraños.
    Fernández incide en todos estos aspectos simbólicos del zombi, alternando con tino las bufonadas gores con las reflexiones más inspiradas. Moviéndose con soltura entre distintos niveles de significado, Fernández Gonzalo nos regala un texto rico y profundo en el que incluso se permite, como hiciera siglos atrásSebastián de Córdoba, alterar algunos sonetos de Garcilaso para convertirlos con maestría en alabanza sentida de la carne pútrida.
    Juan Miguel Ugartemendia





    Desde este blog aparece una reflexión sobre la interrelación zombi en nuestras sociedades. No me consta el nombre del autor/a. Fecha: 7 de julio de 2011:

    Zombi conoce a zombi


    Las personas viven inmersas en sus obsesiones y fijaciones, esclavas de sus apetitos en cada instante, al igual que los hambrientos zombis cuando avanzan inexorablemente hacia sus apetitosas víctimas. En la sociedad actual el yo busca al otro en el que verse reflejado, pero no puede hallarlo y eso lo sume en el miedo. El otro ya no devuelve como en un espejo los deseos, defectos y pasiones del yo. Al no poder salir de sus abismos infinitos y de sus interioridades, el yo ve a los otros como a seres huecos, vacíos y autómatas que deambulan “todos igual”, como una horda que repite de forma maquinal y sistemática las tareas que los tiempos modernos han preparado para ellos. La introspección narcisista en que vive sumido el hombre hoy día genera, apocalípticamente, una zombificación masiva de los demás a sus ojos. El entusiasmo por las interioridades de la conciencia arruina las voluntades de proyección externa. El yo apático, sin puertas ni ventanas, ve a los demás como “no humanos”, como seres bulto, degradados, atrapados también en su yo narcisista. Y los otros, claro, nos ven a nosotros con el mismo tedio, vacío e inhumanidad. Al yo aislado y narcisista no le alcanza a ver en los demás más que la corrosión de su deseo hecha otredad, extrañeza.

    La construcción del sujeto pasa, pues, por la degradación del otro, que está tan descarnado como esos “muertos caminantes” llamados zombis, del mismo modo que yo parezco un amasijo infecto de llagas ante sus ojos.

    Todos somos Narcisos ante un zombificado prójimo. En este contexto las relaciones afectivas del yo narcisista no soportan la cercanía, el tacto demasiado humano de los cuerpos, las muestras excesivas de afectuosidad, las declaraciones patéticas, las sinceridades rutinarias del odio y del amor. Asumimos el papel de zombi cuando nos presentamos ante los demás. Pero, claro, hay una necesidad de sentir, y es aquí donde aparecen los elementos mediadores, los nuevos protocolos de distanciamiento en las relaciones interpersonales. La distancia se convertirá, por ejemplo, en eje del erotismo. En este contexto hay que situar, entre otros elementos mediadores, las redes sociales y el doble mensaje que ofrece su cómoda instalación en la sociedad: al mismo tiempo que nos acercan a desconocidos de cualquier parte del planeta, nos distancian del vecino de al lado, del amigo con el que se chatea antes de bajar a la calle a tomar algo o de la persona a la que se quiere seducir.

    Zombi conoce a zombi: este parece ser el camino emprendido.



    [Se han extraído ideas para la elaboración de esta entrada del libro Filosofía zombi, de Jorge Fernández Gonzalo (ed. Anagrama). Finalista del Premio Anagrama 2011.]







    Un breve texto de Ángel Román en donde se cita Filosofía zombi. Fecha 4 de julio de 2011:

    El significado social de los no-muertos


    Hace muchos años que George A. Romero nos deslumbró con La noche de los muertos vivientes (1968), pero lo que no intuyó fue la enorme repercusión en los estudios culturales y sociológicos de todo el mundo con el paso del tiempo. Hace unos meses, en España, la intelectualidad académica más conservadora se rasgó las vestiduras porque Jorge Fernández Gonzalo fue finalista en el Premio Anagrama de Ensayo 2011, con Filosofía zombie, una obra plagada de referencias zombies y filosofía. En palabras del joven autor, un zombie“es una figura ficticia que da una cobertura eficaz a un conglomerado de experiencias incómodas reales: el miedo a la masa, a la pérdida de identidad…
    Si series como The Walking Dead arrasaron durante este año en televisión o el mundo de los videojuegos (Resident Evil o Dead Island) replantean continuamente desde el horror esquemas muy interesantes de la dimensión de la catástrofe en la era posmoderna, resultaría estimulante leer con mucha atención el tipo de propuestas que desde la esfera de la filosofía y las ciencias sociales nos ofrecen las estrategias zombies.




    Firmada por George Hanson (pseudónimo? aunque creo saber de quién es) y de la página la trama educativa, fecha de 5 de junio de 2011

    Las palabras y las cosas… y zombies

    Reseña del libro: Jorge Fernandez Gonzalo, Filosofía zombi, Barcelona, Anagrama, 2011 (Finalista del premio Anagrama de ensayo)
    Uno de los detalles significativos de este libro es que, como nos dice el autor: “estas páginas fueron escritas por un zombi entre otros tantos”. Si antes de este libro los zombis no tenían conciencia de sí mismos, ahora ya la tienen. Se ha obrado en la filosofía lo que en la ficción, lentamente, había comenzado a suceder.
    Es sabido que el zombi forma parte de una revolución post-metafísica que intenta defender que no defiende ningún modelo alternativo a esa cultura, considerada una mera lacra del pasado. En suma: la indignación que hace dignos a los indignados en nuestra sociedad de las transvaloraciones. Así, Jorge Fernández Gonzalo, fiel a un derrotero filosófico foucaultiano usa el pensamiento como una “caja de herramientas”, convirtiendo al zombi en una bisagra discursiva entre la realidad y la ficción, en una actitud liberada y anti-edípica ante un mundo que, como ha dicho Debord, se ha fusionado con el simulacro, ocultando las yagas, las pustulas y demás indigencias del hombre esclavizado al sistema, conectado aMatrix como una pila. El zombi de nuestras ficciones, según el autor, es un mito que impacta en el sujeto posmoderno y le incita a tomar conciencia de que él también es un muerto en vida, aunque lo sea en otro sentido menos sustantivo y más calificativo.
    De este modo, el autor reivindica este encubierto nuevo comienzo en la filosofía y lo hace sin tapujos en lo formal, a través de este “libro-DVD”, como él lo llama, que se finge unaspecial-pack romeriano con todas las películas del fundador del sub-género comentadas, y que se lee más al modo del visionado y comentario cinematográfico que al del tradicional razonamiento académico. Pese a todo, entre la sonámbula pirotecnia expresiva y el embrujo del barroquismo obsesionado por la repetición, aparecen las diferencias, las fallas, las líneas de fuerza que protagonizan este paseo intelectual por ese plano de inmanencia hojaldrado (zombi) del que hablaban Deleuze y Guattari, en su ¿Qué es la filosofía?
    Este ligero ensayo es, sin duda, muy recomendable, porque toma prestados a los muertos vivientes que nos invaden por diferentes vías (películas, series, cómics, video-juegos, internet,…), y los usa como boomerang post-estructuralistas, asimilando su mensaje al de la famosa y controvertida frase de Las palabras y las cosas según la cual el hombre es un invento reciente. Como el mismo Fernández Gonzalo afirma: “en la construcción del hombre en tanto que ser moral había intereses de orden político y socioeconómico, lo que obliga, bien mirado, a revisar los conceptos y discursos que teníamos por herencia cuando ya todo ha llegado a su máximo desgaste”. La muerte del hombre supone, pues, el advenimiento del zombi, que no es más que “un problema de escritura (…) con el que infectar cualquiera de los signos que componen nuestros códigos culturales y, desde ahí, volver a pensarlos nuevamente”.
    En este suntuoso bolero que se lee rápida e hipnóticamente hemos encontrado, además de mucha y sabia arqueología de los mercados culturales dedicados a los merodeadores o caminantes, un imperioso deseo de comenzar de nuevo, de poner el marcador a cero y desembarazarse de toda vestimenta cultural que nos travista, cosa que ya Foucault quiso hacer, ay. El problema de todo esto es que la aurora del nuevo día post-subjetivo no corresponde al anhelo de ser que tenemos, al que también se le aplica la genealogía, fragmentándolo, multiplicándolo, descentralizándolo al son del rizoma deleuziano. Y eso, nos parece, ya no es liberar al sujeto de su embridado cultural, sino diseminar las cenizas de la libertad en el desierto.
    George Hanson





    Reseña de un amigo novelista, Santiago Pajares, en una página en donde siempre he querido verme, La tormenta en un vaso. fecha 4 de julio de 2011.

    Filosofía zombi, Jorge Fernández Gonzalo

    Anagrama, Barcelona, 2011. 224 pp. 17 €

    Santiago Pajares

    “El zombi es siempre el alienado, el extranjero, y trae con él nuestro miedo a lo que viene de fuera”.

    Jorge Fernández Gonzalo, el autor de Filosofía zombi no es, desde luego, nuevo en el mundo literario. Con 29 años y una tesis doctoral sobre poesía, tiene cinco poemarios publicados y entre otros premios, el Hiperión de poesía, el más importante de toda España. Y ahora nos sale con que ha quedado finalista del premio Anagrama de ensayo. Si esto ya de por sí tiene mérito, conseguirlo con un ensayo titulado Filosofía zombi no hace sino engrandecerlo.
    Para el común de los mortales la palabra ensayo es un claro sinónimo de tostón, y uno puede pensar que, aunque la temática sean los zombis, puede llegar a aburrir sobremanera. Entonces la pregunta es, ¿Aburre Filosofía zombi? NO ¿Es realmente entretenido Filosofía zombi? SÍ. ¿Se deja leerFilosofía zombi aunque nunca hayas leído un ensayo? SÍ. Espero haberlo dejado claro.


