miércoles, 20 de febrero de 2013

Reseñas de Filosofía zombi (II)


Continúo con las reseñas de Filosofía zombi, que ya hay algunas más. Como comenté en la primera entrada (http://poesiaydestruccion.blogspot.com.es/search?updated-max=2011-10-11T17:19:00-07:00&max-results=7), si alguien, algún organismo o particular, considera que alguna de estas entradas vulnera algún rollo del copyright basta con que lo escriba en comentarios o se dirija a mi dirección de hotmail, jfgvk@hotmail.com, y me haga llegar amablemente su queja para que yo pase a suprimirla si es oportuno.

Y nada más. Saludos, y gracias por leerme. Estoy también en la página de facebook https://www.facebook.com/pages/Filosof%C3%ADa-zombi/156026684464821?fref=ts


Desde México nos llega esta entrevista, firmada por Javier Moro Hernández. Aprovecho para decir que en México me lo pasé genial, invitado por la Embajada y la editorial Anagrama para promocionar el libro. Muchas gracias a la editorial y a Paola y a Leslie, que estuvieron guiándome por los mejores locales de tacos de todo D.F. Aquí el enlace, y a continuación el texto::
http://www.lja.mx/2013/02/el-zombi-es-el-reverso-pone-en-crisis-nuestro-concepto-de-humano/


  • Filosofía zombi de Jorge Fernández Gonzalo, finalista del Premio Anagrama de Ensayo
  • “Me interesaba unir cierta vertiente filosófica bastante dura, no apta para todo tipo de lector con un ícono de nuestro tiempo”
Jorge Fernández Gonzalo, doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense, además de haber ganado el Premio Hiperión de Poesía, en 2011  fue finalista del Premio Anagrama de Ensayo  con el libro Filosofía zombi en el que aborda el fenómeno del zombi, este ser muerto viviente que camina con el único objetivo de alimentarse de los vivos, que corren despavoridos ante su sola presencia. Fernández Gonzalo toma como guía a la filmografía de George Romero, padre fundador de este género cinematográfico, para analizar las sociedades de control y las tecnologías de la comunicación, que se han transformado en los nuevos vehículos de interacción entre las personas. El zombi se ha transformado así en una visión sobre el otro, el que nos es ajeno, el que no conocemos, convirtiéndose de esta manera en el ícono cultural del miedo.
Javier Moro Hernández (JMH): Leí una nota en Internet en donde se decía que el libro surgió como una especie de broma y que además lo escribiste muy rápido.
Jorge Fernández Gonzalo (JFG): El libro surgió como un reto: ¿Es posible unir la filosofía y los zombis? Al principio parecía difícil, a pesar de que ya hay algunos libros que han abierto esas líneas  y yo solamente traté de recorrerla y recopilar más material, más ideas, y lo hice, y la producción fue bastante rápida, un poco más de un mes aproximadamente, reuní bastantes materiales y  además venía de un tesis doctoral que había terminado poco antes, por lo que tenía un bagaje de autores y obras bastante importante y que me sirvió para no volver atrás en mis lecturas, sino que ya estaba preparado, ya estaba listo para poder embarcarme en esta obra, y vi los plazos de entrega del Premio Anagrama, los vi próximos y creí que no llegaría y tuve un momento de concentración y producción alta y tuve la suerte de caer en gracia con el jurado.
JMH: Tú tomas como punto de partida para analizar al zombi a las obras del cineasta norteamericano George Romero, pero de alguna manera el personaje zombi se ha transformado en un ícono cultural y mediático en los últimos años, ¿a qué le achacas tú esta importancia cultural?
JFG: Justo en la palabra mediático estaría la clave, porque el zombi es un personaje que realmente propone la destrucción, propone la hecatombe, propone que nuestro modelo de vida tecnológico, nuestro modelo hipermediático desparezcan totalmente y en este contexto en el que vivimos la tecnología ocupa un espacio importantísimo, nuestras relaciones afectivas están siempre mediadas y mediatizadas a través de Internet, las redes sociales y el zombi siempre aparece como ese miedo irracional, esa pesadilla que nos aguarda inconscientemente y a cada paso que damos, que avanzamos siempre surge un miedo asociado a ese progreso. Creo que el zombi se asocia muy bien con esta época por[que] el zombi nos regresa a lo cotidiano, nos devuelve a un mundo irracional pero en donde las relaciones afectivas terminan siendo más verdaderas, si uno se acerca a The Walking Dead o algunas de las películas de Romero, podemos ver que las relaciones sociales cotidianas alcanzan otros valores, alcanzan un prestigio que ahora están en crisis por los modelos tecnológicos mediatizados en los que vivimos.
JMH: De alguna manera el zombi es el otro pero también somos nosotros.
JFG: Ése es la verdadera clave para entender al zombi: qué nos define, incluso por aquéllo que no creíamos que nos definía, justamente en esa especie de Narciso purulento, esa malformación, esa imagen pútrida, putrefacta, define cierta degradación que sentimos, pero que no tiene que ser así necesariamente porque simplemente estamos viviendo un  periodo de tránsito, pero sí que sentimos que hemos dejado algo atrás, que hemos perdido algo y el zombi viene a recordárnoslo.
JMH: En ese sentido cómo fue trabajar con filósofos como Deleuze, Foucault, y aplicarlos con un monstruo que surge en los mass media de los años 70.
JFG: Pues justamente los dos, Foucault, Deleuze, tienen artículos, tienen visiones sobre las sociedades modernas, sobre las sociedades de control, sociedades disciplinarias que se van al traste con la pandemia zombi. El zombi lo que promueve es, algo así, cómo extender resoluciones, las ideas, los caminos que han abierto estos autores, pero de la forma más espectacular posible, mediante una pandemia que lleva abajo las tecnologías, que rompa el estado, que rompa los aparatos de control. Justamente aquéllo que señalan estos autores de la posmodernidad es lo que el zombi parece  poner en crisis y por eso me interesaba unir cierta vertiente filosófica bastante dura, no apta para todo tipo de lector con un ícono de nuestro tiempo, de nuestra cultura, para realizar una mezcla lúdica entre filosofía zombi.
JMH: Toda época tiene sus miedos, Frankenstein es el ejemplo del miedo a la modernidad, y en ese sentido los  zombis son un nuevo ícono cultural, pero también representan los miedos de nuestra época.
JFG: Representan nuestra posmodernidad, nuestra sociedad del espectáculo en los que nuestras relaciones afectivas se han degradado, nuestra interrelación va a pasar ahora a situarse a través de la tecnología, pero también proponen cierto grado de esperanza, cierta alternativa, porque cuando se señala un mal, cuando se apunta a un problema es cuando pueden surgir las opciones y me parece curioso, porque yo hablo en el libro de la “horda” que es un conjunto de seres anónimos que se une para un fin común y es curioso cómo en muchos países del mundo se están dando manifestaciones como “Anonymous” que funcionan como una horda zombi de seres que no se reconocen entre ellos, exactamente como sucede hordas zombis, pero que tienen un objetivo que es derrocar a los aparatos de control, es decir que no sólo hay que ver esa visión negativa del zombi ya que podemos plantearnos, ya que todos somos zombis en cierto grado, por lo que podemos plantearnos construir una sociedad desde este punto, desde este contexto.
JMH: The Walking Dead es una de las series que más aborda la reflexión del fenómeno zombi, es decir, es una serie de acción pero hay una compleja reflexión sobre el entorno.
JFG: Sobre la cotidianidad, sobre las relaciones, hay un momento en el que uno de los personajes, Dale, que representa la cordura, la razón, le increpa a Shane, que es un hombre que se ha adaptado a las circunstancias, y le dice “éste es tu mundo, quédate con él, estás a gusto con él, porque has llegado a un mundo en el que tú vas a sobrevivir porque tú eres una persona capaz de sacrificar tu humanidad por la sobrevivencia, yo prefiero  morir” y al final los acontecimientos le serán poco favorables a Dale. “Yo prefiero morir porque éste es tu mundo, esto está hecho para ti, yo prefiero conservar mi humanidad”, éste es un conflicto que nos propone también el zombi, ¿Qué definimos como humano? ¿Cómo nos vemos a nosotros mismos?, y ¿qué tecnologías, qué discursos estamos constantemente para definir lo humano? Y justamente el zombi es el  reverso, es lo que  no es humano y es un ícono que pone en crisis nuestro concepto de humano.
JMH: Que no es humano pero que lo fue.
JFG: Pero perdió toda la dignidad, todos los discursos, es lo que Giorgio Agamben llamaba el “Homo Sacer” es un hombre que está desnudo de  toda legitimidad, que no está amparado en la ley del otro, que sería ese discurso, esa tecnología de denominación que nos permite construirnos en el otro y legitimarnos en el otro.
JMH: Al ser “hordas” estamos perdiendo la humanidad.
JFG: Estamos construyendo nuevos modelos de subjetividad que no pasan por el modelo aislado de un Narciso que se mira al espejo y ve su propio reflejo hermoso y dulcificado, sino que también descubre al otro y que tiene que actuar con el otro y que hay nuevas fórmulas para hacerlo: la tecnología, que es uno de los grandes conflictos que trazo en el libro pero que no me decanto ni por apoyarla ni por romper con ella, pero que nos da un nuevo camino para esa construcción tecnológica en el que ya no estamos al lado del otro, somos zombis para los demás porque ya hemos perdido esa cercanía, esa cotidianidad, pero aun así hay vías, hay nuevos caminos, hay nuevos proyectos en común que se pueden realizar cuando hemos dejado de ser sujetos modernos para convertirnos en sujetos posmodernos.
JMH: Estaba pensando en el libro de La Rebelión de las masas de Ortega y Gasset que se decanta por la necesidad del individuo para oponerle a las masas. Un poco lo que planteas en tu libro es que necesitamos a la masa como individuos para generar estos nuevos proyectos.
JFG: A mí me interesa mucho una idea de Deleuze en el que toma unas ideas de Freud y habla de un personaje que llama “El hombre de los lobos”, que es un personaje que aparece en los análisis de Freud y dice que “El hombre de los lobos” lleva la manada dentro, es la multiplicidad dentro del individuo y eso es algo que se escapaba y que no se tenía en cuenta en la época de Ortega y Gasset cuando escribió La Rebelión de las masas. Nosotros llevamos la pluralidad, al otro dentro y tenemos que saber gestionarlas y creo que una visión positiva del zombi nos indicaría que ese modelo de subjetividad se está gestionando, siempre teniendo en cuenta al otro como que efectivamente nos es ajeno pero que puede colaborar con nosotros, podemos establecer relaciones interesantes.
JMH: Regresando a Romero, como en tu libro, podemos decir que este zombi que es el otro, que además me hace replantearme lo que soy también soy yo.
JFG: También hay un juego de espejos al ver que el zombi siempre puede ser uno mismo y sobre todo al ver que uno mismo puede estar siendo zombi sin saberlo, ese grado de empatía que hay que saber construir, que hay que saber modelar y ajustarlo a un nuevo contexto como lo es el nuestro.
Puedes leer un fragmento de Filosofía zombi en el siguiente enlace: http://goo.gl/c1sCK
Jorge Fernández Gonzalo nace en Madrid, en 1982. Es doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado cinco poemarios: Amantes invisibles (Madrid, editorial Complutense, 2003), Mudo asombro (Talavera de la Reina, Ayuntamiento, col. Melibea, 2004), Una hoja de almendro (Madrid, ediciones Hiperión, 2004); El libro blanco (Barcelona, Huacanamo Poesía, 2009) y Arquitecturas del instante (Madrid, Rialp, 2010); los tres primeros distinguidos con los premios Blas de Otero 2002, Joaquín Benito de Lucas 2003 e Hiperión 2004, respectivamente.
Como investigador cuenta con una veintena de publicaciones en revistas especializadas sobre literatura y filosofía, y con los libros Filosofía zombi, en la editorial Anagrama, y próximamente La muerte de Acteón, en la editorial Eutelequia.




