lunes, 16 de noviembre de 2015

Slavoj Žižek y los ataques de París (1ª parte)



Slavoj Žižek: Tras la estela de los ataques de París, la Izquierda debe abrazar sus radicales raíces occidentales


Resultado de imagen de zizek


Traduzco el último artículo que ha publicado Slavoj Žižek sobre los ataques fundamentalistas en París en noviembre de 2015.

(Primera parte; Leer segunda parte, 
aquí)



En el primer semestre de 2015, Europa estaba preocupada por los movimientos de emancipación radical (Syriza y PODEMOS), mientras que en el segundo semestre la atención se centró en el tema "humanitario" de los refugiados. La lucha de clases fue literalmente reprimida y sustituida por el tema liberal-cultural de la tolerancia y la solidaridad. Con los asesinatos terroristas de París el viernes 13 de noviembre, incluso este tema (que todavía se refiere a las grandes cuestiones socioeconómicas) ahora está eclipsado por la simple oposición de todas las fuerzas democráticas atrapadas en una guerra sin cuartel con las fuerzas del terror.

Es fácil imaginar lo que seguirá: búsqueda paranoica de los agentes de ISIS entre los refugiados. (Los Media ya han informado alegremente de que los terroristas entraron en Europa a través de Grecia en calidad de refugiados). Las principales víctimas de los ataques terroristas en París serán los propios refugiados, y los verdaderos ganadores, detrás de los lugares comunes al estilo de Je suis Paris, serán simplemente los partidarios en ambos frentes de la guerra total. Así es como debemos realmente condenar los asesinatos de París: no sólo participando en muestras de solidaridad contra el terrorismo, sino insistiendo en una simple pregunta: cui bono (¿en beneficio de quién?).

No debemos tratar de llevar a cabo una "comprensión más profunda" de los terroristas de ISIS (en el sentido de "sus deplorables actos son sin embargo reacciones a las brutales intervenciones europeas"); deben caracterizarse como lo que son: la contrapartida islamo-fascista de los racistas europeos anti-inmigrantes —ambos son las dos caras de la misma moneda. Vamos a traer de vuelta la lucha de clases —y la única manera de hacerlo es insistir en la solidaridad mundial de los explotados.


El callejón sin salida en que se encuentra el capitalismo global es cada vez más palpable. ¿Cómo salir de él? Fredric Jameson ha propuesto recientemente la militarización mundial de la sociedad como modo de emancipación: los movimientos de base democráticamente motivados están en apariencia condenados al fracaso, así que quizá lo mejor sea romper con el círculo vicioso del capitalismo global a través de la "militarización", lo que significa la suspensión del poder de autorregulación de las economías. Tal vez la crisis en curso de los refugiados en Europa ofrece la oportunidad de probar esta opción.

Cuanto menos, está claro que lo que se necesita para detener el caos es la coordinación y la organización a gran escala, que incluye, pero no se limita a, centros de acogida cerca de los lugares en crisis (Turquía, Líbano, la costa de Libia), el transporte de quienes tienen su entrada concedida a las estaciones europeas de paso, y su redistribución entre los asentamientos potenciales. El ejército es el único agente que puede llevar a cabo una gran tarea de una manera organizada. Afirmar que otorgar un papel a los militares huele a estado de emergencia es redundante. Cuando tienes decenas de miles de personas que pasan por zonas densamente pobladas sin organización alguna, tienes ya un estado de emergencia —y ahora estamos ante un estado de emergencia que cruza Europa. Por lo tanto, es una locura pensar que un proceso de este tipo vaya a relajarse por sí solo. Por lo menos, los refugiados necesitan disposiciones y atención médica.

Tomar el control de la crisis de refugiados significará romper los tabúes de izquierda.

Por ejemplo, el derecho a la "libre circulación" se debe limitar, no por otra razón que por el hecho de que no existe entre los propios refugiados, cuya libertad de movimiento depende ya de su clase. Por tanto, los criterios de aceptación y asentamiento tienen que ser formulados de una forma clara y explícita en cuanto a quiénes y a cuántos aceptar, dónde reubicarlos, etc. La gracia consiste aquí en encontrar el camino intermedio entre respetar los deseos de los refugiados (tener en cuenta sus deseos de trasladarse a países en los que ya tienen parientes, etc.) y las capacidades de los diferentes países.

Otro tabú que debe abordarse concierte a las normas y reglas. Es un hecho que la mayoría de los refugiados proceden de una cultura que es incompatible con las nociones de Europa occidental de los derechos humanos. La tolerancia como solución (el respeto mutuo hacia las sensibilidades de cada uno) obviamente no funciona: a los musulmanes fundamentalistas les resulta imposible soportar nuestras imágenes blasfemas y nuestro humor imprudente, que consideramos una parte de nuestras libertades. A los liberales occidentales, asimismo, les resulta imposible soportar muchas de las prácticas de la cultura musulmana.

En resumen, las cosas estallan cuando los miembros de una comunidad religiosa consideran el modo de vida de otra comunidad como una blasfemia o como algo perjudicial, constituya o no un ataque directo a su religión. Este es el caso de los extremistas musulmanes que atacan a los gais y lesbianas en los Países Bajos y Alemania, y es el caso de los ciudadanos franceses tradicionales que ven a una mujer cubierta con burka como un ataque a su identidad francesa, lo cual es exactamente la causa de que les resulte imposible permanecer en silencio cuando se encuentran entre ellos con una mujer cubierta.

Para frenar esta tendencia, hay que hacer dos cosas. En primer lugar, la formulación de un conjunto mínimo de normas obligatorias para todo el mundo que incluye la libertad religiosa, la protección de la libertad individual frente a la presión del grupo, los derechos de las mujeres, etc., sin temor de que este tipo de normas aparezcan con "eurocéntricas". en segundo lugar, y dentro de estos límites, insistir incondicionalmente en la tolerancia hacia las diferentes formas de vida. Y si las normas y la comunicación no funcionan, entonces el peso de la ley debe ser aplicado en todas sus formas.

Otro tabú que debe ser superado implica a la equiparación de cualquier referencia a la herencia emancipatoria europea con el imperialismo cultural y el racismo. A pesar de la responsabilidad (parcial) de Europa por la situación de los refugiados que están huyendo, ha llegado la hora de dejar atrás los mantras izquierdistas que critican el eurocentrismo.

Las lecciones del mundo "post 11-S" son que el sueño de Francis Fukuyama de la democracia liberal mundial llega a su fin y que, a nivel de la economía mundial, el capitalismo corporativo ha triunfado en todo el mundo. De hecho, los países del Tercer Mundo que abrazan este orden mundial son los que ahora crecen a un ritmo espectacular. La máscara de la diversidad cultural se sustenta por el universalismo real del capital global; aún más si el suplemento político del capitalismo global se basa en los llamados "valores asiáticos".

El capitalismo global no tiene ningún problema en acomodarse a una pluralidad de religiones locales, culturas y tradiciones. Así pues, la ironía del anti-eurocentrismo es que, en nombre de la lucha contra el colonialismo, uno critica a Occidente en el momento histórico en el que el capitalismo global ya no necesita los valores culturales occidentales para funcionar correctamente. En resumen, se tiende a rechazar los valores culturales occidentales en el mismo momento en que, reinterpretados críticamente, muchos de esos valores (igualitarismo, los derechos fundamentales, la libertad de la prensa, el Estado de bienestar, etc.) pueden servir como un arma contra la globalización capitalista. ¿Acaso ya olvidamos que toda la idea de la emancipación comunista según lo previsto por Marx posee un trasfondo "eurocéntrico"?