    “El miedo actúa como una pregunta sin respuesta”


    No es que los zombis estén de moda, es que no han dejado de estarlo desde principios del siglo XX. Generaciones de cineastas y escritores han utilizado la figura del zombi para exponer temas fundamentales en el ser humano como la supervivencia, el amor, la bondad o la resistencia ante la adversidad. Pero no sólo eso, porque si algo deja claro este libro es que los zombis siempre han sido usados como una alegoría de otras amenazas, desde la guerra de Vietnam hasta el moderno consumismo exacerbado.
    Jorge Fernández Gonzalo hace un repaso de toda la filmografía zombi a partir del trabajo de un auténtico gurú del medio, el cineasta George A. Romero, el verdadero introductor del zombi en la moderna cultura popular. Usando como base seis de sus películas comienza a desgranar todo el fenómeno zombi y a buscar referencias en la filosofía, en la literatura, en la política, a veces tan agudas e intrincadas que te preguntas: ¿Cómo hemos llegado aquí? ¿Realmente hemos comenzado hablando de zombis?


    “Los personajes son las máscaras de nuestro miedo”

    El zombi se distingue de los demás monstruos del género (hombre lobo, vampiros...) por una cuestión de número. Mientras que en el resto de películas si matas al hombre lobo ganas y te salvas, en el contexto zombi no existe salvación posible, tan sólo la duda de hasta dónde podrás aguantar. Es el tetris de las películas de terror. Sabes que caerás, pero no sabes cuando. Entonces se produce algo curioso, que es sobrepasar el miedo a la muerte. No tienes miedo de morir, sabes que morirás, pero no estás dispuesto a convertirte en otro zombi. Hay cosas peores que la muerte, y las ves todos los días. Esa se convierte en la premisa principal. En un mundo donde tenemos acceso a todos los datos, donde estamos sobreinformados y podemos ver desnudos en nuestra pantalla con sólo un par de clicks (uno, si tienes ya un acceso directo), ¿existe algo más que ver un cuerpo desnudo? Sí, verlo desde otro ángulo. Desde dentro.
    El libro es un cúmulo infinito de reflexiones sobre el ser humano desde todos los puntos de vista, partiendo siempre desde la temática zombi. Una de mis referencias favoritas es la de la película El amanecer de los muertos (1978), donde dos de los personajes, encerrados en un centro comercial, creen que los zombis les persiguen. Y uno le dice al otro: “No, vienen por costumbre, lo hacían en su vida pasada y lo recuerdan vagamente. Son como nosotros”. ¿Saben los zombis que son zombis? ¿Dónde acaba el humano y dónde empieza el zombi? ¿No hemos hecho nunca algo porque es lo que siempre hemos hecho, sin pensar? ¿No seremos nosotros mismos un estado intermedio entre el humano y el zombi, sin saberlo? De hecho, el propio autor reconoce al final del libro ser un zombi entre otros tantos.

    “El arte es para la gente a la que no le preocupan los zombis”







    Esto ya son palabras mayores. El país, y encima con algunos otros crack del mundillo del ensayo. fecha 28/06/2011, firmado por Xavi Sancho


    Stendhal y Astrud en el mismo libro

    Una nueva generación de autores abraza con éxito el pop para el ensayo

    XAVI SANCHO - Barcelona - 28/06/2011

    "Me hizo mucha ilusión la situación: el 'afterpop se encuentra con el 'pornopunk'. Con su decisión, los miembros del jurado, que son ensayistas, pusieron en común dos libros que, mas allá de sus evidentes diferencias, comparten algunos aspectos que en general están infravalorados, como la atención a las cuestiones de género o la lectura de los objetos de consumo en clave biopolítica". Eloy Fernández Porta recuerda así como, hace poco más de un año, su obra Eros. La Superproducción de los afectos, enmarcada en la categoríaafterpop, creada y liderada por él mismo, ganó el Premio Anagrama de ensayo. El finalista fue Pornotopía. Arquitectura y sexualidad en Playboy durante la guerra fría, de la burgalesa Beatriz Preciado. Ninguno de los dos autores rebasaba la metafísica barrera de los 40. Más que el palmarés de uno de los premios de ensayo más prestigiosos de este país, aquello parecía la programación de un club o el cartel de un festival alternativo. ¿Qué habían cenado los miembros del jurado?

    Un año más tarde, Jorge Fernández Gonzalo, poeta y estudioso que aún no ha alcanzado la última frontera de la juventud (los 30) resultaba finalista del mismo premio con una obra, Filosofía zombi, en la que se mezclaban Blanchot, Baudrillard, George A. Romero o The walking dead, resultando en un ensayo de naturaleza recia a partir de algo tan, aparentemente, blando como los muertos vivientes. "La obra camina por un terreno aún poco abonado; es un lugar de paso entre lecturas académicas y cultura pop. Si el ensayo pop está bien hecho, cambiará nuestra concepción del ensayo. Si no, será una moda más que acabará por dar la razón a quienes la desdeñaron", apunta Gonzalo al respecto de cierto cambio de paradigma anunciado por el éxito de una serie de propuestas de ensayo a partir de parámetros asociados a las subculturas y utilizando las posibilidades significativas de la cultura pop.

    Ninguno de los autores rebasa la metafísica barrera de los 40 años
    Según Fernández Porta, se suele reducir ese universo a algo generacional
    Estos autores no son los primeros en apuntar nuevas vías (por esta senda transitaron ya Jordi Costa, Francisco Casavella o Guillem Martínez), pero tal vez sí los primeros en poder forzar cierta crisis dentro del academicismo ensayista y en la forma en que los grandes medios perciben aún la realidad pop. Si las canciones no les convencieron, tal vez sí los ensayos. "Se suele reducir lo pop a una cuestión de referentes nominales y de nivel cultural, y así se difunde la absurda idea de que es un asunto generacional que diferencia a jóvenes de mayores", apunta Eloy Fernández Porta. Para el escritor, "el término pop es usado principalmente para apuntalar una jerarquía de los bienes culturales, de los referentes y de la edad". Según Gonzalo, "somos demasiado sectarios en cuestiones literarias. Lo veo mucho en poesía, que es el género en donde me he formado, y algo menos en novela, teatro o ensayo. Pero está ahí: nos aferramos a nuestra tradición literaria, a nuestros métodos de análisis y a nuestra ideología, y somos poco considerados con el resto de alternativas".
    Tal vez la tensión entre alta y baja cultura sea irresoluble, pero las fronteras entre ambas aproximaciones están cada día menos claras -ya lo predijo Luis Cobos al mezclar tecno y clásica-, más cuando aparece un chaval de 22 años y, sin ningún tipo de pudor, decide entrar en el universo literario a través de un brevísimo ensayo confesional de poco más de 60 páginas titulado Padres ausentes. "¿Mi idea? Evitar la novela, la más desnuda expresión literaria concebida, como inicio. Con un ensayo autobiográfico todo la honestidad puede convertirse en un relato más elegante y fluido. Con la novela no quedan ya engaños o tretas. Todo está ahí, en el artificio y su verdad", dice Pablo Muñoz (alias Alvy Singer), estudiante, bloguero y ensayista.
    De alguna manera, y confirmando la idea que apuntaba Porta al respecto de que lo pop va más allá de lo nominal o lo turístico, el ensayo aferrado a lo más popular de nuestra cultura moderna, no solo amenaza con abrirse paso dentro del género, sino con apoderarse de los códigos que hacían hasta hoy de la novela o incluso la canción como forma primordial de expresión del género. Incluso uno de nuestros literatos más abiertamente pop, Kiko Amat, acaba de publicar Mil violines, su libro de ensayos dislocados y confesionales. Eso sí, como con todo lo contemporáneo, hay que ir con cuidado y no confundir cambio con moda. Como dice Muñoz: "Hay una conciencia de que ciertas formas de expresión han alcanzado potencia y sofisticación, pero hay dos tentaciones: la de adoptar la lectura como algo indefectiblemente cool, y como tal sujeto a que la moda lo convierta en anacrónico, y la de adoptar la lectura del fan, celebratoria y acrítica. Hay que separar el grano de la paja, ser honesto".























































    http://www.yucatan.com.mx/20110620/nota-9/138586-vamos-de-la-indignaciona-la-accion.htm
    Desde el Diario de Yucatán, con fecha 20 de junio de 2011, Pedro Cabrera Quijano encuentra inspiración en mis pobres zombis para hablar de la indignación general.

    Vamos de la indignacióna la acciónLa estación 
    Publicada:  20 junio 2011 
    Pedro Cabrera Quijano (*)

    En Yucatán, donde aparentemente "no pasa nada" (con las denuncias ciudadanas, la exigencia de cuentas claras al gobierno, la demanda de ser escuchados, etcétera), hay evidencia esperanzadora de que se tejen poco a poco redes de conciencia social que evolucionan hasta convertirse en movilización. En algunos países el fenómeno de protesta ciudadana es tan avasallante, que es imposible detener la marea de denuncias contra los partidos políticos que no representan al pueblo y las instituciones que esos partidos gobiernan.