Un breve texto de Ana Gorría, como muchos ya sabrán una excelente poeta y ensayista. Dejo aquí enlace y texto:
http://www.encubierta.com/2013/02/filosofia-zombi-jorge-fernandez-gonzalo/#.URVtsx1dPoI


Jorge Fernandez Gonzalo es autor de diversos poemarios además de especialista en poesía española, habiendo conseguido su título de doctor con una tesis sobre el poeta Claudio Rodríguez. Además ha dedicado su pensamiento a diversos autores como Blanchot o Klosowsky y no ha desatendido la codificación estética en producciones de ficción como el anime Death note o las películas de George Romero, análisis al que dedica este ensayo.  Sin renunciar al rigor, el ensayista madrileño construye una lúcida y amena exposición que analiza la imagen del zombi en diversos espacios de representación audiovisuales como cine, series y videojuegos. Jorge Fernandez Gonzalo pone al servicio de la comprensión de la sociedad actual el tema del zombi. “Los sentimientos definidos basados en el placer y el dolor nacían en torno a los fenómenos comprensibles, mientras que alrededor de los fenómenos incomprensibles se tejían las personificaciones, las interpretaciones maravillosas, las sensaciones de miedo y terror tan naturales en una raza cuyos conceptos eran elementales y su experiencia limitada.” Jorge Fernández Gonzalo despliega la hipótesis de que el zombi supone una herramienta para comprender los lados más oscuros de la sociedad del capitalismo tardío. Una reflexión y un análisis sobre la comunidad que se desarrolla en la sociedad posindustrial en la que el autor parte de una serie de elementos de la cultura pop como las películas serie B hasta la reciente y popular The walking dead, adaptación del cómic de Robert Kirman o la miniserie Dead set. “Los únicos supervivientes serán los más zombis: una serie de personajes superficiales, con rencillas ingenuas y de un alto infantilismo afectivo –pero altamente productivo a la hora de forjar lazos sociales y atraer simpatías mediáticas- o con relaciones esporádicas y triviales por el desgaste de sus herramientas sentimentales y expresivas” La exigencia con la que Jorge Fernandez Gonzalo pone a nuestra disposición los códigos latentes en el imaginario popular hace de este libro una entretenida y adecuada invitación a la reflexión sobre los mecanismos que nos constituyen como sociedad.




En la página 276 de la revista Nosolofreak, revista para frikis como nosotros. No copio el texto, pero incluyo aquí el enlace:
http://issuu.com/pioytaz/docs/nosolofreak16/1





De la revista Almas oscuras una entrevista con Randolp Carter (sólo yo conozco su verdadera identidad, pero nunca os la diré! Mua ja ja ja ja!!), Dejo enlace y texto: http://www.almasoscuras.com/filosofia-zombi




