martes, 17 de noviembre de 2015

Slavoj Žižek y los ataques de París (2ª parte)

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Traduzco el último artículo que ha publicado Slavoj Žižek sobre los ataques fundamentalistas en París en noviembre de 2015.
(Segunda parte. Puede leerse la primera parte aquí)


Slavoj Žižek: Tras la estela de los ataques de París, la Izquierda debe abrazar sus radicales raíces occidentales


(Continúa)
Violencia ritualizada y fundamentalismo

En esta línea, en su ataque contra mí, Sebastian Schuller plantea la pregunta: "¿Va Zizek a ir ahora contra la PEGIDA (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente)?" 
El blog de Schuller incluso me atribuye una declaración que, por supuesto, yo nunca hice: "Yo no reconozco ninguna clase, sólo a los europeos" Lo que debemos hacer es ir más allá del cliché de los refugiados como proletarios con "nada que perder salvo su cadenas" invadiendo la aburguesada Europa: hay división de clase en Europa, así como en Oriente Medio, y la pregunta clave es cómo estas diferentes dinámicas de clase interactúan.
Esto nos lleva al reproche de que, mientras que yo reclamo una crítica del lado oscuro del derecho islámico, callo en relación al lado oscuro del mundo europeo: "¿Y qué ocurre con las cruces en la escuela? ¿Qué pasa con el impuesto eclesiástico? ¿Qué con las diversas sectas cristianas y sus absurdas ideas morales? ¿Qué pasa con los cristianos que anuncian que los gais se abrasan en el infierno? "Este es un raro reproche: el paralelismo entre el fundamentalismo cristiano y el musulmán es un tema sobreanalizado en nuestros medios de comunicación (al igual que en mis libros).
Sea como fuere, vamos a recordar lo que ocurrió en Rotherham, Inglaterra: al menos 1.400 niños fueron sometidos a una explotación sexual brutal entre 1997 y 2013; niños de tan sólo 11 años fueron violados por varias personas, secuestrados, vendidos en otras ciudades, golpeados e intimidados; "rociados en gasolina y amenazados con ser prendido fuego, amenazados con armas de fuego, obligados a presenciar violentas violaciones y advertidos de que serían los siguientes si le contaban algo a alguien, como el informe oficial decía." Hubo tres investigaciones anteriores a esto que no condujeron a nada. Un equipo de investigación observó el temor entre personal del ayuntamiento a ser etiquetados como "racista" si perseguían el asunto. ¿Por qué? Los autores eran casi exclusivamente miembros de pandillas paquistaníes y sus víctimas (referidos por los autores como "basura blanca") fueron colegialas de raza blanca.
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Las reacciones fueron predecibles. Principalmente a través de la generalización, en la izquierda muchos mecurrieron a todas las estrategias posibles con el fin de difuminar los hechos. Exhibiendo su corrección política en el peor momento, los autores fueron vagamente designados como "asiáticos" en dos artículos de The Guardian. Se produjeron quejas. No se trataba de la etnia y la religión, sino más bien de la dominación del hombre sobre la mujer. ¿Quienes somos nosotros, con nuestro iglesia pedófila y con Jimmy Savile, para adoptar una posición de superioridad moral contra una minoría victimizada? ¿Se puede imaginar una manera más eficaz para abrir el camino a la UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido) y otros populistas anti-inmigrantes que explotan las preocupaciones de la gente común?
Lo que no se reconoce aquí es que esa lucha contra el racismo es en efecto una forma de racismo encubierto, ya que se trata con condescendencia a los paquistaníes, como seres moralmente inferiores que no cumplen con los estándares humanos normales.