    En muchas partes del mundo los gobernantes están orillando a las personas a seguir caminos que confluyen en las plazas, en las calles, frente a los Congresos, para gritar de forma unánime: "¡Ya basta!".

    ¿Qué llevó a miles de ciudadanos a exponer su descontento en Turquía, Egipto, España, Grecia? ¡El hartazgo! Pero ¿cómo empezó todo, cuáles fueron las mediaciones para detonar el accionar de miles de personas? Buscando respuestas encontré la reflexión del filólogo español Jorge Fernández Gonzalo, quien eligió una metáfora muy original (el "zombi") para ilustrar su reflexión de los conceptos de individualidad y comunidad en un mundo convulsionado por el fenómeno de las mediaciones tecnológicas en las relaciones interpersonales.

    ¿Qué es un zombi? Un personaje de ciencia ficción, un no-muerto. El imaginario cultural lo define de forma negativa como una criatura de horror, un ser no humano, automatizado, sin personalidad propia, anónimo. Según Martínez-Lucena, filósofo de la Universidad de Barcelona, "el zombi tendría un fuerte valor político si se le entiende como el hombre y la mujer reducidos a carne por el poder" ¿Cuáles son las manifestaciones de la clase política que confirma la valoración de Martínez-Lucena? La no escucha del pueblo, la negación, la simulación, el cinismo, el paternalismo, la indiferencia, la represión, el doble discurso, etcétera.

    Estas acciones excluyen a los ciudadanos de las decisiones que afectan a la comunidad; es una forma de silenciar, aislar, confundir, restar autoridad e importancia a las demandas colectivas. En lugar de los intereses del pueblo se anteponen los intereses de los gobernantes, sus deudos, patrocinadores, compadres y súbditos.

    Desde esta perspectiva la figura del "zombi" puede ser una categoría para analizar la cultura desde un punto de vista positivo; para dar paso a la "capacidad de que nos unamos, de que nos contagiemos diferentes afecciones (no infecciones) y que podamos unirnos para realizar proyectos en común". El zombi tiene un sentido de comunidad; una muy específica (según Fernández Gonzalo), porque "la mayor comunidad zombi que existe en este momento sería la Anonymus, que está intentando, a partir de las redes sociales, derrocar un sistema político". Las redes sociales se convierten en una mediación que lleva a los individuos a vivir un fenómeno no sólo de moda, de contagio, sino también la posibilidad de movilización ante la realidad de corrupción y de crisis política e institucional que todos conocemos.

    La figura del zombi es también una forma de protesta tácita contra el individualismo exacerbado que se instauró en la sociedad como un "valor" con la llegada del posmodernismo. Somos seres sociales, por lo tanto, con capacidad para organizarnos y trabajar por el bien común.

    Punto de encuentro

    El "comal le dijo a la olla... qué tiznado estás". La gobernadora de Yucatán exhortó al Gobierno Federal a esclarecer el caso de Hank Rhon para "tener credibilidad en las autoridades", cuando ella no es capaz de responder en "tiempo y forma" a la exigencia ciudadana que (desde hace meses) exhorta al Ejecutivo entregar cuentas claras respecto a las licitaciones, obras inconclusas, facturas apócrifas y empresas fantasmas que florecieron en su administración. En cambio, con sus declaraciones y actitud frente a los ciudadanos parece solapar sin escrúpulos a los funcionarios de su gobierno denunciados por presunto desvío de recursos.- Mérida, Yucatán.

    pedrocabreraq@hotmail.com-----*) Empresario e investigador. Presidente de Fundación Produce Yucatán, A. C.







    http://www.granadahoy.com/article/ocio/1002340/levantaos/y/caminad.html
    Reseña de José Abad, con fecha del 19 de junio de 2011. Creo que salió en varios medios, pero yo la tomé primero de Granada hoy. 

    Levantaos y caminad

    Jorge Fernández Gonzalo ha quedado finalista al Premio Anagrama de Ensayo con 'Filosofía zombi'
    JOSÉ ABAD / GRANADA | ACTUALIZADO 19.06.2011 
    Numerosas historias de zombis comparten este planteamiento: en los compases iniciales del relato se conoce únicamente algún caso aislado de "resurrección" al cual casi nadie da crédito; la ciudadanía confía en que las autoridades harán público, en breve, un desmentido oficial. Por desgracia, en vez del mentís, llegan noticias de nuevos casos. La situación es vaga aún, todo sucede lejos, en otras ciudades o, a lo sumo, en el extremo opuesto de nuestra ciudad. No hay por qué preocuparse, ¿no? Hasta que un mal día el horror se instala en el barrio. De repente corre la voz de que un conocido (el de la ferretería, la del supermercado) ha devorado a sus hijos, cual Saturno renovado, y el protagonista empieza a barajar las posibilidades de fuga. Antes de hacer nada, uno de los suyos (el padre, la esposa, un hijo) no regresa a la hora acostumbrada, sino bien entrada la noche, y quiere entrar en casa, pero no usa la llave, araña la puerta… Y hemos de aceptar que, tal como se temía, no hay escapatoria. 

    El fenómeno zombi ha seguido un curso parecido. En un primer momento no fueron más que un puñado de películas estrenadas a lo largo de los 70, cuyo éxito dio algunos coletazos en las décadas siguientes. Estos productos -en muchos casos, subproductos- respondían a la moda del momento: el exceso, la truculencia, el pánico inducido o realzado por el desgarramiento de vísceras y la sangre a borbotones. La cosa no quedó ahí. La epidemia se extendió e infectó otros géneros, pasó de la pantalla a la página, y en la literatura y el cómic comenzaron a prodigarse historias e historietas con muertos vivientes como estrellas invitadas. El morbo ha llegado ahora a la filosofía. En este ámbito, según Jorge Fernández Gonzalo, el zombi actúa "como concepto, como metáfora desde donde entender el entorno mediatizado que nos rodea: desequilibrios financieros, pasiones reducidas al pastiche de su expresión hiperreal, modelos de pensamiento afianzados por el poder y consolidados en la puesta en práctica de la maquinaria capitalista". Filosofía zombi es, precisamente, el título del ensayo que le ha inspirado este macabro adefesio. En vista de que ha dejado de ser una moda pasajera para convertirse en un arquetipo con todos los papeles en regla, ¿cuál es el significado oculto en significante tan desagradable? ¿Cuáles son las razones de su multiplicación hodierna? ¿Qué claves de la realidad desvela esta ficción? En el empeño de responder estas y otras preguntas, Fernández Gonzalo ha usado como guía la media docena de películas que George A. Romero ha dedicado al tema entre 1968, año de la seminal La noche de los muertos vivientes, y 2010, fecha de su última entrega hasta el momento: La resistencia de los muertos; seis filmes de interés decreciente que han ahondado en las múltiples sugerencias de un oxímoron que, si bien no destaca por su sofisticación, aviva vastas y variopintas lecturas, la más evidente, el temor al trance último por él personificado: "Cuando se tiene miedo, se tiene miedo a la muerte y por eso mismo nos asusta el zombi. Porque él vive la muerte", escribe el autor del ensayo. Ésta es, no obstante, la punta del iceberg o la pústula epidérmica de un tumor más profundo. Otra incómoda exégesis del personaje lo presenta como exteriorización de esa tendencia a focalizar el mal en los demás: "El infierno son los otros", decía Jean-Paul Sartre, una interpretación insatisfactoria para Jorge Fernández Gonzalo que corrige y enmienda: "El infierno somos nosotros". Sea lo que fuere, ellos o nosotros, al zombi le cuadra bien el adjetivo de "infernal". Hablamos, pues, de una criatura metafórica que simboliza la enfermedad y la pandemia en una sociedad globalizada, además de la animalización, el abandono al instinto y la ruptura con los tabúes sociales: el zombi no se detiene ante ninguna barrera física o moral, ni siquiera ante el tajo que pudiera darle el golpe de gracia: "Justamente lo que nos hace humanos es la prohibición o regulación de todo ello: no atacarás al otro, no lo perseguirás, encontrarás tu individualidad", escribe Fernández Gonzalo. Al zombi, que es una trasgresión del orden natural, movimiento donde debería haber quietud, cabe verlo como cuestionamiento de dicho orden. El autor de Filosofía zombi insiste en la lectura sociopolítica y contempla la masa antropófaga como una alegoría de la expansión capitalista: "El capitalismo funciona como la pandemia zombi, es el pensamiento de la horda: cubrir todo, arrasar todo", dice. No es una lectura forzada: "Paul Krugman -nos recuerda- hablaba de 'bancos zombi' para referirse a entidades bancarias que siguen funcionando pero que, en realidad, han quebrado hace ya tiempo y sólo se mantienen en pie ante la esperanza de ser rescatadas por el Estado". El zombi representaría a esa caterva de productos caducos, de consumo rápido, así como a la turbamulta consumista, cuyo único horizonte vital es saciar un apetito imposible de colmar. No por casualidad, en una película de 1978, la horda dirigía sus torpes pasos, como un reflejo condicionado, hacia unos grandes almacenes. Rizando el rizo, el zombi sería recordatorio del abandono a la avidez y de la futilidad de ésta. Por encima de todo ello, el zombi debiera entenderse como una señal de alarma, como ilustración de un miedo inoculado en el ciudadano moderno: "El zombi como nueva mitología del doble nos ofrece, antes que nada, el miedo del hombre hacía sí mismo, pero visto a través del régimen refractario del prójimo, desde la violencia generada contra sí, por la perversidad de los mecanismos de poder, por el derrumbe del estado de bienestar que acompaña a todas las películas de género". Todo esto y más, añadiríamos; las derivaciones significativas no se agotan ahí. Uno de los roles adoptados recientemente por el zombi en el cine de George A. Romero es el del "ser oprimido", emparentándose así con la masa de harapientos y menesterosos que las clases pudientes mantienen fuera de sus lujosas mansiones. Gente hay muerta en vida, lo sabemos. Ahora bien, llegados aquí, ¿a quién representaría el zombi? ¿Al inmigrante, al desahuciado, a los radicales antisistema? "Levántate y camina", dijo Jesús a Lázaro, el más famoso resucitado de la tradición cristiana. El imperativo al que responden las legiones de

    nota del libro desde la página "The zombie times", el diario preferido de los muertos vivientes. Firma "Zombie Mix".
    filosofia zombie.
    Por: Zombie Mix.