El siguiente tabú que vale la pena dejar atrás es que cualquier crítica del derecho islámico es un ejemplo de "islamofobia". Basta ya de este miedo patológico de muchos izquierdistas liberales occidentales por ser considerado culpable de islamofobia. Por ejemplo, Salman Rushdie fue denunciado por provocar innecesariamente a los musulmanes y por ser, por tanto (en parte, por lo menos), responsable de la fatwa, condenándolo a muerte. El resultado de tal postura es lo que uno puede esperar en estos casos: cuanto más se regocijan en su culpabilidad los liberales izquierdistas occidentales, más son acusados por los fundamentalistas musulmanes de ser unos hipócritas que tratan de ocultar su odio hacia el Islam.

Este estado de cosas reproduce perfectamente la paradoja del superyó: cuanto más obedeces lo que la agencia pseudo-moral del sádico y primitivo superyó te exige, más culpable eres de masoquismo moral y de identificarte con el agresor. De este modo, es como si cuanto más tolerases el fundamentalismo islámico, más fuerte fuera su presión sobre ti.

Y uno puede estar seguro de que lo mismo vale para la afluencia de inmigrantes: cuanto más abierta a ellos esté la Europa occidental, mayor será su sentimiento de culpa por no haber aceptado aún más de ellos. Nunca habrá suficiente. Y con los que están aquí, cuanta más tolerancia muestre uno hacia su forma de vida, más culpable se sentirá por no haber sido lo suficientemente tolerante.

La economía política de los refugiados: el capitalismo global y la intervención militar

Como estrategia a largo plazo, debemos centrarnos en lo que uno no puede dejar de llamar "la economía política de los refugiados", que significa centrarse en las causas últimas que subyacen a la dinámica del capitalismo global y las intervenciones militares. El desorden presente debe ser entendido como el verdadero rostro del Nuevo Orden Mundial. Consideremos la crisis alimentaria que azota ahora el mundo "en vías de desarrollo". Nada menos que Bill Clinton dejó claro en sus comentarios durante una reunión de la ONU en 2008 con motivo del Día Mundial de la Alimentación, que la crisis alimentaria en muchos países del Tercer Mundo no se puede achacar a los sospechosos habituales, como la corrupción, la ineficiencia y el intervencionismo de estado: la crisis es directamente dependiente de la globalización de la agricultura. La esencia del discurso de Clinton fue que la crisis alimentaria mundial de hoy muestra cómo "todos la pifiaron, incluyéndome a mí cuando yo era presidente", mediante el tratamiento de los cultivos alimenticios como mercancía y no como un derecho fundamental de los pobres del mundo.

Clinton fue muy claro al situar la culpa no en los estados individuales o gobiernos, sino en los Estados Unidos y las políticas globales a largo plazo de la UE llevadas a cabo durante décadas por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones económicas internacionales. Tales políticas presionaron a los países africanos y asiáticos para disminuir los subsidios gubernamentales en fertilizantes, semillas mejoradas y otros insumos agrícolas. Esto permitió que la tierra de mayor calidad se utilizará para los cultivos de exportación, lo que efectivamente comprometió la autosuficiencia de los países. La integración de la agricultura local en la economía mundial fue el resultado de tales "ajustes estructurales", y el efecto fue devastador. Los agricultores fueron expulsados de sus tierras y empujados a tugurios equipados para la explotación laboral, mientras que los países tenían que depender cada vez más de los alimentos importados. De esta manera, se mantuvieron en una dependencia poscolonial y se hicieron cada vez más vulnerables a las fluctuaciones del mercado. Por ejemplo, los precios del grano se dispararon el año pasado en países como Haití y Etiopía, los cuales exportan cultivos para los biocombustibles y, en consecuencia, matan de hambre a su población.

Para abordar estos problemas adecuadamente, habría que inventar nuevas formas de acción colectiva a gran escala; ni la intervención estatal habitual ni la muy elogiada auto-organización local pueden hacer el trabajo. Si no se resuelve el problema, debe considerarse seriamente la posibilidad de que nos estemos acercando a una nueva era del apartheid en la que partes aisladas y con abundancia de recursos serán separadas de las zonas en permanente estado de guerra y de hambruna. ¿Qué deben hacer las personas en Haití y otros lugares con escasez de alimentos? ¿Es que no tienen pleno derecho a rebelarse violentamente? ¿O a convertirse en refugiados? A pesar de todas las críticas de la economía neo-colonialista, todavía no somos plenamente conscientes de los efectos devastadores del mercado mundial en muchas economías locales.

En cuanto a las intervenciones militares abiertas (y no tan abiertas), los resultados han sido referidos con suficiente frecuencia: Estados fallidos. No hay refugiados sin ISIS y ningún ISIS sin la ocupación estadounidense de Irak, etc. En una sombría profecía realizada antes de su muerte, el coronel Muammar Gaddafi dijo: "Ahora escuchen, gente de la OTAN. Ustedes están bombardeando un muro, que se situó en el camino de la migración africana a Europa y en el camino de los terroristas de Al Qaeda. Este muro fue Libia. Estáis rompiéndolo. Sois idiotas, y vais a arder en el infierno para miles de inmigrantes procedentes de África". ¿No estaba declarando lo obvio?

La historia de Rusia, que básicamente elabora Gadafi, tiene su parte de verdad, a pesar del obvio sabor a pasta a la puttanesca. Boris Dolgov, de la Fundación de Cultura Estratégica con sede en Moscú, dijo a la TASS (agencia de noticias soviética):

Que la crisis de los refugiados es un resultado de las políticas de los Estados Unidos de Europa es evidente a simple vista. (...) La destrucción de Irak, la destrucción de Libia y los intentos de derrocar a Bashar Assad en Siria a manos de islamistas radicales —de esto es de lo que tratan las políticas de la UE y los Estados Unidos, y los cientos de miles de refugiados son el resultado de esa política.

Del mismo modo, Irina Zvyagelskaya, del departamento de estudios orientales del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, dijo a la TASS:

La guerra civil en Siria y las tensiones en Irak y Libia siguen alimentando el flujo de migrantes, pero esa no es la única causa. Estoy de acuerdo con aquellos que ven los acontecimientos actuales como una tendencia hacia otra reasentamiento masivo de los pueblos, que dejan a los países más débiles con economías ineficaces. Hay problemas sistémicos que obligan a las personas a abandonar sus casas y a lanzarse a la carretera. Y la legislación europea liberal permite a muchos de ellos no sólo quedarse en Europa, sino también vivir allí de beneficios sociales sin buscar empleo.

Y Yevgeny Grishkovets, el autor, dramaturgo y director de escena rusa, escribiendo en su blog, concluye que:

Estas personas están agotadas, enojadas y humilladas. No tienen ni idea de los valores europeos, estilos de vida, tradiciones, el multiculturalismo o la tolerancia. Ellos nunca estuvieron de acuerdo con las leyes europeas. (...) Nunca se sentirán agradecidos hacia las personas cuyos países se las han arreglado para introducirles en este tipo de problemas, ya que los mismos estados convirtieron antes sus propios países de origen en un baño de sangre. (...) Angela Merkel promete que la sociedad alemana moderna y Europa está preparada para los problemas. (...) ¡Eso es una mentira y una tontería!