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Con el fin de salir de este callejón sin salida, se debe comenzar trazando un paralelismo entre los acontecimientos de Rotherham y la pedofilia en la Iglesia Católica. En ambos casos, se trata de una actividad colectiva organizada, e incluso ritualizada. En el caso de Rotherham, otro paralelismo puede ser incluso más pertinente. Uno de los efectos terribles de la no contemporaneidad de los distintos niveles de la vida social es el aumento de la violencia sistemática contra las mujeres. La violencia que es específica de un determinado contexto social no es una violencia al azar, sino sistemática, que sigue un patrón y transmite un mensaje claro. Aunque estábamos en lo correcto al aterrorizarnos ante las violaciones en grupo en la India, como Arundhati Roy señaló, la causa de la reacción moral unánime fue que los violadores eran pobres y de los estratos más bajos. Sin embargo, el eco mundial de la violencia contra la mujer es sospechosa, por lo que, tal vez, sería conveniente ampliar nuestra percepción e incluir otros fenómenos similares.
Los asesinatos en serie de mujeres en la frontera de Ciudad Juárez no son sólo patologías particulares, sino una actividad ritualizada, parte de la subcultura de las pandillas locales y dirigida contra mujeres jóvenes solteras que trabajan en nuevas fábricas de montaje. Estos asesinatos son casos claros de reacción machista a la nueva clase de mujeres que trabajan de forma independiente: La dislocación social debido a la industrialización y la modernización rápida provoca una reacción brutal en los hombres que sufren este desarrollo como una amenaza. Y la característica crucial en todos estos casos es que el acto criminal violento no es un estallido espontáneo de la energía brutal primitiva que rompe las cadenas de las costumbres civilizadas, sino algo aprendido, impuesto desde el exterior, ritualizado y parte de la sustancia simbólica colectiva de una comunidad. Lo que está reprimida por la "inocente" mirada pública no es la cruel brutalidad del acto, sino precisamente su carácter "cultural" y ritualizado como costumbre simbólica.
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La misma lógica socio-ritual perversa es la que está operando cuando representantes de la Iglesia católica insisten en que estos casos intercontinentales de pedofilia, a pesar de lo deplorables que son, constituyen un problema interno de la Iglesia, para, a continuación, mostrar gran renuencia a colaborar con la policía en su investigación. Los representantes de la Iglesia están, en cierto modo, en lo correcto. La pedofilia de los sacerdotes católicos no es algo que simplemente se refiere a las personas que accidentalmente (léase de forma privada privada) acabaron eligiendo la profesión de sacerdote. Es un fenómeno que preocupa a la Iglesia Católica como institución, y está inscrito en su mismo funcionamiento como institución socio-simbólico. No se refiere al inconsciente "privado" de las personas, sino al "inconsciente" de la propia institución. No es algo que sucede porque la institución tiene que acomodarse a las realidades patológicas de la vida libidinal con el fin de sobrevivir, sino algo que la propia institución necesita para reproducirse. Uno puede imaginar un sacerdote (no pedófilo) "hetero" que, después de años de servicio, se involucra en la pedofilia, porque la lógica misma de la institución le seduce a hacerlo. Tal  inconsciente institucional  designa