    FILOSOFIA ZOMBIE.
    JORGE FERNANDEZ GONZALO
    Zombies won’t be able to do philosophy. 
    OwenFlanagan, «Zombies and the Function of Consciousness»
      
    A zombie has a different philosophy. That is the only difference. Therefore, zombies can only be detected if they happen to be philosophers. 
        Jaron Lanier, «You Can’t Argue whit a Zombie» 
      
    Ultimadamente los zombies han llegado a un extremo tal que para poder explicar un poco del capitalismo y el funcionamiento total de la existencia y su mecanismo en estos tiempos,  para facilitar el entendimiento de lo que ocurre a escala global se llego a utilizar justo en este libro filosofía zombie nos dice como todo va ocurriendo justo como una pandemia zombie, aquí, el zombie es mas ni menos que un representante, un protagonista , un concepto, una metáfora, dando a entender el entorno de la complejidad de nuestra sociedad postmoderna. En este libro no encontraras una ciencia ficcionaria como en las películas, series televisivas, videojuegos y comics.
    La idea principal de dicho libro es más bien darse una idea de los desequilibrios financieros, modelos de pensamientos afianzados al poder y consolidados en la puesta en práctica de la maquinaria capitalista.

    Con todo, quien se empeñe en buscar en estas páginas a esas entrañables y pútridas criaturas podrá hacerlo. Y las en­contrará casi en cada página. Cientos de ellos, legiones de muertos vivientes. El único problema habrá de ser que, en esa búsqueda denodada, es posible que el lector acabe por toparse con un espejo al final del laberinto, y que la imagen de estos hambrientos caminantes le devuelva no otra cosa que su reflejo deformado, todo aquello que creía suyo visto ahora en estado de descomposición por efecto de esa otra plaga, mucho más velada que todos los cadáveres del mundo alzándose de la tierra, pero igual de virulenta, que supone el desarrollo de un nuevo capitalismo afectivo y mediático al que asistimos expectantes.
    Advertido queda, pues.
     Mi queridísimo lector tú sabrás si gustas empaparte un poco de ficción con lo real y ver que tanto tienes de zombie en una sociedad o si decides huir de esta.






    Desde "Diario de lecturas", el blog de Vicente Luis Mora (uno de los blog de crítica literaria más importantes de nuestra lengua, decía hace unos meses El País), el autor reseñó un conjunto de libros que orbitaban alrededor del tema del extranjero. Los libros son Missing (una investigación), de Alberto Fuguet, y Lejos de ninguna parte, de Nami Mun, junto con Filosofía zombi. El autor tiene la curiosa y sana costumbre de revelar su relación con los reseñados, y en mi caso cita nuestra cordial amistad a través de las redes sociales. Reproduzco sólo el fragmento que me cita; el resto (que precede a la nota sobre el inmigrante zombi) puede leerse en el enlace.
    Recientemente, el ensayo ha sido publicado en la revista Impossibilia, creo que con algún ligero cambio. Puede descargarse desde aquí:
    http://www.impossibilia.org/revista/numero-2/la-identidad-migrante-y-su-reflejo-literario-en-libros-sobre-inmigracion-en-los-estados-unidos-%E2%80%93-vicente-luis-mora/


    El inmigrante zombi
    me desplacé para todas partes,
    nunca paré.
    A. Fuguet, Missing (una investigación)
    Sólo nos quedan unas pocas palabras, el cadáver de tanto por sentir aún.
    J. Fernández Gonzalo, El libro blanco
    Sobre la idea de que el consumidor ideal es el drogadicto han escrito Juan Goytisolo (2004), Eloy Fernández Porta (2007) y César Rendueles (2008); Jorge Fernández Gonzalo propone en su excelente ensayo Filosofía zombi una alternativa: los zombis como “consumidores por antonomasia” (p. 53). En su imaginario fílmico, los zombis son presentados como una especie de robots vegetativos en busca de carne, y definidos como motores de satisfacción inmediata. Ambas figuras son correctas y, si nos fijamos bien, en las dos late la irracionalidad, la pérdida de la razón, como eje explicativo del ultraconsumo. Uno de los aspectos más interesantes del ensayo, que parte del cine de zombis para extraer conclusiones simbólicas sobre nuestra sociedad hiperconsumista, es la dimensión del zombi como acumulador irracional. El zombi no se pregunta sobre la contención, no ahorra, no hace previsiones ni guarda provisiones: come lo que puede, donde puede y todo cuanto puede. Sus técnicas vitales son el arrastre y el remolque (p. 195), y su horizonte es el ahora. El zombi acumula de forma mecánica sus objetivos, sólo “tira hacia delante”, sin preguntarse. El inmigrante, como podemos ver en la descripción de Fuguet, también. El movimiento del trasterrado es hacia el siguiente día, sin pensar demasiado: “la piensas y no la piensas, si la piensas, no haces nada, si no piensas nada, no se te ocurre nada” (p. 290). Los inmigrantes de Mun y Fuguet son personajes que van acumulando maquinalmente trabajos, con el objetivociego de vivir mejor, de cumplir un sueño americano (Missing, p. 148) que pide demasiado por su satisfacción. Van cubriendo etapas, van devorando cuerpos, amores, trabajos (“sentía que la libertad me estaba saliendo demasiado cara, dos trabajos que no sumaban uno”, Missing, p. 293), sueldos, para lograr el primer fin: la supervivencia, el no regresar como fracasados a su país de origen, sin importar que la vida que pueden llevar en su nuevo país puede parecerse mucho al fracaso. Porque también acumulan dolor, disfuncionalidades, adicciones, soledades y hartazgo. Construidos como robots de subsistencia, los inmigrantes en estas obras narrativas también resultan a veces estructuras mecánicas afectivas, capaces de vaciarse por dentro y de reiniciar los sentimientos sin aparente complicación. Simplemente duele un poco: caen, vuelven a ponerse en pie, se sacuden el polvo y siguen caminando.
    .
    [Relación del crítico con los autores reseñados: ninguna con Fuguet y Mun, he mantenido correspondencia con Fernández Gonzalo. Relación con las editoriales de los libros reseñados: ninguna]






    Carlos Rubio, desde el periódico Reforma, de México, corresponsal en nuestras tierras, me hizo una entrevista para este medio y firma con fecha de 12 de junio de 2011.


    El efecto zombi
    zombi

    Para Fernández Gonzalo, el zombi es un artefacto semiótico, una categoría para analizar las culturas. Pero no es un programa afectivo o social.
    Foto: Luis San Vicente
    Según el filólogo Jorge Fernández Gonzalo, conceptos como individualidad o comunidad han cambiado ante una política espectacularizada

    Carlos Rubio/ Corresponsal

    Madrid  (12 junio 2011).- "Vivimos el mundo ya no directamente, sino a través de nuestros signos, de una hiperrealidad donde los medios nos obligan a vivir la realidad de una manera indirecta, y nuestras relaciones están intermediadas y trabadas por un nuevo modelo de vivencia sentimental", asegura el filólogo español Jorge Fernández Gonzalo.
    En su libro Filosofía zombi, elegido finalista del Premio Anagrama de Ensayo 2011, Fernández Gonzalo (Madrid, 1982) aborda los efectos discursivos del poder y sus códigos semióticos, pero también las trabas del capitalismo, sus estrategias mediáticas y publi
    e la realidad supere a la ficción, sino que hoy la hiperrealidad está superando a la realidad.



    En el libro, lo que se plantea es el problema de la mediación, un problema de lenguaje, sostiene Fernández Gonzalo, codirector de la publicación digital Revista Neutral y autor del ensayo La muerte de ActeónHacia una arqueología del cuerpo, y de los poemarios El libro blanco (Premio de Poesía Hiperión 2004) y Arquitecturas del instante.


    "Eso se transmite a todos los ámbitos, y por eso yo me permito hablar de política, de arte, de cine, de procesos en donde hay una intermediación. Uno de ellos es el de las relaciones tecnoafectivas; es decir, relaciones que están intermediadas, trabadas por signos", señala.

    "Ahí el prefijo no es gratuito y por eso hablo de hiperconsumismo, tecnoafección, hiperrealidad, porque el prefijo no es sólo un superlativo ni una propiedad amplificadora del término, sino que nos la retrasa espacial y conceptualmente".