UNA MIRADA FRESCA A LA CARNE PÚTRIDA. HABLEMOS DEL ZOMBI

Filosofía ZombiJorge Fernández Gonzalo (Madrid, 1982), doctor en filología, poeta, ensayista y crítico, es el autor del magnífico libro que paladeo ahora mientras escribo esto, Filosofía Zombi, finalista del Premio de Ensayo de Anagrama 2011. Gran poeta de nuestro tiempo, cuenta con múltiples premios que lo consagran, entre ellos el solemne Premio Hiperión 2004 por su poemario Una hoja de almendro. Este polifacético pensador ha decidido transportar el mito del zombi a un ámbito más académico, estudiándolo como concepto más allá del simple deleite que nos da a los aficionados del género el verlo maltrecho por las pantallas. Un recorrido por las diferentes visiones del zombi — y lo que dan para hablar de él — en un original ensayo que puede ser la mejor opción en estas navidades para todo aquel acérrimo de los muertos vivientes. Jorge, encantador y cercano, me dio la oportunidad de charlar con él sobre su libro, sobre los zombis y sobre todo un abanico de reflexiones en torno a tan adorable cadáver. Gracias Jorge.
Randolph Carter: Antes que nada, enhorabuena por el libro. Me gustaría comentar un poco antes de hablar del zombi en cuestión, lo que es la forma en sí del ensayo, que me ha fascinado, pero, ¿cómo surge el trabajo y cómo surge la idea de componer el concepto del zombi desde el punto de vista académico?
Jorge Fernández Gonzalo: Bueno, venía de realizar mi tesis doctoral, sobre el lenguaje poético y la filosofía aplicada a los estudios literarios, que acabé unos meses antes de ponerme con el libro. Desde ahí se me ocurrió dar el salto a los estudios culturales y utilizar el zombi como una metáfora total. Siempre me había fascinado el mito del zombi, quizás sobre todo a través de los videojuegos y el cine moderno más que a través del cine clásico de terror. Tuve que empollar todas las películas de George Romero, que algunas las tenía olvidadas y otras no las había llegado a ver. A partir de ahí empecé a elaborar un refrito entre mi preparación académica por un lado y mi afición por los zombis.
R. C.: Y, ¿cómo surge la estructura cinematográfica que le has dado al ensayo, la denominación de cada capítulo (o pista) con una película, el prólogo como tráiler, el epílogo como Material adicional…?
J. F. G.: Pues surgió a mitad del proceso de elaboración; se me ocurrió en algún momento y me obligó a reestructurar todas las ideas que estaban en ese momento diseminadas, que estaban un poco como nadando como islas en el papel. A mi modo de ver, como creador, fue un acierto total, ya que me permitió enfocar muy bien cada tema, ligarlo a un episodio muy concreto, y a partir de ahí deshilar la madeja del concepto zombi.
R. C.: ¿Se puede considerar el ensayo como un homenaje a Romero? Porque sobre todo utilizas casi toda su filmografía como base, ¿no?
J. F. G.: No era mi intención rendir pleitesía a Romero: es un cineasta interesante pero no es tampoco mi autor preferido. Tampoco soy especialmente cinéfilo, tengo que decirlo; pero sí es verdad que su obra me pareció una manera de delimitar y encauzar todas las ideas que estaban en proceso de preparación y a través de él como icono mítico, construir todas articulaciones del texto.
R. C.: Entrando ya en materia del zombi, si el zombi en sí es negación de lo humano, es una humanidad deshumanizada como bien dices, ¿podrías explicarme mejor tu visión del zombi comoinstinto + pulsión representada en la sociedad actual? Aquello que hablas de que el zombi capitalista somos nosotros.
J. F. G.: El zombi da paso a muchas metáforas, creo que esa es su principal virtud frente a otras figuras del imaginario moderno. Lo que nos viene a decir es que lo humano es algo construido, algo incluso accesorio, como una prótesis. Por eso no tiene sentido hoy en día asustarse por esa relación entre el hombre y la máquina: el ser humano ya era algo incompleto que necesitaba de la cultura, de sus mitos, incluso del lenguaje para construirse, y hoy está encontrando esa construcción en la máquina. Lo que me comentas sobre el zombi capitalista, ese modelo de ser humano alienado por la sociedad, sí que me interesaba hacer las dos lecturas posibles del concepto del zombi, tanto positiva como negativa. La negativa es la de esa alienación, ese hombre deshumanizado que acude a comprar compulsivamente, que es un pelele para la publicidad, para los medios de comunicación; y también me interesaba esa toma de conciencia moderna que hace del zombi un punto de resistencia: ya sabemos que somos zombis, ya sabemos que estamos alienados, pues vamos a construirnos en esa alienación, como sujetos en esta sociedad de los mass media, de internet, de Facebook, vamos a crear una sociedad donde los afectos estén elaborados a través de las máquinas, pero que sean útiles, que nos permitan formas de solidaridad — como ocurre en las redes sociales —, ese sería el nuevo concepto de zombi que propongo.
Filosofia Zombi
R. C.: Recuerdo además que introduces una cita de El amanecer de los muertos haciendo referencia a eso, a cómo acuden los zombis al centro comercial como por una especie de recuerdo.
J. F. G.: Sí, esa es la idea. El zombi como un ser comunitario que puede, por un lado, perderse en la masa y formar parte de ese grupo sin iniciativas y sin un control verdadero de lo que ocurre, o crear formas más complejas, colaborativas, que puedan desembocar en objetivos comunes. Yo pongo siempre el ejemplo de Anonymus que es una horda zombi cuya finalidad es destronar el poder, subvertirlo u ofrecer un punto de resistencia contra un modelo capitalista que muchas veces consiste en arruinar las expectativas del individuo.
R. C.: Me encanta la oposición que haces de zombi vs vampiro. El zombi es necesidad (de alimentarse), mientras que el vampiro es deseo (carnal). Igual que el zombi se puede extrapolar a nuestra sociedad, ¿el vampiro tendría alguna correspondencia?
J. F. G.: Una de las razones por las que no he cogido al vampiro era por no hablar de Crepúsculo(risas), tengo que reafirmarme. El vampiro me parece una figura muy interesante que, en principio representaba los excesos de la sociedad cristiana puritana, de esos deseos reprimidos que el vampiro hace aflorar, y ahora simplemente representa nuestro modelo de vida desenfrenada, de goce perpetuo. En cierto modo se contrapone al zombi porque éste da la impresión de estar reprimido por la sociedad mientras que el vampiro se aprovecha de él.
R. C.: En este punto entra lo que has denominado Edipo zombi, llevando el concepto freudiano al muerto viviente (que sí te pido que expliques mejor), la necesidad del zombi de alimentarse comparada muy acertadamente con la necesidad del niño de la madre.
J. F. G.: La idea proviene de Freud cuando hablaba del niño como el perverso polimorfo. Es decir, ese individuo que tiene todas las perversiones, todos los deseos, todos los flujos libidinales a flor de piel, y que en todo momento quiere poseer todo lo que le rodea porque él se siente parte de lo que le rodea. Se siente la madre, por eso es Edipo, porque él ama a la madre como si fuera una parte integrada en él mismo; no es un amor sexual, sino un amor casi místico en el sentido de integración del otro en el yo. Cuando llega Edipo — cuando llega el lenguaje, cuando llega la cultura —, esa unión se rompe y el niño se separa de la madre de forma traumática. El zombi, aplicado a esta teoría, representa también ese perverso polimorfo que no ha pasado por la cultura, que no ha pasado por el poder y que de algún modo se resiste a ser dominado o a ser controlado por la cultura, y que se resiste a esa gestión de los deseos que hace la máquina capitalista. Ese sería en líneas generales el mensaje de un Edipo zombi que es una figura rebelde al modo que lo concibieron Deleuze y Guattari.
Filosofía zombi
R. C.: Me ha gustado mucho tu concepto del zombi como el miedo a la plaga, el miedo a la disgregación, a la pérdida de los vínculos sociales. En la época actual que vivimos de manifestaciones y protestas, ¿somos una horda zombi que intenta desvincularse de su líder pero sin un rumbo de grupo?
J. F. G.: Es curioso cómo los movimientos del 15M, que son posteriores a mi libro, aunque no tienen relación, plantean algunas líneas generales que estaban anteriormente en otros autores y que yo plasmo en mi libro, y es la posibilidad de crear hordas no jerárquicas, de crear grupos solidarios. El miedo del ser humano a la globalización, a esa identificación total en donde el ser humano se hace uno, se representa a través del mito con la recuperación de lo extranjero. Estamos perdiendo, en parte por políticas proglobalización, la figura del extranjero como figura a la que nos resistimos, de eso teoriza muy bien Žižek, que habla de cómo lo multicultural es un programa que intenta unir naciones dispersas de forma forzadas y eso crea todavía más tensiones que cuando tú aceptas la otredad del otro como otra, no como una proximidad sino como algo totalmente ajeno. El programa posmoderno multicultural que critica Slavoj Žižek, también tiene relación con ese zombi que recuperamos a través del cine para mantener de algún modo esa distancia con el otro que también es necesaria aunque nuestra cultura proglobalización se resiente al aceptar esa disgregación y pretende unificar todo y perder de algún modo identidades, lo cual no es tampoco positivo llevado al extremo.
R. C.: Siguiendo con la horda zombi. Dices que en ella no se establecen jerarquías, ¿es una de las razones por las que no podemos considerar zombis a los entes — híbridos de algún modo entre zombis y vampiros — de Soy leyenda, por ejemplo?
J. F. G.: El proyecto original de la novela Soy leyenda de Richard Matheson, era crear una especie de vampiro degradado que simbolizaba esa degradación máxima del ser humano tanto por dentro como por fuera. Justamente Romero se basó en esa figura para crear su zombi — que en principio no se llamaba zombi, simplemente muerto revivido —, y que recupera ese aspecto horrendo, putrefacto, pero que no tiene las facultades necesarias para convertirse en una jerarquía, en una pirámide de poder. Lo interesante de las jerarquías — y de esas redes solidarias —, que a mí me interesa resaltar en el ensayo, es ver la pérdida de subjetividad. Nosotros nos construimos como sujetos, y eso le beneficia más que nada a la publicidad, a las marcas, que están creando subjetividades constantemente, es el poder y la cultura quien nos hace sujetos; en cambio el zombi no es un sujeto sometido a una red de poder, sino que es una masa solidaria: actúa como las manadas de lobos, en las que no siempre hay jerarquías porque todos ellos actúan como un solo sujeto, las bandadas de pájaros igual, muchas formas de colaboración de la naturaleza no tienen esa identificación de individuo, sino que crean otras formas de asociación y relación.
R. C.: ¿Tampoco se puede hablar de jerarquía en los zombis originales, cuando era un bokor el que controlaba al no muerto?
J. F. G.: Sí, en los orígenes sí. El chamán representa una figura jerárquica que se ha perdido. Quizá por eso decido pasar del zombi haitiano y de la figura del chamanismo porque me abocaba a plantear jerarquías, a volver a un diseño estructural vertical en vez de horizontal, y por eso creo que el zombi se ha renovado en una dirección bastante más interesante de la que planteaba ese primer alienado haitiano que sólo representa sin más la estructura de la empresa, el jefe y los trabajadores alienados.
R. C.: Una cita que me fascina de tu libro, de la parte de Material adicional, es: «El zombi, como metáfora, nos permite acceder al mundo que nos rodea desde una visión compleja de la propia cultura». Si puedes, desarróllala más.
J. F. G.: Eso es todo el libro en una sola frase. La idea es esa, utilizar el zombi como una metáfora, como un concepto de arrastre para otros conceptos, y que nos permita elaborar nuevos mapas conceptuales a partir de ese pequeño punto de deflagración.
Filosofía Zombi
R. C.: Hablemos de gore. El gore, que no es otra cosa que la exageración brutal de lo visceral unido a litros y litros de sangre, juega un papel importante en el cine zombi. ¿por qué? ¿No sería lo mismo el zombi sin el gore? ¿Por qué mueve masas lo gore si realmente nos repulsa?
J. F. G.: Es curioso porque no es tanta la repulsión como debería. Creo que lo que hacemos es romper con esa sacralidad del cuerpo; el cuerpo era el límite último, en otras sociedades el cuerpo no se puede abrir ni dañar, en nuestra sociedad hemos roto con esa premisa, habilitando una visión del cuerpo que ya no se queda en la superficie sino que va más allá. Lo tenemos en la ciencia médica, en la cultura pornográfica también — el denominado gorno, por ejemplo —el cuerpo ya no es el límite. Hemos cambiado por completo nuestra visión, haciendo de ella nuestro eje central del conocimiento; el zombi y el gore sería una especie de pornografía vuelta al revés o pornografía al límite, nos indica cómo la visión se ha convertido en el paradigma de nuestros modelos de saber y de nuestras relaciones sociales y culturales. En cierto modo lo critica exagerándolo.
» En cuanto a si sería lo mismo el zombi sin el gore, bueno, hay películas exquisitas donde el zombi no rompe con el cuerpo, recuerdo una película canadiense, Pontypool, donde la zombificación se produce más bien a través de ondas de radio. El zombi lo que representa es una colonización cultural, social, de ideas, de modas… y de algún modo el gore representa esa explosión del ser humano que aparece en el zombi y que sin él, el zombi se convertiría en algo demasiado académico, demasiado elitista. Por eso también esa desacralización carnavalesca, como lo que nos enseña Bajtín es un modo para hacer que la metáfora llegue al tejido popular, es un signo de identidad para que sus propias ideas se puedan identificar con un registro de población mucho más amplio.
R. C.: El tipo del mad doctor, el científico loco, que nació antes que el mito del zombi, encuentra en el zombi un filón desde el Herbert West de Lovecraft hasta el dr. Logan de El día de los muertos(1985); el concepto en sí, ¿se puede entender como un tipo de crítica a la ciencia y a la experimentación o simplemente es la evolución de un motivo literario y cinematográfico?
J. F. G.: Yo creo que es una crítica a la ciencia, pero sobre todo a una forma de poder impuesto desde nuestra sociedad. El doctor no es sólo el que nos cura, es la industria farmacéutica que administra las hormonas de nuestra corporalidad, que habilitan determinados modelos estéticos, también es el poder que define a la ciencia con lo que debe ser verdad o no… La figura del científico loco acumula prácticamente todos los miedos de nuestro tiempo, miedos al cambio, miedos al apocalipsis, porque son las figuras de avanzada — las figuras que producen el cambio —, y el zombi a veces puede ser ese temor al cambio o a que ese cambio salga mal.
Filosofia zombi
R. C.: Pregunta obligada, ¿cuál es tu película de zombis favorita? ¿y la escena de cine zombi favorita?
J. F. G.: La película que a mí más me ha gustado, aunque a veces recibe bastantes críticas, es el remake El amanecer de los muertos (2004), de Zack Snyder. A mí me parece que tenía todos los rasgos para actualizar a Romero. Romero no se actualizó en las películas que hizo en la época dorada del zombi y tampoco se actualizó después, siguió con su crítica; el remake actualizaba a nuestros códigos visuales el impacto de lo que había sido La noche de los muertos vivientes en los años 60. Es un impacto distinto, porque nuestra memoria visual está más completa, era difícil penetrar por ahí, pero yo creo que es la película que depara más sorpresas y con más encanto para el aficionado al cine zombi.
» Como escena cogería su versión paródica, Shaun of the dead o Zombies Party como lo tradujeron aquí por no sé qué lumbreras (risas)… Hay una escena en la que Shaun les dice al resto de personajes que para pasar entre las hordas de muertos vivientes tienen que convertirse en muertos vivientes, eso es la parodia de la parodia de la parodia: si el zombi es una parodia del ser humano, si la película es una parodia del film de Snyder, él va a parodiar aún más y va a hacer que el ser humano se convierta en su propio simulacro, esa idea es genial, ese momento cómico produce además cierto regocijo intelectual, por decirlo de alguna manera. También estaba pensando en la misma película, la escena en la que se va levantando la cámara, cuando Shaun despierta una mañana y se le ve como un zombi mañanero…
R. C.: Leyendo todo el libro se puede suponer, pero ¿qué tipo de zombi te gusta más y porqué, el zombi lento de Romero o el zombi espídico posromeriano?
J. F. G.: No tengo una preferencia, cada película crea sus propias necesidades. En la película de Snyder, un zombi rápido viene genial para crear otro tipo de amenaza, además se produce después del 11S, cuando la velocidad se ha convertido en algo peligroso, algo dañino — la velocidad de los aviones; la velocidad de las ondas de los móviles en el caso del 11M en Madrid —: la velocidad se ha convertido en el peligro actual. Pero también esa lentitud de los zombis de George Romero o los de Resident Eviltambién me parece interesante porque crea sus propios códigos y crea sus propias metáforas del miedo. No descarto ninguna realización del zombi a priori siempre y cuando se inserte dentro de una lógica del relato. Yo diría que son dos tensiones distintas, la tensión de la lenta amenaza, que era la lenta amenaza del comunismo para la época de los años 50 y 60, cuando empieza a germinar el zombi de Romero, distinta de nuestra amenaza de la velocidad que tenemos ahora mismo.
R. C.: No sé si estás al tanto de las últimas manifestaciones de cine zombi, pero están al caer algunas pelis esperadas como Warm bodies, en la que un zombi se “cura” mediante el amor, o la ya mítica antes de tiempo Guerra Mundial Z, ¿qué opinas? ¿pueden prometer o serán un fiasco repetitivo dentro del género?
J. F. G.: ¡El “Crepúsculo” zombi! (risas) El zombi ya se está repitiendo, hay que decirlo claro… También nos quejamos porque se repite pero crea nuevas fórmulas, no estamos contentos con ninguna de las dos opciones. Yo creo que cada película tiene que ser respetuosa con su propia fórmula narrativa, y si hay una película que no gusta, tampoco pasa nada, esa película, la del “Crepúsculo” zombi, a lo mejor tiene algún acierto, o a lo mejor no. Ya se verá a ver cómo se resuelve; lo que yo defiendo es la versatilidad del zombi, habrá que ver que opciones maneja y qué propuestas conceptuales y visuales pone en escena… yo estaría alerta para detectar los cambios más que para juzgarlos previamente.
R. C.: Para terminar, en un breve artículo sobre el mito del zombi yo defendía que el futuro del monstruo estaba ligado a la hibridación con otros géneros, ¿qué opinas? ¿hacia dónde se dirige el zombi y cuál es su futuro?
J. F. G.: Me han hecho más veces esa pregunta y me suelo quedar en blanco (risas)… No tengo una visión clara y tampoco me interesa el arte predictivo que no tiene mucho sentido en cine o en literatura (risas)… Cada dos años se puede renovar las modas con un best seller o con una pieza que altera todo y lo pone patas arriba. Yo creo que al zombi le quedan todavía unos pocos años de expansión y las sorpresas van a ser más comedidas, creo que hemos llegado a casi todos los puntos útiles a los que podía llegar el zombi, faltan algunos, a medida que la sociedad avance se irán creando las nuevas ideas, porque si el zombi es un género que se hibrida con la cultura, los mismos cambios culturales pueden facilitar nuevas propuestas en el repertorio zombi. Se puede renovar perfectamente al ritmo de las cosas.
R. C.: Añade algo que no hayamos tocado.
J. F. G.: Me estaba acordando cuando me has preguntado por los zombis rápidos o lentos, también hay otra dicotomía importante: los zombis muertos o los zombis infectados. Ese cambio es curioso detectarlo, aunque había zombis infectados en alguna película clásica, en el Regreso de los muertos vivientes creo que se infectan por un barril de toxinas, es a partir del videojuego de Residente vil cuando ese zombi farmacológico ligado a la experimentación científica, farmacéutica y demás, pasa a representar nuestra nueva modalidad de ver el mundo y entender el espacio del conflicto social en el que un pequeño cambio puede alterar a escala global la fisonomía de nuestro planeta: un pollo infectado o una vaca loca revoluciona completamente todo el panorama social. Ese zombi infectado que tantos reparos causa a muchos aficionados al género lo que muestra es la adaptabilidad del zombi y la necesidad de actualizarlo a nuestros propios miedos, no a los miedos de hace cuarenta años, hay que dar esa carta de legitimidad a este tipo de zombi porque son operativos hoy en nuestra cultura, mañana no lo serán y vendrá otro distinto, pero también hay que darle permiso para entrar.
POR: Randolph Carter el 18/12/12
TAGS: 










































































































































































































































































































