el contenido reprimido que, precisamente como reprimido, sostiene la institución pública. (En el ejército de Estados Unidos, este contenido reprimido consta de los obscenos rituales sexualizados de las novatadas que ayudan a mantener la solidaridad de grupo.) En otras palabras, no se trata simplemente de que, por razones conformistas, la Iglesia intente silenciar los escándalos pedófilos embarazosos: En su propia defensa, la Iglesia defiende su íntimo secreto obsceno. La identificación de uno mismo con este lado secreto es clave para la identidad misma de un sacerdote cristiano: Si un sacerdote serio (no sólo en un sentido retórico) denuncia estos escándalos se excluye de ese modo a sí mismo de la comunidad eclesiástica. Ya no es "uno de nosotros". Del mismo modo, cuando un habitante del sur de Estados Unidos en la década de los años veinte denunciaba el KKK a la policía se excluía a sí mismo de su comunidad por traicionar su solidaridad fundamental.
Debemos acercarnos a los eventos de Rotherham exactamente de la misma manera, ya que se trata del "inconsciente político" de la juventud musulmana paquistaní. El tipo de violencia en el trabajo no es la violencia caótica sino la violencia ritualizada con contornos ideológicos precisos. Un grupo de jóvenes, que se ve a sí mismo como marginados y subordinados, se vengó de las chicas de clase baja del grupo predominante. Es totalmente legítimo plantear la cuestión de si existen características en su religión y cultura que abren el espacio para la brutalidad contra las mujeres sin culpar al Islam como tal (que no es más misógino que el cristianismo en sí). En muchos países y comunidades islámicas se puede observar consonancia entre la violencia contra la mujer, la subordinación de las mujeres y su exclusión de la vida pública.
Entre muchos grupos y movimientos fundamentalistas la estricta imposición de una diferencia sexual jerárquica ocupa el lugar más alto de su agenda. Pero simplemente debemos aplicar los mismos criterios en ambos lados (fundamentalistas cristianos e islámicos), sin temor de admitir a que nuestra crítica liberal-secular del fundamentalismo esté también manchada de falsedad.
La crítica del fundamentalismo religioso en Europa y los Estados Unidos es un viejo tema con variaciones infinitas. La misma omnipresencia del modo autocomplaciente con el que los intelectuales liberales se burlan de los fundamentalistas encubre el verdadero problema, que es la dimensión oculta de las diferencias de clase. La contrapartida de esta burla es la solidaridad patética con los refugiados y nuestra auto-humillación no menos falsa y patética. La verdadera tarea es construir puentes entre los "nuestros" y "sus" clases trabajadoras. Sin esta unidad (que incluye la crítica y la autocrítica de ambos lados), la propia lucha de clases retrocede a un choque de civilizaciones. Es por eso que otro tabú debe dejarse atrás.
Las preocupaciones y afanes de la llamada gente común afectada por los refugiados son a menudo descartadas como una expresión de prejuicios racistas, si no directamente de neofascismo. ¿Debemos realmente permitir a PEGIDA y compañía constituir la única vía abierta para ellos?
Curiosamente, el mismo motivo subyace a la "radical" crítica de izquierda de Bernie Sanders: lo que molesta a sus críticos es, precisamente, su contacto cercano con los pequeños agricultores y otras personas que trabajan en Vermont, que por lo general dan su apoyo electoral a los conservadores republicanos. Sanders está dispuesto a escuchar sus preocupaciones y cuidados, no despachándoles como basura blanca racista.

