lunes, 16 de noviembre de 2015

Slavoj Žižek y los ataques de París (1ª parte)



Slavoj Žižek: Tras la estela de los ataques de París, la Izquierda debe abrazar sus radicales raíces occidentales


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Traduzco el último artículo que ha publicado Slavoj Žižek sobre los ataques fundamentalistas en París en noviembre de 2015.

(Primera parte; Leer segunda parte, 
aquí)



En el primer semestre de 2015, Europa estaba preocupada por los movimientos de emancipación radical (Syriza y PODEMOS), mientras que en el segundo semestre la atención se centró en el tema "humanitario" de los refugiados. La lucha de clases fue literalmente reprimida y sustituida por el tema liberal-cultural de la tolerancia y la solidaridad. Con los asesinatos terroristas de París el viernes 13 de noviembre, incluso este tema (que todavía se refiere a las grandes cuestiones socioeconómicas) ahora está eclipsado por la simple oposición de todas las fuerzas democráticas atrapadas en una guerra sin cuartel con las fuerzas del terror.

Es fácil imaginar lo que seguirá: búsqueda paranoica de los agentes de ISIS entre los refugiados. (Los Media ya han informado alegremente de que los terroristas entraron en Europa a través de Grecia en calidad de refugiados). Las principales víctimas de los ataques terroristas en París serán los propios refugiados, y los verdaderos ganadores, detrás de los lugares comunes al estilo de Je suis Paris, serán simplemente los partidarios en ambos frentes de la guerra total. Así es como debemos realmente condenar los asesinatos de París: no sólo participando en muestras de solidaridad contra el terrorismo, sino insistiendo en una simple pregunta: cui bono (¿en beneficio de quién?).

No debemos tratar de llevar a cabo una "comprensión más profunda" de los terroristas de ISIS (en el sentido de "sus deplorables actos son sin embargo reacciones a las brutales intervenciones europeas"); deben caracterizarse como lo que son: la contrapartida islamo-fascista de los racistas europeos anti-inmigrantes —ambos son las dos caras de la misma moneda. Vamos a traer de vuelta la lucha de clases —y la única manera de hacerlo es insistir en la solidaridad mundial de los explotados.


El callejón sin salida en que se encuentra el capitalismo global es cada vez más palpable. ¿Cómo salir de él? Fredric Jameson ha propuesto recientemente la militarización mundial de la sociedad como modo de emancipación: los movimientos de base democráticamente motivados están en apariencia condenados al fracaso, así que quizá lo mejor sea romper con el círculo vicioso del capitalismo global a través de la "militarización", lo que significa la suspensión del poder de autorregulación de las economías. Tal vez la crisis en curso de los refugiados en Europa ofrece la oportunidad de probar esta opción.

Cuanto menos, está claro que lo que se necesita para detener el caos es la coordinación y la organización a gran escala, que incluye, pero no se limita a, centros de acogida cerca de los lugares en crisis (Turquía, Líbano, la costa de Libia), el transporte de quienes tienen su entrada concedida a las estaciones europeas de paso, y su redistribución entre los asentamientos potenciales. El ejército es el único agente que puede llevar a cabo una gran tarea de una manera organizada. Afirmar que otorgar un papel a los militares huele a estado de emergencia es redundante. Cuando tienes decenas de miles de personas que pasan por zonas densamente pobladas sin organización alguna, tienes ya un estado de emergencia —y ahora estamos ante un estado de emergencia que cruza Europa. Por lo tanto, es una locura pensar que un proceso de este tipo vaya a relajarse por sí solo. Por lo menos, los refugiados necesitan disposiciones y atención médica.

Tomar el control de la crisis de refugiados significará romper los tabúes de izquierda.

Por ejemplo, el derecho a la "libre circulación" se debe limitar, no por otra razón que por el hecho de que no existe entre los propios refugiados, cuya libertad de movimiento depende ya de su clase. Por tanto, los criterios de aceptación y asentamiento tienen que ser formulados de una forma clara y explícita en cuanto a quiénes y a cuántos aceptar, dónde reubicarlos, etc. La gracia consiste aquí en encontrar el camino intermedio entre respetar los deseos de los refugiados (tener en cuenta sus deseos de trasladarse a países en los que ya tienen parientes, etc.) y las capacidades de los diferentes países.