Otra reseña más, no veo firma:
http://vermicular.wordpress.com/2012/12/15/notas-sobre-filosofia-zombi-de-fernandez-gonzalo/

Notas sobre ‘Filosofía Zombi’ de Fernández Gonzalo

15dec12
Imagen
El magnífico libro de Jorge Fernández Gonzalo titulado Filosofía Zombi parece no haber tenido el éxito que debiera, más allá de la satisfacción del propio autor por haber quedado finalista en el Premio Anagrama de Ensayo, y es que es un libro que a pesar de haber tendido un grácil puente y guiño hacia los Z-inéfilos no por ello abandona el rigor filosófico; y es que es posible que quien ojee el libro en un primer momento piense o concluya que se trata tan sólo de un review de películas sobre muertos viventes y otras desagradables formas andantes. En cambio, si ahondamos un poco en la obra de Fdez. Gonzalo, veremos que elpropósito de Filosofía Zombi es muy claro: llevar la figura del zombie a la filosofía, con el objeto de considerarlo y trabajarlo como concepto.
El zombie “representa la fuerza de lo ignoto” y, como apunta  Canetti, “nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido”, frase ésta que concuerda a la perfección con aquella de Lovecraft en su Horror Sobrenatural en la Literatura: “Una de las emociones más antiguas y poderosas de la humanidad, y el miedo más antiguo y poderoso es el miedo a lo desconocido”. Sea como fuere es claro que por causa del miedo surge una paralización o detención del habla, una dislocación del lenguaje. Esta paralización indica la dificultad de dar representación al objeto del miedo, así que el miedo a lo desconocido supone la total imposibilidad de rendir representación alguna, pues eso que es desconocido está ahí, pero no está ahí con nuestras  categorizaciones y especificaciones. Pero para Fernández Gonzalo, la filosofía zombi es algo más que dar cuenta de la incapacidad del lenguaje para asir el Fenómeno-Z; Pensar el zombie es pensar lo impensable (aunque en este punto difiero, pues estimo que ello no es pensar lo impensable, sino un impensable). La filosofía zombi asume “pensar el desgarro” entre palabras y cosas, sujetos y objetos, que sigue Gonzalo es “pensar los desgarros propios de la presencia […] que nos llega al zombie”, enfrentarnos a una entidad sólo apre(he)ndible gracias a una mirada gore-heurística,visceral.
Fdez. Gonzalo entiende lo Otro radical como Zombie; éste encarna bajo una forma peculiarmente pestilente la interioridad que nos habita y la inhumanidad que nos recorre. Si un zombi pudiera hablar, probablemente diría exactamente lo que Deleuze y Guattari apuntan en Mil Mesetas: “nosotros no nos interesamos por los caracteres, nosotros nos interesamos por los modos de expansión, propagación, ocupamiento, contagio, poblamiento. Yo soy legión.”
En esta dinámica de plaga, el pensamiento y la mirada son trabajados por un espanto que se eleva a niveles geocósmicos; espantos que Lovecraft transcribe desde una una posición y Stimmung gótica de verdadero Terror Cósmico Materialista. Situado entre la fascinación y el delirio, Freud introduce la noción de ‘siniestro’ (del al.Umheimlich, no-familiar, xenóctono, desconocido) que acontece cuando nuestros deseos devienen simultáneamente realidad o, mejor aún, el entorno delira nuestros deseos, con la inevitable consecuencia de un espanto cósmico que ya está aquí y que tan pronto nos bloquea como nos desterritorializa súbitamente (¿Será uno causa del otro o será al revés?). Y es que lo Siniestro – nos dice Mark Fisher – no deja de asociarse ‘con la pregunta precisamente acerca de aquello que no debería estar vivo pero actúa como si lo estuviera’.
Dicho esto, desde una óptica funcional de la filosofía zombi, es imposible mirar al zombie y no sentir una diferencia que, antes de establecer una separación, nos une o vincula a él. Pero como todo devenir (y por supuesto existe un devenir-zombie), la relación es asimétrica, y mientras quedamos fascinados ante semejante engendro y humanizados ante el objeto de fascinación, el zombie deviene humano tan sólo para moderlo e infectarlo. La fascinación-espanto, o atracción-repulsión hacia el zombie en términos freudianos & psicoanalíticos, es quizás una huella maquínica de nuestra participación milenaria con la Naturaleza. Algo así como si la nuestra fuese zombie, como si eso que lo que hemos de evitar y postulamos que el zombie no es ni puede ser natural, como mucho, un error, malformación de algo que no obstante es real. El zombie se sitúa en una posición oscilante frente al cuerno de no-humano-no-inhumano, en un doble devenir girado o volteado hacia una zona de progresivo horror performado que arrastra consigo (viz. ciudades desoladas, hierba que vuelve a crecer entre los adoquines y cubre casas y carreteras, supervivencia acelerada, etc.).
Del escenario anterior podemos extraer lo siguiente: La posición vertical de dominación es inútil frente a la posición torpe vertical de la horizontalidad de la ‘Innaturaleza’ del zombie, quien no se ponea nuestra altura si no es para inclinarla y hacrla tambalear indefinidamente. Digamos más: el problema no es ya estar frente al zombie y salvarse. La horda zombie constituye un continuum móvil (expresión que tomo prestada de Hebe Kaat) de carne pútrida, de biocontaminación inminente e inmanente. La plaga zombie zombie bien podría considerarse máquina de guerra(esta vez a lo humano), cuyo modelo consiste en
expandirse por turbulencia en un espacio liso, en producir un movimiento que ocupa el espacio y afecta simultáneamente todos los puntos, en lugar de estar ocupado por él como en el movimiento local que va de tal punto a tal otro. (Deleuze y Guattari, Mil Mesetas)
Yendo un poco más lejos y para ir finalizando, Fernández Gonzalo establece una conexión genial entre Zombie y (el decir) Verdad: Zombie como lo opuesto a la hipocresía y a la doblez de corazón (San Agustín), total asertividad y purapresencialidad asertiva que queda proyectada en el flujo de lo real como presencia sin doble intención; exposición sin mentiras entonces, pues no hay ya lugar para el engaño, Ello está ahí, abierto sin restricciones, esperando hincarnos el diente. Parece pues que la consideración de zombie como más-y-menos que una metáfora está más no-muerta que nunca, y siguiendo la línea del Materialismo Gótico y de la Ficción Teórica que Mark Fisher propone (cf. Deleuze y la Brujería, Ed. Las Cuarenta) está claro que el zombie es una figura apta para ser filosóficamente devorada.