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¿De dónde viene la amenaza?
Escuchar las preocupaciones de la gente común, por supuesto, de ninguna manera implica que uno debe aceptar la premisa básica de su postura de que las amenazas a su forma de vida viene de fuera, de los extranjeros, del "otro". La tarea es más bien enseñarles a reconocer su propia responsabilidad respecto a su futuro. Para explicar este punto, vamos a tomar un ejemplo de otra parte del mundo.
La nueva película de Udi Aloni Junction 48  se ocupa de la difícil situación de los jóvenes "palestinos israelíes" (palestinos descendientes de las familias que permanecieron en Israel después de 1949), cuya vida cotidiana implica una continua lucha en dos frentes: contra la opresión del Estado de Israel, así como presiones fundamentalistas desde el interior de su propia comunidad. El papel principal es interpretado por Tamer Nafar, un rapero palestino-israelí conocido por su música, en donde se burla de la tradición de los "crímenes de honor" hacia las niñas palestinas por parte de sus familias palestinas. Algo extraño sucedió a Nafar durante una reciente visita a los Estados Unidos. En la UCLA, después de que Nafar interpretara su canción protesta contra los "crímenes de honor", algunos estudiantes anti-sionistas le reprocharon el haber promovido la visión sionista de los palestinos como primitivos bárbaros. Añadieron que, si hay crímenes de honor, Israel es responsable de los mismos desde que la ocupación israelí mantiene a los palestinos en condiciones primitivas debilitantes. Aquí está la respuesta digna de Nafar: "Cuando me criticas, criticas en inglés a mi propia comunidad para impresionar a sus profesores radicales. Yo canto en árabe para proteger a las mujeres de mi propio barrio".
Un aspecto importante de la posición de Nafar es que no es sólo proteger a las niñas palestinas del terror familiar, sino que que está permitiendo que luchen por sí mismas, que asuman el riesgo. Al final de la película de Aloni, después de que la chica decide actuar en un concierto contraviniendo los deseos de su familia, sus dos hermanos entran en la casa donde vive para llevar a cabo su asesinato por honor.
En la película de Spike Lee sobre Malcolm X hay un detalle maravilloso: Después de que Malcolm X da una charla en una universidad, una estudiante blanca se le acerca y le pregunta qué puede hacer ella para ayudar en la lucha de los negros. Él responde: "Nada." El punto de esta respuesta no es que los blancos deberían simplemente no hacer nada. En cambio, deben primero aceptar que la liberación negra debe ser el trabajo de los negros por sí mismos, no es algo que les es dado a modo de regalo por los buenos liberales blancos. Sólo sobre la base de esta aceptación pueden hacer algo para ayudar a los negros. Ahí reside el acierto de Nafar: los palestinos no necesitan la ayuda paternalista de los liberales occidentales, y menos aún el silencio sobre los "crímenes de honor" como parte del "respeto" de la izquierda occidental a la manera palestina de vida. La imposición de valores occidentales como derechos humanos universales y el respeto a las diferentes culturas, independientemente de los horrores que aparecen a veces en estas culturas, son dos caras de la misma mistificación ideológica.
Con el fin de debilitar realmente la xenofobia patria contra amenazas externas, uno debe rechazar su misma premisa, a saber, que cada grupo étnico tiene su propia adecuada "Nativia." El 7 de septiembre de 2015, Sarah Palin dio una entrevista a la Fox News en el programa Fox y Amigos, presentado por Steve Doocey:
"Me encantan los inmigrantes. Pero al igual que Donald Trump, yo sólo creo que tenemos demasiados en este país. Mexicano-americanos, asiático-americanos, y nativo-americanos están cambiando la mezcla cultural en los Estados Unidos lejos de lo que solía ser en los días de nuestros padres fundadores. Creo que deberíamos ir a algunos de estos grupos y tan sólo pedir educadamente: "¿Te importaría ir a casa? ¿Te importaría devolvernos nuestro país?"
"Sarah, sabes que te adoro," intervino Doocey, "Y creo que eso es una gran idea con respecto a los mexicanos. Pero, ¿a dónde se supone que los nativos americanos deben ir? ¿Ellos realmente no tienen un lugar para empezar de nuevo?".
Sarah respondió: "Bueno, yo creo que deberían volver a Nativia o dondequiera que vengan. La prensa liberal trata a los nativos americanos como si fueran dioses. Como si lo único que tuvieran fuera algún tipo de derecho automático a estar en este país. Pero yo digo que si no pueden aprender a bajar esos caballos y empezar a hablar estadounidense, entonces deben ser enviados a casa también" 