No obstante, aunque en general hay algo de verdad en todo esto, no se debe saltar de esta generalidad al hecho empírico de los refugiados que desembarcan en Europa y aceptar simplemente toda la responsabilidad. La responsabilidad es compartida. En primer lugar, Turquía está jugando un juego político bien planificado (luchando oficialmente contra ISIS, pero bombardeando a los kurdos, quienes están realmente luchando contra ISIS). Luego tenemos la división de clases en el propio mundo árabe (los ultra-ricos de Arabia Saudita, Kuwait, Qatar y Emiratos casi no aceptan refugiados). ¿Y qué pasa con Irak, con sus decenas de miles de millones de las reservas de petróleo? ¿Cómo, fuera de todo este embrollo, emerge un flujo de refugiados?

Lo que sí sabemos es que una compleja economía de transporte de refugiados está haciendo millones y millones de dólares en ganancias. ¿Quién está financiándola y racionalizándola? ¿Dónde están los servicios de inteligencia europeos? ¿Están explorando este submundo oscuro? El hecho de que los refugiados se encuentren en una situación desesperada de ninguna manera excluye el hecho de que su flujo hacia Europa es parte de un proyecto bien planificado.

Claro, Noruega existe

Permítanme dirigirme a mis llamados críticos de izquierda que encuentran problemática mi ruptura con los mencionados tabúes en artículos publicados en el London Review of Books y en In These Times. Nick Riemer, escribiendo en Jacobin, condena el "sinsentido reaccionario" que yo estoy "promoviendo": 

Debería ser obvio para Zizek que Occidente no puede intervenir militarmente en una forma que evite las "trampas neocoloniales del pasado reciente." Los refugiados, por su parte, no son caminantes en territorio de otra persona, dados sólo al sufrimiento y, como tales, objetos de "hospitalidad". Independientemente de las costumbres que traen consigo, deberían disfrutar de los mismos derechos que los miembros de las diversas comunidades que conforman Europa —un pluralismo totalmente ignorado en la asombrosa referencia de Zizek a un único "occidental modo de vida europeo ".

La afirmación que subyace a este punto de vista es mucho más fuerte que la de Alain Badiou qui est ici est d'ici (los que están aquí son de aquí); es más algo así como qui veut venir ici est d'ici (los que quieren venir aquí son de aquí). Pero incluso si lo aceptamos, es Riemer quien ignora completamente los matices de mi observación: por supuesto "que deberían disfrutar de los mismos derechos que los miembros de las diversas comunidades que conforman Europa", pero ¿qué son exactamente esos "mismos derechos" que los refugiados deberán disfrutar?

Mientras Europa está ahora luchando de lleno por los derechos de los gais y de la mujer (el derecho al aborto, los derechos de las parejas casadas del mismo sexo, etc.), ¿deben estos derechos extenderse también a los gais y a las mujeres entre los refugiados, incluso si están en conflicto con "las costumbres que traen consigo" (ya que a menudo es obviamente así)? Y este aspecto debería en modo alguno ser descartado como marginal: de Boko Haram a Robert Mugabe y a Vladimir Putin, la crítica anti-colonialista de Occidente aparece cada vez más como el rechazo de la confusión occidental "sexual" y como la demanda de volver a la jerarquía sexual tradicional.

Soy, por supuesto, muy consciente de cómo la exportación inmediata del feminismo occidental y de los derechos humanos individuales puede servir como una herramienta ideológica y económica del neocolonialismo (todos recordamos cómo algunas feministas estadounidenses apoyaron la intervención de los Estados Unidos en Irak como una forma de liberar a las mujeres, cuando el resultado es exactamente el opuesto). Pero estoy totalmente en desacuerdo con extraer de aquí la conclusión de que la izquierda occidental debe llevar a cabo un "compromiso estratégico", mientras tolero en silencio "costumbres" humillantes hacia las mujeres y los gais en nombre de la "principal" lucha antiimperialista.

Junto con Jürgen Habermas y Peter Singer, Reimer me acusa luego de apoyar "una visión elitista de la política —la clase política ilustrada frente a una población racista e ignorante." Cuando leí esto, de nuevo, ¡no podía creer lo que veía! ¡Como si no hubiera escrito páginas y páginas para criticar a la elite política liberal precisamente europea! En cuanto a la "población racista e ignorante", tropezamos aquí sobre otro tabú izquierdista: sí, por desgracia, gran parte de la clase obrera en Europa es racista y anti-inmigrante, un hecho que de ninguna manera debe ser despachado como resultado de la manipulación de una clase de trabajo esencialmente "progresista".

La crítica final de Riemer es: "la fantasía de Zizek de que los refugiados representan una amenaza para la 'forma de vida' 'occidental' que puede ser remediada por mejores formas de "intervención" militar y económica en el extranjero es la ilustración más clara de cómo las categorías en las que el análisis es realizado puede abrir la puerta a la reacción". En cuanto al peligro de las intervenciones militares, soy muy consciente de ello, y también considero casi imposible una intervención justificada. Pero cuando hablo de la necesidad del cambio económico radical no pretendo por supuesto algún tipo de "intervención económica" en paralelo con la intervención militar, sino una transformación radical a fondo del capitalismo global que debe comenzar en el propio Occidente desarrollado. Toda auténtica izquierda sabe que esta es la única verdadera solución —sin él, Occidente desarrollado seguirá devastando países del Tercer Mundo, y cuidando ruidosa y caritativamente de sus pobres.

En una línea similar, Sam Kriss hace una crítica especialmente interesante, ya que él también me acusa de no ser un verdadero lacaniano:

Es incluso posible argumentar que los migrantes son más europeos que la propia Europa. Zizek se burla el deseo utópico para una Noruega que no existe, e insiste en que los migrantes deben permanecer donde son enviados. (No parece ocurrírsele que los que tratan de llegar a un determinado país podrían tener miembros de la familia allí, o ser capaces de hablar el idioma, impulsados precisamente por el deseo de integrarse. Pero ¿no es este precisamente el funcionamiento del Objeto a [el objeto inalcanzable del deseo]? ¿Qué tipo de lacaniano le dice a alguien que deben efectivamente abandonar su deseo de algo sólo porque no es posible? ¿O los migrantes no son dignos del lujo de una mente inconsciente?) En Calais, los migrantes que tratan de llegar al Reino Unido protestaron contra sus condiciones con pancartas que exigían "libertad de movimiento para todos". A diferencia de la igualdad racial o de género, la libre circulación de personas a través de fronteras nacionales es un valor europeo supuestamente universal que ha sido en realidad implementado, pero, por supuesto, sólo para los europeos. Estos manifestantes pusieron un mentís a cualquier reclamación por parte de Europa de ser la defensa de los valores universales. Zizek sólo puede articular el "modo de vida" europea en términos de generalidades vagas y trascendentes, pero aquí está en carne viva. Si el desafío de la migración es uno de los universalismos europeos contra el retroceso y el represivo particularismo, entonces el particularismo está del todo del lado de Europa. (...) "La inexistencia de Noruega" no es un análisis teórico, es la palabra amable de un sincero consejo en el oído de la clase burocrática europea, una que no está particularmente interesada en Lacan. A pesar de su insistencia en la "transformación económica radical", esta estructura epistolar asegura que este cambio está, por el momento, en su totalidad fuera de lugar. De ahí la insistencia en que no hay, ni puede haber, una Noruega. Los capitalistas no tienen la intención de hacer una, y Zizek no tiene intención de hacer frente a los que pudieran. A lo que la respuesta marxista debe ser que si no hay Noruega, entonces vamos a tener que construirla nosotros mismos.