También de mis días por México me llega esta reseña, que me hace especial ilusión por lo que representa: se trata de la revista Rolling Stone. El viejo rockero que hay en mí se alegra...
La pena es que no se puede copiar el texto. Os dejo el enlace, y unos cuantos pantallazos:
http://www.rollingstone.com.mx/guia/libro-filosofia-zombi/







También fruto de mi odisea mexicana (¿os he contado que monté en 9 aviones? Es una historia muy divertida. Paradme algún día por la calle y os la cuento. Después tendré que mataros) es este artículo en la revista de la UNAM firmado por Anamari Gomis, profesora que se encargó de mi presentación en el Ateneo español, junto con Carlos Puig, un presentador de TV bastante renombrado allí. En este caso únicamente cuelgo el enlace:
http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/ojs/files/journals/1/articles/139/public/139-1000-1-PB.pdf





Una reseña del gran conocedor de la iconografía zombi Jorge Martínez Lucena, con quien seguro que en alguna otra vida he decapitado zombis mano a mano. Como también es una revista científica dejo únicamente el enlace:
http://comunicacionyhombre.com/pdfs/resenas/08_r_jorgemartinez.pdf




Breve reseña desde la página La fábrica de mitos urbanos, con enlace http://fabricademitos.com/cuando-el-zombi-nos-alcance/.
Adjunto el texto:

Cuando el zombi nos alcance.

Vivimos en una época donde creemos en la materialización, consumimos descontroladamente para satisfacer necesidades, que también creemos tener. Vivimos a través de redes sociales, que poco a poco van creciendo. ¿Cuántas veces nos hemos alegrado al ver cómo el número de amigos va aumentando? Formamos hordas cada vez más espesas.
A partir de dichas ideas, de las temibles películas de Georges Romero y de otras obras acerca del zombi Jorge Fernández Gonzalo se plantea, en el libro de Filosofía Zombi publicado en el 2011, un análisis de nuestra sociedad actual.
Se pensaría que estamos muy lejos de suponer que la figura del zombi podría ayudarnos a profundizar en dicho análisis, pero el autor logra hacerlo. Deshila las películas de Romero para poder conceptualizar al zombi, toma elementos de otras obras como: The walking dead, Highschool of the Dead, Shaun of the Dead, entre otras; y apoyado de filósofos y pensadores como: Freud, Lacan, Foucault, y otros, logra llegar a conclusiones profundas acerca del mundo posmoderno.
Filosofía zombi se encuentra compuesta por siete capítulos, donde trata del miedo, del capitalismo, de la humanización, de la publicidad; poniendo en jaque nuestras ideas y creencias más profundas: la familia, la individualidad, nuestro erotismo, nuestra educación. “Como buenos zombis que somos, funcionamos en una sociedad incluso cuando somos productivamente disfuncionales”. Somos esa criatura que consume sin control.
Jorge Fernández afirma que el zombi logra ser un transgresor y su figura retórica es el Apocalipsis, altera el sistema y lo cambia, “una promesa de renovación”. En las hordas conformadas por zombis todos son iguales, no hay jerarquías pero tampoco hay individualidad, por lo tanto tampoco existe el otro. No hay manera de reconocerse y lo único que existe es la imitación, un arrastre de la masa. La única necesidad existente es la de satisfacer su hambre. Se deja llevar por indicios y su inmovilidad le asegurará su alimento.
En el libro Filosofía zombi se puede leer un análisis de obras acerca del zombi pero, más allá de ello, analiza nuestra sociedad, invitando a nuestro lector a reflexionar su propia zombificación. Al final, nos queda la angustia de perder nuestra individualidad en un mundo donde las hordas son importantes para que nuestra voz sea oída pero que también, en masa, consumimos todo lo que podemos sin detenernos a preguntar sobre el otro y el yo.
Filosofía zombi, de Jorge Fernández Gonzalo, Anagrama




En este caso tenemos una entrevista radiofónica para el programa de radio La Cançó de la Fi del Món sobre Filosofía zombi. Cortesía de Joan Ripollès. Empiezo a hablar a partir del minuto y medio:
http://www.ivoox.com/converses-al-llindar-l-apocalipsi-02-filosofia-audios-mp3_rf_1508884_1.html






La página Planetaellas nos deja este artículo sobre el libro:

“Todos somos zombis”, dice Jorge Fernández Gonzalo


losobrenaturalymas
“Los zombis somos nosotros, son lo que no nos gusta de nosotros, pero también lo que podemos llegar a ser”, afirma el joven ensayista español Jorge Fernández Gonzalo, autor del libro Filosofía Zombi, finalista del Premio Anagrama de Ensayo y para quien “las plagas de cadáveres andantes de la ficción nos sirven como metáfora para entender la complejidad de nuestra sociedad posmoderna”.
“Una visión más negativa del zombi viene a decir que hemos perdido las emociones, hemos perdido el contacto humano, cierto apego a lo cotidiano, pero una visión más positiva también nos descubre que tenemos que aprender a vivir en ese contexto de mundo mediatizado, donde la tecnología nos une y nos separa al mismo tiempo”, dice Gonzalo en el marco de Hay Festival, que transcurre en esta ciudad al este de México hasta el próximo 3 de octubre.
“Como zombis mediáticos que somos, unidos a nuestros aparatos tecnológicos, a nuestras prótesis virtuales, tenemos que aprender a manejarnos en ese contexto post apocalíptico”, agrega el ensayista nacido en Madrid en 1982 y quien el jueves mantuvo una conversación sobre el tema con el escritor mexicano Alberto Chimal, ante una sala abarrotada en el Teatro del Estado, con mucha gente que se quedó afuera, sin poder entrar.
El trabajo de Fernández Gonzalo une la filosofía con los zombis, convencido como está de que “el zombi es un personaje muy voluble que da bastante juego. Tiene una progresión histórica interesante y quizás es la única criatura de terror que nació en el cine, sobre todo a través de la producción fílmica de George Romero y no en la literatura”, explica.
“El cine está muy atado a nuestro tiempo. La literatura, si quiere, puede desentenderse del presente, pero las películas siempre van a buscar un público atento y el zombi siempre actúa como una metáfora social, quizá como la pesadilla y ese miedo inconsciente que en cada época tiene una representación específica”.
“Podemos decir entonces que lo que nos da miedo es la masa, el otro; en otros momentos sí que es verdad que lo que nos da miedo es el avance tecnológico o industrial o las catástrofes médicas, ahora ya no tenemos zombis sino infectados”, precisa Fernández Gonzalo.
En su visión, el auge de los zombis no sólo entre las generaciones jóvenes sino también en muchos adultos obedece al hecho de que “muchos de los miedos que no hemos verbalizado o que se han mantenido en la esfera del inconsciente, son construidos por la ficción, que a su vez siempre muestra unas claves interpretativas por donde podemos rastrear lo que más le importa a una sociedad en un determinado momento de su historia”.
“Necesitamos que la ficción construya nuestros miedos porque de ese modo nos libramos de ellos”, concluye el autor, quien ahora se encuentra abocado a la escritura de un libro de ensayos sobre pornografía, que verá la luz el año entrante.






Breve nota sobre el libro desde la página http://agencian22.blogspot.com.es/2012/10/no-hay-zombies-buenos-ni-malos.html
Firma Ana Ramírez.


04 octubre 2012


No hay zombies buenos, ni malos: "Filosofía Zombi"

Por Ana Ramírez
CIUDAD DE MÉXICO, México, (N22).- 

El escritor español Jorge Fernández finalista del  XXXIX Premio Anagrama Ensayo 2011, presenta en su más reciente libro, Filosofía Zombi,una reflexión sobre la sociedad moderna desde un ícono de terror traspasado a una forma lúdica: el zombi.  

Una tesis doctoral sobre lenguas poéticas y la filmografía zombie de George  A. Romero son el eje principal de Filosofía Zombi.  “Cada película de Romero permite un análisis de filosofía. Un proceso de filosofía que al final es creativo, un punto para entender a la sociedad.”

Dentro del escrito, Jorge Fernández hace un análisis relativo del lenguaje y de la sociedad actual  desde las películas de Romero, su postura y análisis se comparten con la del cineasta  en donde “el zombi se utiliza como instrumento para articular una crítica social, un análisis de los conflictos humanos, que no con mucho esfuerzo, puede asociarse con momentos históricos determinados, situaciones comúnmente aceptadas, y no por ello menos enfermas, como pueden ser el consumismo exacerbado y la información sensacionalista.” 

El capitalismo y consumismo en la que nos encontramos inmersos, “una humanidad que se quiebra, una crisis humana”, todo  esto dividido en un formato de escenas eliminadas y créditos finales, un libro escrito a forma de película. Al final  todo esto lleva al lector a un laberinto de espejos donde el reflejo es el de él mismo.

En la Filosofía zombi no hay zombies buenos ni malos. Para Jorge Fernández Gonzalo su postura no sólo se queda en la parte negativa en que la orda zombie es el reflejo de una sociedad de consumo. La orda zombie, asegura el escritor, se encuentra en una etapa de tecno-afectividad, una palabra que ha surgido a raíz de entrevistas y presentaciones, en donde la sociedad tecno-afectiva aprende a gestionar sus emociones y a vivir como zombies por medio de las herramientas de la tecnología, un ejemplo de ello es las redes sociales. 

“Una nueva orda zombie, una organización horizontal donde no hay una gestión del poder, una construcción no subjetiva, si no una comunidad", concluyó el escritor. 