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Por desgracia, inmediatamente nos enteramos de que esta historia demasiado bueno para ser verdad, era un engaño brillantemente realizado por el Daily Currant. Sin embargo, como se suele decir, "Incluso si no es verdad, está bien pensado" En su carácter ridículo, llavaba a cabo la fantasía oculta que sostiene la visión anti-inmigrante: en el caótico mundo global de hoy en día hay un "Nativia" al que adecuadamente pertenecen las personas que nos molestan. Esta visión se realizó en la Sudáfrica del apartheid en forma de territorios bantúes reservados a los habitantes negros. Los blancos sudafricanos crearon en los bantúes la idea de hacerlos independientes, asegurando así que los sudafricanos negros perderían sus derechos de ciudadanía en las áreas controladas por los restantes blancos de Sudáfrica. Aunque los bantúes fueron definidos como los "habitantes originarios" de los pueblos negros de Sudáfrica, diferentes grupos negros fueron asignados a sus países de origen de una manera brutalmente arbitraria. Los bantúes accedieron al 13 por ciento de las tierras del país, cuidadosamente seleccionadas por no contener ninguna reserva de minerales (el resto de recursos importantes del país estaría entonces en manos de la población blanca). La Ley de Tierras Natales de la Ciudadanía Negra  de 1970 designó formalmente a todos los sudafricanos negros como ciudadanos de los países de origen, incluso si vivían en la "Sudáfrica blanca", y cancelaron su ciudadanía sudafricana. Desde el punto de vista del apartheid, esta solución era ideal: los blancos poseían la mayor parte de la tierra, mientras que los negros fueron proclamados extranjeros en su propio país y tratados como trabajadores invitados que podrían, en cualquier momento, ser deportados de regreso a su "patria". Lo que debe llamar nuestra atención es la naturaleza artificial de todo este proceso. Varios grupos negros fueron de repente informados de que una parte poco atractiva y estéril de la tierra era su "verdadero hogar". Y hoy en día, incluso si un Estado palestino fuera a surgir en Cisjordania, no sería precisamente sino un mero Bantustán, cuya formal de "independencia" serviría al propósito de liberar al gobierno de Israel de cualquier responsabilidad por el bienestar de las personas que viven allí.
Pero hay que añadir que esta idea de que la defensa por parte del multiculturalista o del anti-colonialista de las diferentes "formas de vida" es también falsa. Tales defensas cubren los antagonismos inherentes a cada una de estas formas particulares de vida al justificar actos de brutalidad, sexismo y racismo como expresiones de una forma particular de vida que no tenemos derecho a medir con las formas extranjeras (es decir, con los valores occidentales). El discurso del presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, en la asamblea general de la ONU es una típica defensa anticolonialista utiliada como justificación para una brutal homofobia:
El respeto y la defensa de los derechos humanos es obligación de todos los estados, y está escrito en la Carta de las Naciones Unidas. En ninguna parte de la carta se deroga el derecho de unos a juzgar sobre otros, en el cumplimiento de esta obligación universal. En ese sentido, rechazamos la politización de este tema tan importante y la aplicación de un doble rasero para victimizar a los que se atreven a pensar y a actuar independientemente de los autodenominados políticos de nuestro tiempo. Estamos rechazando igualmente los intentos de prescribir "nuevos derechos" que son contrarios a nuestros valores, normas, tradiciones y creencias. ¡No somos gais! La Cooperación y el respeto por los demás serán avanzar en la causa de los derechos humanos en todo el mundo. Confrontación, difamación, y dobles raseros, no.
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¿Qué quiere decir la enfática afirmación de Mugabe "¡No somos gais!" con respecto al hecho de que, por cierto, no son muchos los gais en Zimbabue? Esto significa, por supuesto, que los gais son reducidos a una minoría oprimida cuyos actos son a menudo criminalizados directamente. Pero puede entenderse la lógica subyacente: el movimiento gay es percibido como el impacto cultural de la globalización, o dicho de otro modo, la globalización socava las formas sociales y culturales tradicionales, por lo que la lucha contra los gais se muestra como un aspecto de la lucha anticolonial.
¿No es esto lo mismo que ocurre con, digamos, Boko Haram? Para ciertos musulmanes, la liberación de la mujer aparece como la característica más visible del destructivo impacto cultural de la modernización capitalista. Por lo tanto, Boko Haram, que se puede traducir más o menos y de forma descriptiva como "la educación occidental [de las mujeres específicamente] está prohibida", puede percibirse a sí mismo como una vía para combatir el impacto destructivo de la modernización cuando impone la regulación jerárquica entre los dos sexos.