Otro tabú que debe abordarse concierte a las normas y reglas. Es un hecho que la mayoría de los refugiados proceden de una cultura que es incompatible con las nociones de Europa occidental de los derechos humanos. La tolerancia como solución (el respeto mutuo hacia las sensibilidades de cada uno) obviamente no funciona: a los musulmanes fundamentalistas les resulta imposible soportar nuestras imágenes blasfemas y nuestro humor imprudente, que consideramos una parte de nuestras libertades. A los liberales occidentales, asimismo, les resulta imposible soportar muchas de las prácticas de la cultura musulmana.

En resumen, las cosas estallan cuando los miembros de una comunidad religiosa consideran el modo de vida de otra comunidad como una blasfemia o como algo perjudicial, constituya o no un ataque directo a su religión. Este es el caso de los extremistas musulmanes que atacan a los gais y lesbianas en los Países Bajos y Alemania, y es el caso de los ciudadanos franceses tradicionales que ven a una mujer cubierta con burka como un ataque a su identidad francesa, lo cual es exactamente la causa de que les resulte imposible permanecer en silencio cuando se encuentran entre ellos con una mujer cubierta.

Para frenar esta tendencia, hay que hacer dos cosas. En primer lugar, la formulación de un conjunto mínimo de normas obligatorias para todo el mundo que incluye la libertad religiosa, la protección de la libertad individual frente a la presión del grupo, los derechos de las mujeres, etc., sin temor de que este tipo de normas aparezcan con "eurocéntricas". en segundo lugar, y dentro de estos límites, insistir incondicionalmente en la tolerancia hacia las diferentes formas de vida. Y si las normas y la comunicación no funcionan, entonces el peso de la ley debe ser aplicado en todas sus formas.

Otro tabú que debe ser superado implica a la equiparación de cualquier referencia a la herencia emancipatoria europea con el imperialismo cultural y el racismo. A pesar de la responsabilidad (parcial) de Europa por la situación de los refugiados que están huyendo, ha llegado la hora de dejar atrás los mantras izquierdistas que critican el eurocentrismo.

Las lecciones del mundo "post 11-S" son que el sueño de Francis Fukuyama de la democracia liberal mundial llega a su fin y que, a nivel de la economía mundial, el capitalismo corporativo ha triunfado en todo el mundo. De hecho, los países del Tercer Mundo que abrazan este orden mundial son los que ahora crecen a un ritmo espectacular. La máscara de la diversidad cultural se sustenta por el universalismo real del capital global; aún más si el suplemento político del capitalismo global se basa en los llamados "valores asiáticos".

El capitalismo global no tiene ningún problema en acomodarse a una pluralidad de religiones locales, culturas y tradiciones. Así pues, la ironía del anti-eurocentrismo es que, en nombre de la lucha contra el colonialismo, uno critica a Occidente en el momento histórico en el que el capitalismo global ya no necesita los valores culturales occidentales para funcionar correctamente. En resumen, se tiende a rechazar los valores culturales occidentales en el mismo momento en que, reinterpretados críticamente, muchos de esos valores (igualitarismo, los derechos fundamentales, la libertad de la prensa, el Estado de bienestar, etc.) pueden servir como un arma contra la globalización capitalista. ¿Acaso ya olvidamos que toda la idea de la emancipación comunista según lo previsto por Marx posee un trasfondo "eurocéntrico"?


El siguiente tabú que vale la pena dejar atrás es que cualquier crítica del derecho islámico es un ejemplo de "islamofobia". Basta ya de este miedo patológico de muchos izquierdistas liberales occidentales por ser considerado culpable de islamofobia. Por ejemplo, Salman Rushdie fue denunciado por provocar innecesariamente a los musulmanes y por ser, por tanto (en parte, por lo menos), responsable de la fatwa, condenándolo a muerte. El resultado de tal postura es lo que uno puede esperar en estos casos: cuanto más se regocijan en su culpabilidad los liberales izquierdistas occidentales, más son acusados por los fundamentalistas musulmanes de ser unos hipócritas que tratan de ocultar su odio hacia el Islam.

Este estado de cosas reproduce perfectamente la paradoja del superyó: cuanto más obedeces lo que la agencia pseudo-moral del sádico y primitivo superyó te exige, más culpable eres de masoquismo moral y de identificarte con el agresor. De este modo, es como si cuanto más tolerases el fundamentalismo islámico, más fuerte fuera su presión sobre ti.

Y uno puede estar seguro de que lo mismo vale para la afluencia de inmigrantes: cuanto más abierta a ellos esté la Europa occidental, mayor será su sentimiento de culpa por no haber aceptado aún más de ellos. Nunca habrá suficiente. Y con los que están aquí, cuanta más tolerancia muestre uno hacia su forma de vida, más culpable se sentirá por no haber sido lo suficientemente tolerante.