    Y eso es parte de lo que propone en el libro, agrega, donde se establece que los términos tradicionales están imbuidos de espectacularidad, de signos, de mediación.

    "Por ejemplo, sobre las relaciones afectivas, de lo que hablo es de redes sociales, de algunos protocolos mediatizados, como el teléfono móvil y sus mensajes, e Internet".

    En su ensayo, Fernández Gonzalo utiliza al zombi como figura artefacto cultural sometido a variantes históricas.

    "Hemos visto un zombi individualizado e individualista, un autómata que se dejaba llevar por la publicidad, pero hoy el zombi también tiene un sentido de horda, de comunidad; una comunidad muy peculiar, ya que la mayor comunidad zombi que existe en este momento sería la Anonymus, que está intentando, a partir de las redes sociales, derrocar un sistema político.

    "Sus características zombis son muy claras: es un grupo no jerarquizado, donde sus miembros no se conocen, pero tienen un objetivo común y cada uno replica y simula lo que hace el otro, todos con un sentido común".

    Sin embargo, el zombi no tiene definición, y Fernández Gonzalo subraya que esta categoría tampoco es un modelo aplicable a priori.

    "El zombi es más bien un artefacto semiótico, una categoría para analizar las culturas. Pero no es un programa afectivo o social, sino un dispositivo que permite analizar la cultura. Y cuando ya no sirva podemos pasar a otro", indica.

    La figura del zombi la ha propuesto como una herramienta lingüística de análisis que tiene algo de espectacular y pop, pero que no es un modelo universal.

    Respecto al tema de la superación de esa categoría, Fernández Gonzalo expresa que tras una época de revoluciones sociales que tuvieron mayor o menor éxito, a partir de mayo del 68 vinieron las grandes decepciones de la posmodernidad, en donde se hablaba de un individualismo exacerbado.

    "Pero ahora estamos descubriendo que se puede ser social sin tener que crear grandes interdependencias sociales; es decir, una red social no te compromete a compartir la misma ideología, a seguir a un grupo ciegamente, sino que podemos seguir pequeños caminos.

    "Ya no estamos todos en sacos compartimentados, sino que somos bastante plurales en ese sentido y podemos pertenecer a varias hordas y hacer microrrevoluciones, una de ellas sería la de la intimidad, o la intimidad como revolución".

    Para el autor, en el sistema actual la política se ha espectacularizado, y esa espectacularización pone todo en el mismo nivel.

    "En esta espectacularización, tanto el Big Brother como un mitin político expresan un lenguaje que no es persuasivo sino espectacular, convirtiéndose simplemente en patrimonio de nuestro ocio; los políticos ya no nos gobiernan, sino que nos entretienen.

    "Decía Michel Foucault que el poder ya no se ostenta, sino que circula, lo tienen las instituciones y lo dejan pasar, y ya no hay un soberano que dicte las leyes, sino todo un batallón de funcionarios y legisladores que se van pasando el poder y la culpa de unos a otros".

    En este mundo mediatizado, comenta Fernández Gonzalo, fenómenos como el de Wikileaks también se espectacularizan.

    "Lo que se nos ha vendido en todos los medios es en realidad una tercera o cuarta revelación mística, pero realmente es algo que sabíamos, pues de todos era conocida la corrupción que impera en muchas partes del mundo", expresa.

    "Lo curioso es que el sistema capitalista lo haya convertido en escándalo y signos financieros, en procesos mediáticos, pero en términos efectivos, de acción y toma de conciencia de nuestra realidad, no pasa nada".

    Otra especulación simbólica en este terreno es la de la crisis, una palabra que toca prácticamente todo lo que se mueve en el terreno político, económico, social y cultural del mundo actual.

    "Esto es muy zombi, porque todos los zombis proponen el apocalipsis. Y la crisis es como nuestro apocalipsis zombi económico. El capitalismo consiste en la crisis, es un continuo estado de crisis. La economía consiste en aplazar la deuda, vivir al límite y sobreexpuestos de forma intensiva, gastando más de lo que se produce, dilapidando más dinero del que se tiene", asegura.

    El capitalismo tardío funciona porque se ha situado en la plusvalía, en el exceso, en la deuda; ya no existe una economía de producción, sino una economía zombi, que se vive a través de lo que Derrida llamaba fantasma y Baudrillard, simulacros.

    "No vivimos el dinero, sino la ilusión del dinero, el concepto fantasmagórico del dinero, porque si el dinero es lo que sustituye a las cosas, ahora estamos viviendo en un capitalismo en el que el dinero también es sustituido".

    La matriz de la idea del zombi surgió a partir de un simple deseo de escribir sobre el tema, relata Fernández Gonzalo.

    "Así que fui relacionando temas con la idea de zombis y, cuando me planteé organizar un libro, pensé que lo mejor sería ceñirme a un modelo lineal, aunque todo se desperdigara después, y en ese modelo establecí como guión a seguir la filmografía del cineasta George Romero (La noche de los muertos vivientes, El amanecer de los muertos, El día de los muertos, El diario de los muertos, La tierra de los muertos vivientes, La resistencia de los muertos), y fui entrelazando ideas".

    Paralelamente, explica, intentó añadir otros productos de zombis, como la serie de televisión y el cómic The Walking Dead.

    El autor aclara que en su ensayo no define qué es zombi, ya que prefiere mantener este concepto como una herramienta que permita muchas conexiones.

    "Yo creo que zombi significa justamente la posibilidad de contagiarse de un concepto a otro, de un discurso a otro y de una disciplina a otra".

    Sin embargo, el acercamiento con la filosofía del que da cuenta el título tiene que ver con el enfrentamiento que quiso plantear con el mundo académico.

    "Aunque no pretende ser un discurso doctoral, este ensayo sí contiene un trasfondo filosófico y semiótico, y hay muchas disciplinas que se engarzan con el tema del zombi".

    También ha elegido otros modelos que descontextualizan la filosofía académica y la mezclan con series de televisión, productos de cómics o música, como Eloy Fernández Porta, señala.

    Respecto al estilo ensayístico de Fernández Gonzalo, cuyo texto es pretendidamente "fílmico", mediante acercamientos, pases rápidos de un tema a otro, planos y contraplanos, improvisaciones de cámara, panorámicas, travellings, etcétera, el autor expone que su intención final al estructurar su ensayo ha sido la de hacer un "libro-DVD", en el que el lector pueda retroceder a placer, saltar escenas, abrir, prestar, usar, rayar y romper.

    "La idea está en Deleuze, quien habla de libros nómadas, abiertos, donde uno navega y toma las partes que necesita y sigue adelante. Se trata de relativizar un poco el libro y rebajarle su condición académica, su estatuto de poder.

    "En cuanto a la escritura, he unido el tema y la forma. Y me di cuenta de que el zombi es la metáfora de mi manera de escribir, donde los temas se contagian sin seguir un modelo o campo de estudio, haciendo un sampleado constante, donde zombi también significa la capacidad de metamorfosear el lenguaje, de convertirlo en una estructura maleable donde un punto puede conectar con otro".

    Considerar filosofía zombi una obra contracultural es equivocado, puntualiza, ya que la contracultura está academizada.

    "No me puedo catalogar ni contracultural ni punk ni afterpop; no me considero afín a ninguna corriente, lo que me permite navegar entre todas ellas".

    En cuanto al corpus filosófico, el autor menciona, además de Foucault y Derrida, a Blanchot, Guattari o Baudrillard.

    "Baudrillard me ha permitido hablar de la cultura del espectáculo, de cómo los signos tropiezan con la realidad y se anteponen a ella, además de que su escritura es zombi totalmente, ya que él no sigue un programa específico, sino que navega y va enlazando ideas".

    Derrida fue especialmente bueno hablando de la diferencia, del grama o del suplemento, y el zombi es de algún modo una etiqueta derridiana, explica, porque el zombi es una herramienta para deconstruir el lenguaje.

    "Foucault me interesa, además de sus análisis sociales sobre el poder, por su análisis del lenguaje en obras como Las palabras y las cosas, al que debe mucho mi libro, con el cual zombifico muchas ideas de Foucault".

    Por último, Fernández Gonzalo apunta que la categoría de zombi que él propone hace 10 años no hubiera sido posible, ya que estaba lastrada de forma negativa en el imaginario cultural.

    "Si en su día el zombi representaba las masas automatizadas, anónimas, hoy representa la capacidad de que nos unamos, de que nos contagiemos diferentes afecciones, no infecciones, y que podamos unirnos para realizar proyectos en común".

    No estaría mal que la horda zombi, que antes daba mucho miedo, creara revoluciones, dice.

    "Porque, finalmente, la horda zombi es Internet, es el anonimato, la separación de todos los que estamos ahí, donde nos contagiamos unos a otros, donde asistimos a nuestra propia novela zombi viendo cómo se despliegan y reinventan las redes sociales cada día, cómo se mueven la moda y el espectáculo, pero también cómo puede estar ahí la posibilidad de movilización".