El enigma es el siguiente: ¿por qué los extremistas musulmanes, que, sin duda, fueron expuestos a la explotación, la dominación, y otros aspectos destructivos y humillantes del colonialismo, se dirigen a lo que es (para nosotros, por lo menos) la mejor parte de nuestro legado occidental de igualitarismo y libertades personales? La respuesta obvia podría ser que su objetivo está bien elegido: lo que hace al Occidente liberal tan insoportable es que no sólo practica la explotación y la dominación violenta, sino que, para colmo de males, presentan esta brutal realidad bajo la apariencia de su contrario: libertad, igualdad y democracia.
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La defensa retrógrada de Mugabe de formas particulares de vida encuentra su imagen especular en lo que está haciendo Viktor Orban, el primer ministro de derecha de Hungría. El 3 de septiembre de 2015, se justificó el cierre de la frontera con Serbia como un acto de defensa de la Europa cristiana contra la invasión de los musulmanes. Fue el mismo Orban quien, a su vuelta en julio de 2012, dijo que debe construirse un nuevo sistema económico en Europa Central: "Y esperemos que Dios nos ayude y que no tengamos que inventar un nuevo tipo de sistema político en lugar de la democracia que tenga que ser introducido por el bien de la supervivencia económica. (...) La cooperación es una cuestión de fuerza, no de intención. Quizás hay países en los que las cosas no funcionan de esa manera, por ejemplo, en los países escandinavos, pero un pueblo de harapientos mesoasiáticos como el que tenemos sólo puede unirse por la fuerza ".
La ironía de estas líneas no se le escapó a algunos viejos disidentes húngaros: cuando el ejército soviético se trasladó a Budapest para aplastar la revuelta anticomunista de 1956, el mensaje enviado en varias ocasiones por los asediados líderes húngaros a Occidente fue: "Aquí estamos defendiendo Europa" (contra los comunistas asiáticos, por supuesto). Ahora, tras el derrumbe del comunismo, el gobierno cristiano-conservador dibuja como su principal enemigo a la democracia liberal occidental, consumista y multicultural, por la la Europa occidental se mantiene hoy en pie, y pide un nuevo orden comunitario más orgánico para reemplazar la "turbulenta" democracia liberal de las últimas dos décadas. Orban ya expresó sus simpatías hacia los casos de "capitalismo con valores asiáticos" como la Rusia de Putin, por lo que si la presión europea sobre Orban continúa podemos imaginar fácilmente el mensaje que enviaría hacia el Este: "¡Aquí estamos defendiendo Asia!" (Y, para añadir un giro irónico, hay en nuestros días, desde la perspectiva racista de Europa Occidental, húngaros no descendientes de los primeros hunos medievales Atila es aún hoy un nombre común húngaro).
¿Existe una contradicción entre estos dos Orbans: Orban el amigo de Putin, que se resiente del occidente liberal-democrático, y Orban el defensor de la Europa cristiana? No la hay. Las dos caras de Orban proporcionan la prueba (si fuera necesario) de que la principal amenaza para Europa no es la inmigración musulmana sino sus defensores populistas anti-inmigración.
¿Y qué si Europa debe aceptar la paradoja de que su apertura democrática se basa en la exclusión; en otras palabras, "no hay libertad para los enemigos de la libertad", como Robespierre propuso hace tiempo? En principio, esto es, por supuesto, cierto, pero es aquí donde uno tiene que ser muy específico. En cierto modo, el asesino en masas de Noruega Andres Breivik tenía razón en su elección del destinatario: no atacó a los extranjeros, sino a los que están dentro de su propia comunidad, que eran demasiado tolerantes con los intrusos extranjeros. El problema no es los extranjeros, sino nuestra propia identidad (europea).
Aunque la actual crisis de la Unión Europea se muestra como una crisis económica y financiera, ésta es en su dimensión fundamental es una crisis ideológico-política. El fracaso de los referendos en relación con la constitución de la UE de hace un par de años sirvió como una señal clara de que los votantes perciben la Unión Europea como una unión económica "tecnocrática", carente de visión para movilizar a la gente. Hasta la reciente ola de protestas de Grecia a España, la única ideología capaz de movilizar a la gente ha sido la defensa anti-inmigrante de Europa.