Emiliano Aldegani firma esta reseña desde la página Prometeica. Dejo el enlace:
http://www.prometeica.com.ar/pmt6/pmt6-aldegani.pdf






Desde México, en el periódico El Universal, este texto. Tuve la suerte de poder ver allí la noticia.
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/69956.html


“Filosofía zombi”, un llamado a mirarse en las hordas vivientes

En su ensayo, Jorge Fernández Gonzalo hace un análisis de estos seres y la zombificación; plantea un paralelismo con las movilizaciones sociales que hay en el mundo contemporáneo

ESTANCIA EN MÉXICO. Luego de su presentación en el Distrito Federal, el filólogo español participará en el Hay Festival Xalapa. (Foto: REBECA ARGUMENDO EL UNIVERSAL)
Miércoles 03 de octubre de 2012Yanet Aguilar Sosa | El Universal
Comenta la Nota

El atrevimiento de Jorge Fernández Gonzalo de combinar el mundo zombi con las ideas filosóficas sobre posmodernidad e hiperconsumismo de distintos pensadores, dio por resultado una propuesta original que rebasa la pura iconografía de los muertos vivientes y plantea una reflexión sobre la actual sociedad tecnificada en la que vivimos. Esa “loca idea” dio lugar a un análisis sobre las sociedades de control y las tecnologías de mediación del mundo contemporáneo.
Al menos ese es el espíritu de Filosofía zombi, obra finalista del Premio Anagrama de Ensayo y sobre la cual Fernández Gonzalo habla con EL UNIVERSAL. El doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid asegura que su propuesta era llevar la iconografía zombi más allá de la pura idea de que son no muertos y seres putrefactos, lo que quería era darle a la sociedad un espejo donde pudiera mirarse con base en lecturas, ideas filosóficas y autores.
“Me pareció una idea interesante combinar el mundo de los zombis con sus iconos putrefactos y su mundo de violencia, con un pensamiento de la posmodernidad, con autores como Foucault, Blanchot, Deleuze y Basho, que proponían hace unos años unos nuevos cambios. Me interesaba combinar esos dos ámbitos para ver qué salía. Lo que salió fue un ensayo que pone al género humano a verse en esos hambrientos caminantes en estado de descomposición en un mundo capitalista, consumista y mediático.
Lo sabe el estudioso que ha publicado una treintena de trabajos sobre poesía, filosofía y pensamiento.
“Sobre todo he querido trazar el itinerario para descifrar las claves de nuestro tiempo: la posmodernidad. Sé que esa palabra no le gusta a todos y que para cada uno va a significar una idea distinta, pero realmente lo que me importaba era entender la pluralidad de nuestro tiempo a través de ese pequeño icono que cada vez ocupa más espacio mediático en nuestra vida que es el zombi”.
La postura desde la que Jorge Fernández aborda el fenómeno de los muertos vivientes es diversa y múltiple, lo hace de manera inevitable desde la cultura popular, las decenas de películas que los no muertos han protagonizado, las series de televisión, los videojuegos y los libros.
En medio de todo ese material que suele mostrar el lado más terrorífico y destructivo de los zombis, el filólogo español encontró el gran filón positivo que lo lleva a decir que: “en cierto modo todos somos zombis”.
Para Fernández Gonzalo el zombi ya no es sólo esa figura negativa de una persona atrapada ante la publicidad que transmite el televisor, sino también es un individuo que empieza a producir y a crear relaciones afectivas a través de los medios de comunicación, de Facebook, WhatsApp.
“El zombi es un nuevo modelo de sujeto que se construye en el otro, incluso a través de la tecnología, me interesaba no sólo criticar la zombificación sino aprender a vivir en este contexto y dar una idea amplia del fenómeno, que no se limitara solo a una crítica sino a una búsqueda de alternativas, de vías, de posiciones distintas”, señala el investigador nacido en Madrid, en 1982.
Lo positivo del no muerto
La mayor virtud del zombi, la que encontró Fernández Gonzalo, es su versatilidad y su poder de simbolizar no sólo lo negativo de la vida contemporánea actual, sino también la posibilidad de integración. “Los zombis son unos seres que no son sociales en el sentido que no se comunican ni tienen afectos entre ellos, pero si pueden llegar a tener posicionamientos comunes, pueden formar hordas”.
Su libro es una reflexión acerca de la unión entre seres que no forman una comunidad, de seres que como los zombis se unen buscando un fin común. Los ejemplos, dice Jorge González, sobran, ahí están las movilizaciones en todo el mundo, en México, en España, en los países árabes donde incluso no había una cultura de manifestación ni de oposición ante el sistema o ante ciertas líneas del sistema.
“En cierto modo la versatilidad del zombi es lo que lo auna con nuestro tiempo y en esa línea quería trabajar lo, no sólo para criticar y denostar lo que se suele decir del género humano, sino mostrar que estamos construyendo nuevas vías. Muchos critican el anonimato de nuestra sociedad y justamente vemos que aparece un fenómeno cultural e internacional que es anónimo, en el que el anonimato se convierte en un arma, en una máquina de guerra contra los aparatos de control”, agrega.
En ese sentido, Jorge Fernández es optimista y celebra la zombificación de la sociedad y la movilización de las masas. Cita a Michel Foucault cuando éste dice: “el poder siempre crea la resistencia”, entonces él agrega que la sociedad zombificada siempre está creando nuevos espectadores que están alerta, que interactuan con el mundo mediático. “Ya no sólo somos sujetos sujetos a la información y al poder sino que comunitariamente podemos hacer creaciones comunes y abrir nuevas alternativas”.
Una cosa que queda clara en Filosofía zombi, que se presenta hoy, a las 19 horas, en el Ateneo Español (Hamburgo 6. Esq. Berlín. Col. Juárez), es que una sociedad zombificada está muy activa, se enfrenta a los aparatos de control y lo hace, dice Fernández, sin líderes. “Aquí no hay un líder de la horda, todos están trabajando por un modelo y un interés común”.




La revista Haciendo Cine colgaba esta reseña algún tiempo después de haber salido en papel:
http://www.haciendocine.com.ar/content/muertos-vivos-pensantes


Muertos, vivos, pensantes

Manual filosófico para salvarse de la zombificación posmoderna. El libro Filosofía zombi es un llamado a la emancipación sustentada en la imaginería pop de los muertos vivientes.

Reseña publicada en la edición impresa del número de septiembre de 2011.

Pasaron más de cuarenta años –es decir, después de La noche de los muertos vivientes (1968)- y desde entonces sabemos que los zombis son nuestro espejo; ese en el cual no queremos vernos reflejados. Pedagógico y político hasta el empacho, el subgénero de los muertos que caminan funcionó históricamente para activar los mecanismos de un imaginario que percibe la otredad como amenaza latente. Muchas de estas enseñanzas las conocemos por medio de George Romero, quien cambió la ecuación (la del retrato del zombi tomado de los trances vudú) usando a los muertos vivos como telón de fondo para mostrar que el peligro es la alteridad más cercana, el ser humano en su más pura cotidianeidad. Y no es casualidad que ese mismo director sea la figura medular que atraviesa el libroFilosofía zombi de Jorge Fernández Gonzalo de principio a fin. En este compendio de ensayos sesudos -que fue finalista del Premio Anagrama de Ensayos- Lipovetsky, Foucault, Debord y Deleuze son convocados para elaborar un mapa crítico de las sociedades contemporáneas a través de la filmografía de Romero y de series televisivas como The Walking Dead. Cada film del realizador de La Nochede los muertos vivos se asume como el eje organizador de cada capítulo y sirve como punta de lanza desde el cual avanzar sobre diversos temas: el consumo y el flujo financiero como organizador de las lógicas del deseo articulada con El amanecer de los muertos(1978), la dimensión animal y la deshumanización explotada en El día de los muertos (1985), la experiencia de las realidades virtuales y el avance de los mass-media que se desprende del visionado de El diario de los muertos (2007).
Se trata aquí de acuñar un concepto-zombi para rastrear las resonancias políticas y sociales propagadas por la máquina cinematográfica. Estamos, entonces, ante un trabajo exhaustivo que se propone develar las perversiones del mundo en el que estamos insertos, pero que corre el riesgo de reducir al género mismo a la potencialidad de una simple metáfora, al análisis de lo que estos films tienen sólo en su densidad alegórica. Lo aclara honestamente el propio autor en la introducción: “las páginas que leerán a continuación no pretenden abordar de manera sistemática el fenómeno histórico-cultural del zombi en su implicación con el cine y otras artes”, porque se trata en cambio de vehiculizar concretamente un corpus teórico y fílmico hacia “los desequilibrios financieros, modelos de pensamiento afianzados por el poder y consolidados en la puesta en práctica de la maquinaria capitalista“ a la que estas filmografías hacen alusión. Más que en su ensayística cinematográfica, valga al lector considerar al ensayo de Fernández Gonzalo en su gesto político manifiesto. Después de todo -muy distinto a las mordidas seductoras y los regodeos histéricos de los vampiros- el zombi va directo hacia lo concreto: las vísceras y el tan mentado “cerebro”. Y si esto es así, en su poder de significación política también se encabalga hacia la explicitación, hacia lo evidente.





Desde el Blog de Javier Moreno una reseña del libro. Aunque cuelgo su texto, espero que también entréis en él (en el blog, no en Javi), si bien por el título me imagino que más de uno ya habrá clickeado en la página:
http://misayputas.blogspot.com.es/2012/05/filosofia-zombi-jorge-fernandez-gonzalo.html



VIERNES, 4 DE MAYO DE 2012


Filosofía Zombi, Jorge Fernandez Gonzalo, 2011




El nombre de la obra puede sonar a broma. Podría hasta resultar goloso en una tienda friki a rebosar de merchandising. Pero lo cierto es que Filosofía zombi (Anagrama, 2011) de Jorge Fernandez Gonzalo encierra algo más que el frikismo por el frikismo propio de la pasión hacia el mundo zombi que ahora está tan de moda. Sin dejar de ser un ensayo filosófico influenciado por figuras de la filosofía postmoderna como Foucault o Derrida, Filosofía zombilogra cruzar con gran agudeza corrientes filosóficas y consideraciones sociológicas de gran actualidad con producciones zombis de todo género (peliculas, videojuegos, comics, novelas...) sin romper el atractivo morboso y la frescura del zombi por un lado, ni la seriedad de un ensayo de buena factura por otro.

"Ellos son nosotros y nosotros somos ellos". La lapidaria frase que Barbara espeta al ver a los hombres del campamento en el remake de La noche de los muertos vivientes (1990) podría resultar una buena síntesis. En el ensayo, el zombi queda habilitado como concepto para describir las actuales estrategias de control de masas propias de nuestras sociedades mediatizadas, dar cuenta de las tambaleantes relaciones twitter-facebook, establecer relaciones entre la masa ciudadana y la horda zombi y en suma, ser el hilo conductor de una ontología de la actualidad desde el prisma de nuestro familiar y a la vez turbador zombi.

Como aperitivo, os dejo un fragmento (o mejor un "miembro" o un "despojo") del libro:

"El zombi, por tanto, nos ofrece una no-humanidad cuyo deseo es incapaz de construirse en el otro. Es un ser enteramente asocial: su única esperanza consiste en procurarse alimento, y no parará hasta conseguirlo. El apetito zombi no deja de ser metáfora de los instintos humanos, deseo sin reservas, sin el código o la castración como tope para reprimirlo. Deseo y al mismo tiempo miedo al deseo, miedo a desear y a que el deseo, el apetito, sea mayor que la humanidad, que la cultura y las construcciones culturales que hemos interpuesto entre nosotros y las cosas. Por ello, en las producciones sobre zombis el zombi no desea nada (salvo la expansión y la saciedad, pero eso ya son cosas del instinto), frente a los hombres, que desean demasiado, que se traicionan, que se engañan, se asesinan o se violan, por lo que, finalmente, el zombi cuestionaría desde su mutismo impertérrito la falsedad del hombre, su doble moral, sus constantes traiciones mediante las cuales pretende satisfacer sus deseos, sus ansias de poder".































































En este enlace aparece una mínima referencia a Filosofía zombi:
http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/L/la_infecciosa_resurreccion__de_los_muertos_vivientes/la_infecciosa_resurreccion__de_los_muertos_vivientes.asp

copio:
"Para Jorge Fernández Gonzalo , finalista del premio Anagrama de ensayo 2011, este aparente renacer de los muertos vivientes se debe a que estos representan bien a la horda moderna; son, de acuerdo con su texto Filosofía zombi, una "metáfora desde donde entender el entorno mediatizado que nos rodea"."