"Los migrantes son más europeos que la propia Europa" es una vieja tesis de izquierda que yo también he utilizado a menudo, pero uno tiene que especificar acerca de lo que significa. En la lectura de mi crítico, significa migrantes que actualizan el principio de "libertad de movimiento para todos" —Más seriamente que Europa. Pero, de nuevo, uno tiene que ser preciso aquí. No hay "libertad de movimiento" en el sentido de libertad para viajar, y la "libertad de movimiento" más radical en el sentido de libertad para establecerse en cualquier país que quiera. Pero el axioma que sostiene a los refugiados en Calais no es sólo la libertad para viajar, sino algo más como "Toda persona tiene derecho a establecerse en cualquier otra parte del mundo, y el país al que se trasladan tiene que ofrecerles cobijo". La UE garantiza (más o menos) este derecho para sus miembros, y exigir la globalización de este derecho es lo mismo que la demanda de ampliar la UE para el mundo entero.

La actualización de esta libertad supone nada menos que una revolución socio-económica radical. ¿Por qué? Están surgiendo nuevas formas de apartheid. En nuestro mundo global, los productos circulan libremente, pero no las personas. Los discursos sobre los muros porosos y la amenaza de una inundación de extranjeros son un índice inherente de lo que hay de falso en la globalización capitalista. Es como si los refugiados quisieran extender la circulación libre y global de las materias primas a la gente, pero esto es actualmente imposible debido a las limitaciones impuestas por el capitalismo global.

Desde el punto de vista marxista, la "libertad de movimiento" se refiere a la necesidad del capital de una "libre" fuerza de trabajo, con millones de personas arrancados de su vida cotidiana para ser empleados en talleres clandestinos. El universo del capital se refiere a la libertad individual de movimiento de una manera inherentemente contradictoria: El capitalismo necesita individuos "libres" como mano de obra barata, pero al mismo tiempo necesita controlar su movimiento, ya que no puede permitirse el lujo de las mismas libertades y derechos para todos.

¿Está exigiendo la libertad radical del movimiento precisamente porque no existe, dentro del orden existente, un buen punto de partida para la lucha? Mi crítico admite la imposibilidad de la demanda del refugiado, sin embargo, afirma que es debido a su imposibilidad misma —a la vez que me acusa de ser un vulgar pragmático no-lacaniano. La parte sobre el objeto a como imposible, etc., es simplemente ridícula, un absurdo teórico. La "Noruega" a la que me refiero no es un objeto a, sino una fantasía. Los refugiados que quieren llegar a Noruega presentan un caso ejemplar de fantasía ideológica, una formación fantasmática que ofusca los antagonismos inherentes. Muchos de los refugiados quieren tener una parte del pastel y comérsela: Básicamente, esperan lo mejor del estado del bienestar occidental, pero conservando su modo de vida específico, aunque algunas de las principales características de su forma de vida son incompatibles con los fundamentos ideológicos del Estado de bienestar occidental.

A Alemania le gusta hacer hincapié en la necesidad de integrar a los refugiados cultural y socialmente. Sin embargo —y he aquí otro tabú que ha sido roto— ¿cuántos refugiados quieren realmente integrarse? ¿Qué pasa si el obstáculo a la integración no es simplemente el racismo occidental? (Por cierto, la fidelidad a la objeto a de ninguna manera garantiza la autenticidad del deseo, incluso una breve lectura de Mein Kampf deja claro que judíos eran el objeto a de Hitler, y desde luego se mantuvo fiel al proyecto de su aniquilación). Esto es lo que no funciona con la afirmación "si no hay Noruega, entonces vamos a tener que construirla nosotros mismos" (sí, pero no va a ser la "Noruega" fantasmática que los refugiados están soñando).


Leer segunda parte, 
aquí.

(Texto original: http://inthesetimes.com/article/18605/breaking-the-taboos-in-the-wake-of-paris-attacks-the-left-must-embrace-its)

viernes, 18 de septiembre de 2015

Videojuegos y filosofía: Pixelar a Platón

Os dejo aquí algunos datos sobre mi último libro, Pixelar a Platón, un cruce entre los discursos de la filosofía, la reflexión sobre los nuevos medios y el mundo de los videojuegos. 



Aquí la contraportada: 
¿Qué tienen en común el pensamiento de Giorgio Agamben y las aventuras de Lara Croft? ¿Podemos establecer una correspondencia entre la filosofía de Slavoj Žižek y el videojuego Silent Hill? ¿Es posible, en definitiva, utilizar el videojuego como herramienta para comprender el momento filosófico, político y artístico en que vivimos? Estas páginas tienen como finalidad abordar las creaciones videolúdicas como artefactos semióticos capaces de pensar no con conceptos o a través de coordenadas metafísicas, sino con gráficos, reglas y mecánicas de juego. En cuanto que aparatos posmediáticos, más allá de la unidireccionalidad de los medios tradicionales (televisión, radio, prensa o cine), estas creaciones elaboran una compleja pedagogía de la ficción al mismo tiempo que constituyen un eficaz dispositivo para descodificar el mundo en que nos encontramos. Se trata, en definitiva, de concebir el videojuego como un mecanismo de producción de ideas a través de una negociación constante entre filosofía y máquina, en una profunda y elaborada reflexión ludopolítica sobre las imágenes, las emociones y los códigos artísticos que surgen ante la pantalla, todo ello con el fin de subvertir las estrategias de saber establecidas por la tradición filosófica. O dicho más sucintamente: hablamos de pixelar a Platón.

El libro puede adquirirse a través de la página http://www.editorialmicromegas.com/p/venta.html
Precio en España, sin gastos de envío, 14 euros (264 páginas)

Jorge Fernández Gonzalo
jfgvk@hotmail.com

domingo, 25 de enero de 2015

Slavoj Žižek: la urgente necesidad de una victoria de Syriza en Grecia



Sólo la escisión griega de la Unión Europea puede salvar lo que es digno de ser salvado en el legado europeo: la democracia, la confianza en las personas y la solidaridad igualitaria.
22 de enero de 2015
Artículo del filósofo esloveno Slavoj Žižek. Publicado originariamente en:
http://inthesetimes.com/article/17561/zizek_greece_syriza



Los críticos de nuestra democracia institucional a menudo se quejan de que, por lo general, las elecciones no ofrecen una verdadera opción. Lo que obtenemos por es la elección entre un partido de centro-derecha y uno de centro-izquierda, cuyo programa es casi indistinguible. El próximo domingo 25 de enero éste no será el caso —como el 17 de junio de 2012, los votantes griegos se enfrentan a una verdadera elección: el orden, por un lado; Syriza, la coalición de izquierda radical, por otro.