Existe una idea circulando en el subsuelo de la decepcionada izquierda radical que es una reiteración más suave de la predilección por el terrorismo surgida a raíz del movimiento de 1968: la loca idea de que sólo una catástrofe radical (preferiblemente una ecológica) puede despertar a las masas y dar por lo tanto un nuevo impulso a la emancipación radical. La última versión de esta idea se refiere a los refugiados: solamente la afluencia de un enorme número de refugiados (y su decepción, ya que, obviamente, Europa no será capaz de satisfacer sus expectativas) puede revitalizar la izquierda radical europea.
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Encuentro obscena esta línea de pensamiento: a pesar de que tal desarrollo daría con seguridad un inmenso impulso a la brutalidad contra los inmigrantes, el aspecto verdaderamente enloquecido de esta idea es el proyecto de llenar el vacío de los proletarios radicales que faltan mediante la importación del extranjero, por lo que obtendríamos la revolución por medio de un agente revolucionario importado.
Esto, por supuesto, de ninguna manera implica que debemos contentarnos con el reformismo liberal. Muchos liberales de izquierda (como Habermas) que lamentan la disminución continua de la UE parecen idealizar su pasado: La "democrática" UE cuya pérdida lamentan nunca existió. Las políticas recientes de la UE, como las que imponen austeridad en Grecia, son sólo un intento desesperado por crear una Europa apta para el nuevo capitalismo global. La habitual crítica de la Izquierda liberal de la UE básicamente está bien, salvo por suponer un "déficit democrático" revela la misma ingenuidad que los críticos de los países ex-comunistas que, básicamente, los apoyaron, a excepción de la queja sobre la falta de democracia: en ambos casos, el "déficit democrático" es y era una parte necesaria de la estructura global.
Pero en este punto soy aún más un escéptico pesimista. Cuando estaba respondiendo recientemente las preguntas de los lectores del Süddeutsche Zeitung, el principal diario alemán, sobre la crisis de refugiados, la cuestión que atrajo con mucho la mayor atención no concernía precisamente a la democracia, sino a un giro de la derecha populista: cuando Angela Merkel hizo el famoso llamamiento público invitando a cientos de miles de personas a Alemania, ¿cuál era su legitimación democrática? ¿Qué le otorgó el derecho de traer un cambio tan radical a la vida alemana sin consulta democrática? Mi posición aquí, por supuesto, no es apoyar a los populistas anti-inmigrantes, sino señalar claramente los límites de la legitimación democrática. Lo mismo ocurre con los que abogan por la apertura radical de las fronteras: ¿son conscientes de que, dado que nuestras democracias son democracias del Estado-nación, su demanda es igual a una suspensión democráctica (por la imposición de un cambio gigantesco en el status quo de un país sin consulta democrática de su población)? (Su respuesta habría sido, por supuesto, que los refugiados deberían tener el derecho a votar, pero esto es claramente insuficiente, ya que esta es una medida que sólo puede ocurrir después de que los refugiados están integrados en el sistema político de un país). Surge un problema similar con los llamados a la transparencia de las decisiones de la UE: lo que temo es que, ya que en muchos países la mayoría de la población estaba en contra de la reducción de la deuda griega, hacer públicas las negociaciones de la UE haría que los representantes de estos países defendiesen aún más las difíciles medidas contra Grecia.
Nos encontramos aquí con el viejo problema: ¿qué pasa con la democracia cuando la mayoría se inclina a votar por leyes racistas y sexistas? No tengo miedo a la conclusión: las políticas emancipatorias no debe ser impuestas a priori por procedimientos formales democráticos de legitimación. No, la gente a menudo no saben lo que quiere o no quiere lo que sabe, o simplemente quiere algo equivocado. No hay un atajo sencillo aquí.
Definitivamente, vivimos en tiempos interesantes.


Texto original: http://inthesetimes.com/article/18605/breaking-the-taboos-in-the-wake-of-paris-attacks-the-left-must-embrace-its
Traducción: Jorge Fernández Gonzalo
(Puede leerse la primera parte aquí)

6 comentarios:

  1. ¡Muchas gracias por la traducción!

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  2. Muy interesante texto, Gracias por compartir la traducción!

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  3. Muy interesante texto, Gracias por compartir la traducción!

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  4. Gracias por vuestros comentarios de agradecimiento. Saludos!

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  5. Por lejos, el mejor análisis que he leído luego de los ataques en París. Zizek representa uno de esos últimos resabios de una izquierda filósófica y ciertamente crítica.

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