(bueno, algo es algo, ¿no?)




Aquí se cita el libro, aunque hay algunos errores, por ejemplo confundir mi apellido (Gonzalo) por González.
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/03/30/cultura/1333115831.html

"Los zombies son el monstruo moderno. Es un icono de terror mucho mas aceptado por las nuevas generaciones que el hombre lobo, o Drácula", dice Borja Crespo, productor de cine, periodista, editor, escritor y uno de los mayores expertos en el género de terror de España. ¿Pero por qué? Las teorías son diversas, la conclusión una, el zombi se ha convertido en el icono definitivo de nuestra época. Jorge Fernández González (SIC), finalista del último premio Anagrama de ensayo con Filosofía zombi apunta una explicación: "Son una metáfora muy clara de esa falta de otredad en la que vivimos. Cada vez nos cuesta más reconocer al otro y también que nos reconozcan. Está la preocupación por la biogenetica, hasta dónde podemos llegar con el control científico del cuerpo. Yo sitúo el principio del boom con el videojuego Resident Evil y ahí vemos un cambio muy significativo respecto a la tradición. Los zombies no surgen de una maldición o un meteorito como se sugiere en la película original de Romero sino que nacen en un laboratorio con un virus. Los zombies también son un símbolo de la globalización, de nuestro temor a que al final todos seamos iguales y tengamos menos libertad. Finalmente, representan el temor a un mundo en el que el ser humano es el centro de todo y no forma parte de un ecosistema".

(...)

Fernández González (SIC) abunda en la misma idea con otra perspectiva: "Hemos pasado del miedo a lo sobrenatural al miedo a nuestros congéneres. La aventura del zombi nos devuelve a un espacio de intimidad, a diferencia de otras modalidades de terror, nos plantea un conflicto humano e individual. La publicidad masiva y el consumismo descontrolado son criticados por estas producciones al plantear el fin del mundo y, por tanto, de la sociedad del espectáculo y las relaciones tecnológicas".



En este artículo, sobre el miedo, se hace referencia hacia el final a Filosofía zombi. Mola que tu libro aparezca al lado de "Mi siglo", de Badiou, un libro interesante que Zizek cita siempre que puede...
Aquí el enlace:
http://omarardila.blogspot.com.es/2012/03/el-miedo-en-el-espejo-del-siglo-veinte.html






En El Economista, de México (hay que recordar que Anagrama tiene mucha presencia allí), aparece este texto, que me hace especial ilusión por aparecer citado junto a otro autor, Jordi Carrión, autor del excelente Teleshakespeare, como él mismo me decía, hermano de Filosofía zombi, en lo que estoy de acuerdo (sí, algún día los escritores con nombres que empiezan en J dominaremos el mundo... Mua ja ja ja!!!)
http://eleconomista.com.mx/entretenimiento/2012/02/18/zombi-ya-no-lo-que-era


El zombi ya no es lo que era

Credito:
Alejandro Flores / El Economista

Hoy que continúa la segunda temporada de la serie The Walking Dead, después de poco más de dos meses de suspenso, nos interesó preguntar cuál es la razón para que el zombi sea una figura tan recurrente en nuestras narrativas.
El zombi como relato posmoderno no es nuevo. Pero en los últimos años ha sido recurrente, desde las películas de George Romero hasta el cómic de Robert Kirkman y Tony Moore (2003) de donde se basa la teleserie transmitida por canal Fox, hasta las novelas que utilizan el zombi como un falso recurso de remake (la versión zombie de Orgullo y prejuicio) o la celebradísima novela Descansa en paz del sueco John Ajvide Lindqvist (mejor conocido por la novela y película sobre dos vampiros adolescentes Déjame entrar), entre otros miles de ejemplos que van desde la película española Rec, las secuelas de Resident Evil o la película que actualmente filma Brad Pitt.
Algunas narrativas tocan el tema de forma oblicua como la cinta Super 8, donde un grupo de niños elabora un corto de zombis, o en la novela Ánima donde el mexicano Antonio Ortuño quiso burlarse del cine de autor creando una contradicción de sentidos.
Sin embargo, esto obliga al menos una pregunta: ¿de qué nos habla esta recurrencia al zombi? ¿Se trata de una mera moda o hay una serie de símbolos que critican con vehemencia nuestra contemporaneidad?
EL SIGNO EMOTIVO
De acuerdo con el escritor catalán Jorge Carrión, autor de la novela Los muertos y del ensayo Teleshakespeare, la principal aportación de las narrativas teleseriales es “la ausencia de biografía de los personajes: el personaje se construye al tiempo que lo hace la propia trama”, dice en entrevista Jorge Carrión. Con lo cual, se genera un nuevo modelo relacional entre el espectador-lector y los personajes tridimensionales que le presenta su pantalla: el tiempo -como siempre lo ha hecho-, faculta ahora sólo en la ficción nuestra fidelidad, y un giro emotivo. Por eso, a decir de Carrión, somos capaces de sentir una gran empatía por personajes maleantes y fuera de la ley o, en el tema que nos toca, podemos sentirnos plenamente afectados o identificados con un personaje muerto y sin conciencia que se acerca amenazante.
“Las teleseries han conseguido crear un imaginario global compartido, de modo que en diversas capas de interpretación todos podemos entenderlas”, dice el catalán.
Quizá por eso, los cinco últimos minutos de la primera parte de la segunda temporada de The Walkind Dead nos interfieren de un modo radical, llevando al acto de teleficción a grados de profundidad notables, escenas que permanecen y hacen eco como los grandes finales de otras series como Lost o Los Soprano. La potencia poética y la profundidad emotiva de ese momento es innegable. Sobre el zombi, dice una cosa: es parecido a nosotros.
EL MIEDO A LO GLOBAL, A IDENTIFICARNOS
Bajo esta idea, el filósofo madrileño Jorge Fernández Gonzalo, autor del libro Filosofía zombi, finalista del Premio de Ensayo Anagrama 2011, dice: “Los muertos vivientes pertenecen, ya con pleno derecho, a nuestro imaginario mítico y poseen una versatilidad metafórica incuestionable a la hora de definir nuestro tiempo. Por eso he querido dar una imagen entrañable de ellos. Creo que el zombi es una metáfora de muchas de las enfermedades de la sociedad, de ahí que sus representaciones fantasmáticas en las obras de ficción tengan un carácter reparador, reconstituyente”, dijo en entrevista.
Escarbando un poco más, el escritor apunta en el texto: “La invasión zombi no representa tanto el miedo a lo ajeno como un miedo global, miedo a que la humanidad alcance el punto en el que se haga toda ella una y no pueda soportarlo”.
Sobre esta idea, Fernández Gonzalo comenta: “El precio de soportarnos todos pasa por poner en peligro las pluralidades, las maneras independientes de ver a los demás y de vernos a nosotros mismos”.
Por su parte, Carrión dice sobre el zombi: “No hay que subestimar la fuerza de la moda, que es de naturaleza mimética y que no tiene por qué explicarse por factores socio-políticos (por ejemplo, los colores de la ropa de temporada). De modo que quizá, no sea más que eso.
“Pero es tentador ver la crisis económica y cómo ha afectado los valores tradicionales en los relatos de zombis, que plantean un mundo en que hay que reinventar lo que es humano, la moral, el colectivo. En esos mundos, la democracia, por ejemplo, es imposible, como lo es también el capitalismo.
“De modo que se erigen los líderes con más habilidades militares y se imponen el saqueo y el trueque. Por otro lado, me parece que pueden triunfar particularmente en un mundo en que la pantalla ha asumido el porno y el gore como normales”.
aflores@eleconomista.com.mx




































































































No recordaba que Diego Singer me había escrito esta reseña, desde aquí le doy las gracias si en su momento no se las di (soy Despite-man).

puede verse en la página http://www.estonoesunarevista.com.ar/nro018/escritos.html#escritos02