Y, como es el caso, esos momentos de verdadera elección hacen entrar en pánico al establishment. Se dibuja la imagen de caos social, pobreza y violencia si la elección equivocada gana. La mera posibilidad de una victoria de Syriza ha enviado reflujos de miedo a través de los mercados de todo el mundo, y, como es habitual en estos casos, la prosopopeya ideológica entra en su apogeo: los mercados han comenzado a "hablar", como si se trata de personas, expresando su "preocupación" por lo que sucederá si las elecciones dejan de legitimar un gobierno con un mandato para continuar con el programa de austeridad fiscal.

Un ideal está surgiendo gradualmente de la reacción conservadora Europea ante la amenaza de la victoria de Syriza en Grecia, un ideal perfectamente resumido en el título del comentario de Gideon Rachman en el Financial Times: "el eslabón más débil de la zona euro son los votantes." En el mundo ideal de la creación, Europa se deshace de este "eslabón más débil" y los expertos adquieren el poder de imponer directamente las medidas económicas necesarias; si las elecciones llegan a producirse, su función es únicamente la de confirmar el consenso de los expertos.

Desde esta perspectiva, las elecciones griegas no pueden ser vistas sino como una pesadilla. Entonces, ¿cómo puede evitarse esta catástrofe? La forma más obvia sería la de restaurar el miedo -asustar de muerte a los votantes griegos con el mensaje: "¿Crees que está sufriendo ahora? ¡No has visto nada todavía, espera a que gane Syriza y echarás en falta la felicidad de los últimos años!"

La alternativa es que Syriza salga (o sea expulsado) del proyecto europeo, con consecuencias imprevisibles, o un "compromiso desordenado" cuando ambas partes moderen sus demandas. Lo que plantea otro temor: no el miedo a la conducta irracional de Syriza después de su victoria, sino, por el contrario, el temor de que Syriza aceptará un compromiso desordenado racional que decepcionará a los votantes, por lo que el descontento continuaría, pero esta vez no moderado por Syriza.

¿Qué margen de maniobra tendrá eventualmente el gobierno liderado por Syriza? Parafraseando al presidente Bush, se debe sin duda no infravalorar el poder destructivo del capital internacional, especialmente cuando se combina con el sabotaje de la burocracia estatal griega corrupta y clientelista.

En tales condiciones, ¿puede un nuevo gobierno imponer efectivamente cambios radicales? La trampa que acecha aquí es claramente perceptible en El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty. Para Piketty, el capitalismo tiene que ser aceptado como el único juego al que podemos jugar, por lo que la única alternativa viable es permitir que la maquinaria capitalista haga su trabajo en su propia esfera e imponer una justicia políticamente igualitaria mediante un poder democrático que regule el sistema económico y haga cumplir la redistribución.

Esta solución es una utopía en el sentido más estricto del término. Piketty es muy consciente de que el modelo que propone sólo funcionaría si se aplica a nivel mundial, más allá de los límites de los Estados-nación (de otro modo, el capital huiría a los Estados con impuestos más bajos); tal medida global requiere una potencia mundial ya existente con la fuerza y la autoridad para hacerla cumplir. Sin embargo, un poder tan global es inimaginable dentro de los límites del capitalismo global actual y de los mecanismos políticos que esto implica. En resumen, si tal poder pudiera existir, el problema básico ya se habría resuelto.

Mas ¿qué otras medidas necesitaría la imposición mundial de los altos impuestos que propone Piketty? Por supuesto, la única manera de salir de este círculo vicioso es simplemente cortar el nudo gordiano y actuar. Nunca hay condiciones perfectas para un acto —cada acto por definición viene demasiado pronto. Pero uno tiene que comenzar en alguna parte, con una intervención en particular; sólo hay que tener en cuenta las complicaciones adicionales a las que tal acto dará lugar.


¿Y qué hacer con la enorme deuda? La política europea hacia los países altamente endeudados como Grecia es la de "extender y fingir" (que se extienda el periodo de recuperación, pero pretender que todas las deudas con el tiempo serán pagadas). ¿Por qué es tan persistente la ficción de la devolución del pago? No es sólo que esta ficción hace más aceptable la extensión de la deuda para los votantes alemanes, y tampoco que la cancelación de la deuda griega podría desencadenar demandas similares de Portugal, Irlanda, España. Es que quienes están en el poder no quieren realmente que la deuda sea reembolsada en su totalidad.

Los proveedores y cuidadores de la deuda acusan a los países endeudados de no sentirse lo suficientemente culpables —se les acusa de sentirse inocentes. Su presión se adapta perfectamente a lo que el psicoanálisis llama superyó. La paradoja del superyó es que, como Freud lo vio claramente, cuanto más obedecemos sus demandas, más culpables nos sentimos.

Imagine un profesor vicioso que da a sus alumnos tareas imposibles, y luego sádicamente se mofa cuando ve su ansiedad y pánico. El verdadero objetivo de prestar dinero al deudor no es conseguir reembolsar la deuda con beneficios, sino la continuación indefinida de la deuda para mantener al deudor en un estado permanente de dependencia y subordinación.

Tomemos el ejemplo de Argentina. Hace una década, el país decidió pagar su deuda con el FMI antes de tiempo (con la ayuda financiera de Venezuela) y la reacción del FMI fue sorprendente: en lugar de alegrarse de que regresara su dinero, el FMI (o, más bien, sus principales representantes) expresaron su preocupación de que Argentina va a utilizar esta nueva libertad y la independencia de las instituciones financieras internacionales para abandonar la política de ajustes finacieros y participar en el gasto descontrolado.

La deuda es un instrumento para controlar y regular el deudor, y, como tal, se esfuerza por ampliar su propia reproducción

La única solución verdadera es, pues, clara: porque todo el mundo sabe que Grecia nunca pagará su deuda, uno tendrá que reunir el coraje y dejar la deuda fuera. Esto puede suponer un costo económico bastante tolerable, sólo con la voluntad política. Tales actos son nuestra única esperanza para salir del círculo vicioso de la fría tecnocracia de las falsas pasiones neoliberales y anti-inmigrantes de Bruselas. Si no actuamos, otros, de Amanecer Dorado o UKIP (Partido por la independencia del Reino Unido), lo harán.

En sus Notas para una definición de la cultura, el gran conservador T. S. Eliot señalaba que hay momentos en los que la única posibilidad es la que se encuentra entre el sectarismo y el descreimiento, en los que la única forma de mantener viva una religión es llevar a cabo una ruptura sectaria del cadáver. Esta es nuestra posición actual con respecto a Europa: sólo una nueva "herejía" (representada en este momento por Syriza), una escisión de la Unión Europea por parte de Grecia, puede salvar lo que vale la pena salvar en el legado europeo: la democracia, la confianza en las personas, la solidaridad igualitaria.


lunes, 12 de enero de 2015

Porno y filosofía (Pornograffiti) (II)

Ya está en marcha mi último libro, que puede encontrarse en librerías especializadas o mediante pedidos a la web de la editorial (envío gratis en España):
http://librosdeitaca.blogspot.com.es/

Os dejo aquí un capítulo gratuito, las páginas finales del libro:


LA REBELIÓN DE LAS PORNOMÁQUINAS 


Una pornomáquina es un dispositivo de acumulación de poder que engancha flujos diversos relacionados con la corporalidad y sus representaciones, flujos económicos y excitantes en proporciones variables, tecnologías discursivas y prácticas de disidencia. Las pornomáquinas son máquinas políticas de subversión y contramedida que se constituyen como tecnologías de (de)subjetivación. No consisten en una mera exposición de la sexualidad ni en una réplica del poder ensimismada en su propio gesto de rebeldía, sino en un dispositivo de acumulación de poder alternativo, un nódulo capaz de desviar, desfigurar y sustraer flujos, un sistema líquido frente a los esquemas rígidos y sus significantes despóticos. Las pornomáquinas no son pornografía, sino un conjunto de prácticas y tecnologías de gestión política de la corporalidad, de sus placeres y de sus imágenes. Diógenes activa una pornomáquina con su masturbación pública; Manet propone una pornomáquina muda, El almuerzo campestre, que encuentra en el vacío de la falta de palabras un territorio para la utilización política de las imágenes. Hay pornomáquinas parlantes y pornomáquinas silentes, aplicaciones exhibicionistas y privadas, intimidades insurrectas y reivindicaciones comunitarias. Las pornomáquinas no hablan de sexo, sino de sexualidad y política sexual, de la constitución discursiva de los cuerpos y de su participación en la escena pública a través de sus signos. En las pornomáquinas son los cuerpos los que hablan, incluso si la única reivindicación que se pone en juego es ese lenguaje callado del desnudo. La teta de Janet Jackson es una pornomáquina que interrumpe la ensoñación ociosa del poder patriarcal. También las fotografías de desnudos masivos en ciudades como Barcelona, Caracas o México que ha realizado Spencer Tunick rompen con los alineamientos de un poder censor. O la incorporación al museo de cadáveres plastinados por parte de Gunther von Hagens. No hay aquí pornografía, sino pornomáquinas. Las pornomáquinas son politizaciones del desnudo frente a un mero exhibicionismo sin un aparato de subversión aparejado. El porno puede actuar así como máquina de guerra transgenérica. Hay que alzarse contra los programas dictatoriales de construcción de género y sus coordenadas biopolíticas mediante la máquina de guerra del porno. De este modo, las pornomáquinas rompen con los alineamientos de poder y acumulan sus propios emplazamientos de resistencia. No forman una réplica habitual al poder, sino que buscan la lateralidad, la no-oposición, una ruptura del propio campo político controlado. El Estado acumula poder y la prensa utiliza esos mismos medios de canalización del Estado para oponerse a él. Forman engarces binarios, territorios de compatibilidad y oposición. Las pornomáquinas rompen los alineamientos y encrucijadas del poder, sus trayectos trazados de antemano, y crean nuevos nudos en el tejido de las relaciones económico-políticas tardocapitalistas. Introducen el placer en las relaciones de saber-poder. El placer actúa como suplemento, fuerza deconstructora dentro del binomio que analizara concienzudamente la crítica foucaultiana. Forma un inciso (incisión), un suplemento que separa y recompone la diferencia. Así se forman máquinas de saber-placer (el modelo pedagógico griego) y de placer-poder (hacktivismo de género, pornopoder, sadomaso). Las pornomáquinas son máquinas espectaculares que reutilizan las posibilidades de un universo mediático como modo de subversión contra el poder centralizado; máquinas de emancipación pornográfica que huyen de una globalización sexual y aceptan la diferencia y las interferencias en el tejido de los cuerpos, entre las diferentes prácticas y voliciones. Se desmantelan así los encadenamientos políticos que producen las diferencias y desigualdades de raza, clase, género y sexualidad. El cuerpo es un arma de desobediencia. Hay que pornografiar zonificaciones ocultas en nuestro cuerpo, sexualizar cada espacio, extraer el mayor porcentaje de fuerza orgásmica, al mismo tiempo que es preciso repolitizar los órganos sexuales. Los genitales son los grandes maquinadores, los artífices de la revolución. Siguen la lógica de Dios: desde su invisibilidad, están destinados a regir el mundo. Ellos son el verdadero centro del panóptico, el espacio que rige el destino de la especie. Se constituyen por un efecto de poder y al mismo tiempo están destinados a rebelarse: pollas y coños en pie de guerra, tetas y culos por la diferencia. Oponer el coitocentrismo patriarcal al coitoexcentrismo de una nueva política pornográfica mediante revoluciones descentralizadas, desterritorializadas. Que no puedan limitarse a un punto concreto y que surjan como una red, como un tejido de resistencia capilar; revoluciones moleculares y nomádicas, ergonómicas y adaptables a las nuevas acumulaciones de poder que se producen constantemente tanto en la calle como en los muros ciberespaciales. La red no es una extensión nuestra; en las pornomáquinas nosotros somos extensiones de esas redes de comunicación, somos prótesis en un régimen pornográfico desde el cual politizar la sexualidad y sexualizar la política. Las pornomáquinas son abyectas, en el sentido que propone Julia Kristeva. Máquinas espectaculares de resistencia que utilizan las armas del amo como juguetes sadomasoquistas, como dispositivos de disidencia poscolonial. Las pornomáquinas son máquinas críticas que pretenden lograr una función liberadora al activar nuevas coordenadas en la cartografía del poder, nuevos puntos de resistencia y protocolos disidentes. Su crítica no se produce necesariamente en el lenguaje (aunque hay excepciones parciales: Artaud y su pornomáquina poético-teatral), sino en la visualidad, mediante el terrorismo performance y el hacktivismo exhibicionista. Principalmente, una pornomáquina sucede en el ámbito espectacular y reconduce los aparatos mediáticos de poder (TV, Internet, prensa) para lanzar su proclama. Una pornomáquina puede incluir las prácticas transexuales y travestis o transgéneros, el tráfico protésico-farmacológico de identidades y el laboratorio performativo queer. Beatriz Preciado y sus aplicaciones experimentales de testosterona, pero no Jane Fonda y su utilización psicosexual o Lady Gaga convertida en su alter ego Jo Calderone en la gala de los premios MTV. Buscamos la implantación de una tecnología pornográfica de activismo, una subversividad espectacular en donde el cuerpo y sus derivaciones (actos, imágenes, lenguajes) actúen como acicate contra los poderes establecidos, a modo de graffitis en el muro de las disciplinas estancas. Las narrativas de la carne y la prótesis se vuelven intercambiables, líquidas, entrechocan y se desenvuelven en un espacio heterogéneo. Los relatos pornotópicos abren el cuerpo a sus múltiples interconexiones protésicas. Así, frente al falogocentrismo que denuncia Derrida (1971), es hora de pensar un dildoexcentrismo: nuestros órganos son máquinas para un cuerpo sin órganos. El porno deconstruye los espacios, las imágenes. La deconstrucción derridiana sucede únicamente en el lenguaje, mientras que el porno introduce la imagen, la marca, el tatuaje o el graffiti. Pornotopiza los espacios, pornografía la literatura: las pornomáquinas pueden actuar como incisos y superposiciones, suplementariedades e interruptores de la corriente lógica del lenguaje y de su racionalidad lineal. Las pornomáquinas son producciones posmodernas: formas de irrealidad que desde la distancia atemperan y reelaboran el discurso sobre lo real. La posmodernidad se nos ofrece por tanto como un laboratorio pornológico de teorías autoexplicativas, penetración de discursos, juegos masturbatorios del lenguaje teórico y espectacularización de los signos. Nuestro tiempo es el tiempo del porno: vivimos una pornmodernidad que asegura en el itinerario nómada de sus discursos toda la potencia creativa del lenguaje. Nuestros ensayos-ficción atestiguan que las palabras están habitando, por fin, su propio espacio, el cuarto cerrado del lenguaje, y que más allá de los códigos disciplinarios y del establishment ontológico de la pedagogía y las ciencias sobre el cuerpo y sus identidades existe un modelo de subversión pornolingüística que se mea en la arquitectura de lo perenne y dibuja pollas erectas o pezones excitados sobre sus infranqueables muros.

domingo, 11 de enero de 2015

Slavoj Žižek habla sobre la matanza de Charlie Hebdo

Traduzco, con ayuda de google trans y con evidentes errores por mi parte, el artículo que publica Slavoj Žižek en el periódico Newstateman con fecha de 10/01/2015 en relación a la reciente acción terrorista en Francia.
El original aquí: http://www.newstatesman.com/world-affairs/2015/01/slavoj-i-ek-charlie-hebdo-massacre-are-worst-really-full-passionate-intensity



Slavoj Žižek sobre la masacre de Charlie Hebdo: ¿están los malos llenos de apasionada intensidad?
Qué frágil debe ser la creencia de un islamista si se siente amenazado por una caricatura estúpida en un periódico semanario satírico, dice el filósofo esloveno.



Ahora, cuando todos estamos en un estado de shock después de la matanza en las oficinas de Charlie Hebdo, es el momento adecuado para reunir el coraje de pensar. Debemos, por supuesto, condenar sin ambigüedades los asesinatos como un ataque a la propia esencia de nuestras libertades, y condenarlos sin salvedades ocultas (del estilo de "Charlie Hebdo, sin embargo, provocó y humilló demasiado a los musulmanes"). Pero tal patetismo de la solidaridad universal no es suficiente - debemos pensar más allá.

Tal pensamiento no tiene nada que ver con la relativización barata del crimen (el mantra de "¿quiénes somos nosotros, los occidentales, autores de terribles masacres en el Tercer Mundo, para condenar estos actos?"). Tiene aún menos que ver con el miedo patológico de muchos izquierdistas liberales occidentales de sentirse culpables de islamofobia. Para estos falsos izquierdistas, cualquier crítica del Islam es denunciado como una expresión de la islamofobia occidental; Salman Rushdie fue denunciado por provocar innecesariamente a los musulmanes y por lo tanto (en parte, por lo menos) responsable de la fatwa que lo condenaba a muerte, etc. El resultado de tal actitud es lo que uno puede esperar en estos casos: mientras más se abisman los izquierdistas liberales occidentales en su culpabilidad, más son acusados por los fundamentalistas musulmanes de ser hipócritas que tratan de ocultar su odio al Islam. Esta constelación reproduce perfectamente la paradoja del superyó: cuanto más obedeces lo que el Otro te exige, más culpable eres. Como si cuanto más tolerante fueras con el Islam, más fuerte habrá de ser su presión sobre ti. . .

Es por esto por lo que me parecen también insuficientes las llamadas a la moderación, en la línea de la afirmación de Simon Jenkins (en The Guardian, 7 de enero) de que nuestra tarea es "no reaccionar de forma exagerada, no sobre-publicitar las consecuencias. Hay que tratar cada caso como un horrible accidente pasajero"- el ataque a Charlie Hebdo no era un mero "horrible accidente pasajero". Siguió una agenda religiosa y política precisa y, como tal, era claramente parte de un patrón mucho mayor. Por supuesto que no debemos reaccionar de forma exagerada, si por tal se entiende sucumbir a una ciega islamofobia - pero debemos analizar despiadadamente este patrón.

Lo que es mucho más necesario que la demonización de los terroristas en fanáticos suicidas heroicos es una refutación de este mito demoníaco. Hace mucho tiempo Friedrich Nietzsche percibió cómo la civilización occidental se estaba moviendo en la dirección del último hombre, una criatura apática, sin gran pasión o compromiso. Incapaz de soñar, cansado de la vida, que no toma riesgos, buscando sólo el confort y la seguridad, una expresión de la tolerancia hacia el otro: "Un poco de veneno de vez en cuando: esto hace los sueños más agradables. Y mucho veneno al final, para una muerte agradable. Ellos tienen sus pequeños placeres para el día a día, y sus pequeños placeres de la noche, pero tienen un sentido para la salud. "Hemos descubierto la felicidad," - dicen los últimos hombres, y parpadean".


Efectivamente, puede parecer que la división entre el permisivo Primer Mundo y la reacción fundamentalista hacia éste pasa cada vez más por una la línea que opone llevar una vida satisfactoria llena de riquezas materiales y culturales, frente a dedicar la vida a una causa trascendente. ¿No es este antagonismo el que existe entre lo que Nietzsche llama nihilismo "pasivo" y "activo"? Nosotros, en Occidente, somos los nietzscheanos últimos hombres, inmersos en placeres cotidianos estúpidos, mientras que los radicales musulmanes están dispuestos a arriesgarlo todo, comprometidos en la lucha hasta su autodestrucción. La "Segunda Venida" de William Butler Yeats  refleja perfectamente nuestra difícil situación actual: "Los buenos carecen de toda convicción, mientras que los malos están llenos de apasionada intensidad." Esta es una excelente descripción de la actual división entre liberales anémicos y fundamentalistas apasionadas. "Los buenos" ya no son capaces de participar plenamente, mientras que "los malos" participan de un fanatismo religioso racista y sexista.

No obstante, ¿lo que hacen los fundamentalistas terroristas encaja realmente con esta descripción? Aquello de lo que obviamente carecen es de una característica que es fácil de discernir en todos los fundamentalistas auténticos, de los budistas tibetanos a los Amish en los EE.UU.: la ausencia de resentimiento y la envidia, la profunda indiferencia hacia modo de vida de los no creyentes. Si los llamados fundamentalistas de hoy creen realmente que han encontrado su camino a la verdad, ¿por qué deberían sentirse amenazados por los no creyentes?, ¿por qué deberían envidiarlos? Cuando un budista se encuentra con un hedonista occidental, difícilmente lo condena. Él sólo señala con benevolencia que la búsqueda de la felicidad hedonista es contraproducente. En contraste con los verdaderos fundamentalistas, los terroristas pseudo-fundamentalistas están profundamente molestos, intrigados, fascinados, por la vida pecaminosa de los no creyentes. Uno puede sentir que, en la lucha contra el pecado de los otros, están luchando contra su propia tentación.

Es aquí donde el diagnóstico de Yeats se queda corto ante la difícil situación actual: la intensidad apasionada de los terroristas es prueba de una falta de verdadera convicción. ¿Cuán frágil debe ser la creencia de un musulmán si se siente amenazada por una caricatura estúpida en un periódico satírico semanal? El terrorismo fundamentalista islámico no está basado en la convicción por los terroristas de su propia superioridad y en su deseo de salvaguardar su identidad cultural y religiosa de la embestida de la civilización global de consumo. El problema de los fundamentalistas no es que los consideremos inferiores a nosotros, sino más bien que secretamente ellos mismos se consideran inferiores. Por eso nuestra condescendiente y políticamente correcta aseveración que no sentimos superioridad respecto de ellos sólo los pone más furioso y alimenta su resentimiento. El problema no es la diferencia cultural (su esfuerzo por preservar su identidad), sino el hecho opuesto de que los fundamentalistas ya son como nosotros, pues han interiorizado secretamente nuestros hábitos y miden por ellos. La paradoja subyacente en todo esto es que en realidad carecen precismente de una dosis de esa convicción "racista" en la propia superioridad.

Las recientes vicisitudes del fundamentalismo musulmán confirman la vieja visión de Walter Benjamin de que "cada ascenso del fascismo es testigo de una revolución fracasada": el auge del fascismo es el fracaso de la izquierda, pero a la vez una prueba de que había un potencial revolucionario, una insatisfacción, que la Izquierda no fue capaz de movilizar. ¿Y no es lo mismo que sostiene hoy el llamado "islamo-fascismo"? ¿No es el ascenso del islamismo radical exactamente correlativo a la desaparición de la izquierda secular en los países musulmanes? Cuando, allá por la primavera de 2009, los talibanes se apoderaron del valle de Swat en Pakistán, el New York Times informó que diseñaron "una revuelta de clases que hizo estallar profundas fisuras entre un pequeño grupo de ricos terratenientes y sus arrendatarios sin tierra". Sin embargo, si al "aprovecharse" de la difícil situación de los agricultores, los talibanes están "haciendo saltar la alarma sobre los riesgos para Pakistán, que sigue siendo en gran medida feudal", ¿qué impide que los demócratas liberales en Pakistán, así como los de EE.UU., "aprovechen" de forma semejante esta difícil situación y traten de ayudar a los campesinos sin tierra? La triste consecuencia de este hecho es que las fuerzas feudales en Pakistán son el "aliado natural" de la democracia liberal...

Entonces, ¿qué decir acerca de los valores fundamentales del liberalismo: la libertad, la igualdad, etc.? La paradoja es que el liberalismo en sí no es lo suficientemente fuerte como para salvarlos a la embestida fundamentalista. El fundamentalismo es una reacción -una falsa, desconcertante, reacción, por supuesto- en contra de un fallo real del liberalismo, y es por ello por lo que una y otra vez es generado por el liberalismo. Abandonado a sí mismo, el liberalismo lentamente se hunde - lo único que puede salvar a sus valores fundamentales es una izquierda renovada. La clave para que este legado sobreviva es que el liberalismo necesita la ayuda fraterna de la izquierda radical. Esta es la única manera de derrotar el fundamentalismo, barrer el suelo bajo sus pies.

Pensar en respuesta a los asesinatos de París significa desprenderse de la autosatisfacción de suficiencia de un liberal permisivo y aceptar que el conflicto entre la permisividad liberal y el fundamentalismo es en última instancia un conflicto falso -un círculo vicioso de dos polos que se generan y se presuponen mutuamente. Lo que Max Horkheimer había dicho sobre el fascismo y el capitalismo ya en 1930 -los que no quieren hablar de manera crítica sobre el capitalismo también deberían guardar silencio sobre el fascismo- habría de aplicarse también al fundamentalismo de hoy: los que no quieren hablar críticamente sobre la democracia liberal también deben guardar silencio sobre el fundamentalismo religioso.

Slavoj Žižek 







domingo, 14 de diciembre de 2014

Porno y filosofía (Pornograffiti) (I)



El porno y la filosofía, ¿pueden convivir juntos? Eso es lo que se propone en mi nuevo libro, Pornograffiti. Cuerpo y disidencia, en donde trazo algunas correspondencias entre pornografía, pensamiento, corporalidad, sexualidad y resistencia. 



Aquí una página de muestra:
«La pornografía no puede confinarse a un discurso cerrado o dentro de unos márgenes interpretativos fijos porque ella establece la estructura dilatoria de nuestro deseo: nos propone un cuerpo del que no gozaremos jamás, que se escapa tras la pantalla, al mismo tiempo que nos acerca esa pantalla, su hiperrealidad, para que nos desentendamos de los cuerpos. Este efecto nos introduce en las mismas condiciones que funda nuestra actividad deseante, la cual es siempre una forma de evasión y proyección, que nunca goza otro cuerpo aunque lo tenga delante o se encuentre tocándolo, sino que lo escribe más allá, como ese momento en que cogemos un libro y, sin haberlo comenzado aún o con tan sólo unas páginas leídas, creemos vislumbrar ya el desarrollo de sus cauces, el margen de nuestras expectativas, sus líneas de fuerza. Imaginamos no la historia o su desenlace a través de nociones fragmentadas y posibilidades abiertas, sino la sensación completa que habrá de dejarnos su lectura. Es ese momento el único en que el libro es real; a continuación, el libro se cae de nuestras manos, nos muestra el prosaísmo de las palabras, cierra sus cauces, las avenidas por donde podrían haber corrido sus flujos imaginarios, y concluye su trama como si nos obligara a despertar de un sueño. La literatura es siempre decepcionante, incluso cuando nos apasiona, como también los cuerpos y los placeres, porque solicitan y prometen experiencias abiertas, sin prefijar, pero que necesariamente han de cumplirse: son los fetiches para un infinito que aguarda más allá de las páginas o de la última caricia. Una vez concluido un libro o un cuerpo, descubrimos que no queda allí el valor de promesa que nos ofrecía. De algún modo, la literatura o los cuerpos nos encaminan hacia el viaje y no hacia la meta. Sólo es real, por tanto, ese movimiento inexistente en que la literatura se muestra como un camino sin camino o el cuerpo como un espacio sin territorio. De ahí el éxito del porno, especie de literatura carnal que concluye su promesa, pues siempre nos hace entrega justamente de aquello que nos niega, es decir: nos asegura que el infinito acaba ahí, justo en la pantalla del televisor. Frente a la desazón que deja el libro ante su cierre, como si no aceptáramos que el destino de los personajes o las peripecias más nimias concluyeran en ese punto, el porno se cumple, y el orgasmo y su correlato masturbatorio levantan acta de esa clausura. El porno afirma que ya no habrá más promesas, más expectativas, y es ésa la forma más pura de una promesa. Por otro lado, esto mismo es prometido infinitamente: hay más porno en la red del que nadie jamás pueda llegar a consumir, y pronto habrá (si no los hay aún) más felaciones que monólogos dramáticos en el teatro europeo, más desnudos femeninos que relatos mitológicos, más erecciones que sonetos».




He aquí el índice: 

I. INTRODUCCIÓN
El cuerpo y la escritura

II. GENEALOGÍA DEL PORNO
1. El museo, el burdel y la probeta
2. La máquina de ver y el espectáculo del cuerpo
3. La ley y el límite

III. PEDAGOGÍA PORNOGRÁFICA
1. Los cuerpos y el saber
2. Pedagogía y pedofilia
3. La literatura y el porno

IV. BARBIE QUEER
1. Identidad y performatividad
2. Corporalidades plásticas
3. De Medusas y Cíclopes. Rostrificación y genitalidad

V. PORNOCAPITALISMO. DE JENNA A FREDIC JAMESON
1. Pornopoder
2. Emoporn
3. La sociedad pornocapitalista

VI. PORNOGRAFFITI
1. Escribir la ciudad. Pornotopía y pornotopización
2. Teoría dildónica
3. Pornoterrorismo. De Diógenes a la pospornografía

VII. LA REBELIÓN DE LAS PORNOMÁQUINAS

VIII. BIBLIOGRAFÍA