La economía política de los refugiados: el capitalismo global y la intervención militar

Como estrategia a largo plazo, debemos centrarnos en lo que uno no puede dejar de llamar "la economía política de los refugiados", que significa centrarse en las causas últimas que subyacen a la dinámica del capitalismo global y las intervenciones militares. El desorden presente debe ser entendido como el verdadero rostro del Nuevo Orden Mundial. Consideremos la crisis alimentaria que azota ahora el mundo "en vías de desarrollo". Nada menos que Bill Clinton dejó claro en sus comentarios durante una reunión de la ONU en 2008 con motivo del Día Mundial de la Alimentación, que la crisis alimentaria en muchos países del Tercer Mundo no se puede achacar a los sospechosos habituales, como la corrupción, la ineficiencia y el intervencionismo de estado: la crisis es directamente dependiente de la globalización de la agricultura. La esencia del discurso de Clinton fue que la crisis alimentaria mundial de hoy muestra cómo "todos la pifiaron, incluyéndome a mí cuando yo era presidente", mediante el tratamiento de los cultivos alimenticios como mercancía y no como un derecho fundamental de los pobres del mundo.

Clinton fue muy claro al situar la culpa no en los estados individuales o gobiernos, sino en los Estados Unidos y las políticas globales a largo plazo de la UE llevadas a cabo durante décadas por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones económicas internacionales. Tales políticas presionaron a los países africanos y asiáticos para disminuir los subsidios gubernamentales en fertilizantes, semillas mejoradas y otros insumos agrícolas. Esto permitió que la tierra de mayor calidad se utilizará para los cultivos de exportación, lo que efectivamente comprometió la autosuficiencia de los países. La integración de la agricultura local en la economía mundial fue el resultado de tales "ajustes estructurales", y el efecto fue devastador. Los agricultores fueron expulsados de sus tierras y empujados a tugurios equipados para la explotación laboral, mientras que los países tenían que depender cada vez más de los alimentos importados. De esta manera, se mantuvieron en una dependencia poscolonial y se hicieron cada vez más vulnerables a las fluctuaciones del mercado. Por ejemplo, los precios del grano se dispararon el año pasado en países como Haití y Etiopía, los cuales exportan cultivos para los biocombustibles y, en consecuencia, matan de hambre a su población.

Para abordar estos problemas adecuadamente, habría que inventar nuevas formas de acción colectiva a gran escala; ni la intervención estatal habitual ni la muy elogiada auto-organización local pueden hacer el trabajo. Si no se resuelve el problema, debe considerarse seriamente la posibilidad de que nos estemos acercando a una nueva era del apartheid en la que partes aisladas y con abundancia de recursos serán separadas de las zonas en permanente estado de guerra y de hambruna. ¿Qué deben hacer las personas en Haití y otros lugares con escasez de alimentos? ¿Es que no tienen pleno derecho a rebelarse violentamente? ¿O a convertirse en refugiados? A pesar de todas las críticas de la economía neo-colonialista, todavía no somos plenamente conscientes de los efectos devastadores del mercado mundial en muchas economías locales.

En cuanto a las intervenciones militares abiertas (y no tan abiertas), los resultados han sido referidos con suficiente frecuencia: Estados fallidos. No hay refugiados sin ISIS y ningún ISIS sin la ocupación estadounidense de Irak, etc. En una sombría profecía realizada antes de su muerte, el coronel Muammar Gaddafi dijo: "Ahora escuchen, gente de la OTAN. Ustedes están bombardeando un muro, que se situó en el camino de la migración africana a Europa y en el camino de los terroristas de Al Qaeda. Este muro fue Libia. Estáis rompiéndolo. Sois idiotas, y vais a arder en el infierno para miles de inmigrantes procedentes de África". ¿No estaba declarando lo obvio?

La historia de Rusia, que básicamente elabora Gadafi, tiene su parte de verdad, a pesar del obvio sabor a pasta a la puttanesca. Boris Dolgov, de la Fundación de Cultura Estratégica con sede en Moscú, dijo a la TASS (agencia de noticias soviética):

Que la crisis de los refugiados es un resultado de las políticas de los Estados Unidos de Europa es evidente a simple vista. (...) La destrucción de Irak, la destrucción de Libia y los intentos de derrocar a Bashar Assad en Siria a manos de islamistas radicales —de esto es de lo que tratan las políticas de la UE y los Estados Unidos, y los cientos de miles de refugiados son el resultado de esa política.