Filosofía Zombi | Jorge Fernández Gonzalo
por Diego Singer

Si hay un monstruo que se ha hecho del monopolio del capital sanguíneo, es sin dudas el vampiro. Su alimentación basada exclusivamente en la sangre humana le permite erigirse en un degustador privilegiado, casi en un sommelier. Por lo demás, su figura excéntrica, su mirada seductora y su porte aristocrático, terminan de configurar –a pesar de la animalidad vampírica– una estampa de élite y refinada bestialidad.
Sin embargo la sangre no se trasvasa siempre de forma tan certera, tan límpida y elegante. El vampiro está obsesionado con la pureza de la sangre, quiere sorber hasta la última gota, por eso realiza prácticamente una transfusión. Pero todos sabemos, los que somos carnívoros, que la sangre chorrea y salpica, aun cuando no sea el plato principal del que nos alimentamos. En la escuela nos enseñaron sobre sistemas circulatorios abiertos y cerrados, pero todo estalla, mancha y gotea cuando desgarramos la carne y hendimos la fragilidad de la piel. Y es la figura monstruosa de los zombis la que sabe de desgarros de la carne humana viva, de jirones sanguinolentos y de jugosos cerebros.
Jorge Fernández Gonzalo explora algunas de las características del zombi como concepto filosófico y sociológico en su ensayo titulado Filosofía zombi. Quizás lo más interesante de esta figura –explotada más en la filmografía que en la literatura– es que se presenta como parte de una horda, de un colectivo desmembrado de no-muertos incapaces de articular prácticamente signo alguno. Mientras que el vampiro entra en el orden del deseo y la sensualidad, “la horda no tiene deseo, sólo instintos. Su única necesidad es su propio mantenimiento de vida”. Lo que aterroriza de los zombis no tiene que ver simplemente con el temor a ser comidos por ellos. Se trata de su radical otredad, de su inagotable lentitud maquínica, tal como la podemos apreciar en las películas de George Romero La noche de los muertos vivientes (1968) o El día de los muertos (1985).
De todas maneras, aún más fuerte que el horror que produce la masa informe de cuerpos putrefactos que está a punto de atacarnos y devorarnos, encontramos el reflejo de nuestras pobres vidas alienadas en ellos. Y esto no produce horror, pero sí una desazón que no tiene remedio alguno. En la película La tierra de los muertos (2005) encontramos el siguiente diálogo: “–…hay una gran diferencia entre ellos y nosotros. Están muertos. Es como si fingieran estar vivos. –¿No es lo que hacemos nosotros, fingir que estamos vivos?”. La no-vida de los zombis remeda la no-vida consumista, repetitiva, chata y aburrida de los que supuestamente estamos vivos en el mundo contemporáneo. Por este motivo, a diferencia de las lejanas y misteriosas tierras de Transilvania donde habitan los vampiros, los zombis aparecen en medio de la ciudad, asediando un centro comercial o arruinando unas vacaciones de adolescentes que hacen fiestas en las casas de sus padres. El horror de enfrentar a los zombis es también el de ver nuestra muerte en vida.
La irrupción de los zombis rasga la frágil escena de bienestar en la que pretendemos hallarnos. Y lo hace desde abajo. Para devorarnos. En la tipología de los monstruos políticos realizada por Michel Foucault son los reyes y los nobles quienes violan la ley, la prohibición del incesto, se trata de la monstruosidad sexual del vampiro. Pero es al pueblo zombi, a la horda sin nombre que viene a arrasar con nuestra civilización, a quienes se adjudica la violación de la otra gran prohibición: la antropofagia. Y como cualquier violación, no es un acto limpio. La alimentación monstruosa despedaza vísceras y carne, chorrea sangre con una estética cercana al gore y huele mal. Después de todo, los zombis parecen alimentarse exclusivamente de vivos y nosotros, los que aún estamos vivos, sólo nos alimentamos de cadáveres. Huele muy mal.
Anagrama | 2011










La última reseña de 2011 (las anteriores son de 2012, y creo que un par de ellas de 2013) nos llega desde diario información:
http://www.diarioinformacion.com/arte-letras/2011/12/29/fingir-vivos/1206516.html

Fingir que estamos vivos

 01:43
Jorge Fernández Gonzalo ha escrito Filosofía zombi, basado en la filmografía de George A. Romero.
Jorge Fernández Gonzalo ha escrito Filosofía zombi, basado en la filmografía de George A. Romero.  información

"-Hay una gran diferencia entre ellos y nosotros. Están muertos. Es como si fingieran estar vivos. -¿No es lo que hacemos nosotros, fingir que estamos vivos?" La tierra de los muertos (George A. Romero, 2005)

P0R JUAN NAVARRO DE SAN PÍO Fernández Gonzalo nos propone un inquietante itinerario filosófico por el mundo de los zombis, tomando como hilo conductor la filmografía de George Andrew Romero, desde La noche de los muertos vivientes (1968) a La resistencia de los muertos (2010); aunque también recurre a la música (Thriller de Michael Jackson), el cómic o la TV (The walking dead). El autor del libro traza una distinción entre el vampiro y el zombi: mientras que el primero es esclavo del placer, el muerto viviente se mueve únicamente por el instinto y la necesidad.
La tesis del libro es que el cine zombi expresa simbólicamente el poder devastador del capitalismo y sus desequilibrios ocasionados en la mente y en la sociedad. Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, denominó "bancos zombi" a aquellas entidades financieras que siguen funcionando a pesar de haber quebrado con la esperanza de ser intervenidas en el futuro. El capitalismo, pensado e imaginado desde el zombi, muestra un mundo depredador caracterizado por la esquizofrenia del trabajo y el ocio (el conflicto entre realidad y placer) junto a una alienación creciente en la producción, el consumo y la información. Adictos al trabajo y al capital. Las hordas zombis, que arrasan todo lo que encuentran a su alrededor, tienen su contraplano metafórico en los mercados carroñeros, ávidos de economías debilitadas, la publicidad, los medios de comunicación sensacionalistas o las masas consumistas que asaltan cada fin de semana el supermercado (como en la película El amanecer de los muertos, 1978).
El placer y el temor, según H. P. Lovecraft, surgen ante algo conocido. Los zombis no causan miedo, que siempre es explicable, reducible a un argumento racional. Los zombis provocan terror. Porque, como escribiera Elias Canetti, "nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido". Como la angustia heideggeriana, que no tiene razón de ser, irrumpe como un vértigo existencial ante la nada. El zombi rompe la lógica establecida, "hace estallar el marco de nuestra propia condición identitaria" (ni lo mismo ni lo otro), deshace la dualidad vida-muerte: vive permanentemente su propia muerte. El horror ante el "imposible instante del morir". "Zombi es esa extraña palabra para la que no tiene nexo, identidad, fisonomía, cuerpo. Pensar el zombi es también pensar lo impensable". Una amenaza indecible y reprimida. El zombi alienado es siempre el extranjero, el desconocido, el que viene de fuera. No encarna el racismo o el fanatismo religioso pero recoge los ecos de la pulsión destructora.
El cine acostumbra a ser un muro infranqueable, porque la censura tabica la ficción impidiéndola acceder a la conciencia. "El zombi es el otro que me devuelve mi reflejo". El miedo a mí mismo, a enfrentarse al espejo que nos devuelva una imagen insoportable. Cuando la imagen actúa como espejo, escapando a toda vigilancia, encontramos una angustia difusa que tiende a la negación: en la mayoría de los casos destruimos el espejo y levantamos de nuevo el muro que nos salve del "horror de lo indecible".
Un año antes de la aparición de la primera película de la saga romeriana, Guy Debord, en La sociedad del espectáculo, ya supo advertir los rasgos mutantes de una sociedad entregada a la deriva mercantilista: el espectáculo sería la "inversión concreta de la vida, el movimiento autónomo de lo no-viviente". La idolatría del simulacro, la mirada saturada y el desierto nihilista conforman el nuevo paisaje social y cultural. "La mirada vacía del zombi, sin alma". Mirada fragmentada y dispersa que aspirando a ver todo acaba no viendo nada. "Ver todo y nada, estar ciegos ante lo real y al mismo tiempo construir la realidad". Mirada zombi que devora todo lo visible. "Si no pasa ante la cámara es como si no pasara, ¿verdad?", afirma un personaje de El diario de los muertos (2007), película en la que Romero introduce un rodaje cinematográfico dentro de la trama zombi.
No obstante, el zombi no es sólo expresión metafórica de nuestra condición capitalista y postmoderna. Para Fernández Gonzalo, la imagen del zombi representa también el advenimiento de una muchedumbre airada que busca la caída del sistema, el estallido anarquista y la consiguiente desmembración social. Utopía de una rebelión sin nombre. Si un día las masas hambrientas y olvidadas se levantaran...




Desde la página Rey Sombra, esta reseña:
http://www.reysombra.com/2011/12/20/jorge-fernandez-gonzalo-filosofia-zombi/?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter&utm_campaign=Feed%3A+reysombra+%28Rey+Sombra%29


Jorge Fernández Gonzalo: Filosofía Zombi

20 December, 2011  |  Escrito por   |  Publicado en LIBROS & CÓMICS  |    |  

lt=”" width=”580″ height=”580″ />
Al Doctor Freak, que es el experto oficial de la redacción en literatura zombi, le encantaría encargarse de esta reseña. Pero ahora está con ocupaciones que tienen más que ver con lo de doctor que con lo de freak, tendréis que conformaros con mi punto de vista.
Filosofía Zombi no versa acerca del sesudo mundo interior (es lo que tiene la dieta a basa de cerebros) de los no-muertos aunque ese enfoque no deja de tener su miga. Aquí el zombi no es el fin, sino el medio, una metáfora, un concepto del cual se vale el autor para analizar la sociedad actual tardopostmodernista. Vamos que esto tiene más que ver con sociología que con vísceras.
El libro se estructura a modo de guiño cinematográfico en una especie de DVD con tráiler, ending, escenas eliminadas (fragmentos que no acabaron de encajar en el conjunto), créditos y pistas. Es en estas últimas donde Jorge Fernández se monta toda la película valiéndose como hilo conductor de la filmografía de uno de los maestros del género, George Romero, para desarrollar sus tesis. Aunque estos filmes son los que vehiculan la exposición de las ideas del autor, no son en modo alguno la única referencia manejada. Estas son tan diversas y variopintas que van desde otros clásicos del género pasando por The Walking Deadhasta autores como Lacan, Freud, Deleuze, Guattari, Baudrillard, Foucault, Canetti entre otros.
A lo largo de las siete pistas Fernández nos presenta a los zombis como una entidad carente de subjetividad, todo “ello”, con los que se representa el miedo a lo desconocido, el funcionamiento cosificador de la sociedad de mercado, los efectos del poder, la publicidad en la formación del individuo y las relaciones que establece (o no) con su entorno y sus semejantes. Así mismo alude a el zombi como paradigma del cambio, como su agente, no como aquello que hay que cambiarY ya no se trata de un sustitución, sino de reestructuración. Y para terminar, en un capítulo hilarante, se analiza pormenorizadamente el fenómeno del remake exponiendo algunos ejemplos de literatura “zombi”.
Si alguna pega hay que ponerle al libro sería que en determinadas pistas, especialmente en la III, se apoya demasiado en la teoría psicoanalítica (el freudismo está muy bien como explicación de la psique de Freud, para los demás….) con lo que ciertas extrapolaciones podrían resultar cuestionables. Pero se trata de un detalle menor, que no empaña el disfrute del conjunto.
En resumidas cuentas Jorge Fernández deconstruye nuestra civilización tal y como es ahora para mostrarnos de una manera original y sumamente entretenida lo de podrido que hay en ella. Y cuan poco, pese a las apariencias, nos separa de los zombis
La Ficha Reysombra
Lo mejor: Lo original del planteamiento y de algunas de sus conclusiones
Lo peor: Se apoya demasaido en la teoría freudiana en determinadas pistas
Recomendado para: Fans de lo zombi y de la sociología. No necesariamente ambas al mismo tiempo
El dato: El libro se escribió en aproximadamente un mes y fue finalista del XXXIX Premio Anagrama de Ensayo.


Pues eso es todo, de momento. En breve Anagrama me dirá cuántos ejemplares de Filosofía zombi se han vendido, y si la cifra es bonita, pues a lo mejor hasta comparto la información y todo.
Saludos y gracias por llegar hasta el final de esta página!

No hay comentarios:

Publicar un comentario