    El no-muerto democratizado

    A partir de la génesis del mito del muerto-vivo, Jorge Martínez-Lucena revisa en Vampiros y zombis posmodernos (Gedisa, 2010) el significado cultural de un contenido que se remonta al romanticismo y llega hasta nuestros días en películas y series de televisión. El ensayista interpreta la persistencia de los zombis como una forma de compensar un horizonte de significación ante la vida y la muerte en un mundo desacralizado y pleno de aplicaciones de la ciencia y la técnica en la vida cotidiana. Filósofo de la Universidad de Barcelona, Martínez-Lucena afirma: "Lo que venía siendo una conciencia cultural de una élite anglosajona representada por los vampiros, a mediados del siglo XX se convierte en cultura de masas. El no-muerto se democratiza así, con la aparición del zombi". El zombi tendría un fuerte valor político, si se le entiende como el hombre reducido a carne por el poder. SGR










    Diario de Avisos, 06/06/2011, artículo de Alfonso González Jerez: 

    El estudio de Jorge Fernández Gonzalo, Filosofía zombi, finalista del premio Anagrama de Ensayo, es uno de esos textos seminales que seducen al lector y le invita a utilizar libremente sus propias propuestas reflexivas. Desde que lo leí, coincidiendo con la aciaga campaña electoral, soy incapaz de no estremecerme ante lo que es una invasión zombi en toda regla: la que protagonizan dirigentes políticos y cargos electos. Es más: la obscena, sórdida y muy gore lucha por el poder político entre pactos furibundamente viscerales, impredecibles, impensables -y el zombi es lo impensable precisamente- contribuye a una zombificación completa de la vida pública. Van a por nuestros cerebros, muchachos, si es que algo de cerebro nos queda después de salvar la hipoteca y antes de las cuatro horas diarias de televisión. El zombi -nos lo recuerda Fernández Gonzalo- produce en sus víctimas la angustia de la representación: no está ni vivo ni muerto. El zombi nunca se construye contando con la mirada -por no hablar del voto- del otro. Los zombis no reconocen la otredad, ni la voluntad ajena, no saben leer ni interpretar el dolor o el pavor de los otros. Desaparece cualquier débil respeto recíproco entre el zombi y su víctima. Aunque los zombies no discriminan. Todos saben (sabemos) igual de ricos. Brevemente, y como recuerda cualquier aficionado al subgénero que creó el gran George Romero, para el zombi solo somos comida.
    El zombie parece representar muchas cosas -la muerte, el horror, los espantos escondidos del cuerpo, la cifra de un aniquilador castigo divino- pero la médula de su espantosa condición reside, sencillamente, en que no significan nada. No existen diferencias sustanciales entre zombis nacionalistas, conservadores o socialdemócratas o, al menos, los ojos aterrados o cínicos de su víctimas potenciales no pueden encontrarlas, al detectarlos correteando torpe y febrilmente por despachos, hoteles y restaurantes, y acaso no deben hacerlo si quieren salvar su vida. El éxito de esta invasión zombi es completa: los no-muertos incluso nos han observado durante semanas, con sus mejores sonrisas, desde los carteles electorales, y hemos escuchado sus voces de ultratumba convocándonos al gran banquete de una democracia que debe ser apetitosamente descerebrada . Y sin embargo, la evidencia definitiva del triunfo de lo zombi no llega hasta que uno descubre -y no necesariamente ante un espejo- que ha empezado a transformarse, como todos los amigos y vecinos, y que apenas le queda tiempo para terminar un artículo.








    http://elarcoflechero.blogspot.com/2011/05/filosofia-zombi.html
    Desde el blog El arco se reseñaba muy tempranamente el libro. Firma José S.

    "Filosofía Zombi"

    Cuando dieron a conocer los Premios Anagrama de Ensayo 2011 me interesó muy especialmente la obra ganadora del premio, “La herida de Spinoza” de Vicente Serrano, pero tras hojear “Filosofía zombi” de Jorge Fernández Gonzalo, ensayo finalista,  me pareció más atractivo aunque no renuncio a la lectura del primero.

    La obra de Fernández Gonzalo no es un estudio sobre zombis -aunque los aficionados al género creo que lo disfrutarán especialmente-, pero utiliza su figura como potente metáfora en un recorrido por nuestra sociedad capitalista de falsas necesidades, códigos cada vez más complejos, saturación de medios e información, individuos narcisistas de afectos velados, apáticos y desconectados. El ensayo está realizado con amplitud de miras y acierto aunque no acaba de romper en los temas precisamente por esa extensión de recorrido, pero sí consigue ponernos delante del espejo para que averigüemos cuanto hay de zombi en nosotros. 

    Zombi es el término protagonista de la mayor parte de las referencias de la obra, ya sea a través de películas, cómics, literatura Z o videojuegos y, de hecho, el autor confía a la filmografía de George Romero la estructura de su ensayo. Consigue así cercanía y frescura además de hilvanar algunos paralelismos brillantes, muchos de ellos en referencia al cómic “The Walking Dead”. Todo es metáfora y utilizar la figura del zombi, siento decirlo porque es realmente terrible, es un acierto enormemente preciso de Fernández Gonzalo que también se vale de muchos otros autores como Deleuze, Braudillard, Blanchot o Lipotevsky  para apuntalar algunos de sus comentarios.


    “El amanecer de los muertos” (1978):

    -Todavía están ahí.
    -Y nos buscan. Saben que estamos aquí.
    -No, es por costumbre. No saben bien por qué. En sus vidas pasadas venían aquí [al centro comercial] y lo recuerdan vagamente.
    -Pero ¿quienes son ellos?
    -Son como nosotros. En el infierno ya no queda sitio.



    Me ha gustado la frescura y la visión de este autor terriblemente joven, con el descaro de declarar que escribió esta obra en un mes, y que ha conseguido la nada fácil labor de lograr un ensayo moderno, valioso y muy, muy entretenido.



    ------------------------------------------------------------------------------------

      
    "The Walking Dead":

    -¿Todavía ...todavía les tienes miedo?
    -Antes sí tenía. Sigue sin gustarme el ruido que hacen, pero ya no me dan tanto miedo. Sobre todo me dan pena.
    -¿Te dan pena? ¿Por qué?
    -Porque parecen muy tristes. ¿A ti no te parecen tristes?
    -Sí..., es verdad.



    “El zombi, en palabras de Jorge Martínez Lucena, no existe:  «Nos habla metafóricamente del narciso de hoy, de ese hombre que se tiene a sí mismo como ideal, cuya vida es esclava de sus apetitos en cada instante y que, por tanto, va perdiendo su identidad, es decir, la tensión de un relato unitario que la posibilita, para pasar a fragmentarse pulsionalmente». Esta perversidad poliforma del zombi, su desarreglo pulsional, configura un extraño y cadavérico Narciso que recrea nuestras pasiones desde el desgarro y la puesta en escena de nuestras limitaciones afectivas. El ser humano vive inmerso en sus objeciones y fijaciones, como no podía ser de otra forma, del mismo modo que los hambrientos caminantes de las películas del género zombi avanzan inexorablemente hacia sus apetitosas víctimas.

    El sujeto posmoderno, como había asegurado Lipotevsky en su ya clásico «La era del vacío» (1986), es un Narciso que ha visto perder esa conciencia de clase de épocas pasadas para enfrentarse, en el capitalismo tardío, a su propia construcción identitaria; un Narciso que ya no se sumerge en las aguas de lo comunitario o lo político para luchar contra aquello que le reprime, sino que ha encontrado en el campo del subconsciente su propio territorio de dudas y restricciones. El individuo traspasa las barreras de la imago y se enfrenta a las interioridades del yo por recorrer, por un proceso de autoconciencia y despertar introspectivo, las laberínticas galerias de la personalidad. Lo cual acabará, apocalípticamente, con una zombificación masiva, tal y como nos dice el autor en el capítulo “El zombi y el psi”: el entusiasmo por la interioridades de la conciencia arruina las voluntades de proyección externa, las grandes movilizaciones sociales y los fenómenos de revolución social. El narcisismo colectivo de los modelos relacionantes actuales sólo plantea, como ya avanzamos en nuestras indagaciones sobre la horda zombi, individuos monádicos, sin puertas ni ventanas, que no logran salir de sus abismos de infinitos espejos, y que sólo alcanzarán a llenar esa falta del otro por la repetición maquinal, sistemática, de las tareas que los tiempos modernos han preparado para ellos. Una forma inédita de apatía, señala el pensador francés, que pretende ocultar el vaciamiento del individuo bajo la máscara de los dispositivos Psi, subproductos de origen oriental en la mayoría de los casos, pero absorvidos por los procesos de mercantilización y mediatización característicos de Occidente".








    http://www.publico.es/culturas/377287/el-hombre-ha-muerto-larga-vida-al-zombi
    Entrevista para diario público, firma Jesús Rocamora, 20 de mayo de 2011. En la página del entrevistador hay una versión completa de la entrevista, aunque incluye ciertos titubeos que se producen al hablar, los anacolutos, etc., lo que afea un poco más la lectura. Dejo el enlace, de todas maneras:
    http://haciendoelpino.wordpress.com/2011/05/20/filosofia-zombi-economia-zombi-sociedad-zombi/
    y ahora sí, el artículo de público:


    El hombre ha muerto, larga vida al zombi

    El ensayo 'Filosofía zombi' se vale del icono del no-vivo para describir al individuo de la era capitalista y posmoderna