Del mismo modo, Irina Zvyagelskaya, del departamento de estudios orientales del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, dijo a la TASS:

La guerra civil en Siria y las tensiones en Irak y Libia siguen alimentando el flujo de migrantes, pero esa no es la única causa. Estoy de acuerdo con aquellos que ven los acontecimientos actuales como una tendencia hacia otra reasentamiento masivo de los pueblos, que dejan a los países más débiles con economías ineficaces. Hay problemas sistémicos que obligan a las personas a abandonar sus casas y a lanzarse a la carretera. Y la legislación europea liberal permite a muchos de ellos no sólo quedarse en Europa, sino también vivir allí de beneficios sociales sin buscar empleo.

Y Yevgeny Grishkovets, el autor, dramaturgo y director de escena rusa, escribiendo en su blog, concluye que:

Estas personas están agotadas, enojadas y humilladas. No tienen ni idea de los valores europeos, estilos de vida, tradiciones, el multiculturalismo o la tolerancia. Ellos nunca estuvieron de acuerdo con las leyes europeas. (...) Nunca se sentirán agradecidos hacia las personas cuyos países se las han arreglado para introducirles en este tipo de problemas, ya que los mismos estados convirtieron antes sus propios países de origen en un baño de sangre. (...) Angela Merkel promete que la sociedad alemana moderna y Europa está preparada para los problemas. (...) ¡Eso es una mentira y una tontería!

No obstante, aunque en general hay algo de verdad en todo esto, no se debe saltar de esta generalidad al hecho empírico de los refugiados que desembarcan en Europa y aceptar simplemente toda la responsabilidad. La responsabilidad es compartida. En primer lugar, Turquía está jugando un juego político bien planificado (luchando oficialmente contra ISIS, pero bombardeando a los kurdos, quienes están realmente luchando contra ISIS). Luego tenemos la división de clases en el propio mundo árabe (los ultra-ricos de Arabia Saudita, Kuwait, Qatar y Emiratos casi no aceptan refugiados). ¿Y qué pasa con Irak, con sus decenas de miles de millones de las reservas de petróleo? ¿Cómo, fuera de todo este embrollo, emerge un flujo de refugiados?

Lo que sí sabemos es que una compleja economía de transporte de refugiados está haciendo millones y millones de dólares en ganancias. ¿Quién está financiándola y racionalizándola? ¿Dónde están los servicios de inteligencia europeos? ¿Están explorando este submundo oscuro? El hecho de que los refugiados se encuentren en una situación desesperada de ninguna manera excluye el hecho de que su flujo hacia Europa es parte de un proyecto bien planificado.

Claro, Noruega existe

Permítanme dirigirme a mis llamados críticos de izquierda que encuentran problemática mi ruptura con los mencionados tabúes en artículos publicados en el London Review of Books y en In These Times. Nick Riemer, escribiendo en Jacobin, condena el "sinsentido reaccionario" que yo estoy "promoviendo": 

Debería ser obvio para Zizek que Occidente no puede intervenir militarmente en una forma que evite las "trampas neocoloniales del pasado reciente." Los refugiados, por su parte, no son caminantes en territorio de otra persona, dados sólo al sufrimiento y, como tales, objetos de "hospitalidad". Independientemente de las costumbres que traen consigo, deberían disfrutar de los mismos derechos que los miembros de las diversas comunidades que conforman Europa —un pluralismo totalmente ignorado en la asombrosa referencia de Zizek a un único "occidental modo de vida europeo ".

La afirmación que subyace a este punto de vista es mucho más fuerte que la de Alain Badiou qui est ici est d'ici (los que están aquí son de aquí); es más algo así como qui veut venir ici est d'ici (los que quieren venir aquí son de aquí). Pero incluso si lo aceptamos, es Riemer quien ignora completamente los matices de mi observación: por supuesto "que deberían disfrutar de los mismos derechos que los miembros de las diversas comunidades que conforman Europa", pero ¿qué son exactamente esos "mismos derechos" que los refugiados deberán disfrutar?

Mientras Europa está ahora luchando de lleno por los derechos de los gais y de la mujer (el derecho al aborto, los derechos de las parejas casadas del mismo sexo, etc.), ¿deben estos derechos extenderse también a los gais y a las mujeres entre los refugiados, incluso si están en conflicto con "las costumbres que traen consigo" (ya que a menudo es obviamente así)? Y este aspecto debería en modo alguno ser descartado como marginal: de Boko Haram a Robert Mugabe y a Vladimir Putin, la crítica anti-colonialista de Occidente aparece cada vez más como el rechazo de la confusión occidental "sexual" y como la demanda de volver a la jerarquía sexual tradicional.

Soy, por supuesto, muy consciente de cómo la exportación inmediata del feminismo occidental y de los derechos humanos individuales puede servir como una herramienta ideológica y económica del neocolonialismo (todos recordamos cómo algunas feministas estadounidenses apoyaron la intervención de los Estados Unidos en Irak como una forma de liberar a las mujeres, cuando el resultado es exactamente el opuesto). Pero estoy totalmente en desacuerdo con extraer de aquí la conclusión de que la izquierda occidental debe llevar a cabo un "compromiso estratégico", mientras tolero en silencio "costumbres" humillantes hacia las mujeres y los gais en nombre de la "principal" lucha antiimperialista.

Junto con Jürgen Habermas y Peter Singer, Reimer me acusa luego de apoyar "una visión elitista de la política —la clase política ilustrada frente a una población racista e ignorante." Cuando leí esto, de nuevo, ¡no podía creer lo que veía! ¡Como si no hubiera escrito páginas y páginas para criticar a la elite política liberal precisamente europea! En cuanto a la "población racista e ignorante", tropezamos aquí sobre otro tabú izquierdista: sí, por desgracia, gran parte de la clase obrera en Europa es racista y anti-inmigrante, un hecho que de ninguna manera debe ser despachado como resultado de la manipulación de una clase de trabajo esencialmente "progresista".

La crítica final de Riemer es: "la fantasía de Zizek de que los refugiados representan una amenaza para la 'forma de vida' 'occidental' que puede ser remediada por mejores formas de "intervención" militar y económica en el extranjero es la ilustración más clara de cómo las categorías en las que el análisis es realizado puede abrir la puerta a la reacción". En cuanto al peligro de las intervenciones militares, soy muy consciente de ello, y también considero casi imposible una intervención justificada. Pero cuando hablo de la necesidad del cambio económico radical no pretendo por supuesto algún tipo de "intervención económica" en paralelo con la intervención militar, sino una transformación radical a fondo del capitalismo global que debe comenzar en el propio Occidente desarrollado. Toda auténtica izquierda sabe que esta es la única verdadera solución —sin él, Occidente desarrollado seguirá devastando países del Tercer Mundo, y cuidando ruidosa y caritativamente de sus pobres.

En una línea similar, Sam Kriss hace una crítica especialmente interesante, ya que él también me acusa de no ser un verdadero lacaniano:

Es incluso posible argumentar que los migrantes son más europeos que la propia Europa. Zizek se burla el deseo utópico para una Noruega que no existe, e insiste en que los migrantes deben permanecer donde son enviados. (No parece ocurrírsele que los que tratan de llegar a un determinado país podrían tener miembros de la familia allí, o ser capaces de hablar el idioma, impulsados precisamente por el deseo de integrarse. Pero ¿no es este precisamente el funcionamiento del Objeto a [el objeto inalcanzable del deseo]? ¿Qué tipo de lacaniano le dice a alguien que deben efectivamente abandonar su deseo de algo sólo porque no es posible? ¿O los migrantes no son dignos del lujo de una mente inconsciente?) En Calais, los migrantes que tratan de llegar al Reino Unido protestaron contra sus condiciones con pancartas que exigían "libertad de movimiento para todos". A diferencia de la igualdad racial o de género, la libre circulación de personas a través de fronteras nacionales es un valor europeo supuestamente universal que ha sido en realidad implementado, pero, por supuesto, sólo para los europeos. Estos manifestantes pusieron un mentís a cualquier reclamación por parte de Europa de ser la defensa de los valores universales. Zizek sólo puede articular el "modo de vida" europea en términos de generalidades vagas y trascendentes, pero aquí está en carne viva. Si el desafío de la migración es uno de los universalismos europeos contra el retroceso y el represivo particularismo, entonces el particularismo está del todo del lado de Europa. (...) "La inexistencia de Noruega" no es un análisis teórico, es la palabra amable de un sincero consejo en el oído de la clase burocrática europea, una que no está particularmente interesada en Lacan. A pesar de su insistencia en la "transformación económica radical", esta estructura epistolar asegura que este cambio está, por el momento, en su totalidad fuera de lugar. De ahí la insistencia en que no hay, ni puede haber, una Noruega. Los capitalistas no tienen la intención de hacer una, y Zizek no tiene intención de hacer frente a los que pudieran. A lo que la respuesta marxista debe ser que si no hay Noruega, entonces vamos a tener que construirla nosotros mismos.

"Los migrantes son más europeos que la propia Europa" es una vieja tesis de izquierda que yo también he utilizado a menudo, pero uno tiene que especificar acerca de lo que significa. En la lectura de mi crítico, significa migrantes que actualizan el principio de "libertad de movimiento para todos" —Más seriamente que Europa. Pero, de nuevo, uno tiene que ser preciso aquí. No hay "libertad de movimiento" en el sentido de libertad para viajar, y la "libertad de movimiento" más radical en el sentido de libertad para establecerse en cualquier país que quiera. Pero el axioma que sostiene a los refugiados en Calais no es sólo la libertad para viajar, sino algo más como "Toda persona tiene derecho a establecerse en cualquier otra parte del mundo, y el país al que se trasladan tiene que ofrecerles cobijo". La UE garantiza (más o menos) este derecho para sus miembros, y exigir la globalización de este derecho es lo mismo que la demanda de ampliar la UE para el mundo entero.

La actualización de esta libertad supone nada menos que una revolución socio-económica radical. ¿Por qué? Están surgiendo nuevas formas de apartheid. En nuestro mundo global, los productos circulan libremente, pero no las personas. Los discursos sobre los muros porosos y la amenaza de una inundación de extranjeros son un índice inherente de lo que hay de falso en la globalización capitalista. Es como si los refugiados quisieran extender la circulación libre y global de las materias primas a la gente, pero esto es actualmente imposible debido a las limitaciones impuestas por el capitalismo global.

Desde el punto de vista marxista, la "libertad de movimiento" se refiere a la necesidad del capital de una "libre" fuerza de trabajo, con millones de personas arrancados de su vida cotidiana para ser empleados en talleres clandestinos. El universo del capital se refiere a la libertad individual de movimiento de una manera inherentemente contradictoria: El capitalismo necesita individuos "libres" como mano de obra barata, pero al mismo tiempo necesita controlar su movimiento, ya que no puede permitirse el lujo de las mismas libertades y derechos para todos.

¿Está exigiendo la libertad radical del movimiento precisamente porque no existe, dentro del orden existente, un buen punto de partida para la lucha? Mi crítico admite la imposibilidad de la demanda del refugiado, sin embargo, afirma que es debido a su imposibilidad misma —a la vez que me acusa de ser un vulgar pragmático no-lacaniano. La parte sobre el objeto a como imposible, etc., es simplemente ridícula, un absurdo teórico. La "Noruega" a la que me refiero no es un objeto a, sino una fantasía. Los refugiados que quieren llegar a Noruega presentan un caso ejemplar de fantasía ideológica, una formación fantasmática que ofusca los antagonismos inherentes. Muchos de los refugiados quieren tener una parte del pastel y comérsela: Básicamente, esperan lo mejor del estado del bienestar occidental, pero conservando su modo de vida específico, aunque algunas de las principales características de su forma de vida son incompatibles con los fundamentos ideológicos del Estado de bienestar occidental.

A Alemania le gusta hacer hincapié en la necesidad de integrar a los refugiados cultural y socialmente. Sin embargo —y he aquí otro tabú que ha sido roto— ¿cuántos refugiados quieren realmente integrarse? ¿Qué pasa si el obstáculo a la integración no es simplemente el racismo occidental? (Por cierto, la fidelidad a la objeto a de ninguna manera garantiza la autenticidad del deseo, incluso una breve lectura de Mein Kampf deja claro que judíos eran el objeto a de Hitler, y desde luego se mantuvo fiel al proyecto de su aniquilación). Esto es lo que no funciona con la afirmación "si no hay Noruega, entonces vamos a tener que construirla nosotros mismos" (sí, pero no va a ser la "Noruega" fantasmática que los refugiados están soñando).


Leer segunda parte, 
aquí.

(Texto original: http://inthesetimes.com/article/18605/breaking-the-taboos-in-the-wake-of-paris-attacks-the-left-must-embrace-its)

5 comentarios:

  1. No es asi; el problema es el control de la energía y la necesidad de que haya desigualdad.
    Lamentablemente aun no lo entiende Zizek. Hay una forclusión social que impide la igualdad humana. Porque la desigualdad llama a la justicia y es la carencia de justicia la responsable como causa final.

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