    JESÚS ROCAMORA Madrid 20/05/2011 08:00 Actualizado: 20/05/2011 08:24


    Unir los estudios sobre el comportamiento humano de Freud, Foucault o Deleuze y hasta un poema de Garcilaso de la Vega con las películas de George A. Romero, los tebeos, novelas y videojuegos de zombis no suena a tarea fácil. Más o menos como coserle una mano muerta a un cuerpo vivito y coleando y que el resultado no sea extraño y repulsivo. Jorge Fernández Gonzalo (Madrid, 1982) lo hizo con tan buen pulso que quedó finalista del premio Anagrama de Ensayo el pasado abril con Filosofía zombi, que ahora sale a la calle. El objetivo de Fernández no era un fetiche para amantes del género de la casquería y el splatter, sino de "autorizar el zombi como metáfora desde donde entender el entorno mediatizado que nos rodea: desequilibrios financieros, pasiones reducidas al pastiche de su expresión hiperreal, modelos de pensamiento afianzados por el poder y consolidados en la puesta en práctica de la maquinaria capitalista", escribe en la introducción. Casi nada.
    El eje de Filosofía Zombie es, claro, la obra de Romero, no sólo porque el cineasta sea el padre del muerto viviente moderno ("hay un modelo anterior, el zombi folclórico, que a mí no me interesa iconográficamente", reconoce Fernández a Público) sino porque en su filmografía "están casi todos los temas y me permitía elaborarlos y hacer lecturas de determinados aspectos". En su opinión, igual que Richard Matheson consiguió "animalizar" al vampiro gótico en su novela Soy leyenda (1954), Romero "desarrolla una animalización del ser humano" con sus no-vivos hambrientos, torpes y contagiosos.
    Fernández, que es doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense con una tesis sobre la poesía de Claudio Rodríguez, se vale de La noche de los muertos vivientes y El amanecer de los muertos para profundizar en lecturas "sociales" ya conocidas de la obra de Romero, pero también, y esto es lo interesante, para revertirlas y ofrecer nuevos discursos: desde el adoctrinamiento de los individuos en las grandes sociedades a través de estrategias globalizadoras a la publicidad-zombi y el culto a lo efímero; desde una formación que castra los sentimientos a la cultura de la copia y el remake; de las políticas de género sexual al Apocalipsis... que hoy tendría su eco en las redes sociales.
    El zombi, como agente contaminante, salta de un campo a otra infectándolo todo porque, como dice Fernández, "el zombi es punk, antisistema, anarquista, vanguardista" y desafía "los modelos conservaduristas" para favorecer el cambio, "ulcerar las categorías tradicionales", permitir la transgresión. "Vivimos en una época en la que el contagio es casi un género mediático, un género discursivo". Todos somos zombis.

    Contagiar ideas

    Fernández también hace suyo el llamamiento a "despertar del sueño tecnológico" que hace Romero en El diario de los muertos (2007) ¿Cómo? "El mito del zombi también ha sufrido en los últimos años una completa reversión: el zombi ya no es el espectador que se queda en su casa viendo atontado el televisor, sino que el zombi ahora es alguien que sale a la calle, que quiere contagiar sus ideas, que quiere movilizarse y formar hordas. Y eso nos lo ha facilitado el modelo que representa internet, que es el modelo lógico de nuestra globalización".
    ¿Les suena de algo? Con las movilizaciones que suceden estos días, Fernández tiene claro que "nuestra sociedad también ha zombificado nuestras costumbres, incluso nuestros discursos e ideales, y hay que salir de ese corsé". Siguiendo con la analogía, Fernández juega con la idea de un manifiesto zombi "en el que dijéramos que las personas no somos un voto, somos lenguaje, somos ideas. Realmente podríamos cambiar las cosas. Pero hay que cambiar las estructuras de poder, que siguen siendo las mismas. Realmente lo que hay que contagiar es ideas, no partidismos ni políticas reductoras".



    Artículo de El País, firmado por Borja Bas, con fecha de 20 de mayo de 2011. Sólo una nota: en la entrevista, por algún titubeo mío, el entrevistador entendió "deontología", cuando quise decir "de ontología". Corrijo esa errata, que en El País no lo han corregido a pesar de que les pasé una nota. En fin.

    ¿Está usted no-muerto?

    La respuesta, en 'Filosofía zombi', finalista del Premio Anagrama, de Jorge Fernández Gonzalo. Una reflexión sobre la 'zombificación' posmoderna

    BORJA BAS 20/05/2011
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    La respuesta, en Filosofía zombi, finalista del Premio Anagrama, de Jorge Fernández Gonzalo. Una reflexión sobre la zombificación posmoderna.
    En su obra maestra, Las palabras y las cosas, Michel Foucault abordó el problema del lenguaje como signo de identificación. Un signo que había ido mutando a lo largo de los tiempos hasta desmontar el significado de las ideas y los conceptos. Atisbaba así el vacío al que se abocaba el hombre posmoderno. Su publicación, en la Francia de 1966, suponía un revulsivo más frente a una cultura en descomposición que acabaría derivando en las revueltas de Mayo del 68. No es tan casual que justo ese mismo año un joven estadounidense estrenara en supurante blanco y negro La noche de los muertos vivientes. La cinta, por encima del alegato antibelicista, manifestaba ese miedo al otro que ha alimentado tantos estudios filosóficos en el siglo XX.

        La noticia en otros webs

        "El zombi representa a la horda moderna; plantea, a la vez, cierto miedo y atracción"
        Con la obra de George A. Romero y de Foucault como puntales indispensables, Jorge Fernández Gonzalo (Madrid, 1982) ha elaborado Filosofía zombi, finalista del Premio Anagrama de Ensayo 2011. A diferencia de la mayoría de compendios sobre el zombi como llamativo habitante de la cultura pop, el autor propone una filosofía-lego "o un contagio de ideas" sobre los mecanismoszombificados de la sociedad actual. "Estoy convencido que tanto los fieles seguidores del Premio Anagrama, que se mostrarán reticentes en un principio, como quienes busquen el zombi en su condición de fenómeno mediático se van a llevar sorpresas. Se puede conectar con su lectura a ambos niveles", garantiza. Y asegura: "Me congratulo de haber escrito un ensayo duro partiendo de un tema popular, porque uno de los modelos con los que tengo que bregar es esa moda de libros donde se habla de filosofía y superhéroes, teleseries, vampiros o los Simpson; en los que, más que interés por desarrollar un concepto filosófico, se cae en un didactismo casi infantil".
        Lo que comenzó como un chiste privado acabó en una redacción febril a lo largo de un mes tras presentar su tesis sobre la poesía de Claudio Rodríguez. "En principio, parece que no tiene mucho que ver, pero había tenido que consultar la obra de muchos filósofos del lenguaje, como Derrida, Deleuze o el propio Foucault, cuyos pensamientos resultaban perfectamente aplicables a una teoría de lo zombi".
        Para comprender en qué consiste la filosofía zombi basta con asomarnos a nuestra realidad cotidiana. O mejor dicho, a su espejo deformado. "El muerto viviente representa a la horda moderna", clarifica su autor. "Nos plantea, a la vez, cierto miedo y atracción. Yo no parto de la idea del no-muerto como agente pernicioso. Esa es la metáfora de hace unos años: el zombi como ser descerebrado. Yo creo que sirve como representación de todos nosotros".
        Y nada mejor para ejemplificar la pandemia que el desarrollo voraz de Internet, ese no-espacio donde "estamos todos conectados y a la vez separados. Eso es la horda zombi: la suma de individuos que no forman una comunidad. De ahí el miedo irracional que puede llegar a despertar la Red, porque representa una especie de plaga bíblica en la que nosotros no somos el personaje, sino parte de la plaga. Maurice Blanchot lo resumía muy bien con el término irrelación: lo que nos une a través de Internet es nuestra falta de relación".
        Con todo, la cultura popular reciente nos ofrece abundante material para elaborar nuestra propia lectura zombi del mundo, desde los carnavales de vísceras de serie B hasta la espectacularidad de los videojuegos y películas de Resident Evil, pasando por el cómic de Robert Kirkman The walking dead y su exitosa traslación a la televisión. Su creciente presencia se debe a que, según razona Fernández Gonzalo, "es una figura ficticia que da una cobertura eficaz a un conglomerado de experiencias incómodas reales: el miedo a la masa, a la pérdida de identidad... Transforma nuestro desasosiego en formas de violencia simbólica expresadas a través de la situación conflictiva a la que se ven abocados los supervivientes. Casi siempre vuelven a un cierto estado de animalidad y en algunas ocasiones, como en The walking dead, esa lucha se expresa más de una manera interna que contra los infectados".
        Si atendemos a Baudrillard, esas imágenes se construyen para producir una catarsis. La realidad ya no nos sirve de mucho, queremos hiperrealidad. "Por eso en estos tiempos importa el zombi, importa la pornografía -que es una hiperrealidad del sexo- e importa la política como espectáculo televisivo, no como programa electoral. Vivimos una especie de ontología hipermediática que nos desvincula del acontecimiento", concluye.


        http://www.larazon.es/noticia/2255-una-sociedad-zombi
        La primera reseña de todas, el punto cero de la invasión, fue la que salió en La Razón el 11 de mayo de 2011 y firmada por Germán Cano.


        No sólo están de moda en el cine y la TV. También la filosofía les ha hincado ahora el diente. Aunque parezca mentira, los zombis simbolizan nuestra sociedad mejor que nadie

        Una sociedad zombi

        Los tenemos hasta en la sopa: en los video juegos, la publicidad, el cómic, el cine, la televisión  («Walking Dead»), la música (¿quién no bailó imitándoles al ritmo del «Thriller» de Michael Jackson?)... ¡incluso han conquistado la novela romántica (una reciente relectura de «Orgullo y prejuicio» les homenajea)! Ciertamente, no puede negarse que los zombis están de moda.



        Escena de la serie «The  Walking Dead», de Fox
        11 Mayo 11 - - Germán CANO
         Y sólo les faltaba llegar a las altas cumbres de la filosofía, agravio que oportunamente ha subsanado Jorge Fer- nández Gonzalo en su entretenidísimo ensayo, finalista del premio Anagrama de Ensayo. Al que, digámoslo ya, no le faltan buenas razones para argumentar su conexión: si Platón ya advertía de que filosofar era una forma de aprender a morir, podemos intuir qué sabrosas reflexiones podrá alumbrar la mente de un muerto-vivo en tal pútrido estado de descomposición. Aunque no lo sepan, los no-muertos también dan que pensar. Pero, ¿por qué este furor? Sería interesante analizar la profunda relación existente entre el apogeo del zombi y los momentos de crisis. Es conocido cómo el crack de 1929, por ejemplo, impulsó la serie-B hasta extremos innovadores en términos estéticos (los zombis de Tourneur). No en vano, como recuerda Fernández Gonzalo, el Nobel de Economía Paul Krugman define como «bancos-zombi» las entidades que han quebrado hace tiempo y solamente se mantienen en pie ante la esperanza de ser rescatadas por el Estado.
        Entierro fallido
        Por otro lado, en su libro «Mirando al sesgo», el teórico esloveno Slavoj Zizek trata de dar razones de esta malsana fascinación. Según su opinión, los muertos vivientes serían «la fantasía fundamental de la cultura popular contemporánea» por una sencilla razón. Si regresan y no paran de incordiar a los vivos es porque algo ha «fallado» durante su entierro. Por ello, en sentido estricto, no están ni vivos ni muertos. En virtud de esta deuda simbólica que tenemos con ellos son condenados a vagar sin rumbo. Un tema clásico, en el fondo. Antes del maestro George Romero –omnipresente en todo el libro–, ¿no fueron también ya Antígona o el fantasma del padre de Hamlet los primeros zombis?
        No hay que olvidar, por último, cómo dentro de nuestro régimen biopolítico, en el que el poder nos «hace vivir» buscando nuestra salud incluso a pesar nuestro, y el cuerpo se autonomiza de nuestra mente, el zombi, como el vampiro, ilustra a la perfección nuestros miedos y ansiedades más profundos. «El zombi representa esa fuerza de lo ignoto de la que nos habla Canetti. «Nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido». Asimismo, el zombi revela una ambivalencia entre la vida y la muerte que afecta a la identidad: como se demuestra en este ensayo, no es un yo, no es un sujeto. Aquí reside su inmenso valor transgresor.
        Partiendo de estas premisas, el principal mérito de «Filosofía zombi» radica en el modo en el que el autor desarrolla un discurso de carácter crítico-cultural sobre las ideologías del mundo posmoderno sin renunciar a apuntes filosóficos, semióticos y teórico-literarios (la cuestión de la escritura) de mayor enjundia. Curiosamente, es la perspectiva psicoanalítica la que no tiene tanto protagonismo. Sin embargo, los análisis lacanianos sobre la pulsión de muerte podrían haber dado mucho más juego, como ha puesto de manifiesto en sus libros el ya citado Zizek.
        Caminante sin rumbo
        El zombie, un ser apático, sin voluntad, pero obsesivo hasta el automatismo más cerril, ¿no aparece desde esta perspectiva como ese visitante típico de los centros comerciales los sábados por la tarde, «un caminante más, un vagabundo en los espacios mediáticos sin destino ni promesa alguna?» Entrañable figura la del zombi. «En esa reducción que la economía de mercado hace de todos y cada uno de nosotros como «consumidores» no estamos muy lejos de esos por antonomasia que son los no-muertos».
        El ensayo deja en un segundo plano, pues, el sentido de la categoría en el ámbito antropológico o ligada al vudú para centrarse básicamente en su valor como metáfora del capitalismo tardío. El zombi es, además, desde esta aproximación, imagen del Otro (piénsese en su similitud con las masas de inmigrantes del Tercer Mundo), pero también de lo que se esconde, como advierte el autor, en nuestro interior reprimido. «El zombi es el otro que me devuelve mi reflejo, un reflejo empantanado por la degradación de la carne».
        Por todo ello, «Filosofía zombi» es signo de un saludable y nada acomplejado cambio generacional dentro del reciente ensayismo español. Particularmente brillante, aunque, posiblemente, también susceptible de un desarrollo más pormenorizado resulta, por ceñirnos a un único ejemplo, el análisis realizado en torno a la «horda desobrada», donde se nos invita a considerar la dinámica de masas de los zombis desde las nuevas teorías comunitaristas.
        Sin conciencia de culpabilidad por la atención a temas considerados «menores», Jorge Fernández Gonzalo se siente cómodo en los escenarios de la «baja cultura» y sus soportes. De ahí una llamativa libertad estilística nada académica, una cierta sensibilidad pop hacia los productos culturales que existen en nuestro presente, pero, sobre todo, una gran curiosidad por el nuevo capitalismo afectivo, por sus anhelos, frustraciones y sus monstruos. En realidad, no hay producto cultural, por vulgar o insignificante que sea, que no contenga en su interior una chispa utópica o un deseo latente de cambio.
        Sobre el autor: Jorge Fernández Gonzalo (Madrid, 1982) es poeta y teórico literario; además, codirige la publicación digital «Revista Neutral» 
        Ideal para...: lectores interesados en la reflexión sobre la cultura  popular y, por descontado, amantes de los llamados muertos vivientes
        Un defecto: En ocasiones, se echa en falta   un mayor desarrollo de ideas brillantes (que las hay) en el ensayo de Fernández Gonzalo y que aparecen, así, poco perfiladas y desdibujadas
        Una virtud: Se trata de una aproximación imaginativa y bastante bien documentada sobre uno de los temas más interesantes de la cultura popular reciente.



        http://arboldetintalibros.wordpress.com/2011/10/25/filosofia-zombi-jorge-fernandez-gonzalo-anagrama-2011/
        De la página árbol de tinta y firmado por Alejandro Torres una curiosa reseña, muy bien escrita, sobre el libro. Su aparición es de finales de octubre del 2011

        Por Alejandro Torres.
        Alejándose de manera provocativa, terrorista casi, de la vieja lectura que señala al zombi como la encarnación (cómica palabra en este caso) del miedo a lo desconocido, el autor nos aproxima a una mitología distinta de la cultura occidental. A la construcción de una estrategia de lectura del mundo(Deleuze): la podredumbre que camina como discurso crítico de una civilización que se corroe mientras devora todo a su paso. De la saga romeriana de tripas y ronroneos macabros, Fernández Gonzalo, extracta los materiales (caja de herramientas foucaultianas) para ir desbaratando mitos y deconstruyendo (Derrida) palabras que aluden al zombi como el simple caminante no muerto y proponer una hermenéutica donde todos lucimos ya como solo devoradores de placer y nos alejamos paulatinamente de la comprensión del otro como no sea para comérnoslo. también ahondará en la semiótica de la producción en masa de íconos de belleza para usar al zombi como propuesta de resultado último, post humano y representante de la sociedad victima de un real time que nos liga a todo acontecimiento lejano mientras ignoramos lo que le ocurre a nuestro vecino (Baudrillard).  El zombi como metáfora de la vacuidad, del simulacro constante que no logra asirse a la realidad por que, sin darse cuenta, es ya la realidad misma disuelta en un continuo efímero y una angustia por seguir siendo, por durar más allá de la muerte (Lipovetski). El Zombi representa el fin de todos los relatos y el adormecimiento de la historia colectiva (Fukuyama); nos asusta porque manifiesta en su definición, en sus maneras simples y su irreductible pasión por alcanzarnos, esa otredad dispersa e inclasificable. representa una forma de temor profundo en tanto se nos aparece destejido e inasible, desconectado e innumerable. Una alegoría terrible de lo anárquico por cuanto banal e incontrolable. Se ubica justo al lado de lo más primitivo y paradójicamente es un producto muy acabado de nuestra tecnología pues es devenir de miedos viejos que solo hoy se ha apropiado de todo nuestro acontecer y en todos los productos culturales. Tanto así que ya hay territorios especializados de las mercancias culturales que han sido zombificados: Haikus zombis, novelas zombis, zombis-fan conventions, etc. Es la prueba irrefutable de nustro morbo afincado en un miedo indecifrable al otro. En fin que todos estamos como muertos y este libro delata esa pasión insana no por las visceras y la sangre sino por devorar y consumir hasta que volvamos tras la pandemia a mirar al otro a los ojos y no por sus ojos. Un manual de antifilosofía que va construyendo pensamiento de combate con jirones de carne de pensamiento, con esa vieja pero aún útil carroña de la desconfianza que, de tanto en tanto, nos permite re-imaginar el mundo para no caer del todo en ese vacío terrible donde solo atinamos a obedecer y  dejarnos devorar por lo que el poder diga con sus estrategias de un capital que no termina, de un muerto viviente que asola incluso nuestras pesadillas. En fin comer o ser comido, esa es la cuestión. Pero, si de todas formas queda alguien con hambre, este libro trae un trabajo de arqueología para zombis con todo lo que necesitan para seguir canibalizándose en muchos formatos: cine, libros, novela gráfica, grupos de fanáticos en la red, etc. Un catálogo de sangre, sudor